Me alegro de que este proceso de apreciación de activos, que creo que tiene fundamentos muy sólidos en el mediano plazo, tenga pausas y frenos a los excesos que habíamos comenzado a observar en los últimos meses. Hace unas semanas los vaivenes de los mercados financieros, accionarios, bonos y monedas, nos hicieron revivir momentos difíciles […]

  • 23 marzo, 2007

Me alegro de que este proceso de apreciación de activos, que creo que tiene fundamentos muy sólidos en el mediano plazo, tenga pausas y frenos a los excesos que habíamos comenzado a observar en los últimos meses.

Hace unas semanas los vaivenes de los mercados financieros, accionarios, bonos y monedas, nos hicieron revivir momentos difíciles de nuestro trabajo de asesores de inversión. De la misma forma, nos hicieron reflexionar sobre nuestra convicción de que el mundo avanza por una nueva etapa de desarrollo. Una etapa donde los países emergentes, poseedores de más del 75% de la masa terrestre mundial y más del 80% de la población planetaria, se convierten en los nuevos líderes del crecimiento global.

En una semana, los fondos accionarios de mercados emergentes tuvieron retiros de casi 9.000 millones de dólares, aproximadamente el 2,7% del total de activos invertidos en este tipo de fondos. El índice accionario de estos mercados perdió casi un 8% de su valor. Estos movimientos son semejantes a las salidas ocurridas en el período mayo–junio del año pasado. Sin embargo, esta corrección tuvo una característica especial: se dio en un período de días y no de semanas.

Creo que de este evento podemos sacar unas cuantas conclusiones muy útiles. El primer elemento es que la volatilidad de los mercados, medida clave del riesgo de los portafolios de inversión, si bien ha estado bajando drásticamente en los últimos años, no ha desaparecido y puede darnos grandes sorpresas de la noche a la mañana.

La segunda conclusión es que hay una serie de inversionistas que, guiados por su ambición más que convicción, han estado comprando acciones de países emergentes, quizás entusiasmados por las rápidas alzas y bajo riesgo de pérdida del último tiempo, pero sin entender la premisa de que para invertir en acciones, especialmente de mercados emergentes, hay que tener un horizonte de inversión de largo plazo y estar dispuestos a soportar pérdidas en el corto plazo.

La tercera es que la liquidez de mercado sigue estando a niveles muy altos y esto no pareciera estar desapareciendo en el futuro cercano. Era impresionante presenciar cómo, en cada caída de los precios, los inversionistas más sofisticados trataban de adivinar el mejor momento de salir a comprar. En burdas palabras, la plata les “quemaba las manos”.

Por último, una vez más nos convencimos de que los fundamentos de los mercados emergentes son sólidos y están para quedarse. En los últimos años, los países emergentes han continuado financiando a los desarrollados (con una disciplina fiscal importante) y las reservas internacionales han alcanzado niveles récord. Los mercados de capitales internos han avanzado en su desarrollo y las empresas de países emergentes han continuado con su proceso de globalización.

La gran duda y riesgo de este proceso que estamos enfrentando no es tanto la dirección que seguirán estos mercados, sino, “cómo” los problemas de los mercados desarrollados, especialmente una desaceleración o recesión en Estados Unidos, podrían afectar o demorar este nuevo proceso de desarrollo. Asimismo, será fundamental ver si el consumidor de ese país (gran pilar de su economía) será capaz de resistir la desaceleración del sector inmobiliario.

Espero que estos eventos hayan ayudado a limpiar el mercado de aquellos inversionistas que ni saben lo que están haciendo ni tienen el estómago de aguantar la volatilidad propia de estas inversiones. Y me alegro de que este proceso de apreciación de activos, que creo que tiene fundamentos muy sólidos en el mediano plazo, tenga pausas y frenos a los excesos que habíamos comenzado a observar en los últimos meses.