La diversificación parece ser la clave del éxito alcanzado en cuatro años por los socios del recinto, los actores Benjamín Vicuña, Gonzalo Valenzuela y Cristóbal Vial. Partieron con una sala para obras de teatro. Hoy, el horizonte cruza las fronteras, siendo un exitoso y destacado epicentro de la actividad cultural.

 

  • 16 octubre, 2008

 

La diversificación parece ser la clave del éxito alcanzado en cuatro años por los socios del recinto, los actores Benjamín Vicuña, Gonzalo Valenzuela y Cristóbal Vial. Partieron con una sala para obras de teatro. Hoy, el horizonte cruza las fronteras, siendo un exitoso y destacado epicentro de la actividad cultural. Por María Luisa Vicuña.

 

En la esquina de las calles Constitución y Antonia López de Bello –en el barrio Bellavista– encontraron una antigua casona y decidieron comprarla y remodelarla para transformarla en una sala de teatro. Así comenzó el proyecto de los actores Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela, que es hoy el Centro Mori. Como ninguno manejaba el área de administración y necesitaban ordenar los procesos y planes, le pidieron a Cristóbal Vial, ingeniero comercial y amigo de colegio de Vicuña, que se encargara de dirigir la iniciativa. La idea era que, si resultaba y Vial se interesaba, podría pasar a ser socio, condición que tiene actualmente.

 

 

 

Esto fue en 2004, año que dedicaron a planificar el negocio, refaccionar la casa y –de pasada– darse cuenta de lo difícil que es administrar una sala de teatro. Los pronósticos de Vial consideraban que en los dos primeros años era esperable tener resultados en rojo. Sin embargo, por las gestiones y los nuevos planes que se fueron sumando, ese par de años se redujo a diez meses, y la sala de teatro se transformó en el Centro Mori, el que administra dos salas, tiene una productora audiovisual y una agencia de comunicaciones.

Secreto del éxito: diversificación

Desde 2005 están abiertos al público. En ese tiempo sólo tres personas trabajaban a jornada completa en el Mori. Hoy son cuarenta profesionales. Con el tiempo de funcionamiento también comenzaron a percatarse de que para poder mantenerse y sobrevivir con éxito necesitarían ayuda económica desde algún lado. La mayoría de los centros culturales que existen en Chile reciben subvenciones de municipalidades, del Estado o financiamientos de ONG, pero ellos no contaban con ningún apoyo, ni siquiera con auspiciadores.

Fue así como comenzaron a diversificarse. Contaban con una casona antigua en un barrio de mucha actividad social y cultural y tenían un espacio que les sobraba. Aunque era un proyecto para concretar más adelante, Cristóbal Vial se puso a trabajar en la idea de tener un restaurant en la misma casa. No era la experticia del Mori, así que decidieron entregar el lugar en una concesión a cinco años, negocio que les permitió cierta holgura en términos financieros. Al restaurante lo llamaron Amorío y abrió sus puertas en 2006. Ha sido un éxito: anualmente llegan más de 90 mil personas.

Otra de las actividades que comenzaron a realizar fue la producción de otro tipo de eventos culturales, como ciclos de cine y arrendar el lugar para eventos de empresa; siempre, intentando vincular estas actividades al arte, ya fuera en la presentación de una obra, exposiciones de fotografía, u otras.

Una de las tareas más difíciles en este proceso de financiamiento fue conseguir auspicios de las empresas. En un principio, según argumenta Vial, porque al mundo privado le cuesta confiar en las actividades culturales y, al momento de entregar dinero, pide retornos inmediatos, algo que es muy difícil de dar en el mundo del teatro y las artes. “Falta que las empresas vean retornos más a largo plazo al momento de vincularse a la cultura. En ese sentido estamos atrasados respecto de la corriente mundial, que entiende que las artes son una necesidad básica del ser humano y ven que para la empresa es beneficioso que se la note vinculada a esto, pero es un vínculo que se forma con el largo plazo, no es inmediato”, explica.

Y agrega que ha sido arduo el proceso de convencer a las fi rmas, pero han cosechado frutos: el primer año no tenían ningún auspiciador; el segundo lograron tener a Terra y HP; el tercer año, a estos dos se su cuarto año de funcionamiento cuentan con HP, Movistar, Tarjetas Paris, Radio Horizonte y Samsung.

El año pasado añadieron otra tarea a la organización: la de encargarse de la administración de la sala de teatro del Parque Arauco. Fue en ese momento cuando comenzaron a definir cuál era el público de Bellavista y cuál el del Parque Arauco, a fi n de poder diferenciarlos y presentar obras más acordes con cada uno; pero siempre, manteniendo un sello de alta calidad en los espectáculos. El público del Parque Arauco es más comercial y a ciertas horas más familiar, mientras el que concurre a Bellavista es más alternativo y con características de teatro más emergente. Y lo han hecho con éxito. El recinto situado en el centro comercial hasta la administración anterior tenía un público de poco más de 22 mil personas, mientras que el año que cumplió Centro Mori administrándolo registra casi 48 mil: más del doble.

Los asistentes a la sala de Bellavista, desde 2005, aumentan en alrededor de 25%. Comenzó con 18 mil personas cada año, y hoy van en 28 mil.

 

Sala Bellavista Sala Parque Arauco
Domo Restaurant Amorio

 

{mospagebreak}

Hoy siguen creciendo, manteniendo siempre las dos salas de teatro, el restaurante Amorío y la producción y arriendos del lugar para eventos. Este año formaron una agencia de comunicaciones, a la que llamaron Factoría, y que hasta ahora se encarga de las comunicaciones de Mori, del Amorío, del Museo de la Moda y de actores particulares que necesiten representación.

También crearon una productora audiovisual que ya realizó un programa de televisión llamado Humanos en el camino. Consiste en una serie de documentales que pretende mostrar una fotografía de Chile, pero retratando gente común y corriente, tal como dice literalmente su nombre. Gonzalo Valenzuela, quien ha trabajado dedicadamente en este proyecto y es además su conductor, agrega: “la idea es hacer una postal del Chile actual, mostrando a personas que viven distintas situaciones, en distintas realidades. Pero lo interesante es mostrar a personas que siempre están ahí, pero que no nos detenemos a mirar”. Ya están pensando en una segunda temporada del programa y en la producción de otros proyectos.

Así como han crecido y se han diversificado en sus actividades de cada año, también ha aumentado el número de las facturaciones anuales. Desde los comienzos, han crecido por sobre un 100% cada año. Sumaron Valdivieso y Tarjetas Paris; y en “El éxito que hemos tenido hasta ahora tiene relación con ampliarnos a otras actividades, pero eso ha significado mucho más trabajo, porque todo lo gestionamos y producimos nosotros. Si hubiera sido sólo teatro, esto no habría durado más de un año”, cuenta con orgullo Cristóbal Vial.


Arma de doble filo

Tanto Benjamín Vicuña como Gonzalo Valenzuela son actores populares y reconocidos dentro del espectáculo nacional. Podría pensarse que es una ayuda al momento de abrir un centro cultural. Para ellos debería ser más fácil darse a conocer, atraer la atención de la prensa y captar público. Pero Valenzuela es enfático en afirmar lo contrario: “es cierto que, por ser conocidos, hay ciertas puertas que están abiertas, pero llegar a lo que es Mori hoy no ha sido en ningún caso fácil, ha requerido mucho esfuerzo. Cada uno se ha encargado de diferentes áreas, ha sido mucho trabajo”.

Y aunque parezca difícil de creer, hay ciertos aspectos en que el ser conocidos incluso les juega en contra. “Hemos postulado muchas veces al Fondart y nunca nos hemos ganado uno. Eso es nada más que porque creen que no lo necesitamos, y eso es ridículo –enjuicia Valenzuela–. Si hasta ahora nos ha ido bien, es porque hemos trabajado bien, porque hemos presentado buenas obras de teatro, porque hemos seleccionado dentro de lo mejor. Debieran apoyar a quienes hacen las cosas bien, a quienes son capaces de sacarlas adelante aunque no reciban la ayuda de nadie. En cambio, terminan dando los fondos a otros que, si no los reciben, no hacen nada”. Cristóbal Vial agrega en este sentido que existe otro prejuicio y es el que “nos estamos haciendo rico a costa de los artistas”. Eso, comenta, “está muy lejos de ser cierto. Aquí nadie se está haciendo rico. Hemos aprendido a diversificarnos para poder presentar un buen nivel de teatro y de cultura en general y hemos logrado crecer y tener éxito, pero eso no ha sido a costa de nadie”.


Proyectos futuros

Y no se quedan quietos. Siguen pensando en crecer. Para el próximo año están en negociaciones para encargarse de la administración de una nueva sala de teatro, la del centro cívico de Vitacura: la sala Bicentenario.

Quieren también explorar negocios fuera de Santiago. Hasta ahora, han producido el ciclo de cine de Zapallar, dieron funciones de teatro en Iquique luego del último terremoto y han apoyado a las compañías que –tras presentarse en el Mori– han querido realizar itinerancias por otros lugares. Sin embargo, eso depende de cada compañía. No les han faltado ofertas. Han recibido propuestas desde Antofagasta y Valparaíso para que se hagan cargo de salas que se construirán en nuevos centros comerciales. También los nuevos casinos los han contactado para que se sumen a sus proyectos.

Cristóbal Vial explica que no han aceptado ni concretado ninguna de estas ofertas todavía, pero cree que tanta solicitud es una prueba de que hacen falta buenos administradores en el ámbito cultural y que sean a la vez buenos productores de contenidos. Vial está seguro, además, de que cuando se presentan espectáculos de calidad se tiene un buen público. Da como ejemplo el Cirque du Soleil, que tuvo todas sus funciones llenas y eran precios altos. “Creo que estamos acostumbrados a que desde el mundo cultural haya mucha queja de que hay poco apoyo y poco público, y en parte es cierto; pero también es cierto que si se presentan cosas buenas, el público se interesa. Es una tarea de los centros culturales formar y crear sus propios seguidores”.

Y no sólo fuera de Santiago. Están también cruzando la cordillera y realizando producciones y alianzas con compañías de teatro y productoras argentinas. Está el mencionado programa Humanos en el camino, originalmente argentino, de la productora del actor Gastón Pauls. Todas las compañías transandinas que visiten nuestro país con ocasión del festival de teatro Santiago a Mil presentarán sus trabajos en el centro Mori. Y así, hay otros proyectos que según Valenzuela son de interés mutuo.

Buscaban una sala de teatro, pero reconocieron a tiempo que no sobrevivirían económicamente sólo con presentar teatro… y supieron diversificarse. Afirman que ese ha sido el secreto del éxito. Hoy ya tienen salas teatrales, productora audiovisual, agencia de comunicaciones… y siguen creciendo. Sus gestores dicen con satisfacción que han sabido demostrar que la cultura puede ser rentable.