Las claves y hechos que caracterizan el momento económico y nos alejan de la recuperación. Una necesaria revisión nacional e internacional preparada por el equipo de Capital.

  • 23 julio, 2008

¿Alguien ve una salida?

Panorama mundial

¿Quién empuja el carro de la economía mundial?

Panorama mundial

De dulce y de agraz

Ganadores y perdedores

Ruido de misiles en Medio Oriente

Conflicto con Irán
Con los dientes apretados Situación macro en Chile

Cara & Sello

¿Puede el gobierno tomar medidas efectivas contra la crisis económica?

Opiniones de Axel Christensen y José Ramón Valente

Cambia todo cambia

Efectos de la inflación en Chile

 

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¿Alguien ve una salida?

 

Si usted es de los que pensaron que lo peor había pasado, revise sus proyecciones. La crisis financiera ha dado muestras de vigor en medio de una economía mundial que sufre os embates de un alza insospechada en los commodities y de su consecuente impacto inflacionario. Por Guillermo Turner.

Todos parecen apostar a que la desaceleración será corta y superficial, pero parece justo lo contrario. Desapalancar toma mucho tiempo, mucho dolor”, dijo un pesimista Warren Buffet a un grupo de estudiantes de Wharton School, a mediados de abril.

La opinión del CEO de Berkshire y reconocido inversionista internacional se produjo en momentos en que muchos apostaban a que lo peor de la crisis financiera estaba llegando a su fin, como lo afirmaría semanas más tarde su par de JP Morgan, James Dimon.

¿Quién tenía la razón? “Definitivamente, no estamos saliendo”, dice Arturo Cifuentes, managing director de R.W. Pressprich & Co., un banco de inversiones boutique que opera en Nueva York. Para respaldar su diagnóstico, aporta un dato: “el mercado de asset-backed commercial paper (ABCP) se ha reducido en un 40% con respecto a junio de 2007 y no muestra visos de recuperación. Eso significa, esencialmente, que el acceso al crédito, a todo nivel, está muy restringido”.

El déficit de financiamiento al que alude Cifuentes tiene un impacto directo en la actividad industrial, disminuyendo el crecimiento de Estados Unidos –que hasta ahora ostentaba el título de principal motor de la economía global– y dejando en evidencia que el respaldo del Fed y del Tesoro norteamericano a las instituciones financieras ha servido para cubrir las pérdidas por inversiones vinculadas a las hipotecas subprime (cuyo monto total aún es un misterio), pero no para recuperar el mercado crediticio. Equivalente a colocar un palo entre los rayos de una bicicleta que marchaba a toda velocidad, este freno ha contado con un “socio” ejemplar si se trata de enredar aún más el panorama: el alza de la energía (en particular, del petróleo) y sus consecuencias en la inflación.

Prueba del impacto de tan explosiva mezcla la constituyen el deprimido sector automotor estadounidense y los problemas financieros por los que atraviesan dos de sus mayores baluartes: Chrysler y General Motors. En medio de especulaciones que no descartan, incluso, una eventual quiebra, esta última compañía anunció hace unos días su segundo plan de reestructuración en seis semanas, que incorpora un recorte de gastos por 10.000 millones de dólares, la suspensión de dividendos y la venta de activos por hasta 4.000 millones.

En su reciente intervención ante el comité de servicios financieros de la Cámara de Representantes, el presidente del Fed fue franco al advertir sobre la complicada situación que enfrenta la economía norteamericana y la dificultad para tomar las
medidas correctas: “evaluar con exactitud y equilibrar adecuadamente los riesgos al panorama del crecimiento y la inflación es un desafío significativo para los responsables de la política monetaria”, dijo.

La exposición de Ben Bernanke estuvo marcada por la franqueza: habló de la necesidad “crítica” de contener las expectativas inflacionarias, del “alto grado de incertidumbre” de sus pronósticos y de la “considerable tensión” que experimentan los mercados financieros. Y no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el peso de las cifras (el IPC de junio se elevó 1,1%, la tasa más alta en 26 años, llegando a 5% en doce meses, el mayor nivel en 17 años) y de los acontecimientos… sólo un par de días antes, el Fed y el Departamento del Tesoro habían tenido que anunciar un programa de rescate para Freddie Mac y Fannie Mae, las dos mayores firmas hipotecarias de Estados Unidos.

“La experiencia histórica o la historia económica no señalan que una fuerte inflación, como la de Estados Unidos, en que el índice anual de precios al productor llega hoy a 9,2% anual y en Chile el índice de precios al consumidor llega a 9,5% anual, pueda detenerse pulcra y gradualmente, o linealmente. El Fed está con las manos y los pies atados para combatir la inflación, mientras evoluciona peligrosamente la crisis financiera interna. El spread entre la tasa de inflación de precios a por mayor y la tasa de referencia es cercano a 700 puntos básicos (de 9,2% a 2%) y está en aumento, hasta que haya que ponerle freno, lo que plantea riesgos severos para la economía de Estados Unidos, para la economía global y para Chile, por supuesto”, explica Francisco Garcés, director del Centro de Economía Internacional de Libertad y Desarrollo.

 

 

Como consecuencia de la caída en el valor de los activos, Arturo Cifuentes prevé “una transferencia de patrimonio a países extranjeros, aunque no necesariamente todos emergentes”. “El Fed está con las manos y los pies atados para combatir la inflación, mientras evoluciona peligrosamente la crisis financiera interna”, dice Francisco Garcés, de Libertad y Desarrollo.

 

La eterna subprime

Si se trata de incorporar nuevas expresiones de uso común al vocabulario financiero, la crisis subprime lidera todos los rankings. Menospreciada a comienzos de 2007, magnificada según algunos en el transcurso del año pasado y, nuevamente, mirada en menos a fines de este primer semestre, se trata de un fenómeno que –sumado a otros factores, como el alza de los commodities– puso fin al período de bonanza económica más extenso de la economía estadounidense.

Y las recientes caídas de Freddie Mac y Fannie Mae vinieron a recordarnos que la “peste subprime” sigue vigente y con ramificaciones que desconocemos. “Los problemas de estas dos compañías (que en forma conjunta han garantizado o emitido deuda por 5 trillones de dólares) son gravísimos si se considera que la deuda de Estados Unidos es de unos 8 trillones”, sostiene Arturo Cifuentes y anticipa que “lo más probable es que, en el futuro cercano, varios bancos regionales y compañías de seguros pequeñas tendrán problemas. Definitivamente, queda mucho por verse antes de salir de esto”.

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Los pronósticos de Cifuentes ya cuentan con expresiones reales, como la intervención del banco hipotecario IndyMac (la tercera mayor quiebra de la historia bancaria de Estados Unidos por activos gestionados) y otras 90 instituciones financieras de menor tamaño que han colapsado por la crisis subprime.

“En la economía de Estados Unidos, la crisis financiera está en un estado de evolución en que los riesgos sistémicos no están totalmente despejados, como lo demuestra la reciente crisis financiera de Fannie Mae y de Freddie Mac, en que ambas instituciones financieras debieron ser rescatadas por el Fed y por el gobierno de Estados Unidos, para evitar un efecto financiero gravísimo sobre la esfera financiera y sobre el sector real de la economía. Pronto tendremos un flujo, no menor, de malas noticias del sector bancario, seguros y financiero, relativos a resultados del segundo trimestre”, afirma Francisco Garcés.

Las consecuencias mundiales de esta crisis podrían ser más restringidas si hubiese economías capaces de impulsar el carro del crecimiento mundial. No obstante, en otras latitudes las cosas no marchan mucho mejor. Las naciones asiáticas libran su propia batalla contra la inflación, mientras varios países europeos se rinden ante la recesión. Y aunque las perspectivas de crecimiento chino, por ejemplo, se mantengan sobre el 10% anual, la cifra se ha ido reduciendo (el PIB del segundo trimestre registró el menor avance desde 2005), al igual que para 2009 (algunos prevén, incluso, entre 8% y 9%).

La situación del Viejo Continente quedó retratada en un reciente titular de Wall Street Journal: “Quiebra de inmobiliaria ilustra el deterioro de la economía europea”, haciendo referencia a la caótica situación de Martinsa-Fadesa, el grupo inmobiliario hispano, con activos por casi 18.000 millones de dólares, protagonista de la mayor quiebra en la historia de España. Y es que la superabundancia de créditos hipotecarios también vivió su boom en la Madre Patria, llevando los precios de los bienes raíces a niveles impensados. Ahora se especula sobre una recesión en España, lo mismo que en Irlanda, Gran Bretaña e, incluso, en una Alemania con recientes signos de desaceleración.

 

 

Pero igual crecemos

A pesar de todo, el mundo crece y –si confiamos en las estimaciones del Banco Mundial– lo haría a un ritmo en torno al 3% en 2008. ¿Cómo es posible? Consiguiendo que algunas de las grandes economías “emergentes”, como China, Rusia e India,
mantengan niveles de expansión superiores al 7% y garanticen un robusto comercio internacional.

El problema es que enfrentan un complejo escenario inflacionario (sobre el 7%, por ejemplo, para el caso de India) y comienzan a dar las primeras señales de que disminuirán ese enorme consumo de commodities que requerían para satisfacer sus ansias de crecimiento. El impacto del alza en los precios en las naciones asiáticas tiene repercusiones globales, como lo demostró un crítico editorial de Financial Times sobre el manejo de la tasa de interés por parte del Fed. A juicio del periódico londinense, el organismo que preside Bernanke debe actuar con la responsabilidad de ser el banco central del mundo y subir los tipos a pesar de la contracción que pueda significar para su economía.

Pero eso no es todo. Algunas naciones asiáticas tienen reservas invertidas en bonos de entidades financieras norteamericanas con fuerte exposición subprime, lo que deja en evidencia el riesgo de contagio que ostenta esta crisis. Para muestra, basta mencionar que los tres principales mega bancos japoneses contaban hasta fines de marzo con unos 27.502 millones de euros invertidos en títulos de deuda emitida por las mismísimas Fannie Mae y Freddie Mac.

En todo caso, si los pronósticos de largo plazo de los economistas se cumplen y países como los denominados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) toman el liderazgo mundial, lo que veremos será un traspaso de activos a precios castigados por la crisis. Arturo Cifuentes prevé “una transferencia de patrimonio a países extranjeros (no necesariamente todos emergentes). Esto es interesante, pues en este momento, si bien algunos inversionistas extranjeros han mostrado interés por participar en el mercado de Estados Unidos, ello ha despertado sentimientos claramente xenofóbicos en cierto público”.

Quienes ya han tomado ventaja de esta caída en el valor de los activos han sido los inversionistas de países productores de petróleo, beneficiados con el alza histórica del combustible. La prueba más comentada de lo anterior fue el rescate por 7.500 millones de dólares de Citigroup por parte del emirato de Abu Dhabi a fines del año pasado.


Lo que viene

Restricciones al crédito, aumento de las regulaciones en los mercados financieros, alza en las tasas de interés y merma en la demanda por parte de los países más desarrollados dan cuenta de un cóctel poco favorable para las expectativas económicas internacionales.

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A mediados de julio, el Fed anunció nuevas disposiciones tendientes a evitar la propagación de créditos hipotecarios a deudores con clara imposibilidad de pago, los mismos que atrajeron a una irresponsable industria financiera en los últimos años y que fueron bautizados como los Ninja (no income, no job, no assets). Pero algunos temen que el afán regulatorio se convierta en un arma de doble filo. Citemos nuevamente a Warren Buffet: “si estás en mi negocio, no quieres que un mercado de capital funcione a la perfección. La gente hace cosas estúpidas sin importar la regulación, y será así siempre. Aun los logros de la regulación tienen sus límites”.

Arturo Cifuentes añade una “reflexión que puede parecer anecdótica, pero que a mi me parece decidora: de todas las cosas que las autoridades de gobierno (Fed, Treasury, Congreso, SEC, etc.) han dicho últimamente, la más importante, a mi juicio, fue la declaración de la SEC respecto a que se castigará a quienes diseminen rumores falsos. Esa afirmación me recuerda las de algunos dictadores justo antes de colapsar. Detrás de ella, hay una dosis de desesperación y preocupación grande”. La SEC se encuentra investigando operaciones de venta corta en acciones de Lehman Brothers (banco que, incluso, evalúa dejar de transar sus títulos en bolsa) y de la dupla Fannie-Freddie.

Para Francisco Garcés, lo que viene es indudablemente, “un aumento en la escasez de capital y de recursos líquidos para el sector bancario y financiero y, por lo tanto, disminuirá la disponibilidad de crédito y subirá su costo; y para los sectores de mayor riesgo estará próximo a secarse. Esto afectaría a la actividad de la esfera real, que profundizará su desaceleración y al empleo, que afectará, a su vez, al crédito hipotecario y al crédito al consumo”.

Conscientes de esta situación, algunas de las bolsas más importantes del mundo anotan rendimientos negativos en lo que va del año (en el primer semestre, 8,5% en el caso del Dow Jones, 10% Londres, 16% Madrid, 17% París y Francfort), aunque predecir lo que ocurrirá en este campo es tarea arriesgada, porque –para terminar con una cita al mítico Buffet– “aun cuando supieras lo que va a pasar en la economía, igual desconocerías lo que sucederá en la bolsa de valores”.

El efecto petróleo
¿Qué mueve al precio del petróleo: especulación o demanda real? La pregunta del millón tiene respuestas enfrentadas. Los líderes de la OPEP acusan a los especuladores y cuentan con hechos recientes que avalarían su posición, como la reciente reacción al alza del crudo tras los rumores en torno a una eventual acción armada iraní sobre las fronteras israelíes.

Si el factor especulativo no jugara un rol tan determinante, entonces las previsiones de recorte en la demanda mundial de combustible que estima la misma OPEP estarían anticipando una corrección en los precios internacionales. Hace algunos días, la Organización disminuyó a 1,20% su proyección de crecimiento de la demanda en 2008, debido a la persistencia de los precios elevados del petróleo y a la crisis económica mundial.

Reunidos recientemente en el Congreso Mundial del Petróleo, los presidentes de Repsol, BP y Shell coincidieron en que no hay una burbuja especulativa en el mercado petrolífero y aseguraron que el alza se debe fundamentalmente a otros factores, como la fuerte expectativa de demanda y la cada vez mayor dificultad para explotar yacimientos.

El impacto del alza del crudo en las economías mundiales ha sido estimado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un informe publicado a comienzos de julio. Según el organismo “desde enero de 2007, el encarecimiento de los alimentos le costó 2.300 millones de dólares (0,5% del PIB anual de 2007) a un grupo de 33 países pobres importadores netos de alimentos. En el mismo período, el efecto del encarecimiento del petróleo en 59 países de bajo ingreso importadores netos de combustible fue de 35.800 millones (2,2% del PIB)”.

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¿Quién empuja el carro de la economía mundial?

 

 

Al comienzo se pensó que una crisis en estados Unidos, el principal motor de la economía global, sería suplida por el crecimiento de la demanda de los países emergentes. Pero la inflación les ha generado sus propios problemas, a lo que se suma el pesimista panorama de otras latitudes, como Europa y Japón.

Los muchos años de alto crecimiento y baja inflación de los que disfrutamos en los 90 y 2000 probablemente eran demasiado buenos para durar. A un año de declarada la crisis subprime con el colapso de dos fondos de inversión de Bear Stearns, aún no sabemos cuánto más durará la turbulencia, cuál será la profundidad de la crisis ni el costo final para la economía estadounidense y la del mundo.

Por años, el mundo fue como un avión monomotor, impulsado por la demanda aparentemente inagotable de los consumidores estadounidenses. La economía estadounidense crecía a tasas dignas de un país en desarrollo y la inflación no se veía por ninguna parte.

Pero si las cosas pueden cambiar en un día, imagínese lo que puede ocurrir en un año. La desaceleración es visible no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa y Asia. Dinamarca fue el primer país de la Unión Europea en caer técnicamente en recesión, con contracciones en el producto de 0,2% en el cuarto trimestre de 2007 y 0,6% en los tres primeros meses de este año. Pronto lo seguirían España, Nueva Zelandia e Irlanda. Estados Unidos aún no está en recesión; al menos, no según la definición convencional de dos trimestres consecutivos de reducción del producto. Eso, gracias al impulso que dio la caída del dólar a las exportaciones en el último año y a beneficios tributarios que significaron una devolución de impuestos adicional para muchos contribuyentes. Pero el crecimiento global que había contribuido al alza en las exportaciones estadounidenses también está desacelerándose y las devoluciones de impuestos sólo llegan una vez al año.

Las amenazas para el crecimiento son, en palabras de Janet Yellen, presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, como “las tres brujas de la obertura de Macbeth, conjurando problemas en un caldero en medio de rayos y truenos”. ¿El nombre de las brujas? Vivienda, mercados financieros y precios de commodities. Estas tres fuerzas siguen trabajando ahora como hace un año, y el círculo vicioso por el que los problemas en el mercado financiero afectan a la economía real y viceversa, parece haberse reactivado en los últimos días, con las dudas sobre la solvencia de la banca y el rescate de Fannie Mae y Freddie Mac, dos enormes intermediarios financieros hipotecarios.

David Rosenberg, economista de Merrill Lynch para Estados Unidos, cree que la recesión comenzó entre octubre y febrero y apoya esta convicción en cuatro indicadores clave que han tocado techo y comenzado a decaer. En una nota reciente, Rosenberg sostiene que hay una declinación extendida en la actividad económica, visible en las ventas reales en manufactura y comercio, que tocaron techo y comenzaron a decaer en octubre del año pasado; en el empleo, que alcanzó un máximo en diciembre; en la producción industrial, que llegó al tope en enero, y en los ingresos personales reales, que marcaron su cúspide en febrero.

Rosenberg espera que los datos del PIB sean corregidos, y anticipa que el 31 de julio habrá que hacer frente a una revisión significativa de las tasas de crecimiento de los tres últimos años. El economista apuesta a que el National Bureau of Economic Research (NBER), la entidad que le pone fecha al ciclo económico estadounidense, declarará que la recesión se inició en enero. Y ojo, que el anuncio es importante: el término de una recesión suele coincidir con la declaración del NBER de la fecha de inicio.

Problemas al por mayor

Hace algunos años, una recesión en Estados Unidos habría tenido grandes consecuencias para el resto del mundo. Esta vez, se ha llegado a hablar de “desacoplamiento”: Estados Unidos se detiene y los demás países siguen su marcha. Desafortunadamente, las cosas no son tan simples. Hace unos meses parecía que la economía global no necesitaba a Estados Unidos. Incluso, siguió creciendo a un ritmo tal que ayudó a incrementar las exportaciones estadounidenses. Pero ahora las proyecciones de consenso para el crecimiento mundial en 2008 son de 2,9%, muy por debajo del 3,8% de 2007, en gran medida por la menor actividad en los países ricos, pero también por una desaceleración en el ritmo de crecimiento de los países emergentes. El Fondo Monetario Internacional es algo más optimista, con un cálculo de 4,1%.

La semana pasada, el Banco de Japón bajó sus proyecciones de crecimiento para el año que termina en marzo de 2009 a 1,2%, por debajo de la estimación de abril de 1,5%. Al mismo tiempo, elevó sus expectativas de inflación debido a precios más altos de alimentos y energía, desde 1,1% a 1,8%. Los datos recientes de Japón han revelado un deterioro en los términos de intercambio para los grandes exportadores nipones, quienes deben lidiar con el mayor costo de los insumos y la menor demanda desde Estados Unidos y Europa, en un contexto de declinación en la confianza de los consumidores.

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En los mercados emergentes, en tanto, aunque el crecimiento del PIB está enfriándose un poco, aún supera por mucho al de los acaudalados. Un estudio de Global Insight entre 54 países en desarrollo calcula un salto de 6,7% en el PIB real este año, una baja respecto del 7,5% del año pasado, mientras que la expansión de 31 países desarrollados llegaría apenas a 1,6%.

En este contexto, se suponía que los consumidores de los países en desarrollo comenzarían a tirar del carro de la economía global. Mal que mal, la clase media china podría septuplicarse para 2020, a 700 millones de personas, mientras que en India podría multiplicarse por diez, alcanzando los 583 millones de personas. A medida que se elevan sus ingresos, crecen sus demandas de vivienda, productos de consumo y alimentos de mayor precio.

China mantiene sus tasas de crecimiento de dos dígitos, aunque también el crecimiento se ha frenado a causa de mercados de exportación más débiles y restricciones a los préstamos. El gobierno chino anunció recientemente que la economía creció 10,1% en el segundo trimestre, menos que el 10,6% del primero y la cuarta declinación consecutiva en la tasa de incremento del PIB. Esta fue la tasa de expansión más baja desde el cuarto trimestre de 2005 y estuvo ligeramente por debajo de las proyecciones de los analistas.

América latina también ha seguido creciendo, gracias al alto precio de sus principales productos de exportación. La semana pasada, el FMI revisó al alza su previsión de crecimiento para la región este año, a 4,5%.

 

Factores de riesgo

Un problema es que el crecimiento desatado de China e India probablemente sea lo que está detrás de las fuertes alzas en los precios de los commodities y que están conduciendo a tasas de inflación también de dos dígitos. La bencina a 4 dólares por galón en Estados Unidos es un gran tema de debate en la carrera presidencial, pero en países como Corea del Sur, Francia y España, los camioneros han bloqueado carreteras para protestar por los altos precios de los combustibles. En Egipto y Haití, el encarecimiento de los alimentos ha llevado a manifestaciones violentas.

El FMI advierte que el aumento de la inflación es más marcado y amplio en las economías emergentes y en desarrollo, donde el nivel general de inflación y la inflación subyacente treparon a 8,6% y 4,2%, respectivamente: las tasas más altas registradas aproximadamente desde comienzos de esta década. En estas economías, los alimentos y los combustibles ocupan un porcentaje más alto de la canasta de consumo, y la persistencia y pujanza del crecimiento limitan más la capacidad.

En India, la inflación superó el 8% en mayo, frente a menos de 4% en agosto pasado. En China, el IPC fue de 7,7% en mayo, muy lejos del 1% de comienzos de 2006. Es aún peor en países más pequeños: la inflación supera el 30% en Ucrania y Venezuela (ambos, exportadores de petróleo) y el 25% en Vietnam. Una inflación tan acelerada puede trabar el crecimiento económico y es muy probable que veamos una desaceleración en el mundo emergente.

La solución tradicional a un brote inflacionario es subir las tasas, algo que ya hemos visto en la eurozona, en Chile, Perú y México. Pero los expertos coinciden en que podrían ser necesarias alzas dramáticas en las tasas de interés, lo que puede traducirse en incrementos en los precios de los combustibles, un mayor desempleo y, eventualmente, en una recesión.

Probablemente en las economías avanzadas las presiones inflacionarias se vean contrarrestadas en el futuro por la desaceleración de la demanda; además, el FMI plantea que dado que se proyecta una estabilización de los precios de las materias primas, el alza de la inflación en 2008 se revertiría en 2009. En los países emergentes y en desarrollo, las presiones inflacionarias crecen con más rapidez, alimentadas por el aumento galopante de los precios de las materias primas, un nivel de crecimiento superior a la tendencia y políticas macroeconómicas acomodaticias.

Otro factor de riesgo son las complicadas condiciones en los mercados financieros. La adopción de medidas enérgicas ante la turbulencia financiera y los avances en el proceso de recapitalización de los bancos parecen haber atenuado el temor a un colapso sistémico pero, como muestran los hechos recientes, los mercados siguen siendo frágiles ante la inquietud de pérdidas en un contexto de desaceleración de las economías. Al mismo tiempo, la concesión de nuevos créditos se verá limitada por la necesidad de seguir saneando los balances.

En este contexto, es difícil ver un resultado que no sea una desaceleración sostenida de la economía mundial. Con algo de suerte, la demanda interna de los países emergentes y en desarrollo podrá mantener el impulso mientras Estados Unidos vuelve a pararse. Pero puede pasar otro año antes que eso se vea en la realidad.

 

 

DESACELERACION MUNDIAL E INFLACION EN AUMENTO
El Fondo Monetario Internacional prevé que la desaceleración del crecimiento mundial continuará en el segundo semestre de 2008, y que la recuperación se producirá paulatinamente recién en 2009.

Según una actualización del Panorama Económico Mundial, difundida el 17 de julio, el crecimiento mundial disminuyó a 4,5% el primer trimestre de 2008 (respecto de cuatro trimestres antes) después de alcanzar 5% el tercer trimestre de 2007, y la actividad se contrajo tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. El Fondo señala que la desaceleración registrada en el primer trimestre fue algo menos pronunciada que lo previsto en la edición de abril del Panorama, pero advierte que los indicadores recientes hacen pensar que la actividad se desacelerará más el segundo semestre de este año. “En las economías avanzadas sigue deteriorándose la confianza de las empresas y los consumidores, y la producción industrial volvió a caer. En las economías emergentes también se observan indicios de debilitamiento de la actividad empresarial”, indica el texto.

El FMI proyecta que el crecimiento mundial se moderará de 5% en 2007 a 4,1% en 2008 y 3,9% en 2009. El panorama es más claro si se compara el último trimestre de cada año: el crecimiento bajaría de 4,8% en 2007 a 3,0% en 2008, para repuntar a 4,3% en 2009.

Asimismo, anticipa que el crecimiento de Estados Unidos en 2008 disminuiría a 1,3% considerando el promedio anual, lo cual representa una revisión al alza en base a nuevos datos sobre el primer semestre. Con todo, se proyecta una contracción moderada de la economía durante el segundo semestre, a medida que el consumo disminuya por efecto del encarecimiento del petróleo y los alimentos y de la restricción del crédito, y luego un repunte paulatino en 2009. Las proyecciones del crecimiento de la zona del euro y de Japón también muestran un enfriamiento el segundo semestre de 2008.

Se prevé que la expansión de las economías emergentes y en desarrollo también perderá ímpetu. Según las proyecciones, el crecimiento bajaría a alrededor de 7% en 2008–09, en comparación con el 8% de 2007. En China, la proyección actual muestra una moderación del crecimiento, que pasará de casi 12% en 2007 a aproximadamente 10% en 2008–09.

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De dulce y de agraz

 

Las firmas hipotecarias, las agencias clasificadora, las aseguradoras de bonos, buena parte de los bancos comerciales y de inversión: como efecto dominó la crisis financiera ha provocado mas problemas que oportunidades, auque algunos han sabido aprovecharlas, como los fondos soberanos que países exportadores de petróleo. A continuación, una somera revisión de algunos ganadores y perdedores.

 

 

Agencias bajo la lupa


Las tres principales agencias calificadoras, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch, han sido seriamente cuestionadas por su papel en la crisis subprime, ya que muchos inversionistas confiaron en las calificaciones triple A que esas empresas otorgaron a papeles complicados y de los que se entendía poco.

Las firmas han tenido que ir a dar explicaciones al Congreso de Estados Unidos y corren el riesgo de tener que afrontar nuevas normas y una supervisión más estrecha de las autoridades.

Entre quienes confiaron en las calificaciones otorgadas por las agencias están las grandes aseguradoras de bonos monolínea, como Ambac Assurance Corp y MBIA Insurance Corp, cuyo negocio era garantizar deudas. Estas aseguradoras perdieron sus calificaciones triple A debido a la debilidad del precio de sus acciones y los altos costos de acceso a los mercados de capitales, lo que transformaba en un desafío el conseguir nuevos recursos.

De hecho, MBIA Inc. anunció a fines de junio que tras vender 4.000 millones de dólares en activos en el segundo trimestre, tenía dinero y garantías suficientes para cumplir con los requisitos adicionales disparados por recientes bajas de su calificación.

La demanda por los seguros de las dos mayores aseguradoras de bonos estadounidenses también se ha reducido, por la preocupación sobre las pérdidas que registrarán tras haber obtenido cobertura para deuda respaldada por hipotecas. Las perspectivas para todas las empresas son negativas, debido a la incertidumbre sobre sus planes de negocios en marcha.

La posición de las calificadoras no se ve favorecida por el error cometido por Moody’s que, debido a una falla de programación, otorgó a varios papeles derivados calificaciones triple A, en circunstancias que deberían haber sido al menos un peldaño inferiores. La agencia inició un proceso de sanciones a varios de sus empleados, por no haber corregido la situación una vez descubierto el error, que afectó a papeles por unos mil millones de dólares.

 

Los nuevos chicos del barrio: fondos soberanos


La oportunidad de entrar en la propiedad de bancos estadounidenses y europeos aprovechando su necesidad de recaudar capital no se les escapó a los fondos soberanos árabes y chinos. La Qatar Investment Authority se convirtió en el mayor accionista de Barclays, con 6% de capital, luego de concurrir a una emisión de derechos preferentes del banco británico, a la que acudieron menos de un quinto de los accionistas existentes de la institución banco. También participaron el China Development Bank y Temasek, de Singapur.

Barclays no es el único en contar con un fondo soberano entre sus accionistas. Abu Dhabi destinó 7.500 millones de dólares a la compra de una participación de Citigroup. Kuwait inyectó capital a Merrill Lynch y China compró parte de Blackstone Group, uno de los grupos de capital privado más importantes.

Esto no ha sido sin resistencia. El FMI y el G8 han abogado por una mayor transparencia de estas organizaciones y, de hecho, el Fondo Monetario tenía previsto este mes realizar un encuentro de dos días para aunar posiciones.

Los fondos árabes no se han limitado a invertir en bancos. El Abu Dhabi Investment Council compró una participación de 90% en el edificio Chrysler, un ícono del paisaje en Manhattan y uno de los edificios art-decó más reconocidos en el mundo, por 800 millones de dólares. La compra se anunció días después de que Meraas, un fondo de capital privado de Dubai, estuviera entre los inversionistas que adquirieron el edificio GM a comienzos de junio, por 2.800 millones de dólares, el precio más alto de la historia por un edificio estadounidense.

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Freddie y Fannie: dupla en crisis


Aunque son empresas gigantescas, con ingresos anuales superiores a los 40 mil millones de dólares, en Chile es poco lo que se sabe de Fannie Mae y Freddie Mac. La primera fue creada en 1938 por el Congreso de Estados Unidos como parte de una campaña para expandir el mercado secundario para las hipotecas estadounidenses y garantizar un flujo de recursos que permitiera aumentar la propiedad de las viviendas. Su nombre formal es Federal National Mortgage Association. Freddie fue creada con el mismo mandato en 1970, después de que hubiera problemas en Fannie Mae que llevaron al Congreso a determinar que no había que concentrar tanta responsabilidad en una sola organización.

En términos simples, ambas firmas compran hipotecas a bancos y otras instituciones que prestan directamente a los consumidores. Después, las empaquetan y securitizan y las venden a inversionistas, y vuelven a usar el dinero para comprar más hipotecas, las que deben ajustarse a unas ciertas normas. Son un híbrido bien curioso, porque pese a la tarea que realizan, son firmas privadas que cotizan en bolsa. Al mismo tiempo, siempre se ha considerado tácitamente que cuentan con una garantía gubernamental, lo que les permite emitir deuda en términos favorables.

Las inversiones y garantías de Fannie superaron los 3 billones de dólares en mayo, mientras que las de Freddie llegaban a 2,2 billones de dólares: entre las dos, tienen en sus manos prácticamente la mitad del mercado hipotecario estadounidense.

Cuando reventó la crisis subprime, el Congreso cambió las normas, de modo que Fannie y Freddie pudieran comprar hipotecas que no cumplían con las restricciones tradicionales, por monto o calidad del deudor. Pero además, el mercado inmobiliario ha seguido deteriorándose y ya no son sólo los préstamos subprime los que están en problemas. La desaceleración de la actividad económica y la inflación han afectado también a los deudores prime. Esto ha hecho que Fannie y Freddie hayan tenido que pagar las garantías que ofrecieron con las hipotecas que vendieron, lo que está agotando su capital. El precio de sus acciones se ha desplomado y se espera que si sobreviven , lo hagan con una forma muy diferente a la que tienen hoy.

 

 

Dos excepciones: Santander y JP Morgan


Ha pasado menos de un año desde que Royal Bank of Scotland (RBS), Fortis, un banco belgoholandés, y Santander de España celebraran la mayor compra en la historia bancaria: la del banco holandés ABN Amro, en 72 mil millones de euros (unos 101 mil millones de dólares, en esos días).

Emilio Botín, presidente de Banco Santander

Pero la situación actual de los vencedores no podría ser más diferente. Jean-Paul Votron tuvo que dejar la dirección ejecutiva de Fortis tras anunciar en junio que el banco recaudaría otros 8.300 millones de euros a través de la venta de activos, colocación de acciones y suspendiendo el pago de un dividendo provisorio. Esto molestó mucho a los accionistas, porque la institución había negado hasta hace muy poco que necesitaría recaudar capital. Fred Goodwin, jefe de RBS, también pidió más capital a los accionistas.

Esto hace más notable el desempeño del tercero, Santander, uno de los pocos bancos europeos que lucen bien. Amortiguó el impacto financiero de la operación vendiendo rápidamente las operaciones minoristas italianas de ABN Amro. Se quedó con las operaciones en Brasil, que aún prometen un gran crecimiento. Y debido en gran medida a las normas españolas, Santander evitó el colapso subprime. Como resultado, puede seguir comprando: el 14 de julio anunció una oferta de 1.260 millones de libras por Alliance y Leicester, una financiera británica pequeña.

Santander no está libre de preocupaciones: inyectará mil millones de libras al capital de A&L, parte de lo cual es un seguro contra otras amortizaciones. Pero frente a la situación del resto de la banca en la región, esto no son más que minucias.

Otro caso comentado es el de JPMorgan Chase. Sus utilidades cayeron más de 50% en el segundo trimestre a 2.000 millones de dólares, golpeadas por amortizaciones por 1.100 millones en su unidad de banca de inversión, pero fueron ganancias y superaron las expectativas del mercado. El tercer mayor banco de Estados Unidos ha sobrevivido mejor que sus rivales a la actual crisis crediticia, al evitar las amortizaciones masivas reportadas por otras entidades, y probablemente se ha convertido en uno de los grandes ganadores de la crisis al poder adquirir a Bear Stearns a un precio muy bajo y con garantías de la Reserva Federal que hacen a la operación prácticamente libre de riesgo.

 

 

La banco en el barranco
Los primeros embates de la crisis subprime causaron el caos en la banca estadounidense, tanto comercial como de inversión. Rodaron cabezas: los máximos ejecutivos de Merrill Lynch, Citigroup y Morgan Stanley fueron despedidos en medio de la incredulidad por el monto de las pérdidas. Bear Stearns, donde el colapso de dos hedge funds fue la chispa que hizo detonar la bomba de la crisis, fue comprada a precio de huevo por JPMorgan. Se paralizó el mercado de los préstamos interbancarios y las tasas se dispararon porque los bancos desconfiaban de la solvencia de sus pares. Tuvieron que vender activos y salir a buscar capital para mejorar sus balances.

Un año y mucho dinero de la Reserva Federal después, los bancos siguen teniendo pérdidas. Citigroup anunció pérdidas por 2.500 millones de dólares en el segundo trimestre, debido a amortizaciones por 7.200 millones y un incremento de 4.500 millones en costos de crédito. Pese a la magnitud de la pérdida, las cifras fueron bien recibidas: las acciones de Citi subieron casi 10% porque los analistas esperaban un saldo negativo más cercano a 4.000 millones de dólares y porque fue la mitad de los 5.000 millones perdidos en el primer trimestre. El banco ha perdido más de 17.000 millones en los tres últimos trimestres.

El resultado de Citi se suma a la imagen mixta de los grupos de servicios financieros. El jueves, Merrill Lynch anunció una pérdida trimestral de 4.600 millones de dólares, el doble de lo esperado, a causa de una amortización de 9.300 millones, y reveló planes de ventas de activos por unos 8.000 millones para recaudar capital fresco. Esto incluye el control de su unidad Financial Data Services Inc., que provee servicios de administración de fondos mutuos y ofrece productos de banca minorista, a un comprador no revelado, en una transacción valuada en más de 3.500 millones de dólares, y la venta de su participación de 20% en Bloomberg LP, la empresa de noticias y datos financieros, a Bloomberg Inc., por 4.430 millones de dólares.

Es posible que la desaceleración, o incluso una recesión, provoquen un aumento en los incumplimientos y morosidades en préstamos diferentes a las hipotecas subprime, como tarjetas de crédito y préstamos de consumo, y tal vez hasta hipotecas tradicionales. Los bancos tendrán que enfrentarse a esa situación con un balance debilitado por las amortizaciones de la primera etapa de la crisis. El futuro no se ve bonito, y hasta las mismas autoridades han dicho que puede haber una serie de quiebras de bancos regionales. El banco californiano IndyMac bien puede haber sido sólo el primero.

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Ruido de misiles en Medio Oriente

 

El factor geopolítico tiene bastante que decir en el volátil mercado petrolero. La tensión entre Irán e Israel provocó un alza en los precios que muchos interpretaron como una confirmación de la presencia del factor especulación. Pero la disposición de Estados Unidos al diálogo ha abierto una señal de distensión. Por Claudia Heiss

siempre revuelto panorama del Golfo Pérsico vive días de inusual tensión. Fuertes palabras que bordean la declaración de guerra, ejercicios militares y negociaciones fallidas han marcado las últimas semanas. Y el precio del petróleo ha pagado las consecuencias. En medio de este agitado escenario, el inesperado giro que parece estar dando la política norteamericana hacia Irán ha generado un espacio de optimismo.

A pesar de años de asegurar que no conversaría con Irán hasta que este país desistiera de su programa de enriquecimiento de uranio –para generar electricidad según unos, para fabricar la bomba según otros—, Bush decidió enviar a un alto oficial del Departamento de Estado a las negociaciones sobre energía atómica entre la nación musulmana y países europeos.

A pesar de que Condoleeza Rice se había mostrado favorable a un diálogo de este tipo, nadie anticipó que a sólo seis meses de concluir su mandato el presidente Bush se embarcaría en una estrategia contraria a la que ha defendido durante toda su administración, desautorizando de paso al candidato de su partido John McCain y anticipando la propuesta de Barack Obama de dialogar sin condiciones. ¿Se estará acaso convirtiendo en paloma el mayor halcón que ha tenido la política exterior norteamericana en las últimas décadas?

Las interpretaciones sobre el verdadero alcance de este anuncio recién comienzan a elaborarse. Por un lado, parecen reflejar el creciente desacuerdo que existe al interior del Pentágono sobre las incursiones bélicas de Estados Unidos, un país que tiene sus esfuerzos ya desplegados en dos frentes de batalla: Irak y Afganistán. Por otra parte, las exitosas gestiones diplomáticas con Corea del Norte –el tercer integrante del “eje del mal”, junto a Irán e Irak, según el discurso de Bush al Congreso en 2002—parece haber abierto un nuevo camino a la diplomacia por sobre la acción unilateral.

Mientras el vicepresidente Dick Cheney ha sido un abierto impulsor de un ataque frontal a las instalaciones nucleares de Irán, el Departamento de Estado es partidario de una solución diplomática a la crisis. Con todo, resulta insólito que en medio de la escalada de violencia verbal que han protagonizado Irán, Israel y Estados Unidos en las últimas semanas, la Casa Blanca haya decidido enviar a William Burns, el tercero en la línea del Departamento de Estado, a participar de negociaciones entre representantes
europeos y el encargado del tema nuclear iraní.

Aunque se ha señalado que se trata de una acción puntual, el periódico británico The Guardian señaló que Estados Unidos podría, sin restablecer relaciones oficiales, abrir una sección de intereses especiales en Teherán. Se trataría de una oficina similar a la que el país mantiene en Cuba, albergada en la sede de otra embajada aliada y con capacidad para efectuar tareas diplomáticas limitadas, como la emisión de visas.

Una sede de este tipo es, de hecho, la que tiene Irán en Washington. Además de ampliar la posibilidad de intercambio entre ambos países, la representación mantendría a funcionarios estadounidenses viviendo en Irán, con acceso a información de primera fuente sobre lo que ocurre en el país. De concretarse esta idea, habría diplomáticos estadounidenses en Irán por primera vez desde la crisis de los rehenes. Las relaciones entre ambos países están cortadas desde que en 1979, en medio de la revolución que derrocó al Shah, estudiantes iraníes se tomaron la embajada norteamericana y mantuvieron a sus ocupantes cautivos hasta 1981.

Programa polémico

Irán inició su primer programa nuclear en la década del 60. Lo abandonó tras la revolución de 1979, que dio inicio al régimen islamista radical. A mediados de los 90, se retomó la iniciativa con fines de desarrollo energético. Sin embargo, en 2002 un grupo de opositores en el exilio obtuvo documentos que hablaban de un proyecto clandestino para desarrollar armas nucleares. Para evitar sanciones internacionales, el entonces gobernante Mohammad Khatami aceptó en 2003 suspender las actividades y
permitir inspecciones de la oficina de energía atómica de Naciones Unidas.

Con la llegada de su sucesor, Mahmoud Ahmadinejad, regresó el proyecto de enriquecimiento de uranio, lo que llevó a Gran Bretaña, Francia y Alemania a clausuran a sus negociaciones con Irán. Desde entonces, el Consejo de Seguridad de la ONU
ha intentado sin resultados poner fin a este programa por medio de incentivos y sanciones.

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Los esfuerzos de Naciones Unidas por hacer que Irán deje de enriquecer uranio llevan dos años y no han dado resultados. Ahmadinejad argumenta que su país tiene derecho a desarrollar actividad nuclear con fines pacíficos. Su idea es que esta fuente de energía le ahorre tener que recurrir al petróleo, destinado principalmente a la exportación.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha intentado frenarlo por medio de incentivos y sanciones, pero dos de sus miembros, China y Rusia, tienen fuertes nexos con Irán y han impedido la aplicación de multas más drásticas, promovidas principalmente por Estados Unidos.

Ejercicios militares

No sólo palabras han subido la tensión en el Golfo Pérsico estas últimas semanas. Las posibilidades reales de un ataque a Irán, que el gobierno estadounidense parece querer aplacar al sentarse por primera vez en la mesa de negociaciones con ese país, tiene como escenario una seguidilla de provocaciones militares.

Desde que se supo del restablecimiento de los programas para enriquecer uranio, Israel ha sido tajante en señalar que no tolerará un Irán con capacidad nuclear. Frente al fracaso de las sanciones de la ONU y producto también de dinámicas de política interna –el gobierno de Ehud Olmert, acusado de corrupción, busca aumentar su popularidad atacando a Irán—, las declaraciones de personeros israelíes se han vuelto más y más agresivas.

La llegada al poder el año 2005 de Mahmoud Ahmadinejad, un islamista radical que niega abiertamente la existencia del Holocausto judío y clama por el fin del Estado de Israel, ha contribuido a exacerbar la enemistad histórica entre ambos países. Un elemento adicional es el apoyo de Irán a la organización Hezbollá, de fuerte presencia en el sur del Líbano, y al grupo Hamas en la franja de Gaza.

En un ambiente de fuerte tensión internacional, Israel realizó en junio ejercicios para probar su capacidad aérea de largo alcance: una exhibición que ponía en evidencia la capacidad de atacar las instalaciones nucleares de Irán. Mientras, barcos de guerra británicos y norteamericanos realizaban maniobras en el Golfo Pérsico. Estas operaciones parecen ensayar la opción de neutralizar una amenaza iraní de bloquear l tránsito marítimo por el Golfo.

En respuesta a los ejercicios israelíes, los días 9 y 10 de julio Irán realizó ensayos con misiles de largo y mediano alcance que podrían llegar hasta Israel, y se encargó de que las imágenes de esas pruebas fueran rápidamente conocidas. Más tarde se supo
que algunas fotografías habían sido manipuladas para hacer parecer los misiles como más poderosos de lo que son y para disimular un lanzamiento fallido. Los ejercicios con misiles de Irán fueron interpretados como una respuesta a los ejercicios aéreos de Israel, y un intento por demostrar fuerza y capacidad de ataque. Pero algunos analistas han señalado que esta demostración de poder ofensivo es en realidad una medida que intenta disuadir de posibles ataques.

Por si fuera poco, Estados Unidos firmó con la República Checa un acuerdo que lo autoriza a instalar misiles para su polémico escudo antibalístico, destinado a repeler la amenaza iraní. Así, Irán intentó exagerar su verdadero poder de fuego de largo
alcance mostrando una fuerza superior a la que posee, y Estados Unidos aprovechó la situación para exagerar también la necesidad de contar con una defensa anti-misiles en Europa del Este, a pesar de que algunos expertos dudan de la eficacia del mecanismo.

Fuertes declaraciones

A fines de 2007, fuentes de inteligencia norteamericana señalaron que Irán no estaba en realidad persiguiendo un programa nuclear con fines bélicos. El informe fue rechazado por las autoridades israelíes, que lo interpretaron como una forma de desentenderse del problema mientras Irán desarrolla capacidad nuclear. Esto generó tensiones entre Israel y su principal aliado, Estados Unidos. En una escalada de declaraciones beligerantes, en junio pasado el viceprimer ministro israelí Shaul Mofaz dijo por primera vez con todas sus letras que si Irán continúa con su programa nuclear, Israel lo atacará.

El ministro de defensa israelí, Ehud Barak, ha señalado que si bien la primera opción es la vía diplomática, “Israel es el país más fuerte de la región y ha demostrado en el pasado que no teme tomar acciones cuando sus intereses vitales de seguridad están en juego”.

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En este escenario, en el segundo día de las pruebas con misiles por parte de Irán la secretaria de Estado Condoleezza Rice se vio forzada a respaldar a su socio más importante en la región, señalando que Estados Unidos defendería a sus aliados y protegería sus intereses frente a un eventual ataque.

Petróleo, la reacción

El mercado del petróleo reaccionó a los ensayos con misiles con una fuerte alza: de 136 dólares el barril a 147 en dos días. Pero si el aumento de precio benefició temporalmente a Irán, el cuarto productor de crudo a nivel mundial, justo después de los ensayos la empresa francesa Total decidió no concretar importantes proyectos de inversión en ese país.

Aunque se argumentó que el retiro de la empresa obedece a la incertidumbre política, no hay duda de que las presiones de Washington y las sanciones impuestas por Naciones Unidas juegan un papel relevante en la decisión. Otros socios de Total, como
Repsol y Shell, se habían ya retirado de Irán en mayo.

Tras los ensayos, el secretario general de la OPEP, Abdalla Salem el- Badr, señaló que si Irán se ve envuelto en una guerra, el precio del crudo se irá irremediablemente a las nubes. Ello, no sólo por la importante producción iraní, sino también porque su ubicación estratégica significa que una guerra podría bloquear el tránsito de cargamentos provenientes de toda la zona.

Así las cosas, hay quienes ven en la actual coyuntura una posibilidad nueva de diálogo. El sorprendente ingreso de Estados Unidos a la mesa de negociaciones apunta en ese sentido. Es posible que una administración Bush que ya no tiene nada que perder sea finalmente la que abra una nueva etapa en la relación con Irán. Ahmadinejad, por su parte, está sufriendo las consecuencias de su aislamiento político y comercial, y tiene fuertes incentivos para querer reducir las sanciones internacionales y recuperar a los inversionistas.

Después del aumento en la intensidad y beligerancia de las palabras y las acciones que ha vivido el Medio Oriente en las últimas semanas, podríamos estar ante el comienzo de un periodo de moderación y mayor disposición al diálogo.

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Con los dientes apretados

 

A diferencia de otras coyunturas económicas internacionales complejas, esta vez el país cuenta con el blindaje que le da una alcancía repleta de billetes. Sin embargo expertos y parlamentarios lamentan que esa relativa inmunidad penda del “hilo del cobre” y que la mentalidad con que se aborda el tema de las reservas provenientes del metal rojo sea reasignadamente “defensiva”. El pasado ha dejado dolorosas lecciones entre los autocomplacientes. Por Roberto Sapag.

Hace ya bastantes años, y por cierto en otro contexto, el entonces presidente del Banco Central Roberto Zahler reprendió a los agentes económicos por mostrar expectativas que calificó de “maniaco depresivas”. El mensaje no pudo ser más claro frente al cambiante estado de ánimo de expertos y empresarios, para quienes un día éramos jaguares y al otro, ratones de cola pelada.

Hoy habría que convenir que de maniaco-depresivos tenemos menos. Y no nos queda mucho de aquello, entre otras cosas porque se nos ha repetido hasta el cansancio que la institucionalidad económica actual y los blindajes (ahorros, en simple) consolidados con los años permiten que las curvas de la macro ya no se muevan como si fueran los dientes de un serrucho.

En momentos en que Estados Unidos nos entrega cada día nuevos capítulos de una crisis financiera profunda, en que el volátil mercado del petróleo insiste en estresar al mundo entero, en que la inflación vuelve a avanzar como una mancha de aceite y en que buena parte de Europa frunce el ceño (con ribetes equivalentes a un rigor mortis en España), parece que ha llegado la hora de poner a prueba estas confianzas.

Un test no menor, dado que de la crisis asiática de fines de los 90 claramente no salimos indemnes y porque el reventón de la burbuja tecnológica del año 2000 nos tuvo creciendo al tres y al cuatro (y menos) por bastante tiempo. Hoy, el debate ya está inaugurado y las opiniones se mueven entre unos –por ahora, en minoría– que no creen que el país tenga los suficientes anticuerpos y otros que piensan que las defensas están relativamente bien dispuestas y que no se vislumbra una crisis, aunque
sí tiempos de dientes apretados… Claro que, es justo decirlo, entre estos últimos hay más de un matiz de inquietud por lo que no se ha hecho bien y por lo que se ha hecho derechamente mal.

Estados de ánimo

“Existe un ambiente de entusiasmo excesivo y está contaminado con una creencia de que se puede seguir creciendo a tasas de 10% indefinidamente”. Eso, está claro suponemos, fue dicho en Perú, donde el presidente del Banco Central de Reserva acaba de alertar sobre las exageradas expectativas de crecimiento que ha reportado el PIB.

En Chile, también está claro ¿no es cierto?, el tenor es otro: el mismo día que se conocían esas declaraciones del vecino país casi al unísono el ministro de Hacienda y el presidente del Banco Central proclamaban a los cuatro vientos que Chile “no está en crisis”.

Hacemos el paralelo no con ánimo de promover las comparaciones odiosas, sino de ilustrar qué es lo que parece estar en el fondo de la discusión sobre el momento que vive la economía chilena y el pie en que ésta enfrenta la compleja coyuntura internacional.

Consultado por Capital, el senador Carlos Ominami (PS) resume la encrucijada de la siguiente manera: “estamos en una coyuntura que no es de