Por: Juan Emilio Cheyre Director Centro de Estudios Internacionales UC El reciente fallo de La Haya coloca a Chile y Bolivia en un nuevo escenario. Las próximas acciones se desarrollarán ante la Corte. Sin embargo, habrá episodios en ambos países, la región y el mundo, ya que el tema se ha internacionalizado. Ello exige comprender […]

  • 1 octubre, 2015

Por: Juan Emilio Cheyre
Director Centro de Estudios Internacionales UC

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El reciente fallo de La Haya coloca a Chile y Bolivia en un nuevo escenario. Las próximas acciones se desarrollarán ante la Corte. Sin embargo, habrá episodios en ambos países, la región y el mundo, ya que el tema se ha internacionalizado. Ello exige comprender que nuestro actuar debe incorporar la dimensión política y comunicacional que apoye una sólida fundamentación jurídica.

La Corte precisó que su tarea será fallar en relación a la obligación de negociar de buena fe y no se pronunciaría con respecto al resultado de una posible negociación, como tampoco en relación a la aspiración de Bolivia de tener derecho soberano al acceso al mar.

Es vital para Chile el diseño de una estrategia de largo plazo. Hay nuevos antecedentes, un escenario acotado y distinto al anterior. Resulta exigible definir un actuar para esos desafíos. Debemos buscar un vínculo con Bolivia que termine con más de cien años de relaciones conflictivas. En La Haya el tema se restringirá a la definición de la obligación de negociar, sin embargo, son Chile y Bolivia, más allá del tribunal, quienes deberían ir tejiendo el entramado de un nuevo tipo de relación.

El lineamiento de nuestro quehacer futuro debería basarse en una estrategia de largo plazo y amplio contenido que aborde el diferendo en La Haya, pero que incorpore otros elementos. Si seguimos circunscritos sólo a la litis, desconocemos que la amplitud del tema supera lo meramente jurídico. Es vital darle contenido político a nuestro actuar. Para comunicar al mundo y obtener  visibilidad que genere apoyo, Chile requiere demostrar con hechos que nuestro país no ha sido obstáculo para el desarrollo pleno de la nación altiplánica.

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Una nueva estrategia para el nuevo momento exige basarla en tres pilares básicos. El primero, la unidad nacional, que no puede quebrarse en ningún momento.

El segundo, fortalecer el respeto a la principal variable de nuestra tradición cual es el apego al derecho. En tal sentido, no es el momento de objetar el Pacto de Bogotá. Hacerlo constituiría un error jurídico y político y, adicionalmente, abriría espacios que nos llevarían a perder parte de nuestro principal activo radicado en la credibilidad que el país tiene, por la seriedad de su compromiso en el ámbito de lo multilateral. Desechar ahora el Pacto cuestionaría nuestro apego al cumplimento de acuerdos y tratados, cuando nos resulta vital afirmar la plena vigencia y obligación de cumplimento del Tratado de 1904.

Finalmente, se requiere incorporar a la estrategia nuevos elementos. Resulta necesario el fortalecimiento y amplia difusión de las formas vigentes de apoyo que se otorgan a Bolivia. Es conveniente retomar un diálogo que se ha perdido. La mantención de posiciones absolutamente confrontacionales lleva a un juego de suma cero que a nadie beneficia.

Más allá de lo que pueda establecer la Corte en varios años más, es tiempo para que Bolivia y Chile transiten hacia un vínculo entre dos países que no necesitan ser forzados a negociar para, por sí solos, encontrar nuevas formas de relación que resuelvan problemas que a ambos urge enfrentar. •••