“Las cosas por su nombre”, es una de las frases que le gusta decir a Juan Sutil. Agricultor –y político de alma-, sale a revindicar a su vapuleado grupo: los empresarios. De que hay abusos, los hay, reconoce. Pero no hay que echarlos todos al mismo saco. Por Antonieta de la Fuente; fotos, Verónica Ortiz.

 

  • 6 octubre, 2011

 

“Las cosas por su nombre”, es una de las frases que le gusta decir a Juan Sutil. Agricultor –y político de alma-, sale a revindicar a su vapuleado grupo: los empresarios. De que hay abusos, los hay, reconoce. Pero no hay que echarlos todos al mismo saco. Por Antonieta de la Fuente; fotos, Verónica Ortiz.

 

Hace tres años, Juan Sutil tuvo que enfrentar uno de los episodios más complejos de su carrera empresarial: la firma productora de frutos secos de la cual es socio junto a Víctor Moller, Pacific Nut, fue tomada por los trabajadores temporeros que exigían contar con fuero y tener una negociación colectiva. El tema pasó a tribunales, los que finalmente le dieron la razón a la empresa.

En ese minuto Sutil reaccionó enérgico para defender lo que, a su juicio, era una injusticia y un “hostigamiento” por parte de las autoridades del Trabajo de la época.

Ahora vuelve a la carga para analizar los conflictos sociales que hoy remecen el país. Dice que hay una distorsión en la manera en que la sociedad ve a los empresarios y que le molesta que se les tilde de “chupasangres”. Eso sí, reconoce que existen abusos en algunas industrias y apoya las nuevas regulaciones que pretende implementar Pablo Longueira en Economía.

Para abordar los problemas del agro es categórico: “le echo la culpa a los propios agricultores y a sus dirigentes, por estar permanente cacareando que están mal y en dificultades, en vez de decir que con políticas adecuadas pueden cumplir con sus objetivos de financiamiento”.

-Usted tuvo un difícil conflicto laboral hace un tiempo en Pacific Nut. ¿Han vuelto a surgir problemas en sus empresas con el clima que se ha percibido?

– No, hoy no tenemos ningún problema con nuestros trabajadores. Pero lo que ocurrió en esa oportunidad, más que un problema laboral, fue un ataque político. En esa ocasión la izquierda dura, el Partido Comunista amparado en forma arbitraria por la Inspección del Trabajo, estuvieron detrás de la toma y eso quedó claramente establecido. Ganamos todos los juicios. El móvil era 100% político, porque lo que querían era doblar la ley. Tuvimos un daño enorme, nos pararon la planta por 25 días, pero ellos querían un cambio macro de estructura y nos utilizaron para eso. Hoy no tenemos ningún problema con nuestros trabajadores.

-Y mirando en perspectiva después de ese episodio, ¿cómo ve la situación hoy? También hay un componente político.
– Aquí hay varias cosas. Es increíble que le echen la culpa a un gobierno que lleva sólo un año y medio de situaciones que vienen desde hace 20 o 30 años con problemas serios. Resulta que el Transantiago viene de antes y los problemas en la educación también. Lagos dijo la alegría ya viene y vamos por la igualdad. Y resulta que hoy estamos en el año 2011 y esa misma gente que ofreció ciertas cosas y beneficios reclama que hay una profunda desigualdad. Es cierto, en Chile hay bastante desigualdad, pero también hay que reconocer que se ha avanzado enormemente. Yo lo veo en forma micro. Cuando formé Pacific Nut, los autos que llegaban eran el del gerente y el mío, hoy día hay 50 autos. Y los operarios también llegan en auto. Hay un crecimiento del país. La movilidad social existe.

-¿Qué le pasa cuando ve las pancartas en las calles que alegan contra los empresarios? ¿A qué responden, cree usted?
– Están tratando de decir que los empresarios son todos malos y resulta que hay un montón de empresarios que se levantan todos los días a las seis de la mañana, que dan trabajo a mucha gente y que al final generan riqueza y desarrollo para el país. Ellos pagan impuestos y son fuente de trabajo. Me molesta mucho cuando dicen que los empresarios son chupasangre. Lo encuentro realmente injusto. Es como que yo dijera que todos los políticos son ladrones. No sé cómo se fue generando esta distorsión. En los países desarrollados los empresarios son muy respetados y admirados socialmente.

-Pero también se han visto abusos…
-Sería una estupidez no reconocer que existen abusos. Pero vamos a los ejemplos: en la política, quizás la mitad o mucho más de la mitad son gente bien inspirada por hacer algo por el bien del país. Y quizás hay un porcentaje que es corrupto, que hace lobby, que lo cobra y que pueden ser de cualquier color político, pero eso no significa que la política sea corrupta. Mira lo que ha pasado con la Iglesia, y no sólo con la católica. Aparece un cura pedófilo, pero no por eso todos los curas van a ser así. Y si miramos al sector empresarial y las cosas que han pasado en Chile, están los escándalos Inverlink y La Polar, pero no todos los empresarios trabajan al margen de la ley. Yo sería mucho más anglosajón y estricto, y estarían todos presos.

-De acuerdo, hay escándalos como Inverlink y La Polar, pero la crítica va más allá. Va hacia la industria bancaria, a las Isapres…

– Creo que uno tiene que reconocer esos errores, pero hay ciertas magnitudes de errores. Para mí lo de La Polar fue una literal estafa. Los responsables los va a determinar la justicia. Pero eso no tiene nada que ver con la situación que podría ser abusiva en un momento dado de un banco respecto de una tasa de interés. Y cuando eso pasa, se dice que el gobierno lo hace mal. Pero hoy se están tomando ciertas acciones de regulación. Y Pablo Longueira, guste o no, está diciendo las cosas por su nombre, en el sentido de que hay que corregir el sistema.

-Entonces, ¿está de acuerdo con las propuestas que propone el ministro Pablo Longueira para tener mayores regulaciones?
– Yo estoy con él. Hay que corregir varias cosas, proteger al consumidor y empoderarlo con ciertas reglas que sean correctas, pero que haya ciertos espacios de libertad que permita que los mercados funcionen.

-¿Por dónde deberían ir esas mayores regulaciones?
– Uno tiene que dar los parámetros. Si dejas que el mercado fije la tasa de interés, eso permite ciertos abusos. Hay que decir las cosas como son. En Chile la gente es ignorante y reclama porque no lee los contratos y abusan de ellos. Nadie lee los contratos y nadie pregunta, nadie se fija en si es o no conveniente. Si eso es así, tienen que tomarse ciertos resguardos para que quizás algunos no cometan el abuso de aprovechar la rendija perjudicando al más débil. Y desde ese punto de vista sí estoy de acuerdo con la regulación. Ahora, no estoy de acuerdo con la planificación, porque creo que la libertad es la que mueve a las personas y a los países.

-También se ha hablado de un alza de impuestos a las empresas. ¿Cree que es necesario hacerlo?
– Cuando se grava con impuestos lo que se está haciendo es quitar capacidad de inversión al sector empresarial. En el fondo, los impuestos son regresivos. El tema es cuál es el plan estratégico del país. Y para eso primero hay que definir cuáles son tus prioridades, después defines el monto de la inversión y luego el flujo de caja. Si tienes un flujo de caja capaz de solventar esos desarrollos económicos o sociales en el caso del gobierno, no se justifica el alza de impuestos.

Cuando el poncho queda grande

-Vamos a su sector. ¿Cómo encuentra que lo ha hecho el gobierno en los temas agrícolas?
– Creo que tenemos un ministro que es un lujo. José Antonio Galilea es una persona preparada, primero porque es agricultor y segundo, porque fue diputado en dos períodos. Por lo tanto, tiene esa cosa política que tanto hizo falta en otros ministerios más técnicos. Además tiene un muy buen equipo. Hay gente muy valiosa, Ricardo Ariztía en Indap y Aníbal Ariztía en el Sag.

-¿Qué cosas destaca de lo que se ha hecho hasta ahora?
– Están haciendo un proceso de modernización. Y como las cosas hay que decirlas como son, Indap, que era una maquinaria política de la centroizquierda, hoy se está profesionalizando y, de alguna forma, limpiando. Una buena parte de los funcionarios de Indap eran operadores políticos que lo que hacían era dar ciertas prerrogativas a cambio de obtener votos para el candidato de turno. Hoy eso está cambiando. Indap es el único organismo público que puede entregar un cheque sin requisitos previos. Y con eso puede hacer proselitismo, hacer un programa y entregar subsidios sin ningún filtro. Y puede llenarse de asesores, tenía un presupuesto millonario. Así que si se mira hoy desde un punto de vista político, creo que el ministerio de Agricultura está haciendo un buen trabajo.

-Hace algunas, se enfrentaron el director de ProChile, Félix de Vicente, y el presidente de Chilealimentos, Alberto Montanari, por el elogan Chile Potencia Alimentaria. ¿Cree que es un poco arrogante hablar en esos términos?
– Creo que el eslogan es bueno, pero también nos queda un poco grande, porque cuando hablas de potencia agroalimentaria, Chile es un punto en el mapa y no sé si en el resto del mundo nos verán así. Sin embargo, hay mucho por hacer. No creo que haya que cambiar el eslogan, sino que es un tremendo desafío para corregir cosas del sector en general: mejorar la infraestructura portuaria para hacerla más eficiente, pavimentar o agrandar ciertas vías de llegada y salida a los puertos y pavimentar los campos que sacan sus frutas por caminos de tierra. Eso, además de entregar incentivos al financiamiento. En Chile es una vergüenza, hoy día no hay financiamiento de largo plazo para los agricultores. Y ahí es donde encaja el proyecto de Ban-coagra (ver recuadro).

-Por otro lado, existe una visión bien crítica sobre cómo se maneja el campo chileno. Hay sectores que opinan que los agricultores están más dedicados a reclamar y a exigir cosas en vez de mejorar sus procesos para competir…

– Exacto. Y le echo la culpa a los propios agricultores y a sus dirigentes por estar permanente cacareando que están mal y en dificultades, en vez de decir que con políticas adecuadas pueden cumplir con sus objetivos. El discurso debería ser cómo estar mejor. Es claro que tenemos un problema de tipo de cambio, que tienen los australianos, los neocelandeses, salvo los argentinos, que manipulan todo. Pero los países serios hemos tenido que enfrentar un proceso de devaluación monstruoso. Y eso significa que tienen que subir los precios, y han subido los precios. La fruta es más cara y el promedio del vino antes era 18 dólares la caja, hoy son 24 dólares. Y va a seguir subiendo. Si se dice que la agricultura está tan deteriorada, ¿cómo se explican todos estos crecimientos? Creo que hoy hay dos agriculturas totalmente diferentes.

-¿Cuáles serían esas?
-Hay una agricultura que está en retirada y otra que se está generando por una nueva fuerza de agricultores, modernos, que se van renovando a tiempo. Si tienes un huerto que ya se avejentó y ya no puede correr la carrera y saca manzanas malas, damascos malos; eso le quita competitividad a la actividad. Eso se ve cada vez menos porque hay cada vez más agricultores que les va bien y pueden ir comprando o absorbiendo a los que no se están renovando.

Nuevas apuestas
Ha sido un año intenso para Juan Sutil. Ha estado más activo que nunca en la compra de empresas y en la apertura de nuevos nichos de negocio. Sin ir más lejos, se está transformando en una especie de holding agrícola, con Empresas Sutil como el paraguas desde donde se desprenden las firmas en las que participa, entre las que están la distribuidora de insumos agrícolas Coagra; Pacific Nut; la productora de champiñones Abrantes y Viña Sutil, entre otras. Con todas juntas, factura un poco más de 400 millones de dólares al año.

La guinda de la torta, dice, es su ingreso al negocio financiero a través de Ban-Coagra, la firma que abrió este año para entregar financiamiento a la medida para el sector agrícola. La gran gracia, cuenta, es el servicio personalizado. “Por ejemplo, si un agricultor necesita comprar una máquina para el packing o un tractor, le cobramos de acuerdo a sus cosechas. Si cosecha dos veces al año, paga dos cuotas al año, pero no le puedo cobrar todos los meses. Nos adecuamos a los flujos de cada uno”, dice. Esto se complementa con Agroaval, una sociedad de garantías recíprocas que permite a los empresarios del sector obtener financiamiento a largo plazo.

Otra de sus aventuras que lo tiene entusiasmado es la adquisición del 50% de TodoAgro, que concretará con un próximo aumento de capital. A través de esta firma ingresará al campo desde Gorbea hasta Puerto Montt, donde hasta ahora no tenía presencia, y entrará de lleno en la industria lechera, en la cual tiene puestas sus esperanzas. “Lo que está pasando en Chile es que se está corrigiendo la productividad de los suelos, proceso con el cual la lechería podrá duplicar o triplicar su producción de litros por hectárea gracias a un mejor forraje”, explica. TodoAgro se especializa en servicios de asesoría nutricional, control productivo y control sanitario de bovinos.