El Instituto de Neurociencia Biomédica se formó luego de que un grupo de 11 científicos ganara la Beca Milenio, que canaliza los millonarios recursos que otorga el Estado para hacer ciencia en el país. Y este grupo asegura que dará de qué hablar; que la ciencia en Chile está como para mirar de frente a los paises desarrollados. Por Catalina Alliendes; foto, Verónica Ortiz.

  • 27 enero, 2011

 

El Instituto de Neurociencia Biomédica se formó luego de que un grupo de 11 científicos ganara la Beca Milenio, que canaliza los millonarios recursos que otorga el Estado para hacer ciencia en el país. Y este grupo asegura que dará de qué hablar; que la ciencia en Chile está como para mirar de frente a los paises desarrollados. Por Catalina Alliendes; foto, Verónica Ortiz.

Independencia 1027. Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Al fondo, a la izquierda. Pasillo G. Subterráneo. Lúgubre caminata por un edificio que evoca décadas pasadas. Y nada más cruzar una puerta, encontrarnos con Ciencia. Pura. Con mayúscula. Como de película.

Ciencia e investigación que, de acuerdo a los estándares internacionales, son de primera. Dicen que no tienen nada que envidiar al primer mundo. A no ser, claro, por los recursos invertidos que aquí, en Santiago de Chile, son bastante más escuálidos que los del norte del globo.

En todo caso, no resultan improductivos. Si de comparaciones se trata, aseguran que en América latina se generan más publicaciones científicas por dólar invertido que en los países desarrollados.

Eso, como una forma de medir positivamente lo que se hace hoy aquí. Pues aunque contamos con pocos PhD, cada día se publican más trabajos en medios de las grandes ligas internacionales.

Nuestro interlocutor es Andrés Couve Correa (42). Biólogo de la Universidad Católica, doctorado en la Mount Sinai School of Medicine de Nueva York y post doctorado en University College de Londres, desde este año dirige el instituto de Neurociencia Biomédica, uno de los tres proyectos adjudicados en 2010 por la Iniciativa Científica Milenio, la inversión más potente que orienta a la investigación asociativa el Estado chileno, lo que les permite disponer de 800 millones de pesos anuales, por 5 años, y renovables por igual periodo.

En su oficina –que está al fondo, a la izquierda– conviven físicos, matemáticos, biologos, médicos y psiquiatras. Y están empeñados en hacer historia.

No sólo por el tipo de investigación que llevan adelante –multidisciplinaria–, sino porque creen que en Chile las cosas deben cambiar. “Si el país está convencido de que para alcanzar el desarrollo debe tener un componente importante de la economía basada en el conocimiento, no hay otra opción que ser extremadamente agresivos en las inversiones que hay que destinar al conocimiento”, advierte Couve.

Couve y sus partners en investigación son parte de una nueva ola. Parte de “la nueva generación”, como los identifican en la comunidad científica. El biólogo ya pasó de los 40, pero junto a un grupo de científicos fue apodado así porque en 2010, cuando obtuvo la Iniciativa Científica Milenio, rompió la brecha generacional. “Es la primera vez que se adjudican sumas de dinero tan grandes a gente de una generación de científicos jóvenes. Y aunque ya estamos un tanto pasados en edad, se trata de investigadores bastante más jóvenes que los que normalmente administraban esos recursos. Se hizo un quiebre generacional, y eso se notó mucho”, afirma.

La investigación

Desde hace bastantes años el equipo trabajaba en iniciativas colaborativas que le fueron allanando la ruta hacia el gran salto que se pegaron en 2010. “Nos fuimos haciendo el camino, llevamos unos ocho años en esta idea de orientar a un grupo de investigadores hacia la idea de generar un plan de investigación de largo plazo. Primero elaboramos el proyecto y después, su financiamiento. Esa fue nuestra clave”. Se juntaron, se hicieron amigos en torno a la ciencia y después postularon a grandes fondos.

¿Resultado? 11 investigadores de la facultad de Medicina de la Universidad de Chile, con una reconocida trayectoria nacional e internacional en el área de la neurociencia, que se adjudican poco menos de 2 millones de dólares anuales.

Claudio Hetz, Miguel Concha, Steffen Härtel, Mario Herrera-Marschitz, Cecilia Hidalgo, Manuel Kukuljan, Lisette Leyton, Pedro Maldonado, Jimena Sierralta, Hernán Silva y Couve se aliaron para explorar la estructura y la función del sistema nervioso, “tanto en condiciones fisiológicas, normales como en condiciones alteradas; lo que se puede llamar la patología”.

Lo que se proponen es delinear un análisis del sistema nervioso desde un enfoque de multiescala. Explorarán el funcionamiento de ciertas moléculas dentro del cerebro, la forma en que sus funciones afectan a las neuronas y a grupos de éstas y la manera en que tales conjuntos determinan la función del cerebro, hasta llegar a la conducta.

Por eso es que en el instituto se reunieron biólogos, físicos, matemáticos y clínicos. “Trabajaremos los biólogos con los matemáticos, lo que nos dará más poder para sacarle mucho mayor partido a la investigación”.

Y como el estudio va desde la molécula hasta la conducta, el último paso será su integración con la medicina, para así ejercer un real impacto en la comunidad. “Ahí es donde juega un rol importante la investigación clínica. Por eso nos asociamos con el psiquiatra Hernán Silva. Creemos que ese es otro polo de desarrollo, en el que podemos favorecer o facilitar la tarea, porque van a trabajar muy cerca quienes hacen investigación con quienes tratan a los pacientes”.

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El cambio cultural

Couve y su equipo están convencidos de que en Chile está cambiando la manera de hacer ciencia y sobre todo, admite, que quienes están haciendo ciencia tienen la certeza de que ésta debe llegar y ser entendida por el común de los mortales.

“Hay que sacar estos temas de la academia y plantearlos en la sociedad en general, porque si comenzamos una buena difusión y el público se interesa, vamos a tener más gente al tanto y, eventualmente, eso va a ser tremendamente importante para que en el momento en que, como sociedad, tengamos que tomar algunas decisiones, seamos una comunidad exigente y que las podamos tomar de manera informada”, sentencia el experto.

Tiene claro que en Chile se van a tener que enfrentar temas muy relevantes en términos de sociedad y, desde su perspectiva, la ciencia puede ayudar a resolverlos de mejor manera. Ejemplifica con casos concretos: “se deberán tomar decisiones en cuanto a la ética de algunas intervenciones terapéuticas; también vamos a tener que saber qué significa que seamos capaces de conocer el genoma completo de una persona y qué implicancias éticas tendrá eso, en la medida en que servicios de salud privada quieran tener acceso a ello… La comunidad tiene que saber primero, para después tomar las decisiones correctas”.

Se explaya en el caso de la educación y asegura que ahí los científicos también tienen algo que decir: “como derivación del estudio del sistema nervioso, sabemos la forma en que se consolida la memoria; conocemos los elementos precisos para que una memoria se consolide; qué regiones del sistema nervioso se necesitan. Sabemos, por ejemplo, que para recordar algo muchas veces hay que repetirlo, con intervalos de una cierta duración, ojalá asociado a componentes emocionales positivos… y eso hoy no se traduce en la manera de enseñar en un aula. En la facultad de Medicina tenemos clases que duran tres horas…”

A su juicio, los científicos tienen un montón de contribuciones por hacer. Simplemente, logrando que la sociedad se entere de estas cosas para que, en el momento que corresponda, sepa que la decisión debe tomarse racionalmente. Ese es el gran objetivo de la difusión a la que apuesta este biólogo.

Polo mundial y desafíos

Couve cree que la ciencia latinoamericana pasa por un muy buen momento, con polos bien localizados en Brasil, Argentina, Uruguay y, por supuesto, en Chile.

En ese contexto, admite que el desafío local va por el lado de generar cambios culturales en la manera de hacer ciencia. “Creemos que la investigación debe ser colaborativa. Optimizar recursos compartiendo espacios, favorecer la interacción de las distintas disciplinas”.

Se extiende incluso en la manera física de trabajar. “Queremos investigación en espacios abiertos. Mientras más hacemos ciencia, más nos percatamos de que lo principal es conversar. Para poner un ejemplo: este edificio gigante (la facultad de Medicina de la Universidad de Chile) está diseñado para otro tipo de ciencia, de cuando había un catedrático que tenía un espacio muy grande y había que utilizar decenas de llaves para poder llegar a él. Queremos que eso cambie, que existan espacios abiertos, en los que la gente circule, los físicos y los matemáticos conversen con los biólogos, tengamos un ámbito al que vengan los clínicos y se den cuenta de que aquí se hace investigación y tengan acceso a ella. Ahí tenemos el gran desafío grande de generar ese cambio cultural”.

Por otro lado, existe una apuesta de las instituciones y del gobierno: “reconocer que aquí se están haciendo cosas que van en beneficio del país. Nadie se llena los bolsillos con esto. Ni en nuestro instituto ni en ningún otro. Nadie se hace rico o, por lo menos, no con los recursos que entrega el Estado. Ojalá los investigadores se enriquezcan, pero con los descubrimientos e invenciones que generen. Aquí los recursos se invierten bien”.

Una prueba clara es que “llevamos más de 20 años con una política de financiamiento de la ciencia estable y confiable, que empieza a generar resultados”. Así, hoy es una nueva generación la que se está adjudicando los recursos estatales para hacer ciencia. “Ahora es esperable que se dé un nuevo paso. Para transformar a Chile en un país desarrollado, la curva de crecimiento con recursos naturales, por mucha automatización que se le ponga, no da. Hay que invertir en ciencias, para que esto se transforme o, al menos, incorpore una economía basada en el conocimiento. La cual es parte de nuestra responsabilidad”.

Eso, por parte de los científicos, dice. Porque por parte del Estado y de los privados, la clave está en reconocer que esto es necesario, e incentivarlo.

¿Y los privados?
En este camino hacia una economía del conocimiento, los privados deben tener una participación trascendental. “Si uno mira cómo se descompone el gasto en ciencia y tecnología en los países desarrollados, el Estado aporta un porcentaje y los privados una cantidad similar o mayor, pero en Chile el aporte de los privados es muchísimo menor que el del Estado”.

Admite Couve, en todo caso, que en ciertas áreas de la economía ha habido una interacción importante en la relación público-privada, como es el caso de la ingeniería: “Ahí uno ve que la ciencia está dando soluciones productivas, pero nos gustaría ver, por ejemplo, que en astronomía no sólo seamos un lugar donde se instalan los telescopios, sino que también desarrollemos la tecnología para ello. Para allá debemos encaminarnos”.

Explica que en biomedicina, su área de conocimiento, existen múltiples necesidades y no ve ninguna razón para que los investigadores no puedan ser parte de las soluciones. “El aporte privado puede destinarse a un objetivo que brinde una solución, beneficiando a su vez a la investigación básica o fundamental”.

-¿Cómo debiera incentivarse la participación de los privados?

-Personalmente creo que a través de ejemplos. Que científicos y clínicos sean capaces de identificar un problema y darle solución. Con la difusión de esos resultados concretos, podremos avanzar. Podemos generar soluciones a una cantidad de problemas prácticos que hoy no tienen respuesta.

-¿Algún ejemplo concreto de lo que se puede lograr?

-En nuestro instituto participa el siquiatra Hernán Silva, que trabaja con pacientes que sufren desórdenes mentales. El los diagnostica y trata, en su mayoría, con fármacos. Entre sus pacientes tiene algunos que responden a tratamientos y otros que no. Imagínate cómo sería de beneficioso saber quién va a responder y quién no… al menos, para ahorrarte los fármacos.

 

Chile en el globo
Andrés Couve consigna que todos los sectores coinciden en la necesidad de una economía basada en el conocimiento. Pero que para ello es necesario tomar una decisión “que requiere agallas. Que se note una verdadera apuesta por el conocimiento”. Y eso, aún, no lo ve con la fuerza que le gustaría,

Admite que se necesita implementar una estrategia a nivel país que tome en cuenta el capital humano, la infraestructura, los fondos para investigación y un marco de incentivos, con objetivos claros y desglosados en acciones. Reconoce que se han elaborado buenos planes, pero que ahora se deben implementar.

Está esperanzado en que el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, sea un gran aporte en ese sentido. A partir de enero de 2011 los recursos que se asignan a investigación a través de la Iniciativa Científica Milenio son administrados y gestionados por ese ministerio y no por Mideplan, pues se le quiere dar un sello de innovación a Economía, lo cual le parece una buena señal.

Y agrega: “se ha importado mucha tecnología, mejorando los procesos productivos, y eso está bien. Pero seguimos optimizando la extracción de recursos naturales y tenemos que empezar a tener propiedad sobre nuestros descubrimientos nuesgtras invenciones y sus aplicaciones”.

-¿De qué calidad de investigadores estamos hablando? ¿En Chile hay buenos investigadores científicos?

-Como en todas las cosas, la investigación en Chile es dispareja. Pero los grupos que han recibido financiamientos colaborativos del Estado son de calidad internacional. Por eso la competencia por los recursos de la Iniciativa Milenio fue feroz y quedaron fuera equipos extremadamente buenos, y con más trayectoria.

Esta competencia por recursos estatales es precisamente una respuesta “a las políticas de financiamiento científico aplicadas en Chile desde hace varias décadas, que hoy están dando fruto con investigadores de primer nivel. Sé que las autoridades lo valoran, pero ahora hay que evaluarlo… Ver cuánto invirtieron y qué tienen hoy. Pensar qué pasa si ahora le ponemos firme a esto, qué vamos a tener en 10 años más… en fin, valorizar los productos de la ciencia tanto como el capital humano”.

-¿Cuál es la relación de lo que destina Chile a investigación científica con respecto a los países desarrollados?

-Entre un cuarto y la mitad. Además, muchas veces los costos de hacer investigación en Chile son mucho más altos, pues debemos importar la tecnología para llevarla cabo.