El máximo representante de la consultora presente en 50 países cree que Chile debiera sacar más ventaja de sus recursos, participando en forma mayor activa en la cadena de valor. “Chile podría involucrarse en el transporte del mineral, en la manufactura o en la tecnología. No hay ninguna razón para que no sean dueños de una compañía en China”, dispara. Por Carla Sánchez Mutis; Fotos, Luis Cáceres.

  • 14 diciembre, 2010

 

El máximo representante de la consultora presente en 50 países cree que Chile debiera sacar más ventaja de sus recursos, participando en forma mayor activa en la cadena de valor. “Chile podría involucrarse en el transporte del mineral, en la manufactura o en la tecnología. No hay ninguna razón para que no sean dueños de una compañía en China”, dispara. Por Carla Sánchez Mutis; Fotos, Luis Cáceres.

Decir que vive en una maleta, no es una exageración. Sólo en el último tiempo, Dominic Barton se ha reunido con más de 300 CEOs alrededor del mundo para saber qué piensan sobre los actuales desafíos. Un par de días en Santiago para luego aterrizar en las oficinas de McKinsey en São Paulo. Un viaje flash, pero se dio el tiempo para conocer la Patagonia. Y quedó fascinado. Tanto, que para la próxima Navidad planea venir con su familia.

-¿Cuántas veces al año viaja?

-Trato de estar en casa los fines de semana, pero la mayor parte del tiempo estoy viajando.

-Debe ser bien agotador…

-Sí, pero uno recibe un montón de energía cuando viene a lugares como éste.

Energía es precisamente lo que a Barton no le falta. Asumió como CEO de Mc- Kinsey hace un año y medio, justo cuando la crisis estaba en su peak. Incluso tuvo que lidiar con problemas internos en la firma. “Por suerte ahora hay mucho crecimiento. Creo que estamos viviendo un momento histórico en tantos ámbitos”.

Barton trata de resumir en cinco puntos los cambios que está experimentando el mundo. El primero guarda relación con el nuevo equilibrio mundial. “El 50% del crecimiento va a provenir de países emergentes, especialmente de Asia, Latinoamérica y Africa. De aquí a 10 años tendremos 900 millones de nuevos consumidores de clase media. ¡Eso es impresionante! Un asunto al cual las compañías tienen que prestar atención”, advierte.

En segundo lugar, la tecnología –a juicio de Barton– jugará un rol clave en todos los sectores. “El mundo está más conectado. Por ejemplo, si quieres descargar un documento del Congreso americano lo puedes hacer en un segundo. ¡Si lo pequehubieras hecho por teléfono quizás habrías tardado años! Entonces, si piensas en la cantidad de información disponible, puedes crear mucha innovación”, ejemplifica. Otros fenómenos que están ocurriendo son el aumento de fusiones y adquisiciones y el mayor rol gubernamental. El quinto punto es la sustentabilidad de los recursos naturales. “Todos estos nuevos consumidores van a estar comprando celulares y cámaras, productos para los cuales se necesitan materias primas –como cobre y petróleo– cuyos precios van a subir. Pienso que países como Canadá, Australia y Chile van a vivir momentos muy interesantes, porque habrá mucha demanda por esos recursos”.

-Que suba el precio de los commodities es una buena noticia para Chile. ¿Cómo podemos sacar ventaja de ello?

-Podría sonar un poco obvio, pero lo primero que haría es mirar al cobre como un recuso estratégico del país, porque el precio va a ir subiendo con el tiempo y hay que asegurarse de que no se sobreexplote. Yo analizaría si existe alguna posibilidad de ocupar otro puesto en la cadena de valor. Chile podría involucrarse en el transporte del mineral, en la manufactura o en la tecnología. No hay ninguna razón para que no sean dueños de una compañía en China.

-Aquí en Chile tenemos un gran problema: sufrimos cuando el precio del cobre está bajo, pero también cuando está alto, porque no podemos gastar la totalidad de esos excedentes. ¿Qué podríamos hacer?

-Es lo que en economía llaman el “mal holandés”. Yo estaría invirtiendo fuerte porque creo en las relaciones de largo plazo. Una de mis críticas es que el capitalismo se está convirtiendo en algo muy cortoplacista. La gente en Asia trabaja a largo plazo, ellos piensan en 10 o 15 años, no en trimestres. Yo estaría invirtiendo los dineros del cobre en I+D. Creo que el dinero que Chile gasta en I+D es proporcionalmente más bajo que el de otros países.

-¿Cree que el problema es que somos un país muy conservador?

-Sí, existe una perspectiva más bien de largo plazo. Lo digo con respeto, porque muchos países miran a Chile como un ejemplo. Pero creo que pueden hacer mucho más, son sólo 17 millones de habitantes, tienen recursos estratégicos. Mira esta ciudad. ¡Es una ciudad de clase mundial! Más gente debiera instalarse acá.

-Chile no es una potencia agrícola, no somos líderes en tecnología ni tampoco exportamos líderes. ¿Cuál podría ser nuestra contribución?

-Podrían aportar mucho en la industria de servicios. Aquí tienen buenos bancos, una línea aérea asombrosa –que podría ser un campeón mundial si quisieran–. Cuando piensas en el crecimiento de India, China o Africa, no hay ninguna razón para no estar ahí. ¿Cuántas compañías líderes están instaladas aquí? No muchas. Yo sería más agresivo.

-¿Cuál es el rol del gobierno en este proceso?

-Uno de ellos es ser competitivo. Pero también hay que asegurarse de que la fuerza laboral sea apoyada y ayudar a las compañías a encontrar oportunidades.

-Pero el rol del gobierno, ¿tiene que ser mayor al que muestra hoy?

-Pienso que podría abrir más oportunidades en el resto del mundo. Yo estaría forjando mayores relaciones con Asia. Chile debería estar sobre la mesa en China, Vietnam, India.

-¿Y no lo está ahora?

-No lo suficiente. Por ejemplo, Nueva Zelanda lo está haciendo. Su primer ministro viaja a China todo el tiempo.

-Pero geográficamente ellos están mucho más cerca de China que nosotros…

– Sí, es cierto, pero mucha gente en Asia piensa que Nueva Zelanda está muy lejos. La educación es otro tema importante: ¿qué estamos enseñando en las escuelas sobre los nuevos mercados? ¿Cuántos programas de intercambio hay para los niños de 12 o 13 años en China o India?

-¿La educación es la clave del éxito?

-Es una de ellas. La educación crea conocimientos e ideas. Pero a veces hay gente que le fue bien en la universidad y que no son precisamente los mejores emprendedores.

-Que un país sea rico no es sinónimo de que tenga altos estándares de educación. ¿Puede un país alcanzar el desarrollo con gente sin educación?

-La educación no es todo. También necesitas un ambiente donde instalar un negocio sea una tarea sencilla. Singapur para mí es un modelo: trabajan en conjunto. Por ejemplo, el ministro de Educación, el de finanzas, el rector de alguna universidad más 3 o 4 empresarios, literalmente, se sientan a la mesa a discutir qué piensan sobre lo que pasará en 10 años más.

-Un gobierno activo…

-Sí, el gobierno facilita interacciones para que el sector público y el privado trabajen juntos. E insisto, no es tratar de que el gobierno haga negocios, sino de discutir sobre lo que necesitan. Vuelvo al caso de Singapur: son dueños de bancos chinos, lo están haciendo y son un país pequeño, ¡podría caber en Santiago! No es un problema de tamaño, es un tema de aspiración. Este país lo puede hacer.

“Los empresarios debieran preocuparse p or la inequidad”

-¿Estamos muy lejos de convertirnos en un país desarrollado?

-Creo que las cosas podrían ocurrir rápido. Por ejemplo, un país como Malasia tardó 25 años en llegar a un PIB de 20 mil dólares per cápita. Es importante poner metas ambiciosas y trabajar. La gente se siente motivada cuando el país avanza. Creo que ustedes tienen un gobierno que entiende cómo funcionan los negocios y tienen una oportunidad perfecta para lograrlo.

-¿Cuántos años podríamos tardar?

-Insisto: son lo suficientemente pequeños y grandes. Tienen un tamaño perfecto de población y, si trabajan duro, en 10 años pueden convertirse en un país desarrollado. Por qué conformarse con menos.

-Pero ser un país desarrollado puede ser un arma de doble filo, porque en números se puede tener un PIB extraordinario, pero eso no necesariamente significa bienestar para todos… ¿Cómo medir el desarrollo, entonces?

-Estoy de acuerdo con su punto y eso nos lleva a otro gran problema: la inequidad. Los empresarios debieran preocuparse de ello. Yo lo hago porque pienso que no es justo.

-Por ejemplo, Canadá, su país, es desarrollado pero tiene un gran problema de pobreza. ¿Cómo se explica?

-Y se está empeorando. Creo que en vez de ignorarlo y quedarse con el PIB per cápita –un número superficial–, hay que medirlo con una serie de factores como la cantidad de gente viviendo bajo la línea de pobreza, la educación que está recibiendo la fuerza de trabajo, la innovación y la calidad de vida.

-Usted habla sobre cómo los asuntos políticos pueden dificultar las cosas. Cuál ha sido su experiencia como consultor en Corea del Sur?

-Viví 6 años allá y al final te acostumbras al tema. El conflicto es un elemento de distracción, lo que a mí me preocupa es que Corea del Norte se vuelva tan inestable que no tengan nada que perder. Lo interesante de Corea del Sur es cómo ha logrado crear compañías globales. Es un país que no tiene recursos naturales –salvo agua– y sin embargo ha construido compañías líderes a nivel mundial como Samsung, Hyundai, LG, y podría seguir nombrando… Lo que me gusta de los coreanos es que tienen un espíritu ambicioso.

-¿Que parte del management que implementó en Corea podría ser replicado acá?

-La ambición es fundamental. Cuando vivía allá, en mi pieza tenía una foto de dos hombres cavando un hoyo en 1969. Eran los fundadores de Posco, la compañía acerera más grande del mundo. En esa época, un banco les preguntó si estaban locos. Si McKinsey los hubiera asesorado te aseguro que les hubiera dicho no lo hagan (risas). Sin embargo, construyeron una planta increíble con nada. Acá tienen cobre, recursos naturales, un clima increíble, turismo –en el cual podrían hacer mucho más–, es un lugar del mundo que todos debieran conocer alguna vez en la vida. Yo voy a volver con mi familia la próxima Navidad.

-¿Como enfocar el emprendimiento hacia la innovación?

-Hay que ver cuáles son tus fortalezas. No tendría a Chile trabajando en innovaciones espaciales, para qué, pero hay otras áreas que sí. Por ejemplo todo lo relacionado con metalurgia, área de servicios, bancos, aerolíneas. Muchas cosas se podrían hacer acá, no hay razón para que se hagan en Harvard.

-Usted comenta sobre la historia de dos líderes en Corea. ¿Qué se requiere para convertirse en uno?

-Tienes que tener un sueño, coraje y resiliencia. Cualidades que muchas veces no tienen quienes aspiran a convertirse en líderes porque no están en los libros.

-¿Me podría dar ejemplos de un buen líder?

-Claro, tienes a Aliko Dangonte, un emprendedor nigeriano que me impresiona mucho. Es el hombre de color más rico del mundo. Si necesita cemento y no hay carreteras para trasladarlo, él las construye e importa camiones de Estados Unidos. Me recuerda a esos coreanos sentados en la excavación con nada, sólo ideas y coraje.

Un líder tiene que tener claro que el trabajo en equipo es fundamental. Es imposible que lo hagas solo. ¡Hay tantos torpedos en el agua que tratan de derribarte! Me acuerdo de haber conversando con el presidente de Fox, Roger Ailes, que decía que había 3 o 4 eventos al año –catástrofes por ejemplo– y ahora hay 2 diarios. Eso es una metáfora de lo que está ocurriendo hoy. Hay un torpedo en el agua, siempre hay algo que va a venir…