“¿Está Chile efectivamente insatisfecho con su Constitución? Ésa sería la motivación de que sea “la casa de todos”, repitiendo la frase de Jorge Burgos. Es interesante mirar un trabajo de Sofía Correa en Estudios Públicos, donde muestra el origen de la Constitución del 25. Ahí uno se da cuenta de que ninguna Constitución en su […]

  • 12 noviembre, 2015

cristian-larroulet

“¿Está Chile efectivamente insatisfecho con su Constitución? Ésa sería la motivación de que sea “la casa de todos”, repitiendo la frase de Jorge Burgos. Es interesante mirar un trabajo de Sofía Correa en Estudios Públicos, donde muestra el origen de la Constitución del 25. Ahí uno se da cuenta de que ninguna Constitución en su origen es la casa de todos. Hay otro trabajo interesante que acaba de publicar el PNUD para poder justificar el tema, donde si uno mira los países que hicieron asambleas constituyentes –esto es respecto al método–, en el 95% de ellos hoy los valores democráticos fundamentales están terriblemente deteriorados.

En este debate hay dos cosas profundas diferentes. Una es el proceso constituyente, y la otra es si éste es un instrumento para las campañas políticas. Si uno mira el calendario, estoy firmemente convencido de que éste es un instrumento para cambiar la cancha. Ellos quieren que no sea delincuencia, ni empleo, ni igualdad de oportunidades, sino que la cancha sea un debate puramente político colgándose de la Constitución, con el gran riesgo de que esto sea un instrumento para acercarnos al populismo latinoamericano. Chile se había diferenciado de América Latina, como le escuché alguna vez a Mario Vargas Llosa, por ser el país aburrido, el país que hace las cosas bien, el país que no va para titulares en la prensa y ya logramos los resultados que hemos analizado hoy. Éste es un camino que nos va a acercar, digamos la cosas como son, al chavismo. Y ése es el gran riesgo.

Segundo tema es el contenido de la nueva constitución. Se ha planteado ya, y eso es transversal: derechos sociales, en al área de los autoflagelantes de la Nueva Mayoría, y la nueva arquitectura del poder, en la línea de los autocomplacientes. Segundo enfoque: minimalista-maximalista, que se cruza transversalmente respecto a lo que planteé antes.

Otros temas respecto a los contenidos –y eso tiene que ver con el mundo de la empresa, la economía, la inversión– son el derecho de propiedad, política fiscal. ¿Vamos a darle atribuciones de gasto fiscal al Parlamento? El derecho de propiedad, ¿lo vamos a alterar? Ya hay propuestas en materia de derecho de aguas y otras cosas. Creo que esto es lo que más preocupa al sector empresarial. No hay duda de que la pregunta fundamental de largo plazo es: cómo va a terminar este proceso en relación a la constitución económica. Hice una comparación de resultados entre la Constitución del 25 y la vigente en democracia, a propósito de que Fernando Atria hablaba de que, por default, la línea base no tenía que ser la Constitución vigente si no la del 25. Si uno hace estos ejercicios, en materia de crecimiento, por ejemplo, hemos crecido mucho más con la Constitución vigente que con la del 25; las tasas de inflación no tienen comparación; si uno mira resultados sociales, el aumento de salarios reales es el doble con la Constitución vigente que con la del 25. O sea, a todas luces la preocupación del empresariado tiene toda la razón. Y no debería ser solamente una preocupación del empresariado, sino de todos nosotros.

Seleccioné una entrevista a Jorge Correa Sutil en El Mercurio, donde él plantea cuál debe ser la agenda. Él dice, en primer lugar, que se debe ver que los procesos políticos no estén capturados por el dinero. En segundo lugar, que los procesos sean transparentes. Y en tercer lugar, buscar una forma de participación más vigorosa. En esa agenda de perfeccionamientos institucionales yo estoy completamente de acuerdo. Pero, a su vez, los que son partidarios de esta agenda en la Nueva Mayoría también están divididos. Quieren ir a un sistema semipresidencial. Yo me hago la pregunta: ¿qué va a resolver eso? El problema va por otro lado.

[box num=”1″]

Algunos datos relevantes de qué piensa la ciudadanía de todo esto, y aquí voy a usar los datos de la encuesta Bicentenario. ¿Es preferible mantener el actual sistema político basado en la autoridad del presidente o cambiarlo y darle mayor autoridad al Congreso por sobre el presidente? 66% prefiere mantener la autoridad del presidente. ¿Es preferible el actual sistema en el cual los alcaldes pueden ser reelectos sin límites? Preferible, sólo 24%; poner límite a la reelección, 71%. ¿Es preferible mantener el actual sistema en el cual los diputados y senadores pueden ser reelectos sin límite? Preferible, sólo 6%; poner límite, 79%. ¿Es preferible mantener el actual sistema en el cual el voto es voluntario? 57% cree que es preferible mantenerlo y 39% es partidario de hacerlo obligatorio. ¿Es preferible mantener el actual sistema en el cual los intendentes son designados por el presidente de la República? Sólo 12% cree que sí, la gran mayoría es contraria. Y ¿es preferible también que los partidos políticos sean financiados exclusivamente por el Estado? En 54% y 35%, sector privado y empresas privadas. Esto me parece relevante para el tipo de debate que todavía no aparece, pero va a aparecer.

Otro tema que me parece muy relevante es a propósito de los derechos sociales. Hay un trabajo de Sebastián Edwards publicado en los estudios públicos del CEP que dice que los países que tienen en sus constituciones la protección de derechos sociales, educación, no son los países que tienen mejores resultados. Siempre pongo un ejemplo que es más cercano a nosotros. Cuando se hizo la Ley Auge, en período del presidente Lagos, se fijaron garantías mínimas. Se avanzó, sin lugar a dudas, pero con el paso del tiempo fueron creciendo las listas de espera para los Auge y no Auge. ¿Cuál fue el instrumento para reducir la lista de espera en el gobierno del presidente Piñera? El bono Auge. Si tú quieres tener realmente mecanismos eficientes de asegurar, tienes que meter al sector privado y la libertad de las personas. Si no, no resulta. En este gobierno se acabó ese instrumento y las listas volvieron a subir. También ese debate va a existir.

Para terminar, quiero decir que me parece que el proceso constitucional, contrario a lo que dijo el ministro Díaz, va a terminar siendo –aunque no sea– un puro instrumento de campaña política y en consecuencia, la probabilidad de que esta gran oportunidad sea “la casa de todos”, es casi cero.

Y respecto al fondo, a mí me parece que lo que está haciendo la centroderecha de ir con una propuesta alternativa es lo que hay que hacer. Dentro del concepto de lo que a mí me gusta, una cosa más minimalista de perfeccionamiento de la arquitectura del poder y no de los derechos sociales, creo que hay material para tener una propuesta inteligente y razonable para los tiempos que hay. ¿Por dónde va eso? Por la relevancia de la sociedad civil, por el lado de la descentralización y creo que tiene ir en la arquitectura del poder en una mirada moderna. La sociedad cambió, el mundo está cambiando a una velocidad gigantesca. En esencia, es necesaria una modernización profunda de cómo funcionan el Congreso y el Poder Ejecutivo. Eso tiene que ver con la incorporación de nuevas tecnologías. No sé si eso va a significar una nueva oportunidad de encuentro entre los chilenos, es otra discusión, ya está puesta la agenda, y dada esa agenda, por ahí debiera ir la propuesta que nosotros hiciéramos en este tema”. •••