Después de la última encuesta CEP, la carrera para alcanzar La Moneda en 2010 sigue ofreciendo más incógnitas que certezas. Sin embargo el panorama comienza a acotarse y ya hay nombres y números que confrontar. Aumenta el número de los que temen que la situación económica se transforme en el gran elector.

  • 23 julio, 2008

Después de la última encuesta CEP, la carrera para alcanzar La Moneda en 2010 sigue ofreciendo más incógnitas que certezas. Sin embargo el panorama comienza a acotarse y ya hay nombres y números que confrontar. Aumenta el número de los que temen que la situación económica se transforme en el gran elector. Por Héctor Soto.

Como si el gobierno de Michelle Bachelet hubiera cumplido ya su cuarto de hora y jugado la totalidad de sus cartas, en términos de iniciativas, realizaciones y compromisos programáticos, desde la publicación de la última encuesta CEP el país político ha entrado de lleno a la carrera presidencial del 2009. Podrá aducirse que el Chile político representa sólo a una fracción del país real, pero eso no quita que en los próximos 17 meses la competencia electoral se convierta en tema obligado en la agenda de los partidos, en la pauta de los medios y en las conversaciones de sobremesa a lo largo y ancho del territorio.

El sondeo del CEP entrega muchos insumos. En lo básico, sin embargo, dice que un año y medio antes de la elección presidencial, puesto que el trabajo de campo se realizó en junio pasado, es ahora un político de la centroderecha, por primera vez desde la restauración democrática, quien está mejor posicionado para llegar a La Moneda.

Es cierto que el 33% de las preferencias que obtiene Sebastián Piñera en la pregunta abierta respecto de quién le gustaría que fuera el próximo presidente de Chile no es enteramente limpio, dado que la Concertación todavía no define a su candidato. Hasta ahora, Piñera ha estado corriendo solo. Por eso, y porque además en 17 meses pueden ocurrir muchas cosas, su ventaja en ningún caso lo autoriza a cantar victoria.

Pero también es cierto que tendrían que conjugarse varias circunstancias simultáneas y un tanto excepcionales para que perdiera su opción ganadora. De partida, tendría que hacerlo muy mal en la campaña que viene. Tendría que disiparse pronto el pesimismo económico que en las últimas semanas lo está contaminando todo. La Concertación, además, debería remontar con bastante más energía de la que muestra en la actualidad el mal momento en que se encuentra. Aunque todo sea posible, el escenario para la coalición gobernante es complejo. Porque allí donde Piñera marca espontáneamente 33%, al otro lado, sumando las preferencias de Lagos, Insulza, Alvear y Frei sólo se llega a 28%. El hecho es revelador del desgaste de los líderes concertacionistas: ya pasó la época cuando las Alvear, las Bachelet, los Lagos y otros líderes oficialistas salían con evaluaciones positivas superiores al 75%. La brecha entre Piñera y el resto es reveladora también de las dificultades que tiene esta vez la Concertación para enfren gustar una presidencial sin un liderazgo natural reconocido y indiscutible. De hecho, es la primera vez que el bloque no lo tiene.

 

 

 

Coordenadas de la campaña

Todo indica que el desarrollo de la campaña presidencial va a tener un punto de inflexión, dos grandes ejes y una gran incógnita que va mucho más allá de la identidad del ganador. El punto de inflexión será la campaña municipal, que tomará los próximos tres meses. Los ejes, por su parte, van a ser los esfuerzos de Piñera por expandir su liderazgo y las dinámicas de la Concertación para elegir su abanderado. Y la incógnita estará en el desarrollo que tenga el actual escenario económico.

 

 

 

Vamos viendo

Como lo más probable es que en octubre próximo la Concertación vuelva a ratificar sin problemas su condición de mayoría, y como es un hecho que la oposición perderá alcaldías que son emblemáticas, sobre todo en la Región Metropolitana, la supuesta primacía de la Alianza volverá a quedar en entredicho. Hasta donde se sabe, Piñera se hace muy pocas ilusiones de vuelcos importantes en la elección municipal y está prevenido del error que significaría presidencializarla. Eso fue lo que hizo la oposición en 2004, cuando la Alianza tuvo un muy mal desempeño a raíz del cambio del sistema electoral. Después de ese traspié, la campaña de Lavín nunca pudo recuperarse y nunca logró remontar el 22% de intención de voto que le adjudicaban las encuestas.

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Prevenido y todo como pueda estar Piñera de volver a tropezar en la misma piedra, lo lógico sin embargo va a ser que la Concertación quiera presidencializar la elección municipal y que el gobierno intente interpretarla como un voto de confianza en su gestión. Y por mucho que esta elección no tenga nada que ver con la que viene, porque difieren en naturaleza y alcance, no cabe duda de que se producirán interferencias políticas, emocionalesy mediáticas que contaminarán las percepciones. Y es con percepciones, al fin y al cabo, que se hace la política.

 

 

 

El primer eje

A Sebastián Piñera debería serle fácil fortalecer el liderazgo que ya tiene en la centroderecha. Ni siquiera, al menos en público, está obligado a cortejar demasiado a la UDI, porque todo su esfuerzo debiera concentrarse en expandirse hacia el centro. A estas alturas se ve muy improbable que la UDI pueda levantar un candidato propio y si lo hiciera, la verdad es que no está claro qué tanto podría perjudicar las posibilidades de Piñera. Pero desde luego una segunda candidatura dentro de este bloque sería una muy mala señal para la gobernabilidad que la Alianza quiere ofrecer al país. Una coalición incapaz de ponerse de acuerdo en un candidato mal puede dar clases de estabilidad y buen gobierno al resto del país.

Casi a la par de Ricardo Lagos, Piñera es percibido como un político que está preparado para gobernar, que supera al ex presidente en capacidad para unir a los chilenos, que está mejor posicionado que cualquiera de sus contrincantes para resolver los problemas inmediatos de la gente y que inspira mayor confianza que todos sus eventuales contendores. Eso no es todo: la encuesta del CEP también dice que el electorado lo siente cercano y que no sólo lo percibe como el candidato mejor preparado para enfrentar presiones sino, también, como un tipo simpático y seguro. En los únicos rasgos en los cuales Ricardo Lagos lo supera, aunque no por mucho, es en preparación para ser presidente, en don de mando, por supuesto, y también en realismo político.

Si bien Piñera, según la encuesta, pareciera haber conquistado a buena parte del electorado que se define de centro, fracción que con el paso de los años se ha ido angostando, es un hecho de la causa que todavía le queda mucho terreno por ganar para conectar mejor con los independientes, los cuales, representando más del 40% del electorado, hoy por hoy son el partido ganador de la política chilena. En esto Piñera, presentándose como un candidato opositor pero que corre más bien por fuera de la Alianza y de los partidos, ha sido hábil y deberá serlo todavía más. Porque son los independientes los que van a definir la elección.

 

 

 

El segundo eje

La Concertación es una coalición que ha sabido ponerse de acuerdo cuando debe hacerlo y cuesta imaginar que en este cometido vaya a fracasar precisamente ahora, cuando más inminente pareciera ser su riesgo de perder el poder. Con todo, de momento no se ve fácil el consenso en torno a un solo nombre. La gran difi cultad radica en que, luego de dos presidentes provenientes del mundo socialista, la DC necesita llevar candidato en esta elección. Y lo necesita por razones que tienen que ver con la orgánica de la Concertación, con la reciprocidad política y también el mal momento que está viviendo el partido. En corto, la DC está en riesgo de desvanecerse. El tema es serio y los políticos más visionarios saben que aquí se juega el futuro de la coalición. El problema es que ninguno de los dos precandidatos DC –Soledad Alvear y Eduardo Frei– está bien rankeado en las encues tas. Marcelo Trivelli, para estos efectos, ni siquiera califica. Así las cosas, el horizonte que la DC tiene por delante es sombrío. Tras la expulsión de los colorines y de sucesivos errores cometidos durante el episodio de la acusación constitucional contra de la ex ministra Yasna Provoste, el liderazgo de la senadora Alvear este año ha sido abiertamente declinante. Y el de Frei –por mucho que la encuesta del CEP lo muestre recomponiéndose– no sólo está calificando todavía muy abajo sino que sigue sin saber conectarse muy bien con las mayorías y con los tiempos.Con un discurso muy de ingeniero, que es sincero pero limitado, el ex presidente no se ha reinventado para ponerse a la altura del Chile post Bachelet. Como se ha dicho una y mil veces, si la política se hiciese en función de puras racionalidades y de equilibrios geométricos; si todo fuese cuestión de meter los datos en una planilla Excel y sentarse a esperar, el próximo abanderado de la Concertación debería provenir de la DC. Alvear tiene ganas y Frei tiene experiencia e inspira confianza. Podrían ser. Pero mientras no muestren tener un respaldo popular importante seguirán siendo cartas perdedoras.

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El otro precandidato es el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, uno de los más eximios negociadores y articuladores de la escena política local en las dos últimas administraciones. En su reciente visita, el funcionario declaró que estaba dispuesto a renunciar a su cargo internacional para iniciar la campaña toda vez que el Partido Socialista lo proclamara. Su posición es entendible. Insulza tiene obligaciones que cumplir en Washington. Sin embargo, nadie debería pasarse cuentos: los partidos políticos no van a buscar los candidatos a su casa, más todavía cuando la casa del secretario general está un poco lejos. Las nominaciones tampoco llegan por mail y los políticos tienen que ganárselas en las bases de los partidos, en las asambleas, en el codo a codo de una militancia que a Insulza lo ha visto sólo en fotos y que no tiene la menor idea de los protocolos del circuito internacional.

Así las cosas, va quedando Lagos. La encuesta no agrega mucho al identificarlo como el mejor candidato de la coalición. Eso se sabía. Ahora bien, el ex presidente, por razones que también son atendibles, ha dicho que no está dispuesto a competir en primarias. Eso lo convierte automáticamente en candidato de último recurso, por decirlo así. Lo que Lagos no ha dicho es si está dispuesto a competir con viento en contra. Porque eso puede significar exponerse a una derrota. La encuesta dista mucho de favorecerlo y más bien entrega insumos para pensar que el prestigio con el cual salió de su gobierno está definitivamenteherido. El ex presidente ya no es el acorazado político que fue en algún momento y el día que él se dé cuenta es muy probable que termine prefiriendo no exponerse. Lagos es un político refractario al riesgo y no hay decisión importante de su gobierno que no haya estado fundada en un sondeo previo de opinión.

 

 

 

La voz de las otras cifras

Si respecto a quién o quiénes serán los abanderados de la Concertación (supuesto que tampoco es el Apocalipsis para el bloque llevar dos candidatos en primera vuelta) cabe una gran cantidad de conjeturas, la verdad es que respecto del escenario económico caben muchísimas más. La preocupación ciudadana existente a este respecto se está tomando la agenda de los medios. Incluso políticos que hasta hace poco exhortaban a expandir el gasto público con cargo a los excedentes del cobre están llamando ahora a la moderación. El argumento de que la inflación es importada no consuela ni siquiera a Hacienda, entre otras cosas porque no es del todo cierto, y tanto la desaceleración de la actividad como la nube de desempleo que se perfi la en el horizonte son un balde de agua fría para cualquier gobierno que quiera proyectarse. Si a esto se le suma el clima de agitación laboral preparado pacientemente para este año incluso desde el gobierno, el cóctel puede ser explosivo. Chile conoce ya la experiencia desastrosa de quienes van por más y terminan perdiendo aun lo que tenían. No hay que olvidar que fue en un escenario de crisis, conectado ni más ni menos que a la crisis asiática, cuando Lavín estuvo a punto de llegar a La Moneda en 1999. Tal como van las cosas, y por mucho que la economía ahora, gracias al cobre, esté más protegida, algo similar podría ocurrir. El temor está presente y no es una buena noticia. Y menos para el gobierno y la Concertación.