En abril, Chevrolet sorprenderá al mercado nacional con la llegada de su buque insignia: Corvette. Viajamos a Los Angeles a probar este deportivo, toda una tradición en la industria automotriz de EEUU. Acomódese en su asiento y disfrute del recorrido por la costa de Santa Monica, Hollywood y el lujoso Beverly Hills. Por Carla Sánchez M.

  • 24 febrero, 2011

 

En abril, Chevrolet sorprenderá al mercado nacional con la llegada de su buque insignia: Corvette. Viajamos a Los Angeles a probar este deportivo, toda una tradición en la industria automotriz de EEUU. Acomódese en su asiento y disfrute del recorrido por la costa de Santa Monica, Hollywood y el lujoso Beverly Hills. Por Carla Sánchez M.

 

Había que probarlo antes, para ver si esta estrellita de los deportivos que aterrizará en Chile en un par de meses es tan fantástico como dicen. Sólo habíamos visto un par estacionados por ahí, o pasar soplado al Chino Ríos en sus años de gloria. Así es que partimos por tres días a Santa Mónica, California, a ensayar el codiciado modelito.

Considerado el auto deportivo estadounidense por excelencia, Corvette se fabrica desde 1953. Es tal su fama que en Estados Unidos existen 270 clubes de fanáticos. Incluso hay un museo nacional del deportivo, en Kentucky, ciudad donde está su fábrica. Todo un hit en industria.

Hace casi 60 años desde su creación –que por ese entonces pasó sin pena ni gloria–, y la personalidad de esta leyenda sobre ruedas es siempre la misma: trompa larga y cola corta. “Es un auto con alto performance. Si buscas velocidad la encontrarás en un Corvette. Es un auto salvaje, hay que saber manejarlo”, advierten los expertos.

Es jueves en la mañana. Mientras los pasajeros del Fairmont Miramar disfrutan el sol matutino a pocos metros de la playa, los Corvette brillan en el estacionamiento del hotel. Después de recibir la hoja de ruta, el team de General Motors nos da la última indicación: “enjoy”.

Basta prender el motor del modelo Z06 para saber que estamos frente a un auto que corre. La caja de cambios y el acelerador son un poco duros, como en la mayoría de los autos deportivos. El modelo es tan bajo que nos separan pocos centímetros del pavimento. En sólo 3,7 segundos llegamos a los 100 kilómetros por hora. Esta versión cuenta con un motor de 7 litros, transmisión manual y 505 HP. Pura adrenalina.

Nos sentimos como un verdadero Ayrton Senna. La única diferencia es que no somos expertos. Mientras recorremos la costa de Santa Mónica –la misma que vigilaban los Guardianes de la bahía– lo primero que nos llama la atención es el head up display. Igual que en los aviones militares, el tablero del Corvette se proyecta frente al parabrisas para no desviar la mirada de la ruta.

Mientras avanzamos por los 300 kilómetros de recorrido previstos para la jornada, nos internamos en las montañas. Es en esta cancha donde, como anota el dicho popular, verdaderamente se ven los gallos. En cada curva, el auto se agarra firme, pero de todas maneras da susto apretar más el acelerador. Nuestro copiloto, Andrés Barrios –gerente de Asuntos Corporativos y Legales de General Motors Chile–, da una señal tranquilizadora: el Corvette tiene un sistema de estabilidad que trabaja con la suspensión y la dirección en forma aleatoria, de acuerdo a las condiciones de la ruta, la velocidad y la inclinación de la curva. Pero, a pesar de toda la tecnología, “el Corvette es un poto loco: la cola es muy liviana, por lo que hay que tener cuidado; porque el control de estabilidad no supera las leyes de la física”, previenen los fanáticos de este deportivo.

Se le agarra rápido el gustito a este auto. Tanto, que nos embalamos acelerando hasta que por el espejo retrovisor vimos la típica luz y la sirena gringa instándonos a parar el deportivo. Esto sí que es una película. Correr en un Corvette por Estados Unidos y que te pare la policía.

“¿Usted sabía que en este país un signo Pare signifi ca detenerse?”, inquiere, molesto, el agente. Optamos por agachar la cabeza, pedir disculpas y explicarle que sólo estamos probando un auto… El patrullero se apiada y nos deja seguir.

A lo que sí nos detenemos es a almorzar. El lugar escogido es West Lake Village, un pueblo rodeado de montañas y vecino a un pequeño lago. Después de una sesión de fotos –por supuesto, las estrellas eran los Corvette y no nosotros– continuamos en la caravana deportiva. Tomamos la Pacific Coast Highway. Y aquí sí que se puede correr y experimentar todos los atributos de un deportivo.

Nuestro próximo destino es el centro de Los Angeles. Nos internamos por Hollywood Boulevard, la clásica avenida del teatro Kodak (el de los premios Oscar) y del Paseo de la Fama. A la izquierda se ven las clásicas estrellas en el pavimento que nos recuerdan que estamos en la tierra de las celebridades.

Nos internamos en el famoso Rodeo Drive. Los Rolls Royce, Bentley y Jaguar se confunden con los Mercedes, Audi y BMW que copan las calles. Lujo por donde se mire. Qué tanto, pensamos, nosotros también andamos arriba de uno de esa categoría.

Los Corvette nadan como peces en el agua por las calles de este distrito de famosos. Pero como en todas las ciudades del mundo, llegan las 5 de la tarde y el tráfico no tiene misericordia con los deportivos. Es en estos momentos cuando se agradecería estar en un auto menos brusco y con más espacio interior. Estos modelos no están precisamente fabricados para esperar.

El debut en Chile

General Motors pasa por un buen momento. Atrás quedó el fantasma de la quiebra, que amenazó con sepultar al gigante de la industria automotriz. “Cada 7,5 segundos se vende un Chevrolet en el mundo. Es decir, al término del día se han vendido 11.500 unidades”, puntualiza Humberto Gómez, director de ventas y Marketing de GM Chile.

Y los pronósticos para el mercado chileno son así de auspiciosos. Las encuestas que maneja la compañía señalan que la economía se encuentra en uno de sus mejores momentos en los últimos 8 años. “Según el Indice de Percepción Económica elaborado por Adimark, un 38% cree que es un buen momento para comprar un auto. En Chevrolet creemos que existe espacio para productos de nichos más específi cos y exclusivos”, revela Gómez.

Qué mejor momento, entonces, para introducir la gama de Corvette en Chile. En abril llegarán tres modelos de esta exclusiva marca, de los cuales esperan vender 20 unidades este año. Además del Z06, estará disponible otro “tiburón” con agallas para la toma de aire: el Grand Sport, que puede resultar más cómodo para trayectos largos, ya que –entre otras cosas– tiene transmisión automática (motor 6,2 litros, 436 HP y de 0 a 100 km/h en 3,9 segundos). El otro ejemplar que aterrizará en nuestro país es el Coupé (motor de 6,2 litros, transmisión manual, 430 HP y de 0 a 100 kilómetros en 4,2 segundos).

Pero junto con el estreno en sociedad de estos autos en Chile, el Corvette tiene otra misión que cumplir. La idea de la empresa, cuentan, es que éste logre mejorar la imagen de la marca. Lo que quieren transmitir es que hoy muchos de los diseños de los restantes modelos de General Motors incorporan algo de Corvette en sus diseños.