Por: Antonieta de la Fuente ¿Está la ciudad pensada para la mujer? Los investigadores del Centro de Inteligencia Territorial de la UAI (CIT) creen que no. Una tesis que a través de un complejo estudio intentan demostrar. En 2013, en conjunto con el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE) […]

  • 23 junio, 2016

Por: Antonieta de la Fuente

jardines

¿Está la ciudad pensada para la mujer? Los investigadores del Centro de Inteligencia Territorial de la UAI (CIT) creen que no. Una tesis que a través de un complejo estudio intentan demostrar. En 2013, en conjunto con el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile (CIAE) postularon y ganaron un Fondef para evaluar, entre otras cosas, cómo el diseño de la ciudad influye en problemas como la baja participación de la mujer en el mundo laboral.

Luis Valenzuela y Ricardo Truffello, director y jefe de investigación del CIT, junto a Patricio Rodríguez y Francisco Meneses del CIAE se pusieron manos a la obra para determinar el potencial de acceso a salas cuna y jardines infantiles en diferentes ciudades del país. A su juicio, el menor acceso a estos centros repercute directamente en que la tasa de participación femenina en el trabajo sea tan baja en Chile, ya que muchas mujeres no tienen más opción que quedarse en sus casas para atender a sus hijos en vez de salir a trabajar.

A juicio de los expertos, más importante que aumentar estos centros y construir nuevos edificios, es el dónde ubicarlos y revisar las vacantes que ya existen.

Para realizar su trabajo consideraron tres niveles de asistencia infantil: sala cuna (0-2 años), nivel medio (2-4 años) y transición (prekínder y kínder, 4-6 años). Luego, ubicaron en el mapa los diferentes centros de la red pública: municipales, Junji e Integra. Cruzaron esos datos con los lugares donde viven los niños de esas edades de los segmentos socioeconómicos C3, D y E –donde las tasas de participación laboral son más bajas– y así empezaron a analizar los datos.

Para calcular el potencial de acceso, los investigadores midieron la distancia en kilómetros entre los diferentes hogares y los centros preescolares más cercanos, y determinaron como acceso un recorrido promedio de 2,8 kilómetros, de manera que el trayecto pudiera hacerse en forma pedestre.

Lo primero que encontraron en el caso de la Región Metropolitana es que, a diferencia de lo que podría pensarse, la red de centros es bien amplia y cubre casi toda la ciudad. Sin embargo, al hacer zoom en ciertas manzanas, se observa que existe una sobredemanda que no permite cubrir la densidad de algunas zonas de la capital.

En el caso de las salas cunas, por ejemplo, el estudio arrojó que en los 680 establecimientos analizados, 472 presentan sobredemanda, 182 tienen sobreoferta y sólo 26 están en equilibrio. Esto se traduce en que hay 31.555 vacantes no cubiertas por sobredemanda y 2.098 que no tienen la posibilidad de acceder a este servicio por no contar con establecimientos cerca de sus hogares.

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Al mirar el nivel medio (ver mapa), la situación sólo empeora. De los 906 parvularios analizados, 538 están sobredemandados, 309 presentan sobreoferta y 59 están en equilibrio. Así, las vacantes no cubiertas por sobredemanda alcanzan las 44.415, y las que simplemente no pueden acceder a jardines son 1.273.

En prekínder y kínder, sí se observa una diferencia. De hecho, es mucho mayor la sobreoferta de establecimientos; 1.045 de un total de 1.767 centros se encuentra en esta situación, mientras que los que tienen sobredemanda son 556. La razón de este cambio es que en este nivel son muchos los colegios que entregan este servicio, por lo que el acceso es mucho mayor.

El estudio, en todo caso, no incluye acceso a establecimientos preescolares por lugar de trabajo de los padres, datos que, explican los investigadores, no están disponibles pero son indispensables a la hora de diseñar una política pública que tome en cuenta todas las variables que juegan en las decisiones de las familias.

 

Brechas

Una de las primeras conclusiones de los investigadores al mirar los resultados del estudio fue que el problema no radica necesariamente en falta de edificios, sino en falta de vacantes.

“En estricto rigor, la localización general de los jardines infantiles en Santiago indica que no hay una brecha a nivel territorial relevante, como sí hay en el caso de otros equipamientos y servicios. Pero el problema aparece cuando uno analiza los datos de cuánta sobreoferta y sobredemanda hay para cada uno de los niveles”, explica Truffello.

Frente a esto, los investigadores proponen ajustar la oferta de jardines traspasando cupos entre niveles. Por ejemplo, aumentar o crear nueva oferta de salas cuna o jardines en establecimientos donde hoy operan los prekínder y kínder, que, según los resultados, en su mayoría presentan sobredemanda.

“Es importante entender cuán desagregado es hoy el sistema escolar. El sistema debiera tener una lógica de economía de escala de manera que las familias puedan escoger un solo establecimientos para llevar a sus hijos y no uno diferente para cada uno. Cuando uno mira experiencias en otros países, esa integridad del servicio, de la solución, sí existe, y pesa mucho en las decisiones de las personas”, dice Valenzuela.

A la hora de analizar los lugares que presentan mayores brechas de acceso de la capital, se observa que éstas coinciden con las zonas con mayor déficit: barrios altamente segregados y con problemas de delincuencia como Bajos de Mena en Puente Alto; El Castillo en La Pintana; Villa la Esperanza I y II en Maipú; La Estrella en Pudahuel; el barrio Lo Hermida en Peñalolén; Morros, Lo Blanco, San Francisco y Lo Martínez en El Bosque; y Valle de Lluta, Juvencio Valle, Amazonas y El Manzano en San Bernardo. •••