Mientras el sistema de isapres sigue luchando por superar la contracción que sufrió entre el 98 y el 2002, el negocio de la medicina privada a nivel de las clínicas para los estratos de ingresos superiores vive un momento especialmente promisorio: fuerte crecimiento, altas inversiones, atractivos retornos y enormes perspectivas de expansión. ¿Cuáles son los ejes de esta actividad?

  • 7 septiembre, 2007

Mientras el sistema de isapres sigue luchando por superar la contracción que sufrió entre el 98 y el 2002, el negocio de la medicina privada a nivel de las clínicas para los estratos de ingresos superiores vive un momento especialmente promisorio: fuerte crecimiento, altas inversiones, atractivos retornos y enormes perspectivas de expansión. ¿Cuáles son los ejes de esta actividad? Por Paula Costa R.

 

La relación de los chilenos con la salud no ha estado al margen de los cambios económicos y culturales que el país ha registrado en los últimos 20 años. Si en 1995 íbamos en promedio 2,8 veces al año a la consulta de un médico, hoy estamos yendo 4,3 veces. El dato es solo la punta del iceberg. Allí, donde antaño una buena taza de llantén solucionaba todo, hoy entran en juego los exámenes clínicos, las sucesivas consultas e interconsultas y los impredecibles desarrollos de la medicina de vanguardia.

 

Se podría decir que es una moda, pero no lo es. Aunque el lugar común diga que no tiene precio, la salud es una función de la riqueza, de la prioridad que le asignan las personas y de las condiciones que brindan los mercados. Como sector de actividad, su dinámica está presionada por muchos factores. Los países que envejecen gastan más que los países jóvenes. Los países ricos pueden obviamente darse el lujo de gastar en salud más que los países pobres. Como los avances de la medicina y de la industria farmacéutica son cada vez más sofisticados desde el punto de vista científico y tecnológico, los costos de la medicina de punta también presionan al alza. Este es un espiral que no se detiene. Hoy más que ayer. Mañana más que hoy. Y así, suma y sigue.

 

Es fantástico, obviamente, operar en un mercado así y no tiene nada de extraño que el negocio de las clínicas premium en Santiago esté registrando un boom. Es cosa de pasearse por las inmediaciones de las más emblemáticas para observar la “eterna primavera”. No hay mes del año, ni año de la década, en que no haya maquinaria, grúas y obreros en faenas que a estas alturas ya juntan las ciencias del injerto con la ortopedia para instalar verdaderas prótesis arquitectónicas en los planos originales de las instalaciones, llamadas a multiplicar los metros cuadrados de servicio.

 

Algunos datos para dimensionar el fenómeno: en este momento, cuatro clínicas del sector Oriente de Santiago suman planes de inversión por más de 250 millones de dólares; en los primeros cuatro meses del año la demanda por camas creció un 14% respecto a igual período de 2006; hace ya un par de años que las clínicas Alemana, Las Condes y Santa María superan los 100 millones de dólares en ventas anuales; y las rentabilidades sobre patrimonio llegan hasta un 30% como en el caso de la Santa María.

 

¿Estamos más enfermos o nos volvimos más hipocondríacos los chilenos? No. Pero ciertamente estamos más ricos. Y los empresarios de la salud, ni tontos ni perezosos, lo advirtieron a tiempo y se lanzaron a “cubrir la demanda”.

 

Hoy el negocio sube como la espuma. Y, aunque para más de alguno lo único que ha cambiado es que el dolor de espalda es ahora un dolor de bolsillo, hay que ser justos: la salud privada de punta es una elección, y quien tenga un problema con ella, tiene alternativas, privadas y públicas.

 

¿Cómo fue que doctores y enfermeras se transformaron en la oportunidad empresarial del momento? Para entender el fenómeno, partamos por decir que la salud, como bien superior que es, crece a una proporción mayor que el ingreso, de modo que la elasticidad de la demanda se estima sería de 1,3. En simple: cuando el producto o el ingreso aumenta 5%, la demanda por salud lo hace en 6,5%. Al tomar una muestra mayor en el tiempo, expertos estiman que hace tiempo ya que el gasto en salud viene creciendo a tasas de 10% al año.

 

Con esto, nos estaríamos acercando a un gasto cercano al 7% del PIB, cifra que en Estados Unidos, por ejemplo, llega al 17%. Si el de los gringos es nuestro horizonte, ojo, esto significa que aquí hay todavía espacio de sobra para crecer.

 

La ecuación entonces, es la siguiente: dado que con el crecimiento económico las personas destinan una mayor parte de sus ingresos a salud, las atenciones estrictamente necesarias son complementadas con chequeos y procedimientos que en otras circunstancias serían postergados. A lo anterior se agrega un factor clave: el envejecimiento de la población. El censo de 2002 constató que en la década anterior, el número de personas mayores de 60 años se había incrementado en 2,7% anual, es decir, más del doble del crecimiento de la población total.

 

Todo esto se traduce en que las clínicas van siendo superadas por la demanda. Pero, ¿de cuánta plata estamos hablando?

 

-En cifras muy gruesas, hoy estamos hablando de un mercado asegurador privado de 1.800 millones de dólares al año, solo del sector privado. Alrededor del 20% de esa cifra va a financiar subsidios por incapacidad laboral y alrededor del 70% a cubrir gastos relativos a la salud curativa. A eso hay que sumarle el copago de las personas, por lo tanto estamos hablando de un consumo en la infraestructura prestadora de unos 1.500 millones de dólares o más, solo en la parte privada, sostiene Carlos Kubik, gerente general de Empresas Banmédica, dueña de las clínicas Santa María y Dávila, entre otras.

 

Frente a cifras como esas, no resulta sorprendente que la Clínica Las Condes esté aumentando su capital en unos 60 millones de dólares y que sus acciones hayan rentado alrededor de 20% este año. O que la Fundación Chileno-Alemana de Beneficencia haya adquirido en mayo pasado el 32% de la propiedad de la Universidad del Desarrollo, participando no solo de la prestación de salud sino también de la formación de los médicos. Los movimientos no se detienen ahí. Clínica Indisa participa de esta pelea con un equipo de lujo, pues en mayo de 2002, ingresó a su propiedad el team de Inmobiliaria Andrés Bello y Salud Inversiones, integrado por Juan Antonio Guzmán, Alejandro Pérez, Luis Cordero, Andrés Navarro, Jorge Selume, Alvaro Saieh y Miguel Angel Poduje, entre otros. Y, bueno, sus acciones han escalado 170% este año.

 

 

Clínica UC Eugenio Concha
Clínica Indisa  Manuel Serra

 

 

 

Las claves del negocio

 

 

Por cierto que han cambiado las reglas del juego del negocio. Ya no basta la secretaria-asistente-contadora-gerente. Hoy hay ingenieros y médicos especializados en gestión hospitalaria. Más que buenas ideas e intenciones, lo que importa aquí es la experiencia y know how del negocio.

 

¿Sabía que cerca del 40% de las hospitalizaciones, el área que aporta casi un 70% de los ingresos, entra por el servicio de urgencia? ¿Y que en las consultas ambulatorias no está el negocio, sino en su posterior derivación a exámenes y/o cirugía? ¿O que el paciente ideal no es el que está internado por diez días, sino aquel que entra, se opera y abandona la clínica rápido?

 

Así está hoy en día el negocio de la salud. Uno en que las rentabilidades y eficiencias son las que mandan. Por ejemplo, el negocio de los seguros de salud en el que han entrado varios actores no es más que un gancho. El seguro escolar, por nombrar un tipo, es solo una manera de fidelizar a los actuales clientes y asegurar el flujo futuro de éstos, para nada un negocio rentable. Según explica Alfredo Schönherr, gerente general de la Clínica Las Condes, el seguro Vivir Más “se hace específicamente para competir en enfermedades catastróficas. No buscamos ganar dinero, tampoco perder plata, sino que gente que tiene una patología compleja pueda acceder a la clínica y asegurar la demanda por nuestros otros servicios”.

 

Otro dato. En las clínicas, el médico debe cancelar por el arriendo de una consulta que incluye la secretaria, el aseo y todo lo necesario para su operación. Lo que varía en algunas instituciones es si además de ese cobro, se debe cancelar un porcentaje de los honorarios por pacientes atendidos. Considerando que una clínica tiene cinco fuentes importantes de ingresos (pabellones quirúrgicos, hospitalización, laboratorio clínico, imagenología y procedimientos de diagnóstico), lo cierto es que el cobro por consultas es solo la entrada del paciente a la clínica, y no aporta un monto clave en los ingresos.

 

Este es un negocio nada de fácil de administrar, dice Manuel Serra, gerente general de la Clínica Indisa. Porque se trata de una industria con márgenes acotados, donde cada inversión debe ser evaluada cuidadosamente.

-No solo los márgenes son muy estrechos, sino además, gran parte de los costos son fijos. Siendo así, si sobreestimas la demanda o eres ineficiente en tu función de costos, te haces de unos costos fijos tremendos. Cerca de un 60% es remuneración de personal y honorarios médicos, más un 10 ó 15% que es depreciación, con lo que, si cae la demanda, te quedas con un costo fijo que es muy alto, explica.

 

Con todo, lo cierto es que las consultas y centros ambulatorios han dado paso a instituciones de gran tamaño, capaces de solucionar a las personas todas las necesidades de salud en un solo lugar. Hoy, cinco clínicas privadas y dos hospitales universitarios concentran casi el 90% de la actividad privada en Santiago, según María Soledad Cisternas, profesora del magíster de Administración y Gestión en Salud y del postitulo de Administración en Servicios de Enfermería de la Universidad de los Andes, y gerente de Clínica Pasteur.

 

 

 Alfredo Schönherr
 Clínica Las Condes
 Carlos Kubik
 Clínica Santa María

 

 

 

¿Mayor calidad o solo mayor precio?

 

 

Mientras todos juran que no hay absolutamente ninguna diferencia entre una clínica y otra en términos médicos y técnicos, pareciera ser que el cliente puede tranquilamente dejar esas variables fuera de la ecuación y elegir por precio. Y aquí se desata una verdadera batalla.

 

No es ninguna sorpresa que la Clínica Las Condes es la que tiene los precios más altos. Quizás sí sorprende que su mismísimo gerente lo diga. “En el 95% de las prestaciones, los precios unitarios son los más altos. Esta es una eterna discusión con las isapres, sin embargo, ya hay algunas que lo han entendido”.

 

Al preguntarle si la Las Condes es un hotel 5 estrellas, responde:

-No me gusta hablar de hotel 5 estrellas, pero si me pone la espada al cuello, sí, tal es la diferencia. Creo que el trato humanizado, la atención personal que nosotros brindamos, es una diferencia importante. Creo que nosotros aún marcamos una diferencia, estamos un peldañito más arriba. Estamos trabajando en una alianza con Johns Hopkins Medicine, estamos en un proceso para acreditarnos ante la Joint Commission; hemos incorporado normas y procedimientos que garantizan la seguridad del paciente enormemente y que evita que sucedan imprevistos -señala.

 

Pero va más allá. Con lápiz y papel en mano, explica cómo efectivamente el día de cama en CLC es más caro pero que eso no significa que el total de la cuenta sea el más alto. Su argumento al final apunta a que lo barato cuesta caro.

 

-Para una persona que se hace la cirugía bariátrica, en la CLC su cuenta final puede salir (valores solo como ejemplos comparativos) 4 millones y en la otra sale 2,5 millones. Lo que yo discuto con las isapres, es que en el 99,9% de los casos, el tema en la CLC terminó ahí. A lo mejor en la otra clínica solo en el 70% de los casos el tema terminó; en el 30% restante o lo tienen que operar o se infestó o se prolongó la estadía. Lo que te importa a ti es el precio final -explica.

 

A juicio de Eugenio Concha, gerente general de la Clínica UC –establecimiento que según sus estimaciones tendría niveles de precio que están bajo la Alemana, sobre Indisa y en línea con Clínica Santa María–, en el tema costos la clave está en la eficiencia, de cómo con la tecnología de hoy se logran ingresos similares por la mitad del número de camas.

 

-Si hago cirugía mínimamente invasiva, si hago que los grupos médicos tengan un concepto de validar el alta precoz de los pacientes, que la convalecencia sea menos extendida, que el diagnóstico sea muy oportuno, en la práctica estoy atendiendo más pacientes por unidad hospitalaria. Lo anterior se traduce en ahorro para la isapre, para el seguro complementario, puede propender en una tarifa razonable dentro de la estructura de inversiones y además se traduce en que tú optimizas la gestión de tu inversión.

 

Para Clínica Tabancura, el secreto es otro: “Nuestra gran fortaleza es ofrecer excelencia médica sin pagar de más”, según explica su gerente general, Mario Cortés-Monroy. Con precios en línea con la Santa María, sostiene que para ellos “lo importante es que los médicos sean de prestigio, porque el cliente, antes que el precio, elige calidad de la atención, de los profesionales y, como en cuarto o quinto lugar, el cliente te habla de precio”.

 

Si bien estamos frente a un cliente fiel que se mueve principalmente por la confianza en la institución y donde la movilidad la dicta la isapre del cliente –variable que de todos modos tiene mayor efecto sobre la población con ingresos medio-bajos–, hay quienes aseguran que “ante cobros injustificados”, la gente está empezando a vitrinear.

 

-Hoy, hay conciencia plena de que las personas llegan a la consulta del médico habiendo tenido poco menos que una revisión de todo lo que el mundo está produciendo en términos de medicina, los últimos resultados de los papers, las opiniones que tiene Johns Hopkins… cada día los pacientes son más informados (…) Las personas cada día más están tomando decisiones racionales en lo médico: dónde me curan, dónde me someten a operaciones menos invasivas, dónde me recupero más rápidamente y qué estamos haciendo aquí respecto de lo que hace el mundo desarrollado, señala Concha, de la Clínica UC.

 

 

   
 Clínica Tabancura  Mario Cortés-Monroy

 

 

¿Cuánto falta para topar techo?

 

 

-En la medida que los niveles de bienestar del país crezcan, creo que vamos a resolver un tema de fondo, que es que toda esta maravilla de servicios y el poder de elección que hay, lo tiene el sector privado y no el público. Creemos que en el largo plazo, el Estado debiera dejar de tener cautivo a un 70% de los chilenos que no tienen opción, lo que se logra por la vía de la portabilidad de los subsidios. No estamos en un gobierno que vaya a tener ninguna iniciativa de esa naturaleza, pero la lógica creo que nos va a llevar en el mediano o largo plazo a que todos puedan elegir, y si eso sí ocurre, el sector privado crecerá aún más, porque claramente en el aparato público no están los incentivos para una administración eficiente, sostiene Kubik.

 

A fin de cuentas, más allá de que el acceso a una salud de calidad es un derecho básico de las personas, es el país mismo el que se beneficia de tener una población sana y activa por más años. Es lo que han entendido los países desarrollados y lo que aún falta que algunos entiendan.

 

 

 

La carrera por el crecimiento


 

Clínica Santa María: Expansión en dos tiempos

Fue inaugurada en octubre de 1939 por don Pedro Aguirre Cerda, quien calificó al edificio, según la historia, como un “palacio de la medicina”. En 1983, la clínica fue comprada por la Caja Bancaria de Pensiones, propietaria de Isapre Banmédica. En 1988, en el marco del capitalismo popular, se realizó la venta de acciones de la Caja Bancaria al público, pasando a manos de Banmédica S.A. Según Carlos Kubik, gerente general de Empresas Banmédica, la primera gran inversión se desarrolló entre el 97 y el 2000 para la construcción del edificio nuevo e implicó unos 35 millones de dólares.

 

La segunda, por US$60 millones, está en curso en este momento, después de la cual la clínica alcanzará los 100 mil metros y tendrá 370 camas. Se entrega en septiembre de 2008.

 

 

Clínica Las Condes: Apuesta al doble

 

Fundada en diciembre del 82 por un grupo de médicos liderados por Mauricio Wainer y Alejandro Larach. Según su gerente general, Alfredo Schönherr (quien participó de la gestación) “si no fuera por el apoyo del BCI, esta clínica no existiría. Comenzó con 123 camas (hoy son 220) y 460 empleados (hoy son 2 mil). Tras los primeros trabajos de comienzos de los 90, se amplió el número de camas y pabellones y se construyó la torre de procedimientos. En el 2000 se definió un plan de desarrollo a cinco años por 40 millones de dólares y dejó a la clínica a su tamaño actual: 65.000 metros cuadrados. Hoy está en curso otro proyecto de desarrollo a seis años plazo por 150 millones de dólares, que consulta la construcción de un edificio al costado de la calle Paul Harris. Después viene la construcción del H3 que mira a Estoril. La idea es multiplicar la clínica por dos, subiendo de 220 camas a 385 y agregando nuevos pabellones quirúrgicos, laboratorios y una nueva maternidad, entre otras instalaciones. Además, la clínica es dueña de un terreno de 8 mil metros cuadrados en Lo Fontecilla con Av Las Condes, comprado a la familia Montalva.

 

 

Clínica UC San Carlos de Apoquindo: Suma y sigue

 

Creada en 2001 por la Facultad de Medicina de la UC con una inversión de 15 millones de dólares, comenzó como entidad psiquiátrica y centro especializado en cirugía transitoria, para lo cual contaba también con pabellones, toma de muestras, laboratorio, consultas médicas y un servicio de urgencia. En 2001 la isapre Colmena Golden Cross decidió ofrecerse como socio. En octubre de 2004 quedó firmada la sociedad entre ambos, en la que cada uno tiene un 50%. Tras una ampliación en el año 2005, hoy la clínica ya va en 15 mil metros cuadrados. La expansión implicó una inversión de 57 millones de dólares. Ahora tiene otros proyectos en carpeta. “Lo más probable es que en el proyecto del próximo año venga una placa de consultas médicas y un replanteo del servicio de urgencia para hacerlo más visible y mucho más dinámico”, cuenta Eugenio Concha, su gerente general. La inversión alcanzaría los 9 millones de dólares.

 

 

Clínica Indisa: Nuevas metas y estándares

 

Fue el año 97 cuando la familia Marín, Ergas y los hermanos Andrés, Jaime y Manuel Serra compraron la clínica de manos del grupo Angelini, en tiempos en que ésta tenía solo 70 camas. El 2001, salieron los Ergas y entró un grupo de socios ligados a la Universidad Andrés Bello. Tras ordenar la casa, en 2003 Manuel Serra tomó la gerencia general con la meta de transformar la clínica en un líder a nivel nacional. Comenzaron por invertir 20 millones de dólares en la construcción de una nueva torre (ya operativa), que los dejó con 230 camas.

 

Lejos de ser suficiente, en enero próximo le agregarán otras 40 camas al edificio original que vienen remodelando desde hace algunos meses y que ha involucrado cerca de 5 millones de dólares, además de los 8 millones de dólares que está costando el nuevo edificio de consultas, actualmente en construcción. Es decir, en pocos meses más la oferta de Clínica Indisa llegará a las 260 camas, pasos que según proyecta Serra, debería hacer crecer las ventas en casi un 50%.

 

 

Clínica Tabancura: Entre las grandes

 

Propiedad de la Cámara Chilena de la Construcción a través de su holding Consalud, comenzó a operar en 1992 como maternidad para pasar después a ser Clínica de la Mujer. A fines de los 90 decidieron apostar por convertirse en una clínica de tomo y lomo, con todas las especialidades médicas que eso implica, más servicios de hospitalización, diagnóstico y cirugía. Con esto, y tras una inversión de 20 millones de dólares, el 2002 Clínica Tabancura comenzaba su nueva etapa con 120 camas.

 

El éxito económico, bajo la divisa “excelencia médica sin pagar de más”, impulsó otro paso en el desarrollo de la institución: la construcción de una torre de seis pisos que les permitirá agregar 14 mil metros cuadrados con la consiguiente ampliación de todos los servicios de apoyo a la hospitalización, más una unidad coronaria. La construcción –que se espera comience a principios de 2008 y esté operativa a fines de 2009– involucra una inversión de 25 millones de dólares y le permitirá a Clínica Tabancura alcanzar las 200 camas.

 

 

Clínica Alemana: El silencio es oro

 

El férreo silencio que guarda esta clínica no fue impedimento para saber algunos datos sobre ella, como por ejemplo, que es la más grande de las clínicas privadas. De propiedad de la Corporación Chileno-Alemana de Beneficencia (entidad que agrupa a 2.900 socios), la razón por la cual ya nos hemos acostumbrado a visitarla en medio de conos naranjos, paneles provisorios y desvíos de tránsito es porque reinvierte el 70% de las utilidades generadas (el resto es destinada a obras sociales). A juicio de actores del mercado, no es raro pensar que alcanza hasta los 10 millones de dólares en inversiones, cada año.

 

Pero ser de los mejores en salud no fue suficiente, y decidieron participar además de la formación de médicos. Fue así como en mayo de 2007, la Clínica Alemana pasó a tener el 32% de la propiedad de la Universidad del Desarrollo. Pero ese es el provisorio final de una larga historia que comienza en 1905 cuando nació la corporación, la que para 1918 tenía el Hospital Alemán funcionando con 20 camas. Eso sí, su gran salto llegó en 1973 con la construcción del edificio en las calles Vitacura y Manquehue gracias a un aporte de la iglesia protestante, y cuyo pago no fue en dinero, sino en beneficencia.

 

 

 

Guerra por calidad
Clínica Dávila versus Clínica Las Condes

Carlos Kubik, Banmédica: Hoy, desde el punto de vista médico, no hay ninguna diferencia técnica entre la Clínica Dávila y la Clínica Las Condes. Ninguna. Allá tienen mejor hotel, comida más rica, posibilidad de elegir entre dos o tres platos a la hora de almuerzo y mejor vista en la pieza. Pero no tienen ni mejores enfermeras, ni mejores médicos, ni mejor escáner.

Alfredo Schönherr, Clínica Las Condes: Creo que la Clínica Dávila tiene buenos médicos, sin embargo, creo que poseemos más médicos de excelencia que la Dávila. No tiene un Fernando Zegers ni un Emilio Fernández. No tiene un doctor Carlos Fernández que practique la ginecología laparoscópica con la maestría que lo hace acá.

Clínica UC San Carlos versus Alemana

Eugenio Concha, Clínica UC San Carlos: Creo que uno tiene que guardar las distancias en términos de los volúmenes. La Clínica Alemana tiene el triple de camas que nosotros, seguramente tenemos menos pabellones, menos piezas de UTI, menos cupo de neonatología, pero si uno empieza a mirar cuál es el nivel de tecnología asociada, tenemos la misma tecnología que la que más tiene. Posiblemente vamos a estar en un clima de crecimiento hasta que lleguemos a un cierto clima razonable de equilibrio entre la inversión y lo que produce el negocio, pero siempre buscando estar en el top of the line de las líneas tecnológicas en diagnóstico, en terapéutica.

Clínica Tabancura versus Alemana

Mario Cortés-Monroy, Clínica Tabancura: No me gusta compararme con nombres, pero la ventaja de atenderse aquí es encontrar una atención cálida y personalizada. La gente aquí no es un número. Tenemos personas de real peso dentro del gremio médico, una infraestructura moderna y tecnología de punta, por lo que nada hay que envidiarle a las alternativas del sector oriente. Nuestro gran gancho es el precio, manteniendo la calidad.

Clínica Indisa versus Clínica Las Condes

Manuel Serra, Clínica Indisa: En términos técnicos y médicos, no hay ninguna diferencia. La CLC por su posicionamiento y orientación geográfica está enfocada a un segmento muy ABC1, con precios que son mayores que los nuestros. Nosotros damos un servicio con la misma calidad médica, probablemente con las piezas más grandes y los pabellones más grandes que hay en Santiago, pero a un costo que es mucho menor. La gente viene a curarse, por lo que nuestra orientación es hacia un servicio súper funcional orientado a la familia, con especialidades médicas para todos quienes componen el grupo familiar, con una orientación muy fuerte hacia la calidad, confiabilidad y calidez.

 

 

 

Las caras tras la propiedad

Clínica Las Condes

La mayor parte de la propiedad está en manos de sus médicos, con un 63% de las acciones. En cuanto a los mayores accionistas individuales, Sebastián Piñera es dueño del 10%, al igual que el holding Banmédica. Andrés Navarro –quien también está en Clínica Indisa a través de Inmobiliaria Andrés Bello– suma un 5%, al igual que Alvaro Saieh.

Santa María

El grupo controlador de Empresas Banmédica –que tiene el 99% de la Clínica Santa María– está compuesto en un 29% por Inversiones Santa Valeria, de Eduardo Fernández León, y en un 28% por Empresas Penta, de Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano, según consta en su memoria anual. Empresas Banmédica también es dueña de Clínica Dávila, Alameda, Vespucio, Bío Bío, Ciudad del Mar, de un 11% de Clínica Las Condes y el 13% de Clínica Iquique.

Clínica Indisa

En mayo de 2002, los controladores de la Universidad Andrés Bello compraron el 70% de Healthcorp, sociedad que hoy tiene el 54% de la Clínica Indisa. Este grupo –que actúa bajo la sociedad Inmobiliaria Andrés Bello y Salud Inversiones– está integrado por Juan Antonio Guzmán, Alejandro Pérez, Luis Cordero, Andrés Navarro, Ignacio Fernández, Marcelo Ruiz, Jorge Selume, Alvaro Saieh y Miguel Angel Poduje.