El alcalde de Renca quiere reelegirse en octubre próximo. Está convencido de que el rol de los ediles es fundamental para superar la crisis que vive el país y obtener resultados positivos del estallido social. Días después de su comentada presentación en Enade, y la primera de un edil frente a esta instancia gremial, Castro asegura que el papel de los municipios frente a la violencia es limitado: “no tenemos un rol de control del orden público”.
Fotografías: Verónica Ortiz.

  • 7 febrero, 2020

La cercanía es su emblema. Caminando por el edificio que ocupa la municipalidad de Renca, usando su característico chaleco amarillo fosforescente, los vecinos acuden al alcalde Claudio Castro -36 años e independiente-, para contarle sus dolores y alegrías.

En el municipio cuentan que desde que dio su discurso en la Enade el 29 de enero pasado, la agenda de Castro ha estado marcada por el diálogo con medios de comunicación, aunque ninguna reunión puede bloquear sus encuentros con la comunidad los martes y jueves: esos días dedica parte importante de la jornada a reunirse con los vecinos de Renca, recorriendo los diferentes barrios, conversando con las juntas de vecinos, identificando los dolores locales y realizando asambleas públicas.

En su intervención ante el gremio que reúne a los empresario, Castro quiso dar una visión más territorial de cómo se vive la falta de oportunidades en su municipio. “La desigualdad no es un dato: es una experiencia y es acumulativa”, señaló mostrando las calles de su comuna en un panel junto a parlamentarios y el ministro del Interior, Gonzalo Blumel. Días antes, en la comuna se realizó –a la par con la consulta ciudadana–, una suerte de ensayo para el plebiscito de abril. Por lo mismo, Renca fue la única comuna en la que la encuesta se realizó de forma presencial.

La primera línea

El fin de semana del 17 al 19 de octubre los ocho supermercados de Renca fueron saqueados simultáneamente y cinco personas murieron en un incendio en la fábrica Kaiser. En la comuna reinó el terror. Por otro lado, durante los primeros días de enero, el municipio de Renca realizó una encuesta local en la que un 86% de los vecinos señaló tener miedo de que la efervescencia social acabe sin ningún cambio. “La ciudadanía siente angustia y frustración que los cambios no lleguen por canales institucionales, sino por violencia”, asegura el alcalde Castro, agregando estar convencido de que existe una expectativa de prosperidad de la población depositada en las municipalidades.

-¿Cree que el rol de alcalde se ha visibilizado más desde el estallido social?

-Sí. Escribimos en conjunto una carta publicada el 22 de octubre y a partir de la experiencia cotidiana con nuestros vecinos, estuvimos dispuestos a juntarnos transversalmente, tanto ediles de derecha como de izquierda, al menos tres semanas antes de que en el Congreso se firmara el Acuerdo Constitucional.

-¿La ciudadanía entiende el rol de los alcaldes?

-Creo que no. Pero saben de la precariedad de la Municipalidad. Eso lo palpan, lo viven y empatizan, porque es la misma con la que ellos viven.

-¿Es el municipio algo así como una “primera línea” entre el poder y la ciudadanía?

-Somos la primera cara del Estado. Eso es así. Acá es donde llega cualquier ciudadano que tiene alguna emergencia, aunque no dependa de nosotros. Llega acá a solicitar apoyo con su vivienda, después de un incendio, apoyo porque está pasando una situación económica compleja o también a transmitir la necesidad de algún cambio, que aunque sepa que no sea parte de nuestras atribuciones, al menos tiene la esperanza de que nosotros vamos a tener la posibilidad de transmitirlo al gobierno central.

 ¿Cuál es el papel de la Municipalidad frente a la violencia?

-Es muy limitado porque no tenemos un rol de control del orden público. Carabineros no responden a una orden de los alcaldes, a pesar de que muchos vecinos creen que sí y nos queda un rol de articulación que sigue siendo súper limitado. Creo que el rol de las municipalidades hoy es canalizar la frustración de la ciudadanía y la hoja de ruta para esto es la idea de nueva Constitución. Así como lo hicimos con los cabildos a partir del 18 de octubre, intentamos canalizar esa información, esas expectativas, esas demandas de una manera un poco más institucional para que sea un insumo en la construcción de la nueva Carta Magna. Y el otro rol que hemos jugado durante estos meses tiene que ver con tratar de ofrecer alternativas de apoyo y de alivio. Por ejemplo, en Renca dejamos de cobrarle la recolección de la basura a los que lo necesitaran.

Renca Rocks

Fue en marzo de 2011 cuando la ex primera dama estadounidense, Michelle Obama, visitó Chile junto al presidente Barack Obama. En esa oportunidad conoció el liceo “Cumbres de Cóndores” en la comuna de Renca, entonces liderada por Vicky Barahona (UDI).

-“¡Renca Rocks”, señaló Obama en esa ocasión haciendo alusión a la frase emblema de la comuna en ese tiempo: “Renca la lleva”. El slogan se podía ver desde la carretera orgullosamente instalado en un cerro de la comuna. Pero en 2016, cuando Claudio Castro fue electo alcalde, ordenó sacarla de ahí. “El potencial de la comuna se escondía detrás de un cartel ligado a la jerga COA, que no nos enorgullecía”, señala. Y añade que quitar la frase del público ha sido parte del proceso de remecer trabas políticas, económicas y sociales de un ideario que sostiene que Renca es pobre y que para prosperar hay que emigrar a otras comunas.

-¿Cómo se responde a la violencia?

-Tiene que ser respuesta política. Esto significa acordar una agenda social más agresiva que la que se ha planteado hasta ahora, que dimensione la magnitud de la crisis. Hay una suerte de consenso absoluto de que marzo se viene peor todavía y nuestro sistema político pareciera que se congeló, ahora todo febrero de vacaciones y pareciera que las cosas pasan.

-¿Pero existe una fórmula para resguardar el orden público y los derechos humanos?

-No puede ser lo uno o lo otro. Eso es parte de lo que tiene a Carabineros y al gobierno en una situación tan compleja. Pareciera que para resguardar el orden público casi que hay que transar que van a haber violaciones a los derechos humanos. Eso es inaceptable. Creo que ahí no puede haber medias tintas ni una voz que lo permita.

– ¿Podría la violencia invalidar el plebiscito? 

La violencia pone en riesgo cualquier sistema democrático. Por lo tanto, el rol de quienes estamos en política, y digo todos quienes administramos algún espacio de poder, es tratar de eliminar la violencia. Por cierto que no es conveniente enfrentar este proceso constituyente con escenas de violencia como las que hemos visto, pero pienso que han sido acciones de Carabineros las que vuelven a encender la llama y creo que también ahí son importantes las señales del gobierno. Éstas deben ponerse a tono con lo que está sucediendo en el país. Son importantes las señales de responsabilidad que se asumen.

-¿Te parece que estas han estado a tono?

-Una cosa es lo formal. Carabineros y el gobierno dicen que han procesado todas las denuncias de violación de derechos humanos y dejan que las instituciones funcionen. Pero ahí no hay un reconocimiento activo de la responsabilidad. Lo que hay más bien es dejar funcionar los procesos. Algo distinto es lo que vi en la golpiza al joven de Puente Alto cuando reaccionaron de manera inmediata y está muy bien que así sea. Se dio de baja a los siete carabineros que participaron de esa golpiza. Esas son las señales correctas.

-¿Y cuáles debieran ser los pasos a seguir?

-Yo esperaría, por ejemplo, que el gobierno convoque a un Consejo Nacional o Acuerdo Nacional respecto del orden público, donde la oposición también pueda participar, definiendo cuáles son los parámetros con los que va a actuar la fuerza de orden y seguridad en el próximo tiempo. Tengo la sensación de que el gobierno y Carabineros se atrincheraron en la defensa del actuar de las policías, mientras que la oposición se atrinchera en la crítica al oficialismo y como resultado tuvimos esa acusación constitucional contra el intendente Guevara que, respecto del aporte a la crisis que está viviendo nuestro país, tiene un peso casi nulo. La primera responsabilidad es del gobierno y Carabineros, pero también la oposición tiene una responsabilidad que debería responder a una invitación -que no ha existido- a enfrentar las situaciones complejas de violencia de una manera distinta. Si seguimos como está hoy día, sabemos que efectivamente esto es como una profecía auto-cumplida: marzo va a ser difícil, pero también abril, mayo y todo lo que se venga hacia adelante.

Usted afirma que la organización política es la mejor herramienta para combatir la injusticia. ¿No es quizás una frase controversial con lo desprestigiadas que están las instituciones hoy?

-Es evidente que han habido acciones y también omisiones de quienes somos políticos hoy día. Somos absolutamente responsables. El mea culpa es otra cosa que hicimos los alcaldes desde el primer momento. Para mí sería fácil decir ‘mira, yo soy alcalde hace tres años, tengo 36 años, no me carguen a mí el muerto’. Pero soy alcalde, tengo poder y probablemente nos hemos equivocado también. Para la ciudadanía no existe ese mea culpa y por eso que se ha generado tanta tensión. Creo que la política es la única manera de articular soluciones de largo plazo que nos permitan conducir al país y sigo creyendo que son los partidos políticos, no necesariamente los actuales, sino que la política que se ejecuta a través de partidos políticos, la que es necesaria para salir de esta crisis.