En camino a lograr las 200 camas que se le exigieron al Hospital de Urgencia Asistencia Pública, y convencido de que ha habido un abuso en la utilización de ventilación mecánica a nivel mundial, el médico Alejandro Santander, asegura: “No importa lo que haga una autoridad siempre los que están cómodamente sentados en sus casas o en el parlamento no están satisfechos”.

  • 28 mayo, 2020

Al llegar a su casa, luego de una jornada de más de 12 horas, el doctor Alejandro Santander entra a su oficina a quitarse la ropa, dejarla en un bolsa y ducharse. Tras su rutina de desinfección, se instala a ver la serie Guerra Mundial en colores y jugar ajedrez online desde el celular. El médico es un fanático de la historia y decidió comenzar a ver esa serie por el símil que, según él, tiene la pandemia con la guerra. “Esto es una situación muy parecida”, dice. “En la guerra, además de tener que estar preocupado de combatir y de la logística, debes preocuparte de que tus ciudadanos van a encontrar que actuaste mal”.

-¿Por qué lo dice?

-Creo que no hay ninguna autoridad que no haga su mejor esfuerzo en conseguir los mejores resultados posibles. Sin embargo, hay algo que es inevitable y es que no importa lo que haga una autoridad, en cualquier parte del mundo, siempre los que están cómodamente sentados en sus casas o en el parlamento no están satisfechos. Esto es como la guerra, es muy fácil ser general después de las batallas. Yo que trabajo con autoridades veo que están absolutamente comprometidos, que tienen un compromiso tan fuerte como el que tengo yo.

Hace 38 años, Santander postuló a un reemplazo en el servicio de urgencias de la Posta Central. De ahí pasó a residente de la UCI y en 2018 fue nombrado director del área de pacientes críticos. “La gente se enamora de la Posta Central”, dice el médico de la U. de Chile “Así como hay unos que hacen deportes extremos, hay otros que buscan trabajos extremos y la Posta Central es un ejemplo de ello”.

El estrés no es una sensación que el médico describe tener en su día a día. De hecho, asegura que si en algún momento lo sintiera “daría un paso al lado”. Cada día, de lunes a domingo, se levanta alrededor de las seis de la mañana para llegar a las 7:30 a su trabajo, donde se pone una mascarilla Nº95, además de una pechera y guantes. Así dirige el área donde hoy trabajan 75 médicos por turno, además de enfermeros, TENS, kinesiólogos y especialistas. “Este sin duda es el mayor desafío de mi carrera. Lo noto por la cantidad de pacientes. En abril del año pasado teníamos 18 camas, en septiembre 34 camas y hoy tenemos 80. La meta que nos pone el Ministerio de Salud es que lleguemos a 200”.

-¿Y en cuánto tiempo obtendrían esas 200 camas?

-Solo Dios lo sabe.

El dilema de los ventiladores

“Ha habido una suerte de obsesión social con el tema de los ventiladores mecánicos”, asegura el médico. “Todos andan preocupado de ellos, pero no sirven de nada si es que adicionalmente no se tiene personal que los opere”. Santander añade que ha analizado experiencias internacionales y que las estrategias que se basan en proveer ventilación mecánica a los pacientes tiene “resultados escabrosos”.

-¿Cree que la escasez hoy es en el personal capacitado más que en los ventiladores?

-No, yo veo que el tema es más profundo. Si usted revisa las cifras de letalidad en las unidades de pacientes críticos en Rusia, Alemania, Inglaterra, EEUU o Francia, va a ver que son horrorosas. No son malas, ¡son horrorosas! Entre un 65 y 88%. Considere que una unidad de pacientes críticos debe tener, en forma habitual, una mortalidad del orden de un 20 a 25%. La pregunta entonces es: ¿Eso ocurrió porque esta enfermedad es particularmente grave? La respuesta en mi opinión es no. Estos pacientes han fallecido en gran cantidad no como consecuencia de la enfermedad en sí, que es bastante compleja pero no es distinto de otros pacientes críticos.

-¿Entonces por qué murieron?

-Nosotros tenemos una letalidad de un 10%, lo que es baja. A mí me encantaría pensar que somos unos genios y hemos descubierto una forma de hacerlo bien, pero no. Lo que ha pasado es que los países que mencioné son todos países que tienen una gran cantidad de ventiladores, entonces ventilaban pacientes en escala industrial. Pero al no disponer de personal competente para operar y tenerlos adecuadamente ventilados, el paciente se les muere. Cuando uno tiene malos resultados tiene que cambiar el enfoque y es lo que estamos haciendo ahora en la posta central.

-¿De qué forma?

-Nuestro enfoque es usar el ventilador mecánico in extremis, es decir, cuando es eso o la muerte. Tenemos un sistema escalonado de oxigenoterapia que parte con la más modesta naricera y otros mecanismos de oxinoterapia avanzada sin recurrir al famoso ventilador. Estos dispositivos tienen bastante éxito y estamos evitando ventilar alrededor de un 40% de los pacientes, lo que significa que ese porcentaje no va a requerir ventilación mecánica invasiva y van a tener tasas muy altas de sobrevivir. Ese es el enfoque correcto.

-¿Otros centros hospitalarios del país están tomando ese mismo camino?

-Todos ya se están dando cuenta que el ventilador es la última instancia, entonces la gente del Hospital Clínico de la Universidad Católica, del JJ Aguirre y de la ex Posta están implementado esta estrategia. El resto obviamente se van a colgar porque saben que estos tres centros son de referencia.

¿Caso Cero?

Antes de que llegara el virus a Chile, en diciembre de 2019, Santander atendió a una paciente estadounidense que viajaba por la Antártica en un crucero y tuvo un evento respiratorio severo. Desde ese minuto, el médico estuvo constantemente alerta del Covid-19, ya que en primera instancia pensó que la paciente iba a ser el caso cero en el país. Por lo mismo, descargó una aplicación en el teléfono para hacerle seguimiento a la expansión de la pandemia en el mundo. Afortunadamente no fue así. De todas formas, dice, “tenía la secreta esperanza de que se demorara en llegar un poco más a Chile porque sabía que nuestros tiempos de reacciones iban a ser lentos”.

-¿Siente miedo?

-Yo no tengo miedo. He vivido junto a la muerte hace 38 años y se que eventualmente me tengo que morir, en eso no tengo problemas. Todos tenemos certeza de la muerte y carece de sentido temerle. Yo creo que uno más que preocuparse de la muerte tiene que preocuparse de la vida. De tener una vida plena, tener momentos felices y eso. Yo tengo una filosofía así.

-¿Y esperanza?

-La esperanza sobre la pandemia es una palabra que a mi me complica, porque viene de esperar, de expectativa. Yo no funciono así. A mi me parece que tener esperanza o expectativa es entregarle la problemática al azar, a la divinidad. Yo creo en el trabajo, creo en el método. Durante 38 años he funcionado así. Yo cuando ingresa un paciente grave a la unidad hago lo que mejor se hacer y espero el resultado. No cabe en mi vocabulario “tengo esperanza”. No, yo hago lo que tengo que hacer.