Lo dice el director de la Unidad de Inteligencia Financiera (UAF), Javier Cruz: “El narcotráfico sigue siendo el principal generador de activos ilícitos en el país”. En los últimos dos años, esta actividad delictual no ha parado de crecer. Hay un boom de producción de cocaína en Colombia y Chile ya no es solo un lugar de tránsito. Aquí incluso se cocina, advirtió a fines de 2018 la DEA, mientras en algunas comunas las balas, fuegos artificiales y ajustes de cuentas comienzan a hacerse peligrosamente cotidianos.

  • 14 marzo, 2019

Fueron los fuegos artificiales más extensos del año nuevo. Cuando todos los demás se habían apagado siguieron iluminando el primer amanecer de 2019. Las luces y el estruendo provenientes desde la zona alta de Peñalolén se sintieron en toda la ciudad. Un mes después, y por cuatro noches consecutivas, ocurrió de nuevo. Pero esta vez, para despedir a un hombre, supuestamente asesinado por un ajuste de cuentas.

La situación de Peñalolén da cuenta de un problema que no pasa desapercibido: la osadía con que algunas bandas demuestran su poder. En varias comunas de Santiago, sus habitantes saben que los fuegos artificiales y los balazos al aire sin razón aparente corresponden a avisos de que llegó la droga. O que murió un narco importante. Y eso lo saben los consumidores, vecinos, policías y autoridades.

Concejales y dirigentes sociales se quejan con frecuencia de ello. Denuncian amenazas y escasa presencia policial. Las noticias de ajustes de cuentas, balas locas, el procesamiento de uniformados y las sospechas de nexos con la política dan cuenta de cómo Chile se ha ido convirtiendo en un mercado relevante para el narco.

Por si fuera poco, la fortaleza de la economía y la profundidad del mercado financiero local propician un escenario más que favorable para el blanqueo, alerta el director de la Unidad de Análisis Financiero (UAF), Javier Cruz (ver entrevista). El informe “Evaluación Nacional de Riesgos de Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo (LA/FT)” de esa entidad arroja que el narcotráfico y la corrupción son los delitos por los que más se lava plata en Chile.

A fines del año pasado, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés) alertó a las policías de que Chile había dejado de ser un pasadizo para el tráfico de drogas. La entidad norteamericana advirtió sobre el crecimiento del consumo local y la apertura de laboratorios o “cocinas” para mezclar la cocaína y aumentar su volumen. Pero también, para fabricar las peligrosas drogas sintéticas.

La alerta de la DEA se debe a la preocupación que existe hoy por el aumento en la producción de cocaína, tras el proceso de pacificación de la guerrilla en Colombia. Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD) sostiene que en 2018, ese país produjo al menos un tercio más de coca que en 2017, un volumen histórico que podría marcar el inicio de una nueva era de violencia por el control de esta lucrativa industria. Las alarmas están encendidas.

Escala en Chile

Los tres mayores mercados para la cocaína que se produce en la región son Estados Unidos, Europa y América Latina. Mientras que el tráfico hacia Norteamérica está dominado por los carteles mexicanos, el que va hacia el Viejo Continente es controlado principalmente por colombianos y transita por varios países sudamericanos antes de embarcarse a su destino final.

En esta trama, Chile ocupa un rol clave. Tanto como mercado de consumo, como por su lugar estratégico para el envío a Europa y Australia.

Por eso, hay alerta en los puertos chilenos. El boom de cocaína que se vive en Colombia, se está traduciendo en más narco embarques. Al país están entrando contenedores con coca refinada o en pasta, camuflada muchas veces en cajas de plátano de exportación, zapatos, textiles y las más curiosas maneras.

Como el país tiene buena reputación, tratados de libre comercio y protocolos de inspección aduanera y sanitarios validados por las autoridades europeas, las organizaciones criminales prefieren pasar por aquí para intentar liberarse de sospechas.

Y hay un lugar en el Pacífico que emerge como el principal origen de la cocaína: el golfo de Urabá en Colombia, punto estratégico de salida para los cargamentos y que está cobrando cada vez más importancia en la ruta para inundar de cocaína los mercados. Hoy en día, dos organizaciones criminales se pelean a muerte el control de esa zona, los Urabeños y los Caparrapos. Estos últimos, aliados a ex FARC.

Casi toda la droga que llega a Chile desde Colombia proviene de esa zona y Buenaventura especialmente, aunque también se han descubierto envíos desde los puertos de Santa Marta y Cartagena, explican fuentes policiales.

Por eso, desde mediados de 2017, las policías chilenas han intensificado su colaboración con su par Antinarcóticos de Colombia.

En febrero de 2018, la Fiscalía de Medellín culminó con éxito una investigación de dos años a “La Unión”, una organización menor colombiana, que se dedicaba al envío de cocaína a España y Estados Unidos a través de Chile.

También en 2018, un barco que zarpó de Buenaventura y recaló en San Antonio fue requisado en Italia tras encontrársele un container con 344 kilos de cocaína. En febrero de ese mismo año, la policía peruana incautó otros 24 kilos de esa droga a bordo de otro buque que también venía de ese puerto y cuyo destino era Chile, para luego continuar a Europa.

En agosto de 2018, a través de un agente encubierto, el OS-7 de Carabineros logró desarticular una banda que enviaba droga desde Chile hacia Australia por avión. Un trabajo conjunto con las policías de ese país, Italia, Holanda y la DEA terminó con la detención de tres colombianos. Según pudo acreditar la investigación, la cocaína provenía de Colombia. Había entrado a Chile por tierra.

Las cocinas

Y hay un dato explosivo: la disponibilidad de precursores químicos en Chile permite que los narcotraficantes abran laboratorios destinados a refinar la coca y producir drogas sintéticas. Colombia estableció hace algunos años severas restricciones al ingreso de sustancias que se usan para “cocinar” drogas, pero que son legales en la industria minera y farmacéutica. Como consecuencia, distintas bandas empezaron a trasladar la coca hacia Chile y Argentina, donde los controles de estas sustancias químicas son menores.

En febrero, el director de la Unidad de Tráfico de Drogas del Ministerio Público, Luis Toledo, dijo a radio Infinita que “hoy, nuestro país se mantiene como el principal destino de la droga sintética que viene a través de organizaciones colombianas para consumo interno y exportación a nivel internacional”, y añadió que en Calama se concentra gran parte de la fabricación de esas sustancias.

Según cifras de la Policía de Investigaciones (PDI), en 2018 se decomisaron 886 mil dosis de esas drogas. Solo dos años antes fueron 114 mil. Su nombre se debe a que no provienen de fuentes naturales, sino que son producidas sobre la base de una molécula.

Pero la coca sigue siendo el mayor negocio. Es tan rentable que un solo kilo puede terminar en 20, vendida al detalle. Un reportaje de CIPER indica que entre 2013 y 2018, 61 laboratorios clandestinos o “cocinas” fueron allanados solo en la Región Metropolitana. En esos lugares, la droga se “cortaba” por primera vez y terminaba vendida a niveles ínfimos de pureza, como lo indica un estudio de 2014 del Instituto de Salud Pública, según el cual  en promedio, el 34% de lo que se vende como cocaína es tal. Lo demás, cualquier cosa.

Estructuras mafiosas

Según fuentes policiales, a todo eso hay que sumar el dinero que produce la marihuana, por lejos la droga más popular. Su alto uso –Chile es el tercer consumidor mundial y los sitios de viajes destacan lo fácil aunque caro que es conseguirla en Santiago– genera una economía paralela que coquetea con la legalidad: en 2017, el catastro del Departamento Antidrogas OS-7 de Carabineros identificó la existencia de 225 tiendas formales o grow shops en la Región Metropolitana. Hoy, basta una búsqueda en Google para descubrir que hay más de mil en todo el país. En la mayoría de estos negocios se venden lícitamente semillas de cannabis.

Pero el ciclo de la droga está lejos de terminar con su venta. Ingresar las cuantiosas ganancias obtenidas ilícitamente a la economía legal es un proceso largo y complejo. Diversos casos de narcotráfico investigados por el Ministerio Público muestran cómo a medida que el sistema financiero formal va poniendo más trabas, las bandas buscan blanquear sus activos en juegos de azar, casas de cambio, la construcción y la compraventa de vehículos. Últimamente también se ha descubierto el uso del comercio callejero, peluquerías y barberías para lavar efectivo.

Parte de las ganancias de la venta ilegal de droga se utiliza también para corromper. Según la policía, las estructuras mafiosas están calcando los modos de operación de las bandas colombianas. En algunos barrios populares hasta han conseguido el favor de parte de sus habitantes, quienes los ayudan a mantener a los uniformados fuera de las zonas ocupadas, reclutando a jóvenes. Entre fuegos artificiales y balas locas.

 

Javier Cruz, director de la UAF:  “El narcotráfico sigue siendo el principal generador de activos ilícitos en el país”

Durante este año, Chile volverá a dar examen en materia de prevención y combate del lavado de activos. En los próximos meses aterrizará una comisión del Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica (GAFILAT), que durante dos semanas estará entrevistándose en solitario con cada uno de los actores relevantes. “La última evaluación de Chile fue en 2010 y el país salió con bastantes observaciones importantes”, dice el director de la Unidad de Inteligencia Financiera (UAF), Javier Cruz.

En enero, Cruz inició su último período como director de la UAF para completar nueve años a cargo de la entidad. “En 2010, GAFILAT criticó el bajo nivel de actividades reportadas y actores obligados, entonces hubo un proceso muy intensivo de lograr la inscripción de esos actores, pasando de más de mil sujetos obligados a casi siete mil. Hoy estamos cercanos al 100% de quienes deben estar. Tenemos coordinación con Impuestos Internos, herramientas legales extras y eso lleva a que hoy haya además un cambio de visión muy importante. El año pasado casi tuvimos cinco mil Registros de Operaciones Sospechosas (ROS), hemos ido subiendo y eso también demuestra una maduración del sistema, porque los sectores que están reportando ya no solamente son los bancos, sino también casinos, AFP, corredoras de propiedades, casas de cambios, notarios, etc. Es un universo mucho más amplio”, dice.

 

-¿Hoy las principales alertas vienen por el narcotráfico y corrupción?

-Hoy día el narcotráfico sigue siendo el principal generador de activos ilícitos en el país. El narcotráfico continúa teniendo una preponderancia importante en la vinculación de los reportes que nosotros recibimos, y eso se gráfica también en los informes que nosotros mandamos a la fiscalía, seguido también por los casos de corrupción. También eso está muy influenciado por los casos recientes, en que evidentemente muchos actores empiezan a reportar más seguido.

-¿Y el problema sigue creciendo?   

-Aumenta, y aumenta básicamente porque los delitos que están detrás no han cesado su crecimiento, particularmente el tema del narcotráfico. El narcotráfico sigue creciendo, los productores están cerca, hay menos percepción de riesgo en el uso de drogas y es evidente que Chile se ha vuelto atractivo.  Nosotros hicimos un enfoque basado en riesgo nacional en 2016, en el cual pudimos hacer un mapeo claro respecto de dónde estaban los grandes problemas de generación de dineros ilícitos y evidentemente lo primero fue la actividad de narcotráfico por uso efectivo, por la frontera, por los niveles de consumo, etcétera. Después venía la corrupción y la delincuencia emergente, como la trata personas.

-¿Se va sofisticando el crimen?

-Absolutamente. El delito siempre es muy innovador, y en el narcotráfico es particularmente innovador y uno va viendo esquemas que van variando sutilmente, pero que van demostrando sofisticación. Ya vemos muchos casos de empresas fachadas, verdaderos negocios que se han montado para ocultar los dineros de los ilícitos con apoyo profesional de abogados, contadores. Hoy día, lo que más me llama la atención es que da la sensación de que el delincuente chileno tiene una gran capacidad de absorción del conocimiento del extranjero. No obstante, los sectores inmobiliario y el financiero siempre van ser los más apetecidos por los lavadores.

-¿Se ha sentido o ha sido amenazado en este trabajo?

-No, nunca. Yo creo que en Chile en sí, más allá de la percepción que muchas personas puedan tener de la actividad delictiva, si a mí me pasa algo, lo más probable es que me pase como a cualquier ciudadano, o sea, no en razón de mi cargo. Si a mí me hacen un portonazo, no va ser porque soy jefe de UAF, va ser porque me tocó. Afortunadamente no debo tomar más precauciones de seguridad que las básicas. Nunca me he sentido amenazado y más bien siempre me he sentido bastante apoyado para la labor que tengo que realizar. Afortunadamente no, y espero que nunca ningún director de la UAF tenga que llegar a los niveles de protección de otros países de Latinoamérica.

-¿Usted recomendaría regular las criptomonedas para evitar el lavado?

-Personalmente, creo que es necesario regular distintas actividades de las llamadas Fintech, no solamente las criptomonedas. Pienso que Chile tiene que empezar a generar un ambiente en el cual esos flujos de dinero tengan un mayor control, porque hoy día es prácticamente imposible controlarlo y esto también es un esfuerzo global. Es un desafío para todos.

-El año pasado la Corte Suprema falló a favor de la UAF, liberándolos de responsabilidad en el caso de AC Inversions. ¿Les dolieron las críticas? Se les acusó de no haber hecho nada…

-Aunque para nosotros fue bastante amargo, hoy efectivamente esos casos de estafas y otros que se han conocido a nivel público han hecho que ahora se hable del lavado de dinero como un delito que efectivamente tiene que ser perseguido.