El agro sufre por el calor. Informate sobre este complicado panorama y revisa la animación que explica el cambio de temperaturas en Chile

  • 18 febrero, 2009

 

Berries que maduran semanas antes de lo presupuestado, lecheros que ya no encuentran agua y viñas buscando terrenos templados son parte del panorama que vive el agro. Un sector que está peleando por adaptarse a una naturaleza que cada vez le resulta más difícil de entender. Equipo Capital, ilustración: Ignacio Schiefelben.

Calor. Tanto, que el mes que recién pasó (con una temperatura promedio de 31,5 grados y una máxima que alcanzó los 34,2) se inscribió como uno de los eneros más calurosos desde que se tiene registro en Chile (que no es poco decir, considerando que la red de estaciones meteorológicas funciona desde 1864).

Además, casi no está lloviendo. El déficit de lluvias en las regiones del Bio Bio, La Araucanía, Los Lagos y Los Ríos alcanza a 70% y varias comunas se han declarado oficialmente en sequía.

“La situación es grave. Actualmente entre Bio Bio y Los Lagos hay al menos 76 comunas donde no se puede asegurar el consumo de agua de manera natural. Son cerca de 5 mil personas las afectadas por la falta de lluvia y ya se nota una baja del recurso a todo nivel: norias, pozos y caudales superficiales. Históricamente a estas alturas del verano ya se había producido en el sur 2 ó 3 precipitaciones y hasta el momento todavía no hay señales de lluvia”, indica la directora de ONEMI, Carmen Fernández.

Y ni hablar de otros fenómenos “naturales” como la radiación. El agujero de la capa de ozono alcanzó en octubre y noviembre un tamaño superior a cualquier medición de los últimos 10 años, en tanto que, de acuerdo a la Dirección Meteorológica, en diciembre los eventos de radiación “extremos” ocurrieron desde la VIII Región al norte prácticamente todos los días.

Suma y sigue. Los glaciares, las mayores reservas de agua dulce del planeta, y de las cuales Chile, junto a Argentina y Canadá poseen la mayor concentración del mundo, están retrocediendo. Un estudio del Centro de Estudios Científicos de Valdivia (Cecs) mostró que de un total de 1.720 glaciares catastrados desde la III Región hasta Puerto Williams, el 92% está en retroceso y tan sólo 7% se mantiene.

Y el problema no es que retrocedan, sino que lo están haciendo inusualmente rápido. “Los glaciares son uno de los más eficaces y delicados sistemas en sentir los cambios climáticos. Por ende, el hecho que su retroceso sea tan pronunciado indica que los cambios climáticos han aumentado y eso debiese preocuparnos” explica Pablo Wainstein, profesor de Hidrología de la Universidad de Calgary, Canadá.

En resumen: nos está faltando lluvia, hace un calor del demonio y el sol quema como nunca. Y para colmo, las reservas de agua dulce se están evaporando ante nuestras narices.

Y no, no es el fin del mundo. Pero sí se está en un punto en el cual la agricultura, la mayor usuaria de agua del país, enfrenta cambios dramáticos. El agro, como nunca en su historia, está viviendo trastornos que desafían el know how acumulado por décadas. Ergo, sembrar nunca fue más complicado.

 

 

 

 

Berries prematuros

“Es un hecho que estamos con temperaturas bastante más altas que hace algunos años, sobre todo de Talca al sur. Esto ha significado que muchos huertos no sean capaces de regarse adecuadamente, porque las plantas requieren más agua y porque, además, este insumo ha disminuido. Como consecuencia, las frutas están siendo más débiles, su madurez viene cada vez más rápido y con ello una menor consistencia de nuestros productos de exportación”, anota el gerente general de Agrícola Merex, Gonzalo Ruiz Tagle.

Es que, claro, los cuadros de calor y la mayor radiación adelantan los procesos de maduración en semanas, afectando a la calidad y al color de la fruta. De ahí que la industria frutícola mire con especial atención este fenómeno de mayores temperaturas en verano, que ha llevado a adelantar la cosecha de cultivos como manzanas, uvas y, principalmente, berries.

Precisamente, es este último cultivo el que presenta una mayor sensibilidad, ya que muchas de sus variedades, al ser introducidas desde otras latitudes, son muy vulnerables a cambios drásticos en los niveles de radiación y temperatura.

Ya el año pasado el sector de los arándanos vivió un tiempo difícil. Las altas temperaturas sureñas incidieron en que estas frutas se deshidrataran mucho antes de alcanzar el tiempo de cosecha, lo que significó que pesaran menos y los productores obtuvieran menores retornos. Y para este año la cosa no pinta mejor. De hecho, los grandes productores del país estiman que habrá una merma de 30% de sus cultivos; es decir, el doble de lo que tradicionalmente se pierde. Como se trata de cifras nada despreciables, las medidas para evitar el sobrecalentamiento del sector se están tomando en varios frentes y van desde soluciones sofisticadas a otras más bien curiosas.

En el primer caso, la delantera por lejos la lleva Vitalberry, la firma vinculada a Eduardo Elberg que, adelantándose al impacto que a futuro tendrán las alzas permanentes de temperaturas en la zona centro sur del país, está invirtiendo en estudios genéticos para lograr variedades que se ajusten a las condiciones de clima, suelo y humedad del país.

El tema no es sencillo ni barato. Se trata de una investigación conjunta de expertos de la Universidad Católica con genetistas de la Universidad de Maryland en Estados Unidos y que recibe un financiamiento anual por parte de la compañía de más de 120 millones de pesos.

En todo caso, también hay soluciones originales como la que divisó la gente de Merex: utiliza un producto fabricado en base a cáscara de camarón con el fin de proteger a los frutos de las mayores temperaturas. Es una suerte de bloqueador solar que ya está aplicando no sólo en las plantaciones de arándanos, sino también en cultivos de manzanas y uvas. Todo ello, con buenos resultados, consiguiendo devolver la firmeza de las frutas.

Pasto seco

Desconocen a ciencia cierta si se debe al cambio climático, pero la constante alza de temperaturas en verano, que se viene repitiendo en los últimos 3 ó 4 años, ha generado alarma en los productores lácteos del sur del país, quienes han debido cambiar ciertos hábitos para enfrentar la sequía.

Uno de los industriales de la X Región que se ha dedicado a observar este fenómeno es el ex gerente general de Chilolac, Enrique Westermeyer, quien explica que la falta de agua tiene múltiples consecuencias. Ataques de insectos y menor calidad de los pastos son las más inmediatas, y de no combatirlas con técnicas de riego intensivo y agroquímicos, difícilmente podrían alcanzar las producciones que hoy el sector exhibe.

“El asunto es que nada de esto es gratis y nos encarece los costos en más de 50% y el daño es permanente… Estamos hablando de sistemas de riego que cuestan unos 2 millones de pesos por hectárea. Imagine la inversión que hay que hacer sólo para producir forraje para alimentar los animales”, agrega el gerente general de la Asociación de Productores de Leche de Osorno, Michel Junot.

Para enfrentar este escenario, las fórmulas no son muy diferentes a las que han recurrido otros productores del sector. “En estas circunstancias es clave guardar la humedad del suelo manteniendo los árboles cerca de las quebradas: “éstos acumulan agua en sus raíces y nos proveen de humedad, pero claramente no es la única solución… Necesitamos también ayuda gubernamental no sólo para estudiar la profundidad del cambio climático, sino también para subsidiar parte de los sistemas de riego, que en un escenario de mayor escasez se vuelven más urgentes de implementar”, asegura Westermeyer.

Más aún cuando pone en jaque la productividad por hectárea, la que hoy es de 4.500 litros, muy por debajo de la meta que pretenden alcanzar estos productores en el mediano plazo, la que se estima en 18 mil litros por hectárea, como sucede en los planteles más eficientes y con mayor tecnología.

Aquí está la papa

Mientras algunos ven el panorama oscuro, hay otros que perciben en estas mayores temperaturas una oportunidad. Al menos, eso asegura el principal productor de papas procesadas de Chile, Jim Hungelmann. “Muchos han señalado que esta zona del país (X Región) se hará cada vez más seca. Ese ciertamente es el patrón que hemos visto en los últimos años, pero no debería representar una amenaza para la producción de algunos cultivos, como por ejemplo, la papa”.

Hungelmann explica que, desde el punto de vista de las temperaturas y las enfermedades, la situación podría tener un impacto positivo en este tipo de siembras. “Un clima con temperaturas más tibias permite una mejor predicción de las variables de cultivo. Por ejemplo, más unidades de calor sobre las plantas y una temporada de crecimiento más extensa ofrecen oportunidades para mejorar la calidad y el rendimiento”. Eso, siempre que los avances en riego entreguen la humedad en cantidades controladas y cuando el cultivo lo necesite.

 

 

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Si se cumple con dichas condiciones, según Hungelmann, los productores de papas del país podrían obtener un promedio de rendimiento de entre 50% y 100% mayor al que logran actualmente.

Con todo, para este estadounidense radicado en Chile, desde una perspectiva estrictamente agrícola, los cambios que se observan en el clima constituyen una oportunidad siempre que los productores mejoren sus prácticas y realicen las inversiones necesarias, al menos en cuanto al riego. De lo contrario, sus días en esta actividad estarán contados.

Vinos: el dilema de la calidad

Un sector que ya está trabajando bajo el supuesto del cambio climático, que implica una inminente alza en las temperaturas y menor humedad en la zona central del país, es el vitivinícola. Para los productores, este fenómeno llegó para quedarse y algunos más visionarios han iniciado estudios para desarrollar medidas de mitigación, tal como lo hacen varias regiones del mundo como Australia –nuestro contendor por excelencia–, Estados Unidos y Francia.

La alerta, por supuesto, viene desde esas latitudes y, a juzgar por la literatura, el panorama asusta a cualquiera. Estudios desarrollados en Bordeaux han detectado cambios en la calidad de sus vinos en las últimas décadas y no precisamente para mejor. Según explica la investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, Olga Barbosa, el incremento en las temperaturas y la acumulación de calor en las vides incide en la calidad de la producción de vino haciéndolo más cálido y, por ende, de menor calidad.

Pero si se trata de dramatismo, en Estados Unidos no se quedan atrás. La experta nos cuenta que se estima que la producción de vinos Premium en ese país podría disminuir hasta 80% en los próximos 50 años, quedando geográficamente restringidos a la costa oeste y el noreste. Esto significa que los valles de Napa y Sonoma, en California, prácticamente no existirán en el mapa de los productores de vino.

¿Cuál es nuestra realidad? Según enólogos y agrónomos, el desorden climático se ha dejado sentir en varias regiones del país particularmente, en la zona central, afectando las etapas de floración de las vides y con una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. De hecho, esta situación ha motivado que muchas viñas se muevan hacia el sur del país, a zonas impensadas para la producción vitivinícola hace algunos años.

Pero también ha impulsado a algunas firmas a realizar estudios más serios al respecto. Por ejemplo, Viñedos Santa Emiliana y ConoSur están participando de un consorcio junto al Instituto de Ecología y Biodiversidad, que tiene como principal objetivo determinar los reales efectos del cambio climático en la industria y sus formas de mitigación. Así es como en los valles de Colchagua y Leyda han instalado estaciones meteorológicas y sensores de humedad que miden la temperatura del suelo y la frecuencia de la niebla para monitorear este fenómeno y su profundidad.

Precisamente quien lidera la investigación es Olga Barbosa, quien agrega que aún es muy prematuro sacar conclusiones, porque se trata de un proyecto de largo plazo, que dura inicialmente entre cinco y diez años. Sin embargo, no duda en señalar que es preocupante la pérdida de diversidad biológica en la zona central, aspecto que es clave a la hora de mitigar el impacto de las altas temperaturas y la menor humedad. De ahí que parte del programa incluya la preservación de flora nativa en las quebradas de los valles para mantener por más tiempo el agua en los suelos.

Eso lo tienen claro en la Viña Miguel Torres. Así lo afirma su gerente técnico, Francisco Almeda, quien detalla que la firma tiene un programa especial para paliar los efectos del cambio climático en sus plantaciones en España y Chile que, entre otros aspectos, involucra la mantención de bosques y fauna nativa alrededor de sus planteles, ya que la fotosíntesis es la “mejor arma” para luchar contra el cambio climático.

Pero la fórmula de Miguel Torres va más allá. Hace varios años adoptaron la decisión estratégica de explorar nuevos escenarios para adaptar las cepas a la nueva realidad climática, y en Chile eso se ve refl ejado en la expansión de sus viñedos hacia el sur, siendo uno de los pioneros en instalarse en el valle del Bio Bio.

Aunque hoy esta condición de sequía se puede contener con técnicas de riego y manejo de plantaciones, la preocupación va in crescendo, al menos en las viñas que producen vinos de calidad superior. Según Barbosa, las predicciones de mayores temperaturas en los próximos años (más de dos grados en los próximos 50) y una eventual crisis del agua son preocupantes, especialmente para cepas más sensibles, como el Merlot. Los más pesimistas señalan que en las próximas décadas difícilmente se mantendrán las calidades de los vinos y desde ya recomiendan hacer un esfuerzo a nivel enológico y en marketing para cambiar el gusto de los consumidores.

 

¿Es o no es calentamiento global?
A las finales, la gran duda que provoca tanto desorden en el clima es si se nos acabó el tiempo y si estamos experimentando síntomas de ese apocalipsis llamado “calentamiento global”.

No son pocos los que piensan que la falta de lluvia, el aumento de temperatura y el derretimiento de los glaciares están directamente relacionados con la generación y acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Y claro, uno pensaría que sí, pero lo cierto es que aún no existe evidencia científica que permita asegurarlo. Si bien se han hecho diversos estudios sobre la variabilidad climática, lo cierto es que los modelos efectivamente anticipan cambios importantes en el clima, pero todos fechados a 50 años y más. Será entonces cuando la temperatura probablemente suba entre 2 y 4 grados, cuando la zona central sufra una pérdida generalizada de precipitaciones, cuando aumenten las lluvias en primavera y cuando se reduzca el área andina capaz de almacenar nieve y, en general, lo empecemos a pasar muy, pero muy mal.

Pero lo de ahora, de acuerdo a los científicos, tiene más que ver con ciclos naturales propios de la Tierra. “Si del año 1970 al 2000 el calentamiento fue muy intenso, lo fue por una combinación de 2 efectos. Uno, el antropogénico (el hombre) pero el otro es natural y tiene que ver con una alta frecuencia del fenómeno de El Niño. Y cada vez que hay un evento de El Niño, el planeta se calienta y ojo, que la actividad humana no tiene ninguna ingerencia sobre ese evento”, aclara Patricio Aceituno, PhD en Meteorología, vicedecano de la facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y uno de científicos que más saben del tema.

“En los últimos 30 años ha sido normal que tengamos tanto veranos muy cálidos como veranos muy fríos. O inviernos más cálidos o veranos más fríos, o años lluviosos o años secos. Eso tiene que ver con ciclos naturales y no necesariamente están relacionados con el cambio climático, pero sí con mecanismos naturales como El Niño o La Niña. Por eso hay que tener cuidado cuando uno habla de eventos extremos”, aclara Jorge Carrasco, de la Dirección Meteorológica de Chile.

La precisión es necesaria, ya que a juicio de diferentes miembros de la comunidad científica, a ratos se pone demasiado esfuerzo y énfasis en el cambio climático pero se deja totalmente de lado la realidad a que está sometido Chile. “Yo no tengo que ser adivino para decirte que de aquí a 10 ó 20 años se va a producir una sequía extrema entre La Serena y Puerto Montt. Basta mirar para atrás para decirte que en la historia de Chile han existido sequías extremas que se repiten cada 20 ó 30 años. Lo mismo te puedo decir respecto a años extraordinariamente lluviosos con inundaciones, con salida de los ríos, con daños catastróficos. Entonces, parece raro que estemos hablando de cómo prepararnos para el cambio climático, que va ocurrir en 50 años, cuando al mismo tiempo no nos interesa poner los recursos necesarios para desarrollar la capacidad de adaptarnos y mitigar los impactos que de todas maneras nos tiene deparado el clima en los próximos 10 años”, concluye Aceituno.