Todo comenzó durante un viaje. Dos amigos argentinos vieron en un negocio de regalos ya consolidado en Europa la posibilidad de exportarlo a su país y transformarlo en un formato premium. Lo lograron. Hoy, con buenas ganancias, están adportas de cruzar a nuestro país. Uno de sus creadores habló con Capital y nos contó su exitosa fórmula.

  • 12 abril, 2012

 

Todo comenzó durante un viaje. Dos amigos argentinos vieron en un negocio de regalos ya consolidado en Europa la posibilidad de exportarlo a su país y transformarlo en un formato premium. Lo lograron. Hoy, con buenas ganancias, están adportas de cruzar a nuestro país. Uno de sus creadores habló con Capital y nos contó su exitosa fórmula. Por María José Salas.

Recibes una caja para tu cumpleaños, pero el regalo no viene ahí. En su lugar hay una tarjeta que te da la posibilidad de elegir entre varias opciones: gastronomía, aventura, bienestar y viajes. Esto es a grandes rasgos Bigbox, el negocio creado por los argentinos Agustín Gold y Gastón Parisier en 2009 que está revolucionando el concepto tradicional del regalo al otro lado de la cordillera. Ahora esperan hacer lo mismo en Chile. Acaban de desembarcar con una inversión de 300 mil dólares, ya tienen oficina en Las Condes y están en plena etapa de selección del que será su equipo

La idea partió durante un viaje a Europa. Agustín visitaba a su amigo Gastón que estudiaba en Francia, y mientras paseaban por Lyon se percataron de que este negocio tenía una gran recepción y buenos resultados entre los europeos. Sin embargo, el modelo

Con una inversión de 300 mil dólares, hoy los tres socios están en pleno proceso de reclutamiento del equipo que se hará cargo de Bigbox en Chile. Pretenden estar instalados en nuestras fronteras En dos meses más; primero de forma online, para luego, al igual que en Argentina, tener puntos de ventas propios.

que adoptaron en Argentina tiene sus variaciones. “La esencia es diferente en el viejo continente, ya que las cajas se venden en supermercados con alternativas de precios. En cambio, Bigbox apunta a un público exigente que busca regalar experiencias premium, que sean inolvidables”, explica Gastón Parisier.

En 2011 se sumó al equipo un tercer socio, Lucas Werthein. Los tres, forman parte de reconocidos grupos empresariales de Argentina. Gastón Parisier es hijo de Guido Parisier, arquitecto ligado al mundo de la gastronomía y la hotelería; Agustín Gold es hijo de Luis Alberto Gold, empresario del rubro de las farmacias y socio de los laboratorios Elea y Biogénesis Bagó; y Lucas Werthein es hijo de Adrián Werthein, titular de La Caja de Ahorro y Seguro y vicepresidente del Grupo W, holding privado que posee y administra una cartera diversa de compañías en el país trasandino.

Sin duda, estos tres amigos, por las familias de origen, tienen muy claro cómo hacer negocios y llevan en la sangre el emprendimiento. Por eso, al momento de armar el modelo de la empresa, con tan sólo 12.000 mil dólares invertidos, pudieron echar a andar la máquina e instalarse de a poco como una marca consolidada.

Y así lo cuenta su dueño: “en Buenos Aires, Bigbox se inició como e-commerce –venta y compra de productos a través de Internet– y ahora se vende en los exclusivos locales de Etiqueta Negra y en la Boutique del Malba. Actualmente estamos orgullosos de inaugurar nuestro primer punto de ventas en el shopping porteño Paseo Alcorta”, explica Parisier.

El resto del financiamiento lo consiguieron con las ventas, antes de que se efectuara el pago a los proveedores, por los distintos servicios que entregan.

Cómo funciona
Los pasos para comprar en Bigbox son muy simples. Primero, compras un catálogo dentro de las alternativas de cada sección (gastronomía, aventura, bienestar y viajes), que van desde 20.000 pesos a 300.000 pesos (chilenos). La transacción puede hacerse online, por teléfono o en forma presencial. Luego se le manda a una o más personas, las cuales al recibir la caja, eligen entre de las alternativas del catálogo sólo una opción, que puede ir desde comer en un restaurante, jugar golf, volar en un globo aerostático, bucear, navegar en vela al atardecer hasta relajarse en un spa, dependiendo del catálogo que haya sido obsequiado. El abanico de posibilidades es muy diverso, lo que ha permitido que la fórmula sea todo un éxito en la alta sociedad trasandina. Después de que la persona selecciona su regalo, tiene cuatro meses de plazo para hacerlo efectivo, periodo que los socios decidieron acortar hace un tiempo, producto de la inflación. En sus inicios eran seis meses.

Con esta simple idea, Bigbox ha demostrado ser más que un pequeño emprendimiento. Con slogans como “no hay mejor regalo que la posibilidad de elegirlo”, la empresa ya facturó 2 millones de dólares el año pasado. En Chile esperan hacer lo mismo y proyectan una facturación de cuatro millones de dólares entre ambos países.

Nuevos horizontes
Al parecer, Chile no sólo se ha hecho conocido internacionalmente por el rescate de los mineros o el terremoto de 2010, sino que es un país atractivo, donde los empresarios están dispuestos a invertir. Es por eso que Parisier, Gold y Werthein decidieron que el primer paso para internacionalizarse sería Santiago. Para sus dueños, Santiago es una ciudad sofisticada y ecléctica que ofrece una gran hotelería y gastronomía, rubros esenciales que debe tener una urbe para poder ser parte de su proyecto. “Tengo una gran admiración por Chile, es un país que presenta uno de los principales destinos turísticos de la región, con una economía en constante crecimiento y donde la calidad de vida es contemplada internacionalmente. Santiago era la primera escala obligada, no en vano ingresó al ranking de las mejores ciudades del mundo, elaborado por el New York Times”, explica Gastón Parisier.

Con una inversión de 300 mil dólares, hoy los tres socios están en pleno proceso de reclutamiento del equipo que se hará cargo de Big Box en Chile. Pretenden estar instalados en nuestras fronteras en dos meses más; primero de forma online, para luego, al igual que en Argentina, tener puntos de ventas propios.

Y aunque Chile es su primera escala, estos jóvenes empresarios no pierden el tiempo y ya están realizando importantes avances para desembarcar en Sao Paulo y así ir consolidándose a nivel regional. “Somos optimistas y creemos que tenemos potencial como para convertirnos en la empresa líder en el segmento de obsequios premium de Latinoamérica”, asegura Parisier.

Para ellos lo atractivo de este negocio es que demuestra que con una inversión inicial relativamente baja se pueden lograr dividendos favorables en pocos años y, más aún, cruzar las fronteras y empezar a trabajar con proyecciones que podrían duplicar su actual facturación.