Fue una de las bajas del reciente cambio de gabinete, pero Clarisa Hardy está más empoderada que nunca. No sólo reivindica su gestión de dos años al frente de Mideplan, sino que está convencida de que este gobierno le cambiará la cara a Chile y que la Concertación debe mantenerse en el poder a como dé lugar.

  • 4 abril, 2008

 

Fue una de las bajas del reciente cambio de gabinete, pero Clarisa Hardy está más empoderada que nunca. No sólo reivindica su gestión de dos años al frente de Mideplan, sino que está convencida de que este gobierno le cambiará la cara a Chile y que la Concertación debe mantenerse en el poder a como dé lugar. Por M.Angélica Zegers V. Fotos.

 

Se fue el martes 8 de enero de Mideplan. La presidenta le comunicó personalmente su decisión de removerla de este ministerio para poner en su lugar a la hasta entonces subsecretaria del Consejo Nacional de la Cultura y también militante socialista Paula Quintana. Clarisa Hardy alcanzó a estar casi dos años en el cargo y al día siguiente de dejarlo, cuando se efectuó esta entrevista, más que triste, se la veía tranquila. Indicó en varias oportunidades que el sentimiento que la embargaba era de un agradecimiento total por la oportunidad que le diera la presidenta Bachelet y que estaba absolutamente segura de su buen desempeño.

Las críticas que recibió en su momento, relativas a un mal manejo del tema mapuche y al ruido que se generó por falta de información sobre la metodología empleada en la última encuesta Casen –que, dicho sea de paso, evidenció una signifi cativa reducción de la pobreza en el país- no sirven, a juicio de Hardy, para explicar el cambio; ni mucho menos, añade, la “ridícula” mención que se hizo a que el episodio de los zapatos cambiados (cuando apareció en público con dos modelos distintos) era una señal de falta de concentración. Algunos apuntan a que salió por “cuoteo”, dado que la presencia socialista en el gabinete es fuerte y Hardy pertenece a la facción de Isabel Allende, que le disputa el poder al bando de Camilo Escalona, presidente del PS y muy cercano de Michelle Bachelet.

 

Cualquiera sea la razón, esta sicóloga de la Universidad de Chile y antropóloga social de la Universidad de Oxford se para ante la vida con una seguridad envidiable. A sus 62 años, no siente que tenga que dar explicaciones a nadie y manifiesta que su currículo es “imbatible”. Pero no se queda ahí, ya que para ella la muestra más clara de su buen desempeño son las decenas de llamados que ha recibido por su partida y la propia entrevista que tuvo con Michelle Bachelet cuando ésta le comunicó su remoción.

-Con la presidenta nos conocemos del PS desde hace muchos años y, si bien no pertenezco a su círculo cercano, hemos construido una relación de afecto. Yo sé que compartimos cariño, respeto y admiración y eso estuvo presente en nuestra entrevista, que fue emocionante, muy de la guata.

Sin haber evaluado bien lo que va a hacer (“en este momento soy desempleada”, dice), sólo tiene claro que se irá de vacaciones y que en marzo tomará algún rumbo. Tal vez no tenga defi nido el espacio, pero el discurso y la línea de acción los tiene clarísimos. Hardy está en una postura casi mesiánica de defensa de la Concertación. Para ella las crisis son accesorias y siente que hoy más que nunca se necesita gente que esté dispuesta a reivindicar la obra del conglomerado ofi cialista. No está claro si esta defensa la hará desde una eventual vuelta a Chile XXI, el instituto creado por Ricardo Lagos y que ella dirigió por varios años; desde la academia o con un libro potente que recoja lo realizado por la Concertación en los últimos veinte años. Pero tiene una pasión y energía que difícilmente van a amainar sin un cauce como estos.

“Lo que se necesita es afiatamiento para recuperar la convicción de que sigue valiendo la pena ser Concertación”.

 

 

 

Razones de un cambio

Clarisa Hardy parte diciendo que el drama de Mideplan es que el promedio máximo de duración de sus ministros es de dos años, lo que ha generado históricamente una falta de credibilidad en los equipos humanos del ministerio respecto a la conducción. En esto, ella siente haber hecho un aporte brutal, ya que indica que es tan radical la transformación que lideró en este ministerio que ahora sí es creíble, aún con su partida y porque Paula Quintana –ex Seremi de Mideplan en la Quinta Región y muy cercana a Hardy- conoce el tema a cabalidad.

 

 

-¿Se explica un cambio cuando al final nada cambia?

-No, yo no digo que me explique el cambio, sino que la persona que se eligió es muy adecuada, porque en los dos años que quedan no se puede innovar y la cosecha de lo que sembramos se comenzaba a ver ahora.

-¿No es frustrante que otro se lleve el mérito de la cosecha?

-Bueno, es obvio que hay un elemento de frustración en lo personal, porque estos cargos no son fáciles y se debe luchar contra muchas cosas y personas, pero me siento muy gratificada con todo lo que hicimos.

Los equipos técnicos me decían que era un agrado trabajar con una ministra que no sólo tiene habilidades políticas, sino que las técnicas necesarias para entender los problemas y generar herramientas útiles, Es obvio que tengo una cuota de frustración por no poder ver cómo el Chile Crece Contigose irradia en el país, o no estar ahí para el lanzamiento de la estrategia comunicacional que informará a las personas de sus derechos, pero me voy muy tranquila.

Recibe un llamado, uno de muchos desde que dejó el ministerio, en el que le dicen que sienten su partida. “A mí lo que me importa es lo que piensan los entendidos y la opinión que me manifiestan es que no habían visto un desempeño igual al mío al frente de Mideplan”.

-¿Esperaba su nombramiento en Mideplan?

-La verdad es que no. Había sonado muchas veces para ese cargo y no había ocurrido, así que no me hice ninguna ilusión. Yo estaba cerrando un ciclo de mi vida; mi camino en Chile XXI estaba orientado a la reflexión y a generar equipos de trabajo, daba clases, hacía consultorías y tenía mi mundo bastante armado. Contribuí en la elaboración programática de la candidatura de Michelle Bachelet convencida de que ése sería mi aporte, pero al final se produjo la discusión de gobierno paritario, y como no abundan las competencias para ciertas cosas, se dio esta oportunidad.

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Y habiéndolo hecho tan bien como dice, ¿entiende el cambio?

-Yo soy una mezcla de capacidades técnicas importantes y de un viejo sabueso político y por eso este cambio no me genera ruido. Sin ninguna vanidad, te digo que estoy muy tranquila. Mi currículo es imbatible, mis libros son referencia en prácticamente todas las universidades en que se enseñan políticas públicas y no tengo ninguna duda de mi capacidad. Sí me habría dado rabia que hubieran puesto en entredicho mi competencia, como ocurrió hace años en un concurso al que me presenté en la Universidad de Chile y del que me dejaron fuera por no tener un master y les tuve que demostrar que mi diploma en la universidad de Oxford es homologable a un master. Al final anularon el concurso, porque lo tenían preparado para una persona X y no esperaban que me presentara. En el mundo político la lógica es política y una está preparada para esto.

-Si no estuvo en juego una mala evaluación técnica, ¿cuánto hubo de cuoteo?

– No sé si lo llamaría cuoteo. Si tú me dices si yo estaba dentro de las posibilidades de cambio, por cierto, porque pertenecer a un gabinete es por defi nición algo incierto; ser ministro es un accidente en la vida de una persona. La evaluación sobre un ministro es subjetiva, pero yo no me voy por mal desempeño.

-¿No está entre las posibilidades el que no haya sido bien evaluada?

– Bueno, cabe la posibilidad de que alguien lo piense. Hay comentarios en ese sentido, pero convertir el tema de los zapatos en una explicación pare el cambio me parece de una estupidez soberana. Yo me compré un pleito serio dentro y fuera de Mideplan cuando decidí licitar el curso de evaluación de proyectos de inversión, que lo venía haciendo desde los ochenta un mismo equipo dirigido por Ernesto Fontaine, de la Universidad Católica. Esa pelea valía la pena porque el país ha crecido y hay experiencias más diversificadas. Aquí no hubo un asunto ideológico, sino la necesidad de innovar y sofi sticar las metodologías. Yo hablé con el rector Rosso para que participaran en la licitación, pero se negó. Otros han dicho que fue cuestionable la metodología de medición de pobreza, pero no cambiamos nada, sólo la perfeccionamos. Las críticas son políticas y no técnicas.

-¿Tampoco hace un mea culpa por la polémica que se generó en la entrega de la última encuesta Casen?

-Sacamos un documento metodológico exhaustivo en que quedó todo explicado y el ruido que hubo, fíjate bien, fue porque la pobreza disminuyó cinco puntos entre 2003 y 2006, cuando esperaban que disminuyera uno o dos puntos. Nadie preguntó jamás por las metodologías de Mideplan hasta ahora, cuando dijeron que había manipulación de las cifras. Escuché las cosas más bárbaras, como decir que un país que tiene cierto nivel de crecimiento no puede disminuir la pobreza, lo que es una visión ideológica, no fundamentada. Contratamos el estudio de Osvaldo Larrañaga, el mismo que demostró en los noventa que el 80% de la disminución de la pobreza era atribuible al crecimiento y que ahora dijo que de 2000 a la fecha el 80% de la rebaja es atribuible a factores distributivos, lo que demuestra que no es posible defi nir ex ante qué disminuye la pobreza.

“La presidenta ha sido golpeada sistemáticamente desde afuera y se la acusa de falta de liderazgo, pero no se entiende que ella tiene otro tipo de liderazgo y no ausencia de éste”.

 

 

 

Reivindicando el modelo

-¿Cuál era el ambiente previo al cambio de gabinete?

-La renuncia de Belisario Velasco al Ministerio del Interior creó una situación de alta complejidad. Había que fortalecer políticamente al gobierno, y si para eso era necesario reestructurar el gabinete, no puedo estar más de acuerdo con el cambio. Esta Concertación, aun con todo lo que está viviendo, es depositaria de los cambios más radicales que se han provocado en la sociedad chilena en lo económico social. Lo que se necesita es afiatamiento para recuperar la convicción de que sigue valiendo la pena ser Concertación, porque tenemos un proyecto de país que hay que disputarlo políticamente. Mantenernos en el gobierno con este proyecto es lo más importante.

-Una cosa es tener un proyecto que le compita a la Alianza, pero dentro de la Concertación se han evidenciado quiebres respecto al modelo de desarrollo que impulsa el gobierno, con críticas al poder de Andrés Velasco y a la influencia de Expansiva, que por algo menguó sus huestes en el cambio de gabinete…

-A mi me gustaría sentarme a discutir en serio lo que se entiende por “el modelo”. El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz dijo en Chile XXI el año 2004 que le parecía notable la incapacidad de la Concertación para poner marco teórico interpretativo a lo que estaba ocurriendo con el llamado modelo chileno y nos dio una clase de cómo esto no tenía nada que ver con el consenso de Washington. Dijo que Chile había roto con la ortodoxia neoliberal y que acá teníamos un patrimonio único. Por eso encuentro insólito que, dentro de la Concertación, nos tensionemos con esto del modelo, hablando como si fuera un modelo de la derecha, cuando tenemos una reforma provisional que cambiará la vida a millones de chilenos, cuando está en discusión la institucionalidad laboral con un fuerte compromiso con los derechos de los trabajadores, la discusión instalada con la Comisión de Equidad o todo lo que significa el Plan Auge, porque yo no conozco en América latina una reforma social que permita judicializar el derecho a la salud. Esto es un cambio sin precedentes y yo estoy disponible para esa discusión.

-¿Hay tensión entre Hacienda y los ministerios sectoriales?

-La tensión entre Hacienda y los ministros sectoriales se da por definición y tiene que ver con un modelo instalado en todos los países y que entrega un excesivo peso en las decisiones de políticas a Hacienda y hoy en día nadie cuestiona ese dominio. Las disputas, en todo caso, están en los bordes, en cosas marginales, porque lo que no está en discusión es la importancia del gasto social. Hay que pensar que dos terceras partes del presupuesto de este año están destinadas al área social y este gobierno incrementará en 3 puntos del PIB su inversión en esta materia.

-¿Subsisten las dos almas dentro de la Concertación?

-Hay visiones distintas, es cierto. Yo me inscribo en la línea más social demócrata y creo que la distribución del ingreso no pasa solamente por reformas en el mercado laboral, sino también en la institucionalidad laboral, porque hay que generar equilibrios de poderes en la negociación. Esta discusión también está instalada en nuestro mundo, porque hoy la formación de economistas es muy transversal.

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-¿Se puede estar tan optimista respecto a los bolsones de pobreza dura que aún se mantienen en Chile?

-La pobreza dura, que está hoy en el 3%, es la que hemos aprendido a erradicar de mejor manera y el Chile Solidario ha sido muy efectivo en esta materia. Nuestro mayor problema es la pobreza dinámica, porque el riesgo de empobrecerse de una parte significativa de la población es muy alto.

-¿Cómo se entiende el buen lugar que tiene Chile en desarrollo humano con su alta desigualdad?

-Chile presenta el doble de desigualdad que los países europeos y, obviamente, es un tema brutal y, por algo, la discusión está instalada. En esto hay una relación directa entre la disminución del rico y el aumento del pobre, aunque esa disminución del ingreso de los más ricos no mejora a la extrema pobreza, sino a los niveles medios; y por eso es tan necesaria la acción directa del Estado respecto a las capas más vulnerables y es tan atendible la discusión sobre el ingreso mínimo.

 

 

Concertación para rato

-¿Cómo vio a la presidenta el día del cambio de gabinete?

-No es fácil tomar decisiones de este tipo. La presidenta ha sido golpeada sistemáticamente desde afuera y se la acusa de falta de liderazgo, pero no se entiende que ella tiene otro tipo de liderazgo y no ausencia de éste. Un rasgo muy marcado de Michelle Bachelet, y que explica que ella sea presidenta y muchas otras mujeres no, es la capacidad de combinar una gran sensibilidad y empatía emocional con la firmeza. Es algo muy sutil y aunque se ve la tensión emocional que le significa tomar decisiones difíciles, lo hace sin dudar. Si la gente estuviera sentada en las reuniones de gabinete se daría cuenta de esto.

-¿Cree que estaba preparada para que le renunciara el ministro del Interior?

-Belisario Velasco hizo algo que en mi opinión no se puede hacer en política, porque aquí también hay reglas de urbanidad. Belisario es una persona cercana, cálida, con sentido del humor y trabajé muy bien con él, sobre todo en el tema indígena, pero no me parece lo que hizo. Esto le pone un ingrediente muy difícil al ejercicio de la política.

-¿Puede un ministro del Interior no hablar durante un mes con la presidenta?

-Yo no me voy a hacer cargo de trascendidos por la prensa, de lo único que doy fe es que siempre en las reuniones de gabinete se pudo hablar. Eran maratónicas precisamente porque nos tomábamos la palabra por horas, no veo cómo se puede decir que no había espacio para hablar.

-No me parece que sea lo mismo que el ministro del Interior pueda hablar en las reuniones de gabinete a tener una relación de cercanía con la presidenta que le permita liderar efectivamente a los ministros y, por lo tanto, ordenar el gobierno….

-No doy fe de eso y, aun así, no justifica lo que hizo Velasco. Está claro que el cambio de gabinete era inminente y estábamos todos a la expectativa, por lo que menos se entiende su renuncia. Velasco precipitó las cosas y tensionó al gobierno y a la presidenta, que pagaron costos mucho más altos.

-¿Quedó herida la presidenta?

-No lo sé, pero políticamente tuvo un costo y por eso tuvo que salir rápidamente a arreglar el asunto.

-¿Cuál cree que será la evaluación de este gobierno?

-Yo soy una convencida, y así lo dije poco después de asumir en Mideplan, de que los cambios que se van a provocar en la sociedad chilena gracias a este gobierno son impresionantes. La gran tarea política es que la Concertación capitalice este esfuerzo para sí misma. Es cierto que corremos el riesgo de no terminar bien, pero no será por falta de reformas o iniciativas, sino por situaciones políticas.

-¿Veinte años en el poder no erosionan a una coalición?

-Sin duda, porque vencer las inercias en funcionarios que llevan mucho tiempo en sus cargos es difícil, y parte del esfuerzo que hay que hacer es reinventar el sistema político y los partidos tomando en cuenta esta variable.

-¿Le gustaría que esta reinvención viniera de la mano de alguien como Ricardo Lagos?

-Los liderazgos no se sacan del sombrero de un día para otro. Creo que este país le va a deber muchísimo a la obra del gobierno de Ricardo Lagos. Con esto no desconozco el grave problema de política pública relacionado con el Transantiago, pero eso no puede oscurecer todo su gobierno. Hasta hace no mucho tiempo estaba vivo el fantasma de una regresión autoritaria y eso se rompió con Lagos.

-¿Cree que había la sensación de que podía haber un nuevo golpe de Estado?

-No, pero había temas tabúes, una especie de autocontrol. La normalización plena de las relaciones cívico militares es muy reciente. El cambio cultural que ha habido es tremendo y explica el que una mujer como Michelle Bachelet haya llegado a la presidencia.

-¿No cree que todo lo que pasó en EFE, con la inauguración de tramos y estaciones que nunca fueron viables, son una cuenta pendiente de gestión muy fuerte?

-Yo me refiero a las obras concretas. Un Estado que invierte 30 mil millones de dólares en presupuesto sufre el riesgo de corrupción aquí y en cualquier parte del mundo, nadie está exento con tanta plata dando vueltas; el tema es ver cómo se enfrenta, y se han dado los pasos para eso. Este país se transformó con Lagos y eso va a estar en los libros de historia.

 

 

 

De los pobres a los vulnerables

Para Clarisa Hardy uno de sus mayores logros al frente de Mideplan fue romper la inercia e imprimir un fuerte dinamismo al Ministerio, aun sin reforma institucional, la que ella congeló “para evitar los ruidos internos”. El proyecto de ley que institucionaliza el Chile Solidario está listo para su estudio y Hardy es muy precisa al aclarar que en estos dos años que quedan de gobierno la tarea no es innovar, sino sacar adelante las iniciativas que quedaron listas para su materialización.

-¿Qué fue lo más difícil en estos dos años al frente de Mideplan?

-Introducir la lógica de un ministerio que construye un sistema de protección social. La transformación de la ficha CAS por la Ficha de Protección Social, que cambia la lógica del sistema al dirigirse no sólo a los más pobres sino a lo que llamamos franjas de vulnerabilidad, fue una cosa titánica. Buscamos los elementos estructurales de vulnerabilidad de hogares que pudieran no ser pobres desde el punto de vista del ingreso económico, pero cuyo riesgo de empobrecerse es alto y que deben por eso recibir también subsidios. Cambiar la ficha generó un ruido tremendo, porque había acostumbramiento y muchos vicios. La gente mentía con la complicidad de los propios encuestadores y de los municipios. Aquí todo el mundo sabía cómo sacarle plata al Estado, con lo cual los recursos terminaban en el más hábil y no necesariamente en el más pobre.

-¿Hay riesgos en la transición hasta que este modelo opere a cabalidad?

-Los riesgos son siempre políticos, no técnicos. Siempre habrá protestas por parte de las personas que quedan fuera del sistema, pero la realidad es que encuestamos más de dos millones de hogares y hoy no se trabaja al azar, porque conocemos exactamente la situación en que vive la gente. El año 2007 se distribuyeron 2 millones 200 mil subsidios inéditos en el país. Chile Crece Contigo, que estaba en 160 comunas, parte en enero para todo el país.

-Más allá de los subsidios, ¿trabajó Mideplan en nuevas herramientas de superación de la pobreza?

–Parte de la discusión de la Comisión de Equidad es cómo mejorar la distribución del ingreso, y eso se hace vía subsidios. Creo que a estas alturas está instalada en la opinión pública la idea de que hay cierta cantidad de hogares que requiere apoyo monetario directo. Está claro que el sistema de protección social garantiza derechos, principalmente en la universalización de la salud y la educación, pero la gran discusión hoy en día es también sobre empleabilidad, es decir, cuál es la oferta programática más adecuada para vincular a quien se forma para un trabajo con el tipo de trabajo que tiene que ejercer. No se puede suponer que todas las personas del Chile Solidario, por ejemplo, son emprendedoras y que necesitan capital para su negocio. Lo primero que hay que hacer es identificar habilidades y ver si son buenos para trabajos dependientes o independientes y luego, desarrollar su potencial, que no es sólo la capacidad operativa, sino también poder hacer un currículum o enfrentar de buena manera una entrevista de trabajo. Esto es un esfuerzo muy grande en gente que no tiene ninguna preparación en estas habilidades sociales.

-¿Qué opina de la crisis del concepto de Estado de bienestar?

-Eso del colapso es de una falsedad total. Los estados de bienestar se han estado reformando en Europa porque los cambios demográficos y los efectos de la globalización los han hecho inviables, pero a nadie se le ocurre, y te hablo de las derechas, poner en discusión el rol del Estado en seguridad social.