La especialista del departamento de Salud Pública UC alerta sobre la evidencia que existe respecto del consumo de alcohol en nuestro país y la necesidad de regular este producto. «Sobre todo en cuarentena, la gente está ansiosa y/o angustiada. Es el terreno perfecto para la entrada del alcohol y eso puede causar mucho daño», asegura.

Ante la discusión sobre el alto consumo de alcohol en Chile, algunos líderes de opinión han planteado que los supermercados no deberían comercializar producto etílicos y que debiese existir mayor regulación al respecto. Otros actores sociales, como el columnista Carlos Peña, insisten en la importancia de no ahogar las libertades individuales y acusan paternalismo ante la solicitud de excluir el alcohol del listado de bienes esenciales.

La doctora Paula Margozzini, académica e investigadora del Departamento Salud Pública UC, lleva años estudiando el daño que causa el alcohol en la sociedad. El año pasado la especialista visitó la Comisión de Cultura y Comunicaciones y también la Comisión de Salud del Congreso Nacional para presentar los datos que acreditarían la necesidad de modificaciones legislativas en torno al alcohol. La doctora parte aclarando que la opinión pública suele asociar los trastornos derivados del consumo de alcohol con la adicción, y específicamente con alcoholismo, problema de salud mental que afecta a un 2% de los adultos chilenos. Pero, advierte, los estragos en cuanto a salud pública son mucho mayores: más de un tercio de los mayores de 18 años bebe en cantidades que lo ponen en riesgo de unas 200 enfermedades crónicas, como cáncer y complicaciones cardiovasculares y digestivas. “Si tienes un consumo excesivo intermitente, además le agregas otros problemas: probabilidades de exponerte a accidentes, violencia, enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. Hay distintos tipos de beber que pueden generar diferentes problemas”, afirma la especialista.

Margozzini afirma que no se trata de un tema de conducta ni juicio moral, sino que constituye un grave problema de salud pública. Según un estudio sobre el costo social y económico relacionado con el consumo de bebidas alcohólicas en nuestro país que publicó la Escuela de Medicina UC y el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) en marzo del año pasado, todos los días en Chile mueren 36 personas por causa directamente atribuible al consumo de alcohol.

-¿Hay un factor cultural en el sentido que el consumo excesivo de alcohol en Chile no es socialmente castigado?

Sí, y también influye mucho el hecho que somos país productor. La industria del alcohol es muy fuerte en Chile. Pero el costo social que su consumo le significa al país es ocho veces superior a lo que la industria del alcohol recauda en impuestos específicos.

 -¿Efectivamente el alcohol en Chile es mucho más barato que en otros países?

Sí, sobre todo el alcohol de alta graduación es muy barato. En un ofertón de supermercado los jóvenes pueden conseguir una botella de pisco por $3.000 pesos para irse a medias. Son 270 gramos de alcohol puro. Está comprobado, a nivel mundial, que las políticas públicas más efectivas para disminuir el consumo poblacional de alcohol son tres: Primero que el precio sea mayor, ya sea a través de impuestos o fijar precio mínimo. Segundo, regular disponibilidad física del producto: puntos de ventas, patentes y horarios. En países desarrollados no puedes comprar alcohol de alta graduación en el supermercado al lado de los pañales. Tercero, regular la publicidad de estos productos. En ese sentido tenemos una deuda tremenda con los niños de este país.

-Y en términos de campañas educacionales sobre consumo responsable de alcohol, ¿hay experiencias que hayan resultado exitosas en otros lugares?

No hay nada que se le compare en potencia a los tres puntos recién mencionados. Son los “best buy” en términos de políticas públicas cortoefectivas. Es el desde. Todo lo que es educacional, si no va inserto en una política más integral y poblacional, son recursos menos efectivos. Aquí en Chile esas mismas medidas tuvieron éxito en el caso del tabaco. Se subió el precio, se regularon los puntos de ventas y la publicidad, y bajó el consumo de tabaco en 10 puntos porcentuales. En Islandia se han implementado campañas exitosas respecto del consumo de bebidas alcohólicas pero eso va de la mano con el dato de que una botella de alcohol de alta graduación vale diez veces más que aquí en Chile.

-¿Existe una resistencia a establecer mayor regulación?

Sí. Insisto: somos país productor y es una industria muy fuerte. Se ha visibilizado poco su externalidad negativa. El daño que le produce el alcohol a la sociedad lo paga el Estado, lo paga Fonasa con las listas de espera, y al final lo paga al final la gente con menos recursos. Las personas de estrato socioeconómico bajo presentan más casos de diabetes, hipertensión, obesidad y otras enfermedades crónicas, además de un contexto social de salud mental más adverso.

-¿Hay algún argumento biológico para fijar la edad legal para el consumo de alcohol a partir de los 18 años?

Hoy la ciencia sabe que el cerebro termina de madurar a los 24 años. Y las sustancias psicoactivas, como el alcohol, tabaco y drogas, se concentran en el área frontal del cerebro que es la última en terminar de madurar. Por eso un tóxico es más dañino para los menores de cierta edad. De hecho, científicamente hablando, la edad para no consumir ningún psicoactivo debiese ser los 21 años.

-Al comienzo de la pandemia del covid-19 corrió la falsa información de que el alcohol podría ser beneficioso para repeler al virus. Ahora se sabe lo contrario.

Eso fue un mito. El consumo de alcohol, se sabe, altera la respuesta inmune del organismo. Claramente no es lo recomendable ponerse a tomar en una pandemia, pero se dan las condiciones psicosociales favorables para el consumo, sobre todo en cuarentena, cuando la gente está ansiosa y/o angustiada. Es el terreno perfecto para la entrada del alcohol y eso puede causar mucho daño. Pensar en regular horarios de venta de alcohol, por ejemplo, es algo totalmente razonable y justificado en estos tiempos.