Los límites de la propiedad intelectual: luces y sombras de una reforma     Javier Sajuria Independientes en Red Estimado lector, si usted se compra un CD original de su grupo favorito, en un local establecido y con boleta, ¿sabe que no puede traspasarlo a su reproductor de MP3 porque es una violación a […]

  • 12 noviembre, 2008

 

Los límites de la propiedad intelectual: luces y sombras de una reforma

 

 

Javier Sajuria
Independientes en Red

Estimado lector, si usted se compra un CD original de su grupo favorito, en un local establecido y con boleta, ¿sabe que no puede traspasarlo a su reproductor de MP3 porque es una violación a la Ley de Propiedad Intelectual? O si usted es un estudiante, ¿sabe que si su profesor le da como lectura para una prueba un determinado libro, y ocurre que no se encuentra disponible en la biblioteca, no le puede sacar fotocopias? Bienvenido, entonces, a Chile, un país evidentemente atrasado en temas de propiedad intelectual y derechos de autor.

Las tecnologías digitales e Internet han traído nuevos desafíos a la producción artística y cultural, en especial en lo referente a la defensa de los derechos de autor. Nadie niega que el esfuerzo que realiza un artista a la hora de crear tiene un valor. Es la producción cultural la que refleja nuestros sentimientos y conflictos sociales, la que los hace presentes, los transmite y nos interpela a hacernos cargo de sus temas de fondo. Claramente, aquellos que apuestan a vivir de esto merecen el adecuado reconocimiento y, por qué no, una merecida retribución financiera.

Internet plantea interrogantes complejas a la hora de regular estos temas. La transmisión de música, videos, libros u otros contenidos, de manera gratuita e instantánea, trae consigo un aparente perjuicio a los creadores, quienes dejan de percibir dineros que debieran ingresar a sus bolsillos, al menos bajo los actuales estándares. Para solucionar esto, junto con otros temas, se está trabajando una nueva Ley de Propiedad Intelectual.

Durante meses, diversas agrupaciones interesadas en el tema, la mayoría representantes de la sociedad civil, se reunieron con miras a alcanzar consensos respecto a las excepciones y nuevos paradigmas de la propiedad intelectual. Los creadores agrupados en la UNA (Unión Nacional de Artistas), han propuesto que las empresas que entregan servicio de Internet se hagan responsables del uso que sus usuarios den a las conexiones, pagando una tarifa que permita “paliar” el supuesto daño que sufren. Lo que ellos no entienden es que Internet cambió para siempre la manera de comprender y transmitir la cultura y que combatirla o combatir a los usuarios no va a ser nunca la manera de solucionar el problema. Grupos musicales como Radiohead y Nine Inch Nails han dado luces de las nuevas maneras de entender este mercado, poniendo énfasis a las presentaciones en vivo y liberando sus canciones. Ellos han percibido que la ciudadanía premia con su fidelidad a aquellos que saben conectarse con sus intereses. Sería una pena que los representantes de la cultura, tan acertados a la hora de expresar el devenir de los tiempos, fallen en esta monumental tarea de comprender que el mundo ha cambiado, y para siempre.

 

 

 

Rodrigo León
Independientes en Red

En busca de mejorar la implementación del Tratado de Libre Comercio de Chile con Estado Unidos, nuestro gobierno presentó un proyecto para modificar la Ley de Derechos de Autor. Básicamente, estos cambios buscan establecer nuevos mecanismos contra la piratería de obras, hacer más eficiente las acciones civiles y criminales, pero también sistematizar las excepciones y limitaciones al derecho de autor, como también la regulación de la responsabilidad de los proveedores de Internet.

La iniciativa, que en su origen tenía urgencia para su aprobación, lleva ya muchos meses en el Congreso y ha sido objeto de fuertes discusiones por parte de representantes de artistas, autores, asociaciones de usuarios, académicos, bibliotecas y público en general.

Aun cuando el proyecto es incierto en cuanto a la aprobación de su texto original, lo que no puede ser objeto de discusión es la necesaria regulación de las excepciones y limitaciones al derecho de autor, como también la responsabilidad de los proveedores de Internet.

En este contexto, las excepciones y limitaciones al derecho de autor, plasmadas en el proyecto original, cubren una serie de casos que requieren ser excluidos del pago o autorización de los titulares de los derechos. El uso delimitado, pero libre, de obras por bibliotecas para fines educacionales o de información, como también para beneficiar a discapacitados que no pueden tener acceso a la cultura o el conocimiento según los formatos tradicionales y una regulación clara de la ingeniería inversa, son todos casos que deben ser recogidos y reconocidos legalmente.

Todos estos casos requieren ser admitidos como usos libres de obras, al igual que sucede en las legislaciones de derecho de autor de la mayoría de los países desarrollados. Tal es así, que la excepciones en favor de los discapacitados o que regulan la ingeniería inversa están expresamente contenidas en el Derecho europeo. Son estos mismos países, que respetan en mayor grado la propiedad intelectual, los que han reconocido la necesidad de estas excepciones.

La protección del derecho de autor tiene como fundamento el ser un derecho sobre obras intelectuales. Sin embargo ésta es una propiedad muy particular, como indica el Código Civil pues, como ninguna otra, descansa en el interés general; es decir, en el desarrollo del conocimiento a través de su acceso equitativo. Por ello requiere, para existir en la práctica, ser respetada y garantizada, además de una delimitación real y clara en base a excepciones y limitaciones que sean la consecuencia natural y objetiva del sentir real de ese interés, es decir, de la nación toda.