Este jamaiquino, récord mundial de 100 metros planos y de 24 años, dedica sus triunfos y derrotas a Dios. Es profeta en su tierra y de adolescente nunca imaginó ser velocista. Por Juan Francisco Cox.   Asafa Powell La prueba de los 100 metros planos tiene un glamour especial. Es la vedette de toda competición […]

  • 23 febrero, 2007

Este jamaiquino, récord mundial de 100 metros planos y de 24 años, dedica sus triunfos y derrotas a Dios. Es profeta en su tierra y de adolescente nunca imaginó ser velocista.

Por Juan Francisco Cox.

 

Asafa Powell

La prueba de los 100 metros planos tiene un glamour especial. Es la vedette de toda competición atlética y la que acapara todas las miradas en la pista. Asafa Powell se ha convertido en el rey de esa recta plana y, por ende, es quien goza del centro de atención en el atletismo mundial. La historia del jamaiquino Powell es similar –y muy distinta a la vez– a la de muchos que sueñan con ser el humano más rápido sobre la Tierra. La verdadera gracia es conseguirlo legítimamente, por cierto.

Cronología veloz

Jamaica está dividida administrativamente en tres condados y 14 parroquias. Asafa Powell nació el 11 de noviembre de 1982 en el pequeño pueblo de Linstead, de la parroquia Saint Catherine. Es el sexto hijo de una pareja de pastores cristianos. Asafa acude cada domingo a misa.

Powell fue descubierto como velocista por la señorita Fraser, una profesora de su escuela, cuando era un niño. Unos años más tarde, la misma maestra le vaticinó que sería el hombre más rápido del mundo. “¿Correr? No, eso es lo que hay que hacer dentro del área”, decía Powell cuando pensaba en ser jugador de fútbol.

Durante años Asafa no fue el más rápido de su familia. Su hermano mayor, Donovan, disputó la semifinal de los 60 metros planos en el campeonato mundial indoor de 1999. A diferencia de muchos de sus compatriotas, nunca quiso irse a Estados Unidos a cambio de una beca universitaria, entrenamiento especializado o, posiblemente, la nacionalización. Vive y entrena en la Universidad de Kingston, Jamaica.

Crecer rápido

En 2002 el velocista sufrió la muerte de su hermano Michael, asesinado de un tiro. El año siguiente, su hermano Vaun también muere víctima de una enfermedad. El 2004 se dio a conocer su nombre en el campeonato mundial. Fue descalificado por partidas falsas en la semifinal del hectómetro, pero una temporada más tarde obtenía su primera marca bajo los diez segundos –en junio de 2004– en Kingston, previo a las Olimpiadas de Atenas.

Estaba entre los favoritos para el podio en Grecia, pero obtuvo un decepcionante quinto puesto en la final. Sin embargo, el 14 de junio de 2005 también en Atenas, Powell batió el récord del mundo con 9.77 segundos. El estadounidense Tim Montgomery se quedaba atrás con su récord de 9.78 que mantenía desde 2002.

Justin Gatlin es un capítulo aparte en la carrera de Powell. El 12 de mayo de 2006 el estadounidense le arrebató el récord con un 9.76. Cinco días más tarde la marca fue corregida y se redondeó de 9.766 a 9.77 segundos. Pasaron a compartir la marca mundial, hasta que Gatlin fue sorprendido en agosto con testosterona suministrada en el cuerpo: otro caso de dopaje.

El 12 de noviembre de 2006 Asafa fue premiado como el Atleta Masculino del Año (100 mil dólares de premio) y a la fecha, ha corrido bajo los diez segundos en 25 oportunidades. Apenas tres velocistas históricos tienen de momento una marca mejor, aunque Powell aún es el único hombre que ha bajado los 9.80 en tres ocasiones de forma legal, igualando cada vez su marca mundial, y el único en correr legítimamente 12 veces bajo los 10 segundos en una temporada. Así las cosas, solo falta que uno de estos días le salgan alas…

Sabía que…

• Jamaica tiene el rótulo de “semillero” de grandes velocistas.

Ben Johnson (nacionalizado canadiense) y castigado por doping en Seúl 1988, Linford Christie (británico), campeón olímpico en Barcelona, y Donovan Bailey (canadiense), medalla de oro en Atlanta 1996. Todos nacieron en Jamaica.

• Una mujer podría correr el hectómetro más rápido que un hombre en los Juegos Olímpicos de 2156, según proyecciones basadas en los progresos de los últimos cien años publicadas en un breve artículo aparecido en la revista científica Nature.