Raúl se mueve lento, pero su tímido plan de reformas políticas y económicas llama la atención del mundo y consigue abrir un debate sobre la permanencia de las sanciones que aplica Estados Unidos. Algo podría estar cambiando, dicen algunos, pero a ritmo caribeño. 

  • 16 abril, 2008

 

Raúl se mueve lento, pero su tímido plan de reformas políticas y económicas llama la atención del mundo y consigue abrir un debate sobre la permanencia de las sanciones que aplica Estados Unidos. Algo podría estar cambiando, dicen algunos, pero a ritmo caribeño. Por Claudia Heiss.

 

 

 

 

Ciertamente no es la Perestroika. Pero el reemplazo de Fidel Castro –tras 49 años de férreo control sobre la vida política, económica y cultural de Cuba– por su hermano Raúl no es un hecho menor. El retiro del comandante tuvo una fría recepción los cubanos de Miami y las autoridades de Estados Unidos. Sin embargo, y por mucho que el nuevo gobernante asegure que la suya es una política de continuidad del socialismo en sintonía con su hermano mayor, es evidente que algo está cambiando en la isla.

La Habana espera conquistar con sus señales de reforma la adhesión de sus propios ciudadanos, para garantizar una transición gradual y la mantención del modelo socialista. Sumadas al crecimiento de la economía y a la perspectiva de nuevas explotaciones de petróleo, podrían también acarrear un mayor intercambio con la comunidad internacional y, tal vez, un acercamiento a Washington.

La sucesión no implicó, como algunos esperaban, un recambio generacional. No sólo porque Raúl (76) es apenas un poco menor que Fidel (81), sino también por la designación de José Ramón Machado Ventura (77) como su vicepresidente. Tampoco abrió las expectativas que habría generado el nombramiento de Carlos Lage, líder de las reformas económicas de los 90. En ese entonces, y para enfrentar la caída de la URSS, Fidel Castro decretó un “período especial” e hizo varias concesiones a la economía de mercado. Pero en lugar de conducir a una apertura sostenida, pasado el impasse, en su mayor parte de esas reformas se revirtieron.

Raúl Castro habla hoy de mejorar la eficiencia del Estado y de promover una ética del trabajo con miras a aumentar el nivel de vida de los cubanos. Se ha propuesto revaluar el peso, descentralizar la economía, alejarse del racionamiento estatal y poner más atención a los precios y salarios. Para el semanario The Economist, las declaraciones del nuevo jefe de estado “parecen señalar una reanudación de las reformas de los 90”.

Al asumir el gobierno el 24 de febrero, Castro II dijo que su prioridad sería satisfacer las necesidades básicas de la población, por medio de cambios progresivos y graduales destinados a “perfeccionar” el socialismo. Y por estos días ha formulado los primeros anuncios concretos. “Para salvar el comunismo, Raúl experimenta con el consumismo”, tituló con ironía el diario británico The Guardian.

 

 

 

Tiempo de reformas

Ahora los cubanos pueden arrendar autos y alojarse en lujosos hoteles, antes reservados sólo para turistas extranjeros. Claro que con salarios de 19 dólares al mes y habitaciones a 150 dólares la noche, no parece que esta medida vaya a tener un impacto masivo. En el plano simbólico, sin embargo, la decisión ha causado un tremendo efecto. La prohibición de entrar a los hoteles, que indignaba a los locales, viene de los años 90. Tras el colapso de la URSS, Cuba se vio obligada a desarrollar una industria de turismo extranjero para paliar la crisis económica y pasó de recibir 340 mil turistas en 1990 a 2,3 millones en 2005. A partir de 1996, se prohibió a los cubanos asomarse a esta vida de lujo destinada a equilibrar las cuentas nacionales. La restricción pretendía, entre otras cosas, combatir la prostitución que explotó con la llegada de los turistas.

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Entre las nuevas reformas, Raúl Castro autorizó la venta de teléfonos celulares, lo que permitirá a los cubanos recibir llamadas gratuitas desde el exterior. “¿Se pueden recibir llamadas gratis desde Miami? Sí, si es que pueden comprar un celular. Y después, cuidado con lo que dicen porque los van a estar escuchando”, comentó con sarcasmo a la agencia AFP el Secretario de Comercio de Estados Unidos, el cubano-americano y reconocido anticastrista Carlos Gutiérrez.

Otra de las medidas fue permitir la venta legal de DVD, computadores, motos chinas y electrodomésticos, productos que ya estaban disponibles para algunos en el mercado negro. Pero para Gutiérrez, como para muchos escépticos en Estados Unidos, “las medidas adoptadas en Cuba son sólo tácticas”.

Hasta ahora, el anuncio más importante es el fin de ciertas restricciones a la producción agrícola. Los agricultores ya no tienen que comprar sus insumos a proveedores estatales y pueden sembrar terrenos públicos en desuso. La mala administración y las desastrosas políticas públicas han hundido las otrora florecientes producciones de azúcar, tabaco y café. Actualmente, Cuba importa alrededor del 80% de sus alimentos. Las reformas anunciadas estos días pretenden mejorar la eficiencia en el agro, descentralizando algunas decisiones y ofreciendo incentivos económicos a los productores.

Raúl Castro ha prometido levantar el “exceso de prohibiciones” vigentes en Cuba con miras a mejorar la eficiencia del Estado. Nadie proyecta, por ahora, un cambio de régimen económico ni la adopción del modelo chino de “comunismo capitalista”. Pero sí se espera que estos anuncios sean los primeros en una lista de reformas que incluirían la libre compraventa de automóviles y viviendas a particulares, y la autorización para crear microempresas de pocos empleados.

 

 

 

 

Proceso de marcha lenta

Cualquiera que sea su alcance en el largo plazo, las reformas anunciadas afectan directamente la vida de los cubanos y han generado un aire de cambio en la isla. Mientras, la comunidad cubana en Estados Unidos no se conmovió particularmente cuando Fidel Castro anunció su dimisión. Años de frustración contribuyen a esta pasividad. En lugar de la anhelada caída del régimen, se encontraron con un gradual y anticlimático traspaso del poder, manejado por el propio Fidel Castro.

El exilio cubano es un actor clave en los destinos políticos de la isla, por su riqueza y su capacidad de lobby en Estados Unidos. Según una nota del diario español El País, las rentas de los cubanos que viven allí es mayor al PIB de toda la isla. Y su conocida capacidad de ingerencia política en Estados Unidos supera con creces su peso electoral.

Aunque sigue siendo una comunidad fuertemente conservadora y cercana al Partido Republicano, el paso del tiempo también ha producido cambios en la dirigencia. Los anticastristas duros han sido progresivamente reemplazados por generaciones más moderadas. La posición del exilio cubano frente al embargo de Estados Unidos depende casi estrictamente de cuándo hayan arribado. Mientras los inmigrantes más antiguos son partidarios de no relajar las medidas hasta que haya un cambio político considerable en Cuba, las nuevas generaciones promueven un mayor acercamiento con la isla.

Según cifras de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) –la organización más importante de los cubanos en Estados Unidos– unos 45 mil nuevos exiliados se suman cada año a esta comunidad. Esa situación ha ido generando una mayor diversidad de ideas y propuestas políticas. Y este año, por primera vez, el Partido Demócrata desafía, con posibilidades de ganar, a los tres representantes cubanos que tienen asientos en el Congreso, todos ellos republicanos.

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El año pasado, la Universidad Internacional de Florida (FIU) realizó una encuesta entre mil cubano-americanos en el condado de Miami-Dade. Los resultados mostraron un cambio de actitud respecto de sondeos anteriores, en el sentido de buscar un mayor acercamiento con la isla. Una cifra récord del 65% indicó que apoyaría un diálogo con el gobierno de Cuba, en comparación con el 55,6% de 2004 y el 40% en 1991. Si bien el embargo estadounidense mantuvo un respaldo mayoritario de 57,5%, éste fue menor al 66% de apoyo que obtuvo tres años antes.

La encuesta también mostró un rechazo a las restricciones de los viajes a Cuba impuestas a partir de 2004 por el gobierno de George W. Bush, que redujo los traslados autorizados a la isla de uno al año a uno cada tres años. Un 64% indicó que quisiera volver a las regulaciones de antes de 2004 y el 55,2% quisiera poder viajar sin restricciones.

Todavía son muchos los cubanos en Estados Unidos que sólo estarían dispuestos a levantar las sanciones contra Cuba a cambio de elecciones libres y de la liberación de los presos políticos. Esta situación muestra hasta qué punto se está produciendo un quiebre en la propia comunidad cubana residente. Un ejemplo es el rechazo que expresó el representante republicano por Miami, Lincoln Díaz-Balart, a los resultados del sondeo de la FIU. El parlamentario señaló que se trataba de “otra de esas encuestas anuales forzadas, realizadas por los que abogan por la moderación unilateral de sanciones para beneficiar al régimen de Castro, con intereses comerciales.”

 

 

 

Comercio y política

Aunque la seriedad de la encuesta es evidente, también es indudable que existen intereses comerciales a favor del intercambio con Cuba. A pesar del embargo, la venta de alimentos a Cuba está permitida desde 2001. Estados Unidos, el cuarto exportador a ese país, le vendió el año pasado 438 millones de dólares en productos agrícolas.

El racionamiento y la mala calidad de vida conviven con una economía cubana que creció un 7,5% en 2007, en su tercer año de expansión. El alto precio de las exportaciones de níquel, las perspectivas de yacimientos petrolíferos en el Golfo de México, la industria de los puros y el turismo atraen a inversionistas españoles, canadienses y chinos. Esta situación lleva a muchos a pensar que las reformas económicas son inevitables.

Desde la perspectiva de Estados Unidos, la discusión que viene es qué estrategia seguir para promover el cambio político en la isla: ¿reforzar el aislamiento o aumentar los vínculos? La vieja guardia cubana y los republicanos se inclinan por lo primero. Un creciente grupo de cubanos y al menos un candidato demócrata, Barack Obama, por lo segundo. Raúl Castro ha llamado al diálogo a la Casa Blanca. Obama ofreció, en uno de los debates presidenciales, reunirse con la dirigencia cubana sin poner condiciones.

En el marco de la lenta transición iniciada con la salida de Fidel Castro, las percepciones sobre la reforma económica y sobre las relaciones con Estados Unidos empiezan a cambiar dentro y fuera de Cuba. ¿Llevarán estas reformas a la democratización? ¿O conviene promover instancias de acercamiento con miras a ejercer influencia para el cambio político?
El presidente Bush ha dicho que lo que sucede en Cuba es el mero reemplazo de “un dictador por otro”, y que Estados Unidos no abandonará su firme oposición al régimen. La Brookings Institution, cercana a los demócratas, insta a promover el intercambio educacional y cultural. La suma del cambio de visiones que se está produciendo en el exilio cubano y un eventualtriunfo demócrata en las elecciones de noviembre podrían cambiar radicalmente el escenario que enfrentan las tímidas reformas de Raúl Castro.