Reina en la comuna más poblada del país y, desde ese trono, se perfila como uno de los hombres fuertes de la Alianza. Todavía no está en carrera de nada -dice-, pero no se achica para una futura senatorial y ni siquiera descarta competir por La Moneda. Sin credencial de estadista ni padrón de político de cuño, el Cote sabe lo que pesa a la hora de captar votos y con eso, más las ganas, está seguro que basta. 

  • 5 octubre, 2007

Reina en la comuna más poblada del país y, desde ese trono, se perfila como uno de los hombres fuertes de la Alianza. Todavía no está en carrera de nada -dice-, pero no se achica para una futura senatorial y ni siquiera descarta competir por La Moneda. Sin credencial de estadista ni padrón de político de cuño, el Cote sabe lo que pesa a la hora de captar votos y con eso, más las ganas, está seguro que basta. Por M. Angélica Zegers V. Fotos, Enrique Stindt.

 

Este hombre no para, literalmente. Da la sensación de estar todo el día a full. Lo suyo no es la pausa, la reflexión intelectual ni las entelequias del poder, sino la acción pura y simple. Identifica los problemas –que no son pocos en una comuna enorme y todavía con mucha pobreza, como Puente Alto– y los soluciona. Sus maneras y dichos delatan la crianza campesina, lo que explica que pese a ser un Ossandón Irarrázaval, se sienta como pez en el agua entre gente de menores recursos, y haya obtenido las más altas votaciones jamás conseguidas por un alcalde de derecha en una comuna donde –hasta su aparición– la Alianza sobrepasaba apenas el 10%.

 

El Cote, como le dicen, es todo lo contrario a una creación del marketing, las encuestas o las cúpulas. Se hizo a pulso, sin necesariamente quererlo, desde la modesta alcaldía de Pirque, allá por el año 1992. Fue su padre, Roberto Ossandón Valdés, quien le pidió que se presentara. “Me dijo que la familia había estado siempre en la zona, que teníamos un compromiso, que siempre me había atraído el tema social y terminó con un argumento implacable, porque me dijo que no me preocupara tanto si no iba salir”.

 

Tenía 29 años y con su título de técnico agrícola del Inacap había hecho una bastante buena carrera laboral, gerenteaba en ese momento dos empresas de la zona, y vivía tranquilamente con su señora (Paula Lira) y cuatro hijos en la misma casa en que lo hace hasta hoy en Pirque, además de dedicarse a jugar polo y practicar enduro ecuestre.

 

Pero el Cote dijo que sí y se lanzó en lo que mejor hace hasta hoy, el puerta a puerta. Consiguió con amigos cinco mediaguas y le ofreció a una señora que vivía en un rancho construirle una casa para demostrar que en Pirque sí había pobreza y que, de resultar electo alcalde, se enfocaría en ese problema. La señora no lo llevó de apunte, “me sacó a patadas del lugar”, recuerda, pero el hecho es que quedó cachuda y quiso la suerte que le preguntara por “este pije” a un campesino que era amigo del Cote. La señora recapacitó y aceptó el trato. Le anexaron dos mediaguas que terminaron formando una especie de linda casita de playa sobre pilotes. Luego vinieron cinco más y con eso, aparte de mil calendarios medio artesanales, Ossandón ganó la elección.

 

-No lo podía creer y tanto es así, que cuando acepté ir de alcalde ni siquiera le pregunté a mi señora, error por el cual todavía me arrepiento. Es que nunca pensé que iba a ganar. De hecho, me desesperé tanto que fui donde mi papá y un tío para que me ayudaran a renunciar y dejarle el cargo al segundo. Mi papá me dijo que yo había dado mi palabra y que tenía que cumplir, así que apechugué nomás y me embarqué. Ossandón no se demoró nada en tomarle el gusto al mismo cuento que antes encontraba “rasca” y poco para él. Se dio cuenta de que era bueno en identificar problemas, buscar soluciones creativas, hablar con la gente y generar buenos equipos de trabajo. Cuatro años después se presentó a la reelección y sacó el 65% de los votos. Ya era un fenómeno en la zona y comenzó a cambiarle la cara a la comuna. Sin embargo, se dio cuenta de que no quería ir por un tercer período.

 

-Estaba aburrido de no ganar nada, el sueldo me alcanzaba justo para pagar el colegio de mis niños y no me quedaba nada más. Me sacaba la cresta trabajando y me ayudaban mis padres y hermanos, que siempre han estado detrás de mí, pero no había plata para mantener a la familia. Me había metido a full en la campaña de Lavín del 99. Estaba agotado, así que decidí buscar pega, Lo hablé con mi señora y decidimos concretar un viaje de peregrinación a Roma para el que habíamos ahorrado durante años.

 

Un mes antes de partir, llegó a la alcaldía una pobladora muy pobre de Puente Alto a pedirle ayuda. El Cote la recibió y le solucionó el problema. Luego llegaron varias más y este alcalde, que confía ante todo en el juicio divino, vio en esta sucesión de casos una señal de que Dios le estaba pidiendo algo distinto. -La Paula me dijo que decidiéramos el futuro en Roma y en la puerta de la basílica de San Pablo Extramuros acordamos dos cosas importantes: que si el hijo que esperábamos era mujer se llamaría María y que si era hombre, como sucedió, sería Pedro Pablo. También decidimos que me presentaría a la alcaldía de Puente Alto y si ganaba era porque Dios así lo quería, lo que nos liberaba bastante en el peso de la decisión. Además dijimos que la campaña “terminaba” a las dos de la tarde y que no trabajaría ni sábados ni domingos, lo que cumplí religiosamente.

 

Ossandón sacó el 46,5% de los votos, compitiendo con el socialista Sergio Rubilar, un bastión de la comuna. Cuatro años después, la cifra se elevó a más del 60%.

 

 

 

El empoderamiento político

 

 

El poder tiene sus costos. En el caso de Ossandón, se relacionan con su propia seguridad, ya que han atentado contra su vida y hoy anda con guardaespaldas y todos los vidrios de la municipalidad son blindados. También ha sufrido acusaciones serias, como antes de la elección de 2004, cuando recibió la querella de un concejal por supuestos malos manejos de dinero.

 

“Fue el último recurso que usó el gobierno para tratar de liquidarme y bajar mi votación, pero no lo lograron, porque soy honrado. Las tres páginas del reportaje de La Nación (lo puso en portada con el título “Samurai en problemas”), donde me dejaban casi como un delincuente, no merecieron después ni una sola línea donde se hablara de mi inocencia”.

 

Aun así, dice que tiene muchos amigos en el gobierno y la Concertación. Destaca a José Miguel Insulza y a la propia presidenta Bachelet, a quien conoció hace muchos años cuando les tocó trabajar juntos en temas de salud, él representando a los municipios y ella, al ministerio. Desde entonces hasta Bachelet lo trata de Cote. También destaca que estuvo en Cuba junto a Joaquín Lavín y tiene enmarcadas la foto y el puro que le regaló el Comandante.

 

 

-¿No es medio esquizofrénico que los dirigentes de la Alianza reivindiquen con tanto orgullo sus visitas a Fidel Castro?

-Yo creí que era bueno dar una señal hacia la izquierda de que se puede conversar y tener una convivencia civilizada aunque se piense muy distinto en política. El régimen de Castro va en contra de todos mis principios, pero no voy a ser yo el que lo saque, es un problema de los cubanos. Ossandón sabe lo que pesa y cada vez se siente más empoderado. Como en los mejores tiempos de Lavín en campaña, firma personalmente más de mil fotos a la semana. Recorrer con él la comuna es una odisea, saluda a medio mundo, la gente lo toca, le pasan los niños y le cuentan los más infinitos problemas, a los que él se dedica independientemente de lo nimios que parezcan. El hombre es voluntarista y no cede cuando algo se le mete en la cabeza. Sin ir más lejos, la comuna cuenta con Metro porque cuando oyó que Maipú iba a ser la favorecida, revirtió la situación con una espectacular campaña comunicacional enfocada a las 200 personas cercanas al presidente que influían en la decisión. Con militancia en Renovación Nacional desde hace muchos años, nunca fue muy activo en el partido y recién se integró más a fondo con la actual directiva en calidad de vicepresidente. También participa en el comité ejecutivo de la Alianza. Es obvio que cada día gana más espacios de poder.

 

 

-¿Por qué desechaste competir por Santiago a favor de un tercer período en Puente Alto?

-En política las cosas son muy inciertas, pero para mí lo que más pesa es la vocación de servicio público. A pesar de que soy de los que piensan que los alcaldes no deberían estar más de 8 años en el cargo, igual que senadores y diputados, nos comprometimos a cambiar la cara a Puente Alto y todavía falta. Don Carlos Larraín me ofreció ir de alcalde por Santiago y aunque las encuestas hoy no lo muestren, sé que habría ganado frente a cualquiera, incluidos Trivelli y la Ximena Rincón.

 

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-¿No pesó en la decisión el no querer asumir los costos de una comuna que puede demoler políticamente a alguien, como le pasó a Lavín?


-Para Lavín tuvo costos políticos porque él escogió Santiago como un trampolín o como un lugar para mantenerse vigente mientras esperaba la presidencial. No estaba ahí solamente para ser alcalde. En la decisión al final también pesó mucho que tengo 8 hijos y no estoy dispuesto a llegar todos los días a las doce de la noche porque Santiago tiene una cosa protocolar que quita mucho tiempo. Yo tengo un compromiso con la gente de Puente Alto y eso vale más que mi carrera política.

 

 

-Aunque digamos las cosas como son, no parece que estés hipotecando futuro político al frente de una comuna de más de 600 mil habitantes y siendo exitoso en la tarea.

-Bueno, es obvio que tengo un buen capital político.

 

 

-¿Lo que sigue es la senatorial por Santiago reemplazando a Longueira?

-O con Longueira ¿Por qué no? Mira, no estoy pensando hoy día lo que voy a hacer en 2012. No estoy de alcalde de Puente Alto porque quiera llegar a otro lugar, pero una de las opciones es una candidatura a senador y no me preocupa el eventual competidor. Es obvio que tendría que hacer una buena campaña a nivel regional, pero tengo señales potentes de admiración y cariño todos los días en la calle y también tengo buen rating más arriba, porque la gente agradece e incluso sobrevalora que un gallo como yo esté en Puente Alto metido en las poblaciones.

 

 

-¿Te ves en el trabajo legislativo después de años en relación directa con la gente?

-La verdad es que no me entusiasma demasiado, pero no lo puedo descartar como opción. Si sigo en política lo más probable es que me la juegue por competir en una senatorial y, como siempre he ido a la dura, no me gustaría ir protegido en una circunscripción. En la Alianza hay un problema generacional, porque los dirigentes clásicos están radicados en el 30% histórico de la derecha, pero somos otros los que nos hemos atrevido a ir a las comunas duras donde ellos nunca habían ganado, como Mario Olavarría en Colina, Gonzalo Cornejo en Recoleta y yo en Puente Alto. Te puedo asegurar que de La Florida hacia acá (muestra el sur) no me gana nadie y para el norte también soy fuerte.

 

 

-¿Has considerado alguna vez emerger como la figura joven y ejecutiva de la derecha, el David Cameron criollo, que encante con su discurso al electorado con miras a una presidencial?

-Me lo han dicho mil veces en la informalidad de la calle, pero la presidencia hay que quererla y en el fondo de mi corazón no la quiero. Aunque si en algún minuto siento que tengo que asumir esa responsabilidad no voy a dudarlo. Lo que sí tengo claro es de lo que soy capaz y mi obra es de lo más alto que puede mostrar la alianza. Tengo más votos que muchos senadores y puedo estar en la lista de los que compitan para algo grande.

 

 

-¿Solo cuentan los votos o se necesita lo que se llama “altura de estadista”?

-Chile no necesita más estadistas, sino gerentes, gente que tenga la valentía de producir los cambios, porque desde hace mucho tiempo que aquí se perdió la capacidad y la mística para generar las acciones que nos lleven de una vez por todas al desarrollo. Los votos son un reflejo del trabajo.

 

 

-¿Te han planteado alguna vez en el partido que podrías estar en la carrera presidencial?

-No, porque la parte dura de la política es que se recela del que le va bien. Cuando salí elegido la primera vez por Puente Alto, que fue una hazaña, salvo Raúl Torrealba, no me llamó nadie, pero –entiéndeme bien– nadie. Y cuando después salí con el 60% de los votos no me llamó ni Piñera, que era el presiente del partido, y eso que soy el candidato más votado de la Alianza en Chile después de De la Maza, pero en las Condes sale hasta el Ratón Mickey. Esto es una señal para mi futuro político. Hago la excepción con Carlos Larraín, que es generoso y abre espacios, pero en general en política nadie te potencia, es uno el que se arma y luego se puede mostrar el arrastre como prueba irrefutable de lo que uno pesa. Yo estoy aquí por mí, no por el partido, no recibí un peso más que de Roberto mi hermano, aunque también es bueno tener autonomía e independencia, porque al final genera respeto.

 

 

-¿Y cómo se gana un espacio cuando al final en Chile en todos los partidos y a todo nivel los cargos se deciden entre cuatro paredes?


-Créeme que lo que pesa en la elección de candidatos son criterios objetivos, porque ningún partido está dispuesto a perder. Sergio Diez me pidió formalmente en la elección pasada que renunciara a la alcaldía y fuera de candidato a senador por Santiago; es decir, es obvio que estoy en las listas.

 

 

 

La Alianza al poder

 

 

-¿Está la Alianza en un mejor pie que hace dos años para pensar en ser alternativa real de gobierno?

-Absolutamente. Se habla mucho de los problemas de gobernabilidad y de las peleas. Pero son cosas de niños comparadas con lo que pasa en la Concertación. La Alianza tiene una estupenda relación a nivel institucional y en el trabajo parlamentario. Está bueno ya del estigma de las peleas, porque desde que asumieron Carlos y Hernán Larraín no ha habido ninguna.

 

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-¿Se le clavó finalmente la rueda de la fortuna a Piñera?

-Hoy día Piñera objetivamente manda en la carrera y todos estamos trabajando por él. Piñera hoy gana lejos. El Transantiago fue la guinda de la torta en este desastre colectivo del gobierno. Nos sentíamos súper orgullosos del Lagos estadista y golpeador de la mesa, pero era también un gran marketero, porque su gobierno fue bastante mediocre y muchos de los problemas que hoy sufre Bachelet los heredó de él. La gente está aburrida y lo que tiene que hacer la Alianza es cultivar la creatividad. Hoy el nivel de corrupción es muy alto. Yo quiero que la plata llegue a los pobres y a la clase media que quiere surgir y emprender.

 

 

-¿Por qué Piñera debería lograr lo que no consiguió Lavín en un momento muy malo de la economía y con toda la novedad de su discurso del cambio?

-La situación no era ni la mitad de mala de lo que es hoy. La gente está cansada de ver que los mismos gallos se reparten el gobierno como si fuera su patrimonio. El tema de la delincuencia es un escándalo. La mayor cantidad de solicitudes que recibimos en la municipalidad es para cerrar calles. Todas las garantías son para las delincuentes, porque aquí ya no se puede hablar de puerta giratoria, ya que ni siquiera hay puerta. Quiero dejar en claro eso sí, que aunque nos importa mucho este tema, no es responsabilidad del alcalde, sino del gobierno y ese error de concepto lo cometió Joaquín (Lavín) cuando en su minuto quiso suplir esta deficiencia en Las Condes. Pero aquí las cosas no se solucionan con guardias privados. La esencia está en combatir el microtráfico, pero el gobierno está absolutamente perdido.

 

 

-No se ve que la Alianza capitalice la baja del gobierno.

-Hoy Piñera tiene una credibilidad y adhesión de la gente que no tenía hace dos años y él dará el margen que le falta para llegar a La Moneda, porque esa diferencia la aportan los líderes, no los partidos. Cuando yo saqué el 60%, las encuestas indicaban que el 65% de las personas que votaron por mí eran adherentes de Lagos. Además, tenemos un gran jefe de campaña que es el gobierno, porque donde uno mire mete las patas.

 

 

-¿No hay ninguna crítica para la falta de un proyecto sólido de la Alianza y la poca capacidad de liderazgo de sus partidos?

-Tengo una crítica al mundo político en general, porque veo que están en otra. Las grandes fi guras del futuro son del mundo municipal, gente con gestión y que vive la realidad. La Concertación está quebrada, se les murió Pinochet y se quedaron sin discurso, y hoy es solo una gran agencia de empleos. Bachelet ha perdido oportunidades únicas de hacer un gobierno importante y diferente.

 

 

-¿Se puede competir contra una coalición que desde el gobierno va a tirar toda la carne a la parrilla en 2009?

-La intervención electoral del gobierno es grosera y en la campaña pasada fue un escándalo, pero en el Plebiscito también hubo una campaña feroz y el sí perdió igual, porque la gente estaba aburrida. Te aseguro que en la próxima campaña vamos a ganar. En mis 14 años de alcalde, nunca me había pasado que en reuniones públicas, la gente hablara con insultos del presidente y de sus ministros. Poco antes de terminar su gobierno, Lagos vino a inaugurar un consultorio y había más carabineros disfrazados de médicos que los reales, porque tenía terror de meterse en las poblaciones y Bachelet no ha venido nunca, porque le teme a los deudores habitacionales. Nunca se habían visto más cercos de seguridad que ahora, porque saben que la gente está aburrida y que cada vez protesta con más fuerza.

 

 

 

El pueblo de las arañas

Puente Alto, que debe su nombre a un estratégico y pequeño puente en altura que no era fácil de remontar para las carretas de principios de siglo, es una de las llamadas comunas emergentes. Con más de 650 mil habitantes, siempre fue un pueblo de paso entre San José de Maipo y Santiago y se formó alrededor de empresas que, como la Papelera, Volcanita y Textil Victoria, congregaron una creciente población obrera creando una especie de telaraña en torno a ellas. Cuando habla del lugar, el Cote Ossandón se explaya en la creciente inversión, las cinco mil viviendas en construcción y el aumento de los servicios. Pero el progreso es mucho más que cifras. Lo central de su discurso son los desafíos sociales cruzados a fondo por su fe religiosa.


-Puente Alto tiene un sector grande de gente pobre, porque durante el gobierno militar se instalaron cientos de campamentos sin ningún orden ni servicios, lo que formó enormes ghettos de pobreza. Después, la Concertación consolidó la embarrada. Hay lugares en la comuna donde viven cien mil personas y que deben caminar 12 kilómetros para llegar a un supermercado, así que al final terminan pagando el doble en almacenes. Las famosas casas Copeva del Volcán son ilustrativas de que cuando se hacen políticas públicas sin Dios, inevitablemente se fracasa. Aquí se pensó en una solución eficiente para darle techo a la gente, pero el sueño de la casa propia terminó en pesadilla. En la mayoría de las poblaciones, los blocks no se llueven, pero están tan mal diseñados que la calidad de vida es horrible y, además, a los que son más pobres se les liquidó a patrimonio, porque son viviendas invendibles.



-¿Dónde entra Dios en la ecuación?


-La idea que hay detrás de una vivienda es necesariamente cobijar a una familia, pero ¿de qué familia se puede hablar cuando se construyen con un solo dormitorio? Para mí esto no es una definición técnica, sino moral. La mínima aislación y el hacinamiento que provocan estas casas hacen imposible la convivencia.


-¿Cómo se compatibiliza la necesidad de gente que ni siquiera tenía ese techo, con los siempre escasos recursos?
-Las cosas hay que hacerlas bien a la primera, porque es mejor hacer menos que mucho mal. Si se hacen encuestas en esos ghettos, el 99% de la gente quiere irse. La gracia de ser alcalde es que uno está muy cerca de la gente. Aquí los problemas son reales, los vivimos día a día, no los leemos en un informe académico. El otro día se me acercó una señora y me mostró orgullosa a su nieto de siete años, que está en el mejor colegio de la comuna y que es la alegría de esa casa y me dijo que estaba vivo porque yo había ayudado a su hija para que no abortara. Las políticas sociales deben tener una mirada trascendente.



-¿Cree que las cosas les han resultado porque tiene mayoría en el Concejo?


-Para nada. Si hay algo que define a esta municipalidad es la mística que hay en todos los funcionarios y el gran espíritu de colaboración. Aquí somos amigos y nunca, nunca me han rechazado un proyecto. Además, creo que sería una tontera oponerse por razones políticas, ya que los resultados avalan nuestra gestión.



-¿Cuáles son esos resultados concretos?


-En educación tenemos más de 29 mil alumnos en escuelas municipalizadas y hoy el 85% de los niños lee en Primero Básico y casi el 100% en Segundo Básico, siendo que cuando llegué el 43% no leía en Cuarto Básico. Más de 129 ex alumnos municipales estudian con becas en la universidad. En salud atendemos a 350 mil inscritos y hemos logrado las mejores metas de atención de la zona sur, comparándonos con comunas de 8 mil inscritos. Yo recibí el municipio con 1.500 millones de pesos en facturas impagas y con el 40% de los funcionarios ganando el sueldo mínimo, y hoy no hay nadie en esa situación, porque no se puede trabajar por los pobres si no se tiene qué comer. No le debemos un centavo a nadie, porque no giramos, como hacen otros, más de lo que tenemos. Nos ordenamos y somos eficientes.