Le dije sin pensar demasiado que nos juntáramos en el café El Observatorio para hacer esta entrevista. Él estuvo de acuerdo. Cuando llegué ya estaba ahí. Sentado, largo y flaco, medio sombrío como es, y, naturalmente, leyendo un libro. A un lado, un bolsón de cuero gastado y un sombrero muy bien cuidado. Hablamos harto, […]

  • 25 marzo, 2013
Héctor Soto

Héctor Soto

Le dije sin pensar demasiado que nos juntáramos en el café El Observatorio para hacer esta entrevista. Él estuvo de acuerdo.

Cuando llegué ya estaba ahí. Sentado, largo y flaco, medio sombrío como es, y, naturalmente, leyendo un libro. A un lado, un bolsón de cuero gastado y un sombrero muy bien cuidado.

Hablamos harto, nos reímos. Porque Héctor Soto tiene un humor negro-negro inagotable.

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Esa noche pensé qué preciso lugar había elegido para Soto. Porque todo lo observa con esos ojos negros. Y porque esta vez, fui yo la que intenté observar a este curioso bicho que comenzó la vida como un niño porteño amante del cine, y hoy, por los 65, es igual de amante del cine, pero también de la política y, sobre todo, del poder.

Héctor –don Héctor, como le llama toda una generación de periodistas y críticos que florecieron a su alero–, se prepara para ver la versión ampliada de Una vida crítica. Ese libro en que dos de sus amigos-discípulos, Alberto Fuguet y Christian Ramírez, recopilaron la cinefilia de Soto.

-Con esta segunda edición me siento todavía más privilegiado. Recoge el material anterior, lo depura un poco y le agrega nuevo, producido entre el 2008 y 2012. Además, le saca una entrevista mía que no aportaba mucho, era como muy cándida, amorosa. Contaba que iba al cine en motoneta con mi papá y cosas de ese tipo.

-En esa entrevista cándida dijiste que ir al cine para ti era una forma de esconderte del mundo. ¿De qué querías huir?

-Claro, es que el cine es absorbente, adictivo. Y si yo en la adolescencia veía cuatro películas diarias, claramente de algo estaba huyendo.

-¿De qué?

-Del mundo. De relacionarme. Me parecían las películas un mundo mucho mejor.

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-Esa puede ser una fantasía infantil.

-Sí, pero fue también una manera de iniciarme en la vida. Empecé a conocer en el cine lo que es el carácter de las personas, las verdades de la vida, de la muerte, del sexo, del amor… Así como en los años 40 los hombres se iniciaban yendo a las casas de putas, yo me inicié en la vida yendo a las salas de cine.

-¿Desde hace cuándo tienes ese collar?

-Desde hace dos o tres años. Fue un regalo. Tengo una secretaria que me dijo “no se lo saque, se ve estiloso”.

-La gente te dice don Héctor. Eres un gurú para un grupo de gente ligada al periodismo y al cine.

-Fuguet inventó eso y fue porque me conoció cuando él era muy joven, tenía como 20 años. Ahora, cuando yo tenga 90, él va a tener 75. Un par de viejos de mierda. Pero él lo acuñó de verdad, y después contaminó a otra gente. A la Paola Doberti, a Ernesto Ayala, a Christian Ramírez… Y me gusta el periodismo. Se produjo una renovación que me encanta. Me gustan los Federicos Willoughby, los Francisco Aravena, los Álvaro Bisama… Me gusta cómo están escribiendo, haciendo crónica. La crónica se pegó un estirón. Aquí y en todo el mundo. Hay mayor desenfado.

-En la introducción del libro anterior, Fuguet sostiene que tú trabajaste de editor o de redactor para ganarte la vida y así poder ir al cine. ¿Es tan así?

-Es que un tiempo fue así, pero ya no. Trabajé 15 años en el banco Bhif. Cobraba como relacionador público, pero era escribidor de memorias, de discursos… Ahí trabajaba para poder escribir de cine, que era lo que más me gustaba.
Alguna vez quise renunciar al banco, pero don Horacio Serrano, que era mi gurú, me dijo “primero el pan”. Y tenía toda la razón. El pan, pero con escritura de cine, porque si no la vida se me oscurecía. A don Horacio lo conocí en los tiempos en que escribíamos en una página colectiva de cine en Valparaíso. Ahí estaba José Román, que era DC, Sergio Salinas que después fundó el Normandie, Hvalimir Balic, que era filo DC, y yo.

-Y tú, que eras de derecha.

-No, yo votaba DC. Voté por Tomic. Tengo una foto, que salió en el Fortín Mapocho, de la primera concentración de la Alianza Democrática. Y ahí estoy yo. Siempre digo que hay gente que por bastante menos fue nombrada embajadora de la Concertación, y a mí nada… ¡ni agregado de prensa! Jajajá.

-¿Y cómo cambiaste? Hoy eres claramente de derecha.

-¿Sabes quién, creo, tiene la culpa? Arturo Fontaine, pero él no sabe. Cuando yo trabajaba en el Bhif, se dieron cuenta de que escribía bien, de que le pegaba al asunto de la palabra, entonces me empezaron a prestar. Me prestaron a Pepe Piñera, para Economía y Sociedad; después a la CPC… Y con el tiempo me di cuenta de que podía vivir sin el banco. Más tarde me salí. No sé en qué minuto me relacioné con Fontaine, pero él habló conmigo y me pidió que revisara traducciones para el CEP. Una de las primeras revisiones que hice fue un texto precioso de Lord Acton. Después vino Von Mises, Hayek… Era como el año 85, y yo sentí que me había caído un rayo. ¡Saulo, Saulo, por qué me persigues!
Empecé a tener sentimientos cruzados. Me empezó a parecer muy potente el reordenamiento que se estaba haciendo en el país en el plano económico y social, aun cuando la parte política me parecía cavernaria.

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-¿Votaste por el Sí?

-Sí.

-¿Y eres de los que se arrepienten y hacen mea culpa?

-No. Es que no tiene mucho sentido arrepentirme. Me equivoqué. Visto en atención a lo que ocurrió después en Chile, fue bueno que ganara el No y que después viniera Aylwin.

-¿Eso te trajo algún repudio del mundo intelectual?

-Yo creo que sí. Uno arrastra sus opciones a todos lados. Me veían como un crítico de cine de sensibilidad de derecha. Y hoy, probablemente, me ven como un viejo de mierda.

-Pero tienes amigos en la izquierda y la derecha.

-Sí, soy bastante ecuménico. Y soy bastante tolerante, no porque tolere, sino porque del pluralismo salen conejos nuevos. Verdades nuevas.

La perversión

-Tú eras un niño cinéfilo, que estudió Derecho y después trabajó 15 años en un banco, ¿Cómo empieza y cómo es hoy tu relación con el poder?

-No te lo sé decir, pero una vez Sergio Salinas peleó conmigo y me dijo que yo era un autócrata, que me importaba solamente el poder. No creo. Pero alguna perversión tengo con el poder. Una relación, pero me gusta estar detrás.

-Pero estás en ambos lados. Eres consejero, pero también espectador. Hoy estás dentro de la alta cúpula del poder de Copesa, fundaste esta revista con Guillermo Luksic de socio…

-Me gusta el periodismo. Y es cierto que me he relacionado mucho con gente que tiene poder. Pero no te lo sé explicar.

-Te divierte.

-Quizás es algo que me divierte. Mira, este cuento habla pésimo de mí: yo trabajé un tiempo en la UC de Valparaíso, y cuando intervienen la universidad, yo hice el discurso del rector saliente, que era Raúl Allard, pero hice también el discurso del rector que llegó… jajajá.

-¡El crimen perfecto!

-Tal cual. Es que tenía facilidades de redacción… Fue porque el rector era DC, y la DC apoyó el golpe, entonces era algo entre democratacristianos.

-Es bien revelador eso de los discursos. ¿Te has hecho sicoanálisis?

-No, pero terapia sí. Pero son otros los rollos…

-Así y todo, con miles de mundos, vives solo con tu gato. ¿Cómo es tu vida?

-Vivo solo con Panda, que tiene diez años. Mi vida la reparto entre el diario La Tercera, la radio Duna y un poquito de la UDP, donde dirijo un diplomado de escritura crítica.

-¿Pero qué haces los sábados, por ejemplo?

-Vengo al centro. Me encanta. Doy vueltas, tomo café, aprovecho de comprar leseras. Veo libros. Compro Omega 3, porque estoy perdiendo la memoria y me dijeron que el Omega 3 ayudaba, e incluso podría revertir el proceso.Creo que es un problema de disco duro lleno. De saturación. A mí me gusta Santiago, me muevo poco. No me gusta mucho viajar. Me perturba, pero llegado a otra parte me gusta. Aunque siempre me termino recriminando para qué mierda hice este viaje.

La última vez, fue a Guadalajara, a la Feria del Libro. Lo pasé bien. Ahora quiero ir a Nueva York y a Washington.
Los sábados en la tarde son de lectura o cine. Y alguna comida en la noche. Y los domingos los tengo medio pauteados, porque tengo una hermana que está mal mentalmente y la voy a ver ese día. Me la traje a Santiago hace poco más de un año. Me encuentro con otro hermano, y vamos juntos a verla.

-¿Y además de ser de derecha, también eres católico?

-Emocionalmente sí. Me formé en un colegio de curas y no tengo cuentas pendientes. Todo lo contrario, estoy agradecido de los curas que conocí.

-¿Pero eres creyente, o es una cosa de cariño a la infancia?

-En las iglesias me conecto bien con algo superior. Y me conecto bien con los muertos. En los cementerios no me pasa nada; en la iglesias sí, con mucha facilidad. No sé si soy creyente o no.

-¿Pero te has pillado a ti mismo rezando?

-Sí, y tengo gran respeto por la Iglesia. La Iglesia en Chile está en una situación bien dramática de pérdida de gravitación. Pero le puede hacer bien, porque la puede devolver a lo que son sus funciones esenciales. La Iglesia, cuando se mira como institución de poder, comete muchos errores. Me gustaría verla con más vocación de minoría. Que acepte que no va a ser el credo predominante y no tiene por qué andar manduqueando al resto de la sociedad. Cuando las iglesias son mayoritarias, se ponen arrogantes.

-¿Vas a misa?

-No con mucha frecuencia, pero voy. Me atrae mucho el rito. Es lo que más me compra.

-¿Y las prédicas?

-En general no. Pero cuando le ponen el cascabel al gato, te da en los cachos. Me gusta la liturgia, su pureza. También la música sacra, aunque no se escucha en las iglesias. Me gusta la Catedral, la iglesia de las Agustinas, la de la Veracruz.

La duda

-¿Cómo es tu relación con Piñera?

-Buena, pero creo que está mediada por una desconfianza, porque me asocia al hecho de haber editado el libro de Andrés Allamand. Se quedó con la idea de que yo era allamancista. Y yo soy amigo suyo, pero no allamancista.

-Pero entre los columnistas, tú eres de los más piñeristas.

-Me gusta el gobierno que hizo Piñera. Con todos los déficit que tiene en la parte política, que no es menor. Pero entre suma y resta, creo que es un buen gobierno.

-Hay gente que piensa que en el primer acto saturó la película entera.

-Sí, pero creo que aquí hubo un aprendizaje. La centroderecha no sabía lo que era gobernar y eso explica muchos de los errores del presidente y del gobierno, que subestimó la dimensión política del acto de gobernar.

-¿Y hoy está pagando esos costos con la vuelta de Bachelet?

-Sí, pero también está cosechando los dividendos de haber empezado a aprender algo, porque no hay duda que en relación al gobierno del 2010, ahora está mucho más fogueado, con más experiencia.

-Pero ya todo el mundo lo da por muerto. Tú mismo dijiste “hizo un buen gobierno”.

-Sí, de alguna manera ya fue, pero queda lo que puede ser su mejor parte, que es la cosecha.

-¿Crees que hay posibilidad para Allamand o Golborne?

-Siempre he creído que las campañas pueden cambiar las cosas. Zalaquett estaba elegido en Santiago, Labbé estaba listo en Providencia… Claro, hoy día no tendría ningún sentido hacer una elección, pero vienen primarias, en que vamos a ver si siquiera se le hace un raspado en la carrocería a Bachelet. Y después habrá una campaña, en la cual va a haber un gobierno que va a interpretar más o menos al 42% de los chilenos. La carrera no está dirimida.

-¿Y Allamand tiene alternativa frente a Golborne?

-Las encuestas siguen favoreciendo a Laurence, pero parece que la distancia se ha acortado.

-¿Qué te parece la candidatura de Golborne?

-Que era esperable, atendidos los niveles de empatía que generó con los mineros. Pero ha tenido un comienzo complicado. Desde que salió del gabinete, le ha costado encontrar su nivel. Ha estado perdiendo rating en términos de simpatía y conexión. Uf, tengo el alma dividida, porque estoy dispuesto a apoyar al que tenga mejor opción.

-¿Votarías en la primaria por Golborne, aun presentándose Allamand?

-No sé. Votaría por Allamand…

-Pero si todas las encuestas sostienen que Golborne es mejor competidor.

-De momento, pues. Pero esto es dinámico. Ahora, es raro que ni Golborne ni Allamand despeguen, ¿no?

-¿Son malos candidatos?

-Pero es lo mejor que tiene el sector. Lo demás son fantasías. Longueira tiene punch, pero tiene unos rechazos muy altos. A Evelyn Matthei la conozco menos.

-Pero escribiste una columna en que hablabas de ella.

-Es que es muy intensa. Muy inteligente. Pero seductora. E histérica. Todas las mujeres seductoras son histéricas, ¿no?

-No sé.

-Sí, porque es propio de la histeria esta cosa de estar seduciendo todo el día.

-Más de la inseguridad, diría yo.

-Es que están relacionadas. Esto de que tú eres en la medida que seduzcas. Y eso no tiene fin.

-Pero esa es la política.

-Y los amores.

Orden y caos

-¿Crees que los medios debieran explicitar sus candidatos?

-No, aquí cada uno sabe dónde le aprieta el zapato. Nadie se llama a engaño sobre cuál es la posición de El Mercurio sin que éste lo tenga que explicitar. Lo mismo con La Tercera, The Clinic y todos. Con los columnistas ocurre más o menos lo mismo, y encuentro muy interesante mantener cierto misterio. Yo, lamentablemente, soy muy poco misterioso.

-En eso no, pero en todo lo demás sí.

-Me siento militante del viejo partido del orden en Chile. Un partido que se sintió muy herido con la UP, que toleró y mantuvo al régimen militar, que mantuvo y apoyó a la Concertación durante buena parte de los 20 años que gobernó, y que terminó eligiendo a Piñera. No sé qué irá a pasar con ese partido.

-¿Y quién más está en ese partido?

-Yo creo que la mayoría de los chilenos. Los que no queremos cambios demasiado bruscos, los que respetamos mucho las instituciones, los que estamos contra el asambleísmo permanente, contra la disociación, la ruptura. Contra el rugido de la calle.

-Pero ese es un partido que puede ser bien tirano…

-Pero es un partido que en el año que vivimos en peligro, que fue el 2011, llegó a tener el sartén por el mango, cuando la Concertación quiso jugarse por la ingobernabilidad del país. Porque entre el 2011 y el 2012, hubo mucha diferencia. El discurso republicano de Camilo Escalona yo no lo escuché el 2011. Ellos decían primero arréglense con los estudiantes y después vienen a conversar con nosotros.

-Hasta se te arruga la frente cuando hablas de esto.

-Mi amor, es una cosa de énfasis. Don Horacio Serrano me dijo “Héctor, cuando escribas una columna, ésta tiene que ser tensa. Si tienes que ponerle un poco más, ponle. El enemigo siempre es la lata”. Va por ahí mi arrebato.

-¿Y qué te da lata?

-La política chica. Y también me da lata otra cosa; estoy con una crisis con el periodismo. En algún minuto me satura. A veces me abruma leer los diarios el fin de semana.

-Pero eso te hace más humano.

-Es que siento que el costo alternativo sube, ¿por qué no leer una novela en ese rato? Es curioso leer los diarios y después confrontarlos con la realidad. ¿Habremos sido conscientes en los 90 de lo que se estaba jugando para el futuro? Yo creo que no. Cuando nos metemos en el bosque de la noticia, se pierde el paisaje global. Este país cambió mucho. Estoy fascinado, asombrado y perplejo con la pluralidad social que hay hoy. Con la gente de pelo amarillo, con la que va al gimnasio, con las mujeres que se besan en público, con los skater, con los cabros que tocan a Bach en el metro. Es un Chile muy nuevo, muy empoderado, al cual no es fácil darle en el gusto.

-¿Y eso qué tiene que ver con tu crisis con el periodismo?

-Que el periodismo no atiende a los fenómenos profundos, sino más bien a los de superficie. Ahora, quién soy yo para decir dónde ubicarse…

-Eres don Héctor.

-Pero si leyera las columnas que escribí en los 90, me moriría de vergüenza. Debo haber creído, por ejemplo, que la ley de presupuesto del año 97 era gravitante.

-Bueno, pero en ese momento era muy importante.

-¿Habrá sido? Es bien pendejo lo que te estoy diciendo… Esa es la grandeza y la miseria del periodismo.

-Pero si terminamos envolviendo pescado…

-Es cierto y ahí hay una buena lección de humildad. En el periodismo habría que darse por satisfecho si invitas a otro a leer las cosas de otra manera. Aunque sea por un rato. •••