A casi un mes de la violenta noche del 11 de septiembre permanecen las dudas sobre la profundidad del fenómeno y el grado de coordinación que pueda existir entre los grupos armados.

  • 5 octubre, 2007

A casi un mes de la violenta noche del 11 de septiembre permanecen las dudas sobre la profundidad del fenómeno y el grado de coordinación que pueda existir entre los grupos armados.

 

¿Quién está detrás de la violencia? ¿Es posible que el narcotráfico y la proliferación de armas expliquen todo lo ocurrido en la noche del 11 de septiembre? ¿Existe algún nivel de articulación entre los grupos armados? Sin respuestas, no hay diagnóstico. Sin claridad en las causas, no hay posibilidad de soluciones. Y la falta de información aumenta el riesgo para los organismos encargados del orden, como quedó en evidencia tras la trágica muerte de un cabo que no contaba con la protección mínima para enfrentar las balas.

 

 

El propio general director de Carabineros, José Bernales, explicaba hace unos días que la institución realiza un trabajo de inteligencia para determinar la existencia de algún grupo organizado tras los bombazos ocurridos recientemente en Santiago.

 

El subsecretario del Interior Felipe Harboe, dice que el gobierno tiene en la mira a varios cabecillas de grupos (anarquistas, revolucionarios, extremistas, narcotraficantes y del hampa), pero que no hay ninguna certeza de quiénes son los culpables tras la violencia armada. “Nosotros como Ministerio del Interior nunca descartamos nada, nos ponemos en todas las hipótesis de conflicto”, comenta, mientras explica que están realizando un trabajo importante a través de las inteligencias policiales y otras fuentes. “Queremos desentrañar el origen del uso de armas de fuego, particularmente en las poblaciones”, destaca el Subsecretario.

 

La tesis más recurrente dice relación con las redes tejidas por el narcotráfico, pero los hechos del “11” fueron antecedidos por convocatorias del Frente Manuel Rodríguez y del Partido Comunista. Los panfletos existieron, aunque el vocero del FMR, Jorge Gálvez, dice que sus estrategias son distintas: “En los 80 el Frente asumió la lucha armada, porque era pertinente en ese momento histórico. Hoy las cosas han cambiado y nuestro énfasis está en la construcción social. Estamos viviendo una nueva etapa en el país y, por lo tanto, tenemos que aplicar una nueva política. Nosotros ya no incentivamos ni desarrollamos la lucha armada, creemos que eso corresponde a momentos históricos determinados. Podría ser aplicable a futuro quizás. Por ahora no. Hoy solo es necesario saber defenderse”.

 

La lógica del Partido Comunista, que al menos se abstiene de condenar públicamente los hechos de violencia, ha generado molestia al interior de La Moneda: “De día quieren negociar su incorporación al sistema mediante un cambio al régimen binominal, pero de noche están dispuestos a salir a la calle”, dice una fuente de Palacio.

 

Para la investigadora de Flacso, Lucía Dammert, no hay evidencia que compruebe o descarte la presencia de grupos extremistas articulados al nivel de los existentes en los años 80. Agrega que si se analizan las ideas que motivan a algunos grupos juveniles que se declaran anárquicos o “contrasistémicos”, en muchos casos se ve que son bastante carentes de una ideología. “Lo que hacen es tomar un discurso antisistémico, de destrucción de las normas y de la injusticia, como un asunto que viven, pero no conforman un sistema organizado ni sistemático”, afirma.

 

“Creer que el FMR puede convocar a la cantidad de muchachos que se han levantado hoy, pensar que tiene esa capacidad de organización, es darle una importancia organizativa que no tiene. Se puede ver en otros eventos del FMR, en donde ellos llaman a marchar y llegan veinte personas. Ahí hay una discrepancia extraña entre lo que promulgan y lo que se ve”, advierte.

 

Tanto la investigadora como el subsecretario coinciden en que no se puede descartar la implicación de estos grupos en el uso de las armas y en la violencia extrema ocurrida en algunas poblaciones para el “11”.