La próxima puesta en marcha del Código indígena despierta recelos en el sector privado, pero ya existen casos de relaciones exitosas

  • 9 junio, 2009

 

La cuenta regresiva esta en marcha. En algo mas de tres meses entra en vigencia el polémico Código Indígena, la expresión local aterrizada del Convenio 169 de la OIT, que –hay que decirlo- solo 20 países han ratificado. Su aplicación despierta suspicacias en el sector privado, pero también están los que confían en las relaciones ya construidas con el mundo indígena. Capital busco casos de éxito, dignos de ser imitados y sin necesidad de engrosar las normativas al empresariado. Por Paula Vargas y Cristian Rivas.

 

 

 

Doña Ines de Collahuasi
Al rescate de los aymara


A cuatro mil metros de altura y en medio del salar del Huasco, una familia aymara administra el primer refugio educativo del altiplano. Se llama Taypi Samañ Uta, que en lengua nativa significa “casa de descanso en medio del lugar”, y no tiene otro objetivo más que recuperar las desaparecidas tradiciones de este ancestral pueblo.

Llegar a uno de estos refugios es entrar a algo así como un espacio místico, donde cada detalle habla de tradiciones: los tejidos de las camas, las lámparas hechas de roca de sal, el anfiteatro. Un sitio inolvidable, tal como lo describió el escritor peruano Mario Vargas Llosa en una visita al lugar. Nadie pensaría que alguna vez albergó un campamento de la Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi, como ocurrió hasta hace poco más de una década. Ya deshabitado, la compañía pensó en darle alguna utilidad. Nada mejor que apoyar a una de las comunidades vecinas a en sus áreas de explotación.

Pero llegar a este tipo de acuerdo y, más aún, desarrollar proyectos en conjunto no ha sido nada fácil. Según cuenta el gerente de Relaciones con la Comunidad de la firma, Luciano Malhue, este resultado es fruto de un proceso lento, con períodos de desconfianza y desencuentros, en el que ha sido fundamental el respeto a la cultura y sus tradiciones. “Sólo esto ha permitido generar lazos de confianza que deben ser trabajados y mantenidos en forma permanente, con visitas, desarrollo de proyectos y conversaciones en una mesa de trabajo”, explica.

Hoy la compañía trabaja con las comunidades autóctonas de la zona en seis áreas. Una que tiene que ver con la recuperación del patrimonio, como es el caso de este refugio; otra, con la generación de emprendimientos y empleo, favoreciendo la creación de microempresas; luego están los programas de educación, que contemplan la entrega de becas especiales para la comunidad originaria, además de la ejecución de iniciativas en el ámbito de la salud, desarrollo social y medio ambiente.

Sobre el futuro de esta relación, con o sin código indígena, Malhue señala que la compañía seguirá trabajando de la misma forma; es decir, con respeto, compromiso y colaboración. Y es que saben que esta es la única forma de mantener una relación de confianza y entendimiento con estas comunidades sin que éstas afecten de las actividades de la compañía.

 

 

 

 

Barrick y Pascua Lama
Re-conociendo a los diaguitas


Resulta difícil de creer, pero al interior de la minera canadiense Barrick Gold cuentan que cuando se promulgó la Ley Indígena, en 1993, no se incluyó como etnia a los diaguitas, básicamente porque hasta ese momento no existían aborígenes acreditados de esa descendencia. Transcurrieron trece años para que el Congreso reparara la exclusión y se les reconociera como la novena etnia del país.

Y la firma minera estuvo detrás de parte importante del trabajo para reconocer a este pueblo. Con el proyecto Pascua Lama ubicado en la altura cordillerana de la Región de Atacama, la compañía entabló relaciones desde 2004 con integrantes de comunidades indígenas, considerando que la mayor parte -unos 600- vive en una de las quebradas que conectan la mina con la ciudad de Vallenar, la más cercana al yacimiento.

El gerente de Asuntos Corporativos de Barrick Chile, Rodrigo Rivas, describe que en las dos oportunidades en que el proyecto aurífero fue sometido a evaluación ambiental, en 2000 y 2004, se reconoció la existencia de estas comunidades y quedó establecido que no se realizarían reubicaciones de familias ni de agrupaciones y que se apoyaría su desarrollo económico y social.

Por eso, iniciaron tempranamente el trabajo con estas comunidades. A comienzos de 2005, antes incluso de recibir la última aprobación de parte de la Conama, establecieron diálogos con representantes de las distintas colectividades para dar a conocer el proyecto y el historial de la compañía.

Fue en esa instancia cuando detectaron distintas oportunidades de desarrollo en torno a actividades ancestrales que se estaban perdiendo, como la crianza de ganado, actividad textil y orfebrería, las mismas que ahora se recuperan mediante distintos programas de colaboración.

En paralelo, Barrick ha desarrollado otros programas, como becas y apoyo legal para que los indígenas acrediten su condición y así accedan a distintos beneficios estatales. Rivas sostiene que el trabajo no ha sido fácil, porque se han tenido que generar confianzas y demostraciones de que el trabajo de la minera es de largo plazo. Por eso, dice que, independiente del nuevo cuadro normativo que se dicte desde el gobierno, la firma continuará trabajando sobre el camino andado en estos cuatro años.

 

 

 

 

Masisa
La experiencia internacional


Una firma que está interiorizada con la protección de pueblos originarios es Masisa. Esta multinacional hace tiempo que se maneja siguiendo los códigos que impone la exigente certificación internacional Forest Stewardship Council, que dice relación con un manejo forestal sostenible y que contempla, entre otros aspectos, asegurar los derechos de los indígenas.

En este punto la compañía impulsa proyectos orientados a mitigar el impacto de sus operaciones empleando mano de obra del lugar, desarrollando proveedores locales y fomentando la conservación cultural. Entre las iniciativas lanzadas por Masisa en la Novena y Décima regiones con el pueblo mapuche, está un convenio con la Fundación Chol Chol para capacitar a las mujeres de la etnia en técnicas de textilería tradicional y, además, las apoyó en el desarrollo de planes de negocios y en la posterior comercialización de productos en la comunidad de Mahuidanche.

Siguiendo su línea de asistencia, la compañía también ha sido proactiva en materia de enseñanza, implementando talleres de capacitación socio-cultural y programas de educación ambiental sustentable; esto último, orientado a escolares mapuches residentes en la cuenca de Mahuidanche y Chol Chol, además de comunidades huilliches en San Juan de la Costa.

 

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CMPC
Formando emprendedores


No podían quedarse de brazos cruzados mientras observaban cómo sus actividades forestales se veían afectadas por atentados de organizaciones que reivindicaban territorios. Al interior de la compañía comprendieron que la vía para resolver estos conflictos no dependía únicamente de las instancias judiciales.

Tras diez años de acercamiento y trabajo conjunto, hay satisfacción en el grupo Matte por la relación alcanzada con las 300 comunidades aborigenes que pueblan las inmediaciones de sus operaciones forestales. Partieron con planes de empleo directo, contratando a más de 800 vecinos de etnia mapuche, desarrollaron cursos de capacitación orientados a las mujeres e implementaron iniciativas educacionales para los niños. Pero sin duda, el proyecto que los tiene más entusiasmados es el que han denominado Modelo Forestal Intercultural Mapuche (Mofim).

De la mano de Conaf, este programa pretende aportar al desarrollo con identidad. Según el secretario general de la compañía, Gonzalo García, esto implica que las comunidades mejoren su calidad de vida mediante acciones e inversiones basadas en el conocimiento ancestral mapuche y la modernidad, segmentando el uso de sus tierras en diferentes sectores productivos.

Lo anterior, explica, se combina con una iniciativa de inversión forestal: la idea es que las comunidades puedan obtener recursos financieros frescos para aplicarlos a otros proyectos productivos. Para ello están trabajando con instituciones de carácter público y organismos financieros internacionales.

Sus planes no cambian a la hora de la inminente aplicación del denominado Código Indígena. En eso, Gonzalo García es enfático. “Nuestro esfuerzo durante estos 10 años ha sido serio y proactivo, ello nos lleva a pensar que una legislación con incentivos positivos que atraiga actores privados a acompañar a las comunidades mapuches en sus planes de desarrollo, podría ser una alternativa que refleje lo que este convenio quiere cautelar”, destaca.

 

 

 

 

 

Arauco
Mapuches empresarios


La relación del grupo Angelini con el mundo indígena tiene varias décadas. A través de Celulosa Arauco, y en particular de su área forestal, es donde más se vincula con vecinos representantes de la gente mapuche en el sur, particularmente entre la Séptima y Décima regiones, donde está el fuerte de sus unidades productivas.

Por eso, ha sido necesario que la firma trabaje constantemente en mantener una buena relación con estas colectividades. El gerente de Asuntos Corporativos de la compañía, Charles Kimber, cuenta que entre los programas a los que han dedicado más tiempo está el fortalecer la relación de estos grupos con el trabajo y, particularmente, potenciar la productividad en emprendimientos propios.

Para citar un ejemplo, desde 2006 están sumergidos en un programa de transferencia tecnológica para la domesticación y selección de plantas madres de la murta silvestre, a lo que se suma el acceso a redes de comercialización. Lo hacen en la Región de Los Ríos -en particular en las inmediaciones de San José la Mariquina, donde se ubica la planta Valdivia- con comunidades lafquenches.

La firma también tiene otras iniciativas en este mismo camino, como el convenio apícola Rayen-Mapu, para el establecimiento y protección de panales de abeja de la comunidad; el desarrollo de invernaderos familiares para la producción de hortalizas en la zona de Nalcahue (Novena Región); la capacitación a grupos de distintos lugares que trabajan el telar y la orfebrería mapuche, así como programas de compra de madera a comunidades mapuches.
Kimber asegura que mantener una buena relación con las poblaciones aledañas ha sido esencial para el desarrollo del negocio

forestal. Por la diversidad de núcleos con los que conviven, dice que ha sido importante aprender a resolver los problemas que aparecen en el camino, siempre con la aspiración de que se les vea como una firma que desarrolla su negocio, pero con la cual se puede dialogar para el bien del desarrollo local. “Hoy los entendemos mejor, así como sus expectativas y lo mismo ellos en relación con la empresa. Sentimos que sus miembros están hoy más abiertos a conocernos y nosotros también somos hoy una compañía mucho más abierta a la comunidad”, plantea.

 

 

 

 

 

SN Power
Contra viento y marea


Quizás el brindis más amargo entre la empresa privada y el mundo indígena se lo han tragado las grandes generadoras de energía. Basta recordar los tiempos de la construcción de Ralco y el prolongado proceso de negociación entre Endesa y algunas familias afectadas.

Pero sirvió de lección. No fueron pocos los que tomaron apunte de este incidente y hoy, ante la “intención” de levantar una central en alguna zona de influencia indígena, activan todos sus planes de acercamiento a la comunidad. Es el caso de SN Power, firma que aunque todavía no presenta al SEIA el proyecto hidroeléctrico Trayenko que pretende construir en la zona precordillerana de la Décima Región, ya cuenta a su haber con numerosos planes y programas de ayuda a las comunidades originarias, los que por cierto son coherentes con las políticas que la noruega promueve a nivel mundial.

En el caso particular de Chile, saben que la cosa no viene fácil. De hecho, el mismísimo gerente general del proyecto, Mario Marchese, vivió en carne propia la furia de una parte de la comunidad, cuando sufrió un atentado en enero del año pasado.

Con todo, los programas impulsados por SN Power a través de las mesas territoriales van calando de a poco entre los lugareños, los que hoy parecen más dispuestos a escuchar y han bajado considerablemente el nivel de resistencia, como señala el gerente de Asuntos Públicos de la noruega, William Gysling.

Entre los programas más importantes de la empresa, el ejecutivo destaca la creación de un vivero de bosque nativo que tiene capacidad para producir unas 250 mil plantas anuales, un programa de producción de miel en una localidad vecina, pavimentación de caminos, conectividad para las escuelas y la implementación de una moderna estación médica en la localidad de Chabranco.

A futuro las acciones se multiplican, incluso contemplan la construcción de un museo étnico. Pero si todo esto será suficiente o no para compensar las acciones de la hidroeléctrica en la zona, aún está por verse.