Personalidades de distintos ámbitos comparten sus ideas y propuestas para un mayor desarrollo social, político, económico y cultural de Chile. Una invitación de Capital en el marco del Bicentenario de la República. En esta edición, el destacado andinista y presidente de la Fundación para la Superación de la Probreza

  • 16 noviembre, 2007


Personalidades de distintos ámbitos comparten sus ideas y propuestas para un mayor desarrollo social, político, económico y cultural de Chile. Una invitación de Capital en el marco del Bicentenario de la República. En esta edición, el destacado andinista y presidente de la Fundación para la Superación de la Probreza

 

Personalidades de distintos ámbitos comparten sus ideas y propuestas para un mayor desarrollo social, político, económico y cultural de Chile. Una invitación de Capital en el marco del Bicentenario de la República. En esta edición, el destacado andinista y presidente de la Fundación para la Superación de la Probreza, Por Rodrigo Jordan.

 

Superar definitivamente la pobreza es un desafío de equidad e integración social que nuestro país debe plantearse con miras a celebrar su Bicentenario. Si bien el crecimiento es condición necesaria para que el país pueda desarrollarse, no cualquier crecimiento permite reducir la pobreza, éste necesita desarrollarse en una sociedad inclusiva y solidaria.

 

Los diagnósticos sociológicos, psicosociales y antropológicos abundan y entregan pistas interesantes: la segregación socioespacial de las personas de los estratos medio-bajos y bajos, tiende a disminuir los vínculos y/o lazos culturales, materiales y simbólicos que unen a estos hogares y comunidades con el resto de la sociedad. Producto de estas formas tan diferentes de habitar la ciudad y vivir en sociedad, se llega al extremo de modificar y diferenciar las formas de hablar, comportarse y construir expectativas. Asociado a ello, estas personas experimentan una fuerte sensación de inseguridad e impunidad social, maltrato y discriminación laboral, segmentación educativa, y son víctimas de brechas sociales que los distancian y separan del resto. Esta sensación no es reciente… durante décadas se ha incubado este malestar, ambiente donde los niños y jóvenes son socializados y construyen su estructura de valores y su visión de las cosas.

 

Así, hoy aquellos que sufren la pobreza deben enfrentarse a una suma de violencias en lo económico, social y ambiental, que son obstáculos de los cuales debemos hacernos cargo. Sin embargo, es a ellos a los que les toca la peor parte: están desintegrados, reciben servicios de mala calidad, no son consultados respecto a temas que afectan su calidad de vida.

 

Sin duda, la escandalosa expulsión de los pobres a los extramuros, alejados de sus fuentes laborales y con escuelas segmentadas, ha provocado una subcultura de la pobreza caracterizada por la instalación de estigmatizaciones relacionadas con el territorio en el que habitan, con la manera de expresarse o de vestir, que agudizan aún más el grado de exclusión que sufren y un creciente malestar social.

 

Lo más dramático es que promovimos su traslado a la periferia sin tener claras las consecuencias. Llega a ser cruel pensar que muchos salieron de comunas de clase media o ricas con la esperanza de la “casa propia” y se encontraron con un sueño truncado por las externalidades negativas de esos barrios.

 

Necesitamos modificar aquellas prácticas que inhiben la creación de vínculos entre los pobres y el resto de la sociedad, ya que merman el estado de ánimo de las personas que se ven afectadas por la precariedad socio-económica, y fraguan prácticas institucionales excluyentes. Urge también potenciar aquellas prácticas que favorecen sinergias positivas, visibilizándolas y replicándolas en diversos niveles y esferas.

 

Para superar la pobreza en Chile cada uno de nosotros tiene una responsabilidad ineludible, lo que se expresa no sólo desde la implementación de políticas públicas o prácticas de responsabilidad social empresarial, sino también a través de nuestra actitud individual cotidiana, derribando prejuicios, compartiendo nuestras oportunidades con aquellos compatriotas que, en general, nos resultan ajenos sólo por el hecho de ser pobres.

 

Haciendo de Chile un país menos pobre y más integrado, donde sus habitantes sean más libres de escoger su modo de vivir la vida y sean acogidos a través de un gran acuerdo país, estaremos forjando el Chile en el que queremos vivir el 2010.