Charlie Clark vivía preocupado de las ganancias de su negocio automotor en la frontera con México, cuando de casualidad viajó a Chile y todo cambió. Compró el fundo Reñihué de los Tompkins en la X Región, se transformó en conservacionista y se fascinó con la cultura mapuche. Ahora se prepara para estrenar su filme, Green ghost, una historia en la que él hace de superhéroe y donde los mexicanos derriban el muro de Trump.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 14 marzo, 2019

Se llama MapuChopper y no es raro verlo encumbrarse por la cordillera de la X Región, cerca del volcán Michimahuida. Es de color verde y tiene la bandera mapuche dibujada cerca de sus astas. No pasa desapercibido ni en el aire ni estacionado en el hangar del aeropuerto de Tobalaba. Su dueño es Charlie Clark, un estadounidense que llegó hace tres años a Chile, se fascinó con el país, con la cultura mapuche y en septiembre de 2017 compró el fundo Reñihué a Kris McDivitt, la viuda de Douglas Tompkins, en 9 millones de dólares.

Desde esa fecha, Clark no ha dejado de sorprenderse con el país ni de sorprender con sus ocurrencias.

Primero viajó a San Pedro de Atacama y quedó cautivado. “Oh, era tanta la energía allá, tanto el espíritu, es como otro planeta. Yo pensé que estaba en Marte y sentí mucha conexión con la tierra”, cuenta.

Luego fue hasta Pucón y se internó en terreno mapuche. “Me dijeron: ‘Tienes que pedir permiso para entrar a este lugar’, así que llegué donde la machi y le dije ‘Mari Mari Peñi’. Y me emocioné. Ella me recibió en una ruca en frente de un fuego, vestida tradicionalmente como todo mapuche, y me explicó cada color de su traje, todo el equilibrio de cómo ella ve el mundo, el balance del positivo, el negativo, lo femenino, lo masculino. Y que cuando quitas ese balance viene la enfermedad. Ella me enseñó eso”, dice en un español con una mezcla de acento gringo y mexicano, mientras toma un café con miel y crema en uno de los salones del hotel Ritz en Santiago.

Es jueves y viene llegando de un viaje de 20 días en Reñihué, donde está construyendo una ruca mapuche, la que nombró la “Ruca de Conciencia”, que busca ser un lugar que reúna a mochileros y excursionistas de todo tipo que llegan hasta el fundo para hacer trekking y visitar el parque Pumalín. Tiene capacidad para 100 personas y en ella hay un fuego que estará encendido las 24 horas del día. Para su construcción, Clark pidió ayuda de una machi, e incluso participó de un rito. “Todos fuimos con poncho y trariloncos cantando a la madrugada y luego me dieron muday para tomar. Es el licor sagrado que viene del piñón de la araucaria, pero yo no sabía qué era porque estaba dentro de una botella de jugo Watts”, cuenta.

Clark no esconde su fascinación por el mundo mapuche, por sus tradiciones y su forma de relacionarse con la naturaleza. “Soy un defensor de este terreno en el mundo occidental. Y como los mapuche, quiero defender a la madre tierra, tengo esa misma conciencia y hay mucho que debo aprender. Yo no sé casi nada en comparación con ellos, tienen que enseñarme mucho”, dice. Eso sí, aclara que no entiende mucho del conflicto. “Veo las noticias y he escuchado diferentes opiniones, pero no quiero entrar en ese debate. Lo que veo y rescato es que su visión no tiene nada que ver con dinero, sino que con cultura. Ellos viven en rucas, cuidan la naturaleza y respetan a las plantas como si fueran parte de su familia. Creo que el conflicto es un choque entre el mundo occidental en contra del mundo natural. Y esa es también mi batalla”, dice.

Pero no siempre fue así. Antes de pisar suelo chileno, las preocupaciones de este empresario eran su negocio automotor –tiene tres agencias Nissan en Texas, en la frontera con México–, y los comerciales en español que grababa para venderle autos al público latino. “En Estados Unidos yo no veía nada de esto. Estaba concentrado en mis negocios, profit, consumo y mi departamento en Miami, arriba del agua como gran empresario, bla bla bla”, dice. “Pero cuando llegué acá fue como ¡PUM! Mamá (dice en referencia a la madre tierra) me dio una cachetada y me dijo despierta, esto ya no es más ganancia, ahora tienes una responsabilidad”, recuerda.

Órale

A simple vista, Charlie Clark no puede ser más gringo. Es rubio, alto y fornido, pero confiesa que su corazón es mexicano. “Yo crecí con gente mexicana muy sencilla. Mis papás me dejaron al cuidado de mi nana mexicana. Eran gente muy pobre, pero ellos me dieron más cariño que en mi casa. Y tenían una conexión con la tierra, al igual que los mapuche, esa es mi conexión”, dice.

Fue gracias a los mexicanos también que logró hacer su fortuna. “Me fui de mi familia con nada y salí a la calle a poner mi propio negocio. Pedí un préstamo en el banco y mi nana me dijo: ‘Charlie. Tú confía en mi gente, sube tu show en la tele mexicana y mi gente te va a apoyar. Olvídate de tus gringos’. Tomé esa decisión y en mi país se burlaron de mí. Me decían, ‘esa es gente inmigrante y no pueden comprar carros’. Y claro, no se llevaron los de lujo, pero me compraron más Nissan Sentra que todas las agencias de EE.UU. Llegamos a ser la oficina número dos en ventas de Nissan en todo EE.UU., dentro de un grupo de 1.153”, cuenta.

Para vender, Clark empezó a hacer comerciales en televisión en español. Así fue como nació Green Ghost, su personaje y una especie de alter ego, a través del cual el empresario se ríe de sí mismo y de la cultura estadounidense.

Actualmente mantiene su negocio de autos, pero ya no está involucrado en el día a día. De hecho, cuenta que lo que le interesa hoy es crecer en el negocio, pero enfocado en los autos eléctricos.

A Chile viaja varias veces al año, pero nunca se queda mucho tiempo. “No soy ciudadano chileno y no me puedo quedar más de seis meses por año, si pudiera, me quedaría más tiempo. Mis abogados tienen que estar contando los días para que no pueda pasarme. Me dicen: Charlie, ya llegaste hasta tu límite. ¡Nooo!”, exclama entre risas.

En su último viaje cuenta que tuvo varias visitas, entre ellas Robert Kennedy Jr., quien tenía una amistad de larga data con la familia Tompkins, con quienes se opusieron férreamente al proyecto Hidroaysén. “Ahora es amigo mío y estamos muy conectados, en el sentido que queremos proteger. Y él está bien metido acá en Chile, está encargado de River Keeper y me quiere apoyar en mi proyecto de Reñihué de conservar la naturaleza. Me está poniendo en contacto con sus amigos chilenos, tiene muchos y también americanos que están invirtiendo en conservación en Chile”, dice.

-¿Tiene relación con otros empresarios acá en Chile?

-Nicolás Ibáñez es mi vecino. Él está al otro lado, cruzando el fiordo donde estoy. Es un gran hombre y está produciendo mucha miel. Nos hemos juntado y nos dijimos: ahora tenemos la oportunidad de proteger estos lugares.

-¿Y con Kris Tompkins se ven regularmente?

-No, después de la compra ella me ofreció su ayuda por si necesitaba algo. Ella está más en Argentina, pero tiene las puertas abiertas y puede llegar cuando quiera.

-¿Ha pensado comprar más hectáreas en Chile? ¿Cuáles son sus planes?

-Sí, tengo 708 hectáreas. Y ahora que ya finalicé mi película y estoy terminando de construir mi ruca de conciencia, viene un nuevo ciclo. Yo no tengo la idea de sacar ganancia como empresario. Todo se va a quedar aquí y quiero tener una fundación que proteja este lugar cuando yo me vaya, para que esto siga viviendo como un parque privado. Creo que toda la gente tiene derecho a conectar con la madre tierra, no solo la con dinero. Y si de alguna manera puedo ayudar a eso, no sé, invertir en un barco que pueda venir hasta acá, por qué no. Quiero que cualquier persona pueda conocerlo.

-¿Ha viajado a otros lugares de Chile?

-Sí, fui a Isla de Pascua, a San Pedro, a Torres del Paine… Y encontré cosas interesantes allá. Estamos investigando un lugar donde está la posibilidad de que exista una ruina cerca de Torres del Paine. No sabemos qué tipo de ruinas. Las vimos en helicóptero.

-¿Algo así como el Machu Picchu de la Patagonia?

-Mmm. Creo que mucho más antiguo. Tengo un arqueólogo que está investigando ahora. Fuimos y sacamos fotos, pero no pudimos aterrizar porque el viento es muy fuerte. Pero está estudiando la forma. Estoy hablando de algo que estuvo tapado por el agua durante mucho tiempo y con mucho sedimento.

-¿Dentro del parque?

-No, en los alrededores. No sé cómo se llama el lugar. Solo hemos llegado por aire. Pero estamos investigando, creo que hay muchos misterios acá en Chile.

La película

Eran las tres de la mañana y Charlie Clark estaba vencido por el insomnio. Prendió la televisión, hizo zapping y de repente, frente a sus ojos, apareció un superhéroe vestido con una máscara azul: era el chileno Marko Zaror, protagonista de la película Mirageman. Clark quedó cautivado. Desde hace varios años, el empresario estadounidense tenía la idea de grabar una película donde el protagonista fuera su alter ego: Green Ghost, el personaje que había creado para comercializar los autos Nissan que vendía en sus concesionarias ubicadas en la frontera entre Estados Unidos y México.

Mirageman fue mi inspiración para al fin hacer mi película. Y ahí dije: si este hombre puede hacer esta película con esta máscara azul, yo puedo cumplir mi sueño de hacer la mía”, cuenta.

Así fue como Charlie Clark se puso su traje verde de superhéroe, el mismo que usaba en sus comerciales para vender autos, y empezó a grabar su historia.

Mientras entrenaba artes marciales, le presentaron a Marko Zaror. “Yo no sabía que era el mismo de Mirageman, hasta que un día él me pregunta si había visto su película. Me la mostró y cuando veo su máscara azul, le digo: ¡Tú fuiste mi inspiración! ¡No puedo creerlo! Fue una conexión cósmica, no fue coincidencia”, recuerda entre risas Clark.

El resultado del filme no dejó contento al empresario, así que Zaror le propuso que viniera a Chile a hacer la postproducción. “Confía en mí, te va a encantar Chile y mi gente va a corregir tu película y van a hacer un buen trabajo”, le dijo el chileno.

Así fue como Clark llegó al país. “Creció mi presupuesto hasta 3,7 millones de dólares, pero después que la arreglaron se ve como una película de 30 o 40 millones de dólares. Usamos los mismos lentes el que utilizaron en Transformers”, dice orgulloso.

Hoy, luego de varios años y de mucho trabajo, Green Ghost & the Mexicans está lista para ser estrenada. “Tenemos una reunión con una de las agencias más grandes de mundo, quieren ver la película y los trailers. La vamos a estrenar en los cines y creo que va a tener mucho éxito en Chile, en Sudamérica y en México”, dice.

En el filme, Green Ghost es una especie de antihéroe y los mexicanos, liderados por la nana de Charlie Clark, son quienes se enfrentan a los “gringos” para derribar el muro de Donald Trump.

“Mi película se va a lanzar justo cuando Trump está empujando más que nunca para construir el muro”, dice Clark.

-Es un muy buen timing…

-(Suspira). Es por ella (y apunta a la madre tierra). Piénsalo bien. Está saliendo justo en el momento en que Trump está cerrando el gobierno nada más que por un idiota muro.

-La película es bastante política.

-La verdad es que sí. Porque siempre me estoy burlando del heroísmo de los gringos. Por eso en la película necesito mi disfraz, como los gringos, así como los Avengers necesitan su disfraz. Y los mexicanos y los latinos en la película dicen: “Ya, vamos a hacer el trabajo, ¿para qué necesitas vestirte así?”. Y yo me burlo de mí mismo y de los gringos en toda la película.

-¿No le preocupa que la película pueda caer mal en Estados Unidos?

-Me vale. Porque la gente que me apoyó siempre fueron los latinos.