Los brasileños se tomaron en serio la idea de convertirse en potencia mundial. Crece la economía, se expanden sus empresas y se suman nuevas oportunidades para los inversionistas. Un recorrido en terreno, al estilo Capital.

  • 20 agosto, 2008

 

 

 

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Brasil emerge

Ni la crisis mundial ni la escalada inflacionaria han logrado detener el despegue de este país. Los ojos del mundo siguen puestos en su economía y nada logra aplacar sus ansias por el desarrollo. En un recorrido por algunas de sus principales ciudades -Río de Janeiro, Sao Paulo, Brasilia y Salvador de Bahía, Capital captó el sentir de una población de 190 millones de habitantes que está con hambre de crecimiento y con los bolsillos cada vez más llenos.

Yo no quiero quitarle el whisky al que lo toma; quiero darle al que no toma”. Corría el año 2003 y así sintetizaba su objetivo de gobierno el entonces electo mandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Tras tres intentos fallidos por llegar a la presidencia, la figura de Lula era recibida con recelo por los mercados financieros, que temían por el futuro de las reformas económicas iniciadas por su antecesor, Fernando Enrique Cardoso.

Cinco años al mando del país más grande de América latina… y el sentimiento de la comunidad internacional ha cambiado drásticamente. Lula –con el respaldo de buena parte del país– se la jugó por las modernizaciones, las cuentas fiscales ordenadas, una inflación controlada y el crecimiento económico. A ello sumó una política de reformas sociales que ha colaborado para que más de 20 millones de brasileros superen la línea de pobreza en la última década y que sobre 10 millones consigan escalar socialmente.

Por cierto que se trata de un esfuerzo en equipo y que aún tiene desafíos importantes por delante, pero a la fecha Lula –en buena medida– personifica esta transformación de Brasil, la misma que –según Goldman Sachs– permitirá a la nación posicionarse en el cuarto lugar del ranking de mayores economías mundiales en 2050 (sólo por debajo de India, Estados Unidos y China) e integrar el upper middle income group, junto a México, Italia, Turquía y la misma China.

La evolución del país se comprueba en las cifras (casi un 5% de crecimiento estimado por el FMI para este año), en las perspectivas de los analistas (que destacan a Brasil como integrante del poderoso BRIC, el conjunto de economías emergentes que podría liderar el crecimiento mundial en el mediano plazo, junto a Rusia, India y China), y –más cercanamente– en las calles de sus principales ciudades y en el sentir de su población. Capital comprobó in situ que todo lo que cuentan de Brasil es apenas una mínima parte de lo que realmente ahí están viviendo. En un intenso recorrido por Sao Paulo, Río de Janeiro, Salvador de Bahía y Brasilia, palpamos un dinamismo inusitado, propio de urbes pujantes, con grúas, construcciones, un renovado parque automotor y auge comercial. Todo, favorecido por ese ánimo que caracteriza al pueblo brasilero.

Tudo é maravilhoso

“Ahora ya no pensamos que el que nace pobre, debe morir pobre”, cuenta José Ribeiro, uno de los tantos taxistas que inundan la cosmopolita ciudad de Sao Paulo. Pero como buen latinoamericano, saben lo suficiente sobre crisis como para mantener cierta cautela.

Muchos coinciden en que para seguir creciendo es fundamental la estabilidad económica, y algunos comienzan a cuestionar la continuidad de los programas sociales que ha impulsado este gobierno, y que en parte han sido responsables de la disminución de la pobreza y del dinamismo del consumo. “Los programas sociales no pueden seguir para siempre, no se puede subsidiar toda la vida a los más desprotegidos; creo que hay que cambiar esa visión, hay que fomentar el empleo”. El diagnóstico no proviene de un economista, sino de Josina Vieira, vendedora de una tienda comercial en el centro de Río de Janeiro.

Y es que los análisis económicos no son ajenos al común de las personas, cada día más preocupadas de si el país será capaz de crecer al 5% o del impacto de las medidas que adopten el Banco Central o Hacienda para frenar la inflación, un factor que vuelve a preocupar y que por años fue el cáncer de la economía brasilera (por ejemplo, entre 1980 y 1987 alcanzó al 166%). La “macro” importa y no sólo por el efecto que pueda tener en el desarrollo económico, sino por el impacto directo en el bolsillo de los millones de inversionistas individuales que se han volcado al mercado bursátil. “A mí me interesa lo que pasa en el país y si el gobierno se preocupa por mantener el crecimiento. De eso también depende que mi dinero en acciones siga creciendo o no”, afirma Marcel de Almeida, un estudiante universitario de 20 años que gestiona sus dineros en bolsa y participa de un club virtual de inversiones.

Pero no todo está solucionado. Los ítems pendientes de este gigante no son pocos, como la corrupción (que ha complicado a cercanos colaboradores de Lula), la pobreza (más de un tercio de su población está en esa condición), la delincuencia y el excesivo centralismo.

El mundo en sus manos

Con un PIB per cápita estimado por el FMI en casi 12.900 dólares al 2013 y una población que superaría los 200 millones de personas, queda claro que los especialistas prevén que Brasil es y será capaz de enfrentar esas deudas. A ojos de los inversionistas internacionales, algo está pasando: los bancos no paran de hablar de su economía, derramando optimismo y entusiasmo en todo el mundo. Goldman Sachs fue de los primeros en apostar por este país hace cuatro años, cuando pronosticó que su economía podría convertirse en una de las líderes mundiales hacia 2050, en conjunto con el resto de las BRIC.

Al primer trimestre de este año, Morgan Stanley lo calificó como el mercado emergente más grande del mundo, superando a Corea, Rusia e India, debido a la constante alza de las acciones brasileñas combinadas con las caídas registrada en los mercados asiáticos.

Analistas señalan que esta calificación, sumada a las ratificaciones de investment grade que ha recibido en los últimos meses, lo posicionarían como un buen ejemplo de la tesis del desacople, esa que explica que la gran demanda de materias primas en el mundo en desarrollo permitirá crecer a los mercados emergentesaunque haya recesión en Estados Unidos; algo así como correr con vuelo propio.

Tal como señala el ministro de Desarrollo y Comercio Exterior de Brasil, Miguel Jorge, Brasil ha sido uno de los más favorecidos del alza del mercado de commodities. Cómo no, si este país es el mayor exportador planetario de carnes, a lo que se suma el anuncio de una producción record este año en el rubro ganadero y en la agricultura de cereales.

La carrera por ser parte de esta bonanza atrae a inversionistas de todo el mundo. Varios de los mayores bancos de inversión empezaron a ofrecer fondos BRIC con gran éxito. Algunos de los más conocidos son los de Franklin Templeton Investements, HSBC Asset Management, Deutsche Asset Management, Schroders Investment Management y el japonés Nikko Asset Management. Todos ellos, alentados por los altísimos rendimientos que estos fondos han tenido (sobre 1.000%). Y en Chile, la última novedad son los fondos mutuos que ofrecen instrumentos focalizados en el mercado brasilero.

La eventual caída de las materias primas tampoco quita el sueño a los brasileños. El embajador en Chile, Mario Vilalba, sostiene que miran al mundo con otros ojos. “Ya no queremos tener más la tradicional relación norte-sur; es decir, yo te mando commodities y tú, productos elaborados. Ahora queremos cambiar esa relación y ya con países de Asia, como China, el intercambio incluye también tecnología, aeronáutica y comercio. Esa es la nueva relación que queremos tener y replicar con otros socios”, cuenta.

Pero no con cualquier socio, ni enfocándose en los más tradicionales, como Estados Unidos o la Comunidad Europea o los gigantes asiáticos. Sin desmerecer la relevancia de aquellos, el gobierno de Lula ha dejado en claro su interés por la región y por desarrollar el comercio entre estas naciones, incluyendo por supuesto a Chile.

Precursores del cambio

¿Cuándo y cómo parte el cambio? Para explicar esta pregunta hay que revisar lo sucedido durante la era Cardoso y no precisamente cuando fue presidente, sino cuando asumió como ministro de Hacienda a comienzos de los 90, en el gobierno de Itamar Franco. Fue por entonces cuando se le encargó la misión de poner en marcha un plan de estabilización económica. Cosa nada fácil en esos momentos, cuando los precios de los productos crecían a un ritmo de 50% mensual.

En este escenario se puso en marcha el Plan Real, que contemplaba la creación de un fondo social de urgencia para atender a las necesidades de los más pobres frente a la crisis; luego, la introducción del real como moneda única y paritaria con el dólar y, finalmente, el bloqueo de los salarios, mezcla que a juicio de entendidos de inmediato hizo sentir sus efectos sobre la escalada de precios.

En un año logró lo que parecía imposible: la inflación cayó de 50% a 1,5% mensual, indicador suficiente para garantizar el éxito en la elección presidencial de 1994, cuando disputó el sillón de Planalto precisamente con Luiz Inácio Lula da Silva.

Los avances en materia económica gatillaron su reelección como presidente en 1998, nuevamente desplazando a Lula al segundo lugar. Pero si dicen que las segundas partes no son buenas, ésta definitivamente lo confirmó. Las turbulencias financieras de la época, originadas por la crisis asiática, terminaron con la era de estabilidad que habían logrado los brasileros. La deuda externa se volvió impagable. Ascendía a 240 mil millones de dólares, y la moneda comenzó a debilitarse frente a la divisa estadounidense, mientras la fuga de capitales era cada vez mayor. Hasta la inflación volvió a despertar, terminando 2002 con un índice de 12,5%. El sueño se desvanecía.

En medio de esa tormenta asumió Lula la presidencia de la República. Antonio Palocci, ministro de Hacienda de la época, cuenta a Capital que lo primero que hizo junto al mandatario fue establecer medidas que permitieran reestablecer la confianza en la política económica del país. “Elevamos nuestras metas fiscales y monetarias y las cumplimos periódicamente. Aumentamos la tasa de interés para frenar la inflación y encaminamos al Congreso la reforma tributaria y otras reformas macroeconómicas para atacar las falencias del sistema de crédito”, cuenta.

Los resultados no se dejaron esperar: la inflación nuevamente volvió a niveles de un dígito, cayó la deuda pública, disminuyó el desempleo, se valorizó la moneda, volvieron los capitales extranjeros y, junto con ellos, el crecimiento. De paso, quedaron en el olvido los temores que provocó el ascenso al poder de un ex sindicalista como Lula.

¿Tudo bem?

Las pruebas de la fidelidad de Lula a las políticas económicas más ortodoxas volvería de la mano de la crisis subprime,el alza de las materias primas y el actual proceso de desaceleración económica global. Pero a diferencia de otras ocasiones, esta vez Brasil parece no tambalear.

Según un estudio de la fundación empresarial Dom Cabral, todo sugiere que el país entró en un “ciclo virtuoso” de crecimiento, diferente a los booms pasados. “En este nuevo entorno económico, es posible que suframos caídas producto del enfriamiento de la economía mundial. Sin embargo, en lugar de que se produzcan procesos recesivos o un crecimiento muy débil, el resultado de esa reducción, en el peor de los casos será de un crecimiento de por lo menos un 3% del PIB”.

Al parecer, la economía brasileña está mejor parada, o al menos cuenta con más espaldas, para enfrentar los vaivenes internacionales. La deuda pública cayó en forma importante en los últimos cuatro años (alrededor de un 10%), mientras las reservas internacionales se incrementan día a día, alcanzando una suma cercana a los 200 mil millones de dólares.

Frente a este escenario, el empresariado brasilero prefiere tomar distancia. El presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Armando Monteiro, señala que más que certezas sobre la continuidad del ciclo expansivo, está expectante por los desafíos que se plantean para la autoridad. “Mantener el ritmo de crecimiento del país y que éste sea compatible con el de las economías emergentes, depende –entre otros factores– de la profundización del ajuste fiscal. Sin embargo, la primera medida del gobierno para contener la inflación fue elevar los intereses, transfiriendo al sector productivo toda la carga del control de la inflación”, alerta Monteiro.

De similar opinión es Paulo Francini, director de la FIESP, la mayor organización industrial de Sao Paulo. “Yo aquí no veo una acción conjunta del Banco Central, Hacienda y Planeamiento; cada uno toma medidas por su lado y muchas veces se contraponen. Si el Banco Central sube la tasa de interés por un lado y el gobierno decide por otra aumentar su nivel de gastos y no hablan entre ellos, entonces las medidas quedan un poco perdidas”, advierte.

Más allá del gallito entre la autoridad y los empresarios, analistas señalan que para entender lo que cambió en la economía brasilera hay que verificar la evolución de la deuda pública versus el riesgo país, relación que bajó considerablemente desde 2003 a la fecha. Una situación que –a su juicio– no tiene otra consecuencia que estimular las inversiones productivas y el crecimiento.

La gran mochila de Lula

En Brasil no todo es carnaval, los temas pendientes no son pocos y aunque la autoridad trate desde todos los frentes de atacarlos, éstos siguen latentes. Las favelas siguen formando parte del escenario de las grandes urbes y la miseria es pan de cada día; sobre todo en las regiones del norte brasilero, que siguen siendo el pariente pobre de una economía que concentra más del 60% de su riqueza en las regiones del centro del país.

Nada es suficiente cuando se trata de un lugar que aparece como uno de los países con mayor desigualdad social en el mundo; pero donde también hay que reconocer que en los últimos años han existido grandes avances, como los más de 20 millones de personas que salieron de la condición de pobreza, favorecidas en gran medida por el emblemático programa Bolsa Familia, que ha beneficiado a más de 11 millones de hogares en esa condición (45 millones de personas).

Cuesta asumir que con sólo 80 reales mensuales en promedio (unos 49,7 dólares), esta cantidad de personas pueda solventar gran parte de sus carencias básicas, como son los alimentos. En cualquier caso, explican que no se trata de dar al que pida. Bien lo sabe Edineia da Silva, quien se beneficia del programa desde hace tres años. “Ellos me dan el dinero a cambio de que mis hijos vayan al colegio o tengan las vacunas al día”, reconoce.

Junto a la pobreza, otros problemas que está a vista y paciencia de todos son la inseguridad y la corrupción. Diariamente, periódicos y cadenas de televisión dejan en evidencia la alta tasa de homicidios que existe en el país (29 por cada 100.000 habitantes). Precisamente en uno de esos reportes, apareció en las últimas semanas el presidente Lula señalando que la mayoría de estos problemas se solucionarán entregando a los jóvenes más oportunidades.

Para ello lanzó un nuevo plan social denominado Programa Nacional de Seguridad Pública, al cual asignó el año pasado nada menos que 3 mil millones de dólares y con el que pretende reducir en 60% la tasa de homicidios en cinco años, impulsando programas de entrenamiento laboral y ayuda financiera para jóvenes de barrios marginales.

La corrupción, en cambio, es algo más difícil de eliminar; sobre todo, cuando diariamente las acusaciones van y vienen y a todo nivel, en el Parlamento, en la Presidencia, en las empresas públicas y en las privadas. Sin embargo, a juicio del ejecutivo chileno radicado en Brasil Máximo Pacheco, a diferencia de otros años, “ahora vemos a gente que recibe condena o sanciones frente a la corrupción, no como antes cuando todo terminaba en pizza. Es decir, en nada”.

Cuellos de botella

Aunque los problemas sociales son el mayor flagelo de la sociedad brasilera, en el ámbito empresarial las preocupaciones son varias. Todos coinciden en los cuellos de botella que se originan por la excesiva carga tributaria que hoy soporta la industria y que representa el 35% del PIB. “Acá en Brasil se tributan las importaciones y exportaciones, lo que reduce la competitividad de nuestros productos en el mercado internacional. Lo que queremos es un sistema tributario que haga armonía con el resto del mundo, esto es clave para la expansión de la industria brasilera”, enfatiza el presidente de la CNI, Armando Monteiro.

Agrega que otra prioridad del sector es superar los obstáculos en materia de infraestructura, los que en el corto plazo se ven como la piedra de tope para mejorar la competitividad de la economía del país, pero que a la vez se observan como un interesante nicho para la llegada de nuevos inversionistas.

Joao Claudio Robusti, presidente de Sinduscom, que agrupa a las mayores constructoras de Sao Paulo, comparte esa posición. Cree que “es en materia de infraestructura donde están las mayores oportunidades para atraer inversión extranjera. Ahí hay un gran desafío y también una oportunidad que también debiera llamar la atención de los chilenos”, agrega.

El gobierno de Lula también está haciendo lo suyo a través del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), al cual ha destinado más de 500 millones de reales para la construcción de carreteras, puertos, hidroeléctricas y la exploración de petróleo y gas natural.

Con todo, Brasil despega y parece que esta vez el vuelo no va a ser de corto alcance. La economía continúa con una positiva proyección de crecimiento, en promedio 4,2% entre 2009 y 2015, y la demanda interna sigue en alza, con un mercado potencial de 190 millones de habitantes que se han transformado en el principal atractivo de esta pujante economía.

La gran pregunta de los brasileros es quién dará continuidad a este crecimiento. Y aun cuando falta al menos un par de años para la próxima elección presidencial, el Partido de los Trabajadores, al que pertenece Lula, ya tiene varios nombres en carpeta. “Quien más suena es Dilma Rousseff, la actual ministra coordinadora de gobierno”, dice Palocci. Y agrega que, para ganar, hay que mantener el vuelo

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Henrique de Campos Meirelles

El guardián monetario de Brasil

 

Es uno de los hombres más influyentes de la economía brasileña. No hay nadie que no reconozca méritos en este ex banquero que forma parte del gobierno de Lula desde el año 2003, cuando asumió como presidente del Banco Central. Desde ese momento, ha sido inamovible de su cargo. Su misión: terminar con el fantasma inflacionario.

En la escala de autoridades en Brasil, Henrique de Campos Meirelles debe ser, después del presidente de la República, uno de los hombres más relevantes de la vida pública y también uno de los más respetados por la comunidad empresarial. Según sus cercanos, credenciales y méritos tiene de sobra para estar a la cabeza del Banco Central en Brasil. Y no se equivocan.

Es que la carrera empresarial de este ex ejecutivo del BankBoston ha estado plagada de éxitos, llegando a ser incluso el presidente mundial de esa entidad, entre 1996 y 1999. Capital lo persiguió por aire, mar y tierra, y tras semanas de intensas gestiones, finalmente nos pudimos comunicar con él.

A cinco años de haber asumido la cartera, Meirelles –uno de los pocos personeros que se ha mantenido durante los dos períodos de Lula– cuenta que su principal preocupación sigue siendo el control inflacionario. Ese que dio tantos dolores de cabeza a la economía brasileña en otros tiempos y que hoy se asoma, provocando la inquietud de toda la comunidad.

Pero Meirelles en esta batalla parece estar blindado: dice que no pretende repetir la experiencia de la hiperinflación y que en este caso la clave, a su juicio, ha sido “mantener una política monetaria muy comprometida con su control”.

La autoridad asegura ser nada complaciente frente a este tema. De hecho, hace unas semanas salió públicamente a decir que una inflación alta sería “nefasta y maléfica” para el país y que de todas maneras el Banco Central en 2009 resguardará la meta, un anuncio que fue interpretado por el mercado como una advertencia de que seguirán aumentando gradualmente los intereses, los que recientemente sufrieron un ajuste y se elevaron desde 12,25% a 13%.

La cifra actual supera en casi dos puntos porcentuales el mínimo (11,25%) alcanzado en abril. Y aunque el remedio ha surtido efecto, todo indica que se requerirá de dosis adicionales. Recientemente, Morgan Stanley publicó un informe en el que prevé que la tasa referencial de Brasil podría llegar a 14,25% hacia fin de año.

-¿Cuál es su mayor preocupación en materia económica en este momento, y de qué manera el Banco Central la está enfrentando?

-Nuestra mayor preocupación es la inflación y la estamos enfrentando con el ajuste de la tasa básica de intereses.

-Usted lleva mucho terreno ganado en este campo. ¿Cuáles han sido las claves para hacer retroceder la inflación desde los dos dígitos a 4%, en cinco años?

-El Banco Central de Brasil aplicó un programa de reducción de la inflación que buscaba lograr su convergencia hacia las metas en un plazo relativamente corto. Eso fue hecho a través de una política monetaria rigurosa, anclada en decisiones fiscales que garantizaron el continuo retroceso de la relación deuda pública total sobre el Producto. En ese periodo, también realizamos un proceso de acumulación de reservas que sacó partido de un escenario internacional benigno y de la capacidad de exportación de la economía brasileña. Por lo tanto, el régimen de metas, el cambio flotante y el equilibrio fiscal en conjunto fueron las medidas que aseguraron la convergencia de la inflación hacia las metas.

-Sin embargo, a pesar de esa conquista, hoy el fantasma de la inflación vuelve a estar presente. ¿De qué manera está actuando el Banco Central en conjunto con los otros organismos de gobierno para evitar las secuelas de este flagelo?

-El gobierno brasileño viene adoptando medidas para asegurar el equilibrio de demanda y oferta en Brasil, a través de una política monetaria y de un ajuste monetario adecuado. Además, anunció un aumento del superávit primario de cerca de 0,5% del Producto Interno Bruto, mientras nosotros (Banco Central) recientemente anunciamos nuestro compromiso y objetivo de mantener la inflación en el centro de la meta en 2009.

-¿Cuáles son las metas de inflación de Brasil para 2008 y para 2009?

-La meta de inflación para Brasil en 2008 y 2009 es un 4,5%. Ello, aunque la previsión de mercado para 2008 es cercana a un 6,5% y para 2009 al 5%. Pero nuestro compromiso es mantenerla en torno al 4,5%.

-¿Hasta qué punto el Banco Central puede intervenir para frenar la inf ación si el gasto fiscal continúa creciendo?

-Lo importante es que el superávit primario está siendo mantenido y el gobierno aumentó esa meta para este año, mientras la relación deuda pública líquida total sobre el Producto continúa cayendo. En esos términos, el Banco Central ha tomado todas las precauciones para traer la inflación de vuelta a la trayectoria de las metas.

-A su juicio, ¿esta crisis inflaccionaría procede esencialmente del exterior o se debe también a presiones internas?

-Hay una mezcla. Tenemos una economía sobrecalentada; una demanda doméstica creciendo a tasas superiores
a la producción, con un diferencial que está siendo cubierto por el aumento de las importaciones y un elevado nivel de capacidad instalada que está siendo utilizado. Pero, en medio de ese proceso y con el excepcional aumento en las inversiones, tenemos también un incremento en los costos derivado básicamente del aumento de los commodities y un aumento de presiones salariales, producto del mayor costo del ítem alimenticio. Dentro de ese cuadro es que hemos adoptado las medidas mencionadas.

-Una preocupación del empresariado local es la pérdida de competitividad de la industria exportadora, sobre todo por el bajo tipo de cambio que existe en el país ¿El Banco Central pretenden intervenir para frenar esta situación?

-Nosotros aplicamos el régimen de metas de inflación que presupone la libre fluctuación del cambio. Creemos que un Banco Central que tiene un instrumento de política monetaria no puede tener dos objetivos, no tiene condiciones de tener un objetivo de cambio y un objetivo de meta de inflación. El régimen de metas de inflación ha asegurado el aumento de las inversiones. Por otro lado, las empresas están sacando partido de una moneda más valorada para adquirir equipamientos, tecnología, know how, aumentando con eso la competitividad de la industria brasileña y enfrentando con éxito la apreciación de la tasa cambiaria.

-Sin embargo, se acusa al Banco Central de haber aplicado medidas como la acumulación de reservas, lo que de alguna manera influyó en el tipo de cambio.

-El Banco Central, en este caso, está siendo criticado por algo que nunca planeó hacer. En enero de 2004 anunciamos una política de acumulación de reservas, buscando aumentar la resistencia del país a las crisis sin intentar –en ningún momento– influenciar la tendencia de la tasa de cambio.

Crecimiento

Junto con comentar la política monetaria, Meirelles también aprovechó de hablar del buen momento por el que atraviesa el país, lo que le permite enfrentar sin temor las turbulencias financieras internacionales del último tiempo. “Los indicadores de la economía brasileña muestran que está enfrentando con éxito los vaivenes de la economía mundial”, dice con seguridad.

Sobre la evolución de los mercados, particularmente del Bovespa, Meirelles es optimista. Asegura que la economía está sólida, al igual que el nivel de rentabilidad de las empresas, lo que “va influenciar en el desempeño de las acciones… Sin embargo, evidentemente no le puedo decir más, pues no hago previsiones en este tema”, concluye. Y es que Meirelles difícilmente se aparta de los que hoy es su meta central: bajar
la inflación.

 

 

Menos inflación, más riqueza


A juicio del presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, haber bajado la inflación desde niveles de dos dígitos a un 4% en cinco años explica en gran medida el mayor dinamismo que vive el país. Cuenta que el control de la inflación fue fundamental para aumentar el poder de compra de las capas sociales más bajas y que, además, este nuevo escenario de estabilidad acrecentó las proyecciones económicas del país, lo que a su turno atrajo nuevas inversiones.

“Esto implicó que los empresarios se sintieran cómodos para contratar más trabajadores. Por lo tanto, Brasil, que había tenido un decrecimiento de empleos formales en la segunda mitad de los 90, pasó a crear a partir de la adopción del sistema de metas de inflación: 600 mil nuevos empleos formales entre el año 2000 y el 2003”, detalla. Y añade que esa cifra se empinaría a más de 1,5 millones al cierre de 2007 y a 1,9 millones de empleos formales en los últimos doce meses.

“Este es un dato absolutamente fundamental para la mejor distribución de la renta. El desempleo cayó al menor nivel de la serie histórica registrada y, al mismo tiempo, el aumento de la recaudación permitió que el gobierno del presidente Lula hiciera un programa de distribución de renta y un programa social para aquellos que aún están fuera del mercado de trabajo formal”, concluye.

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Relación Chile y Brasil

Ni tan cerca ni tan lejos

 

En los últimos cinco años, el intercambio entre Chile y Brasil ha crecido exponencialmente y las instancias de participación conjunta en foros multilaterales han aumentado significativamente. En los sectores políticos se señala que este es el mejor momento de la relación bilateral. Sin embargo, en la propia cancillería reconocen que no se ha hecho lo suficiente por afianzar los lazos. Por Lorena Rubio.

 

Cuando se les pregunta a los funcionarios de cancillería cuál es el estado de las relaciones político económicas entre Chile y Brasil se produce un breve y elocuente silencio, que luego da paso a la enumeración de una serie de iniciativas que avalarían que sí hay políticas conjuntas con el gigante sudamericano.

Si bien la lista es más larga que la de principios de los 90 y el intercambio comercial ha crecido fuerte en los últimos cinco años, para algunos la relación política entre ambos países no tiene una estructura clara y se basa más bien en “sintonías y afinidades”. Al menos, así lo cree el miembro de la comisión de Relaciones exteriores de la Cámara de Diputados, Marcelo Díaz, quien trabajó en la cancillería en el gobierno de Lagos.

Hoy, Brasil es el principal socio comercial chileno en América del Sur; el cuarto en el mundo, en términos del origen de nuestras importaciones, y el segundo destino de las inversiones chilenas con más de 7.000 millones de dólares. Sólo en el primer semestre de este año el intercambio comercial con ese país alcanzó los 4.418 millones de dólares, un 20% más que en el mismo lapso de 2007.

Las cifras suenan a maravilla. Sin embargo, no se aprecia el nivel de “gestos”, visitas y acuerdos como los que Chile mantiene con Argentina, Estados Unidos y Bolivia. Sin embargo, en lo que todos coinciden es en que hay una serie de conversaciones e intercambios entre Chile y Brasil que no trascienden y que “sólo son conocidos por las elites bien informadas”, explica un funcionario de La Moneda cercano a Bachelet.

Entre este tipo de contactos se menciona la postura de Chile y Brasil respecto a Bolivia y Venezuela; sobre todo, con esta última respecto del cual hay consenso en que se debe morigerar la influencia de Chávez en el continente.

Alta sintonía

Para quienes han seguido las relaciones chileno-brasileñas, lo de las sintonías ha sido claro en dos administraciones y marcan, de paso, los principales hitos en los últimos diez años de vinculación: la era de Ricardo Lagos y la de la actual mandataria.

El repaso cronológico que hacen los expertos consigna varias etapas. Primero, distinguen una fase de relaciones fluidas entre el presidente Lagos y su par brasileño Fernando Henrique Cardoso –quien terminó su período cuando se cumplían los dos primeros años de Lagos–, algo que se atribuye en parte a la amistad que los une desde la juventud. Luego y con la llegada del actual huésped del palacio Planalto –sede de gobierno brasileña– Luiz Inácio Lula Da Silva, electo a fines de 2002, la relación se volvió algo más “cíclica”. En primer lugar porque, como amigo de Cardoso, Lagos despertó resquemores en el ex líder sindical, a lo que se sumarían luego la firma de un TLC con Estados Unidos (Brasil siempre ha privilegiado la interacción regional) y la tibia respuesta de Chile en 2004 a la candidatura de Brasil al Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero también han sido relevantes en estos años los puntos de coincidencia: la postura conjunta frente a la invasión norteamericana a Irak; la decisión de enviar tropas a Haití y la invitación de Lula al ex mandatario para unirse al grupo de Lucha Contra el Hambre, que se formuló sorpresivamente en Suiza, durante una gira el ex presidente chileno y que tuvo alta cobertura mediática.

En el caso de los nexos Lula-Bachelet no hay una sola voz, aunque en La Moneda y RR.EE. coinciden en que la relación es más que óptima. Un estrecho colaborador de la gobernante destaca que ella y Lula conversan “como mínimo” dos veces al mes sobre distintos temas y, básicamente, sobre lo que ocurre en la región. Asimismo, ambos monitorean permanentemente lo que ocurre en Bolivia. Además se destaca que la presidenta ha dicho claramente que Brasil “es un socio estratégico” y ha mostrado su empeño –no siempre con éxito– de impulsar una agenda regionalista, liderada por Lula. “Ellos no tiene necesidad de competir por el liderazgo en el Cono Sur y ambos comparten el porvenir de las minorías de sus países”, afirma el mismo colaborador.

Además, hoy la relación con uno de los asesores más cercano en política exterior del jefe de Estado brasileño, Marco Aurelio García, pasa directamente por La Moneda y no sólo por el Partido Socialista, como ocurría en la época de Lagos, aseguran en palacio.

El ex canciller Ignacio Walker (2004- marzo de 2006) es categórico al señalar que Chile “debe tener y ha tenido una relación privilegiada con Brasil”. Destaca que su primera visita como ministro de RR.EE. fue a Brasil y que mantuvo un permanente contacto con su par Celso Amorin en materias comerciales, con un planteamiento conjunto en la materia.

Walker reconoce que esta política de acuerdos se ha hecho sin estridencias. “Ha sido sobria y racional, en la que la retórica cede ante los hechos”, precisa.

Niega tajantemente que Chile “se haya demorado” en entregar su apoyo a Brasil para integrar el Consejo de Seguridad de la ONU. Yo fui protagonista de ese episodio y puedo decir que el gobierno tomó muy poco tiempo en hacerlo”, sostiene.

Las relaciones Chile-Brasil durante el período de Lagos estuvieron marcadas por su amistad personal con Cardoso. A Bachelet, en cambio, la une con Lula el proceder de grupos que históricamente han sido secundarios en el poder.

Sin plan

Pero más allá de las distintas posturas sobre hechos que ya son historia, la pregunta es: ¿basta con una buena “sintonía” y un importante flujo comercial para forjar acuerdo duraderos y de gran impacto?

La respuesta a todas luces es no, pero claro que tener redes comerciales ayuda a lograrlo.

Para tener una idea, en 2004 el comercio bilateral era de 1.853 millones de dólares, el que se elevó sobre 7.000 millones al cierre de 2007. Y aunque gran parte del aumento en el intercambio se explica por el alto precio del cobre –que representa más del 60% de los envíos–, igualmente el número de productos ha crecido en 15% entre 2004 y 2008.

¿En qué están hoy las relaciones? El director general de Planificación de la cancillería, Gonzalo Arenas, asegura que éstas son excelentes, lo que se traduce “en una relación comercial y política y en una mirada común hacia el mundo”.

Lo mismo afirma el director de Asuntos Económicos Bilaterales de la Direcon, Andrés Rebolledo, para quien la actual administración ha logrado un nivel de conexión especialmente fluido con su par brasileño. Muestra de esto son, por ejemplo, la fuerza que han puesto Chile y Brasil para impulsar la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que de aquí a unos diez años debería reemplazar a la Comunidad Andina de Naciones (CAM) y lo más relevante, al Mercosur. Rebolledo también destaca el nuevo impulso que está teniendo el corredor bioceánico para el traslado de mercancías desde Brasil, pasando por Bolivia y saliendo por los puertos chilenos. “Hoy contamos con la postura positiva de La Paz en la materia, lo que es sumamente relevante”.

Los críticos de la política de Chile respecto a Brasil piensan exactamente lo contrario. Un empresario PPD asegura sin ambages que “a Chile no le importa Brasil” y que la mejor muestra de ello es que cuando cambia el gobierno y comienza la designación de embajadores, “los partidos políticos se pelean Washington, París, España, incluso Perú, pero a nadie le resulta demasiado atractivo ir a Brasil”.

No tan fulminante, pero igual de ácido es el diputado Marcelo Díaz, para quien la cancillería simplemente no tiene un diseño para relacionarse con sus pares latinoamericanos, lo que incluye a Brasil. La esencia de su objeción a la política exterior es que carece de estrategia respecto a América latina y, como no existe ese diseño, “no se ha encontrado una definición clara de cuál es el sentido de la vinculación con Brasil”. A juicio del parlamentario, el foco de este vínculo debiera ser una relación que vaya más allá de lo comercial y que incluya la participación conjunta de ambos países en foros multilaterales y en materias de política internacional.

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Explosión global

 

Es una decisión de Estado que las empresas brasileñas salgan al mundo. Hasta han creado una línea de créditos blandos para solventar la expansión internacional de sus industrias. Aunque algunos empresarios observan con preocupación la disminución en la competitividad, la visión global ya forma parte de su ADN.

Queremos posicionar a nuestras empresas entre los cinco players mundiales en cada actividad. Tal como hoy lo somos en la minería, siderurgia, aeronáutica y los biocombustibles”. Así de directo y categórico se muestra el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Miguel Jorge, en conversación con Capital.

Un desafío que llama la atención cuando proviene de una autoridad estatal y no de un representantes del mundo privado. Pero no hay que perderse: esto de internacionalizar las compañías en el último tiempo se ha convertido en un asunto de Estado en Brasil. Es más, parte de los 7.800 millones de dólares “extra” de reservas en el exterior que esperan sumar este año, tiene como objetivo financiar las inversiones y adquisiciones de empresas fuera del país.

Incluso existen líneas de créditos blandos en el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para apoyar específicamente a todas las firmas nacionales que quieran salir al exterior, tanto a las que quieran exportar como las que opten por comprar compañías competidoras en la región. “Esto es una novedad para el país. A diferencia de otros intentos de internacionalizar la industria local, acá vamos a las acciones”, agrega Miguel Jorge al frente de su escritorio en Brasilia.

Esta línea de crédito no sólo está disponible para las pequeñas empresas. De hecho, uno de los grandes conglomerados que han echado mano a este beneficio (obteniendo un crédito por más de 1.000 millones de dólares) es nada menos que la firma constructora e industrial Camargo Correa, la misma que adquirió la cementera argentina Loma Negra. Otro caso es el de Friobi, el mayor grupo brasileño de carnes –que abastece el 50% de estos productos en el mundo– y que consiguió un crédito por 80 millones de dólares para adquirir Swift, la principal exportadora de carnes, también en Argentina.

Estos ejemplos, sumados a la expansión de firmas como la estatal Petrobras, Vale (ex Vale do Rio Doce), Embraer o Gerdau, confirman –a juicio del ministro– que el proceso de internacionalización de las firmas locales no se ve tan complicado.

Mercado interno, ¿fortaleza o debilidad?

Por cierto que dar el salto no es tarea simple. Al menos esa es la visión del embajador en Chile Mario Vilalba, quien estima que será un proceso complejo, puesto que Brasil no tiene tradición de invertir afuera. “Nuestras empresas nunca se han visto en la necesidad, porque tienen un tremendo mercado interno, lo que ha generado una pereza muy grande para salir al exterior”, dice.

Esa situación que se ve especialmente acentuada por estos días. Durante el recorrido de Capital por Sao Paulo, vistamos el imponente edificio de la FIESP, la mayor organización de industriales del Estado. Su director económico, Paulo Francini, fue enfático en advertir que a diferencia de otros períodos, cuando el crecimiento de la industria estaba concentrado en la actividad exportadora, actualmente está apoyada en la demanda doméstica, impulsada por las variables por todos conocidas, como el aumento sostenido del empleo, la expansión de la renta y el crecimiento de los créditos.

Así, mientras las exportaciones siguen creciendo a un buen tranco, cerca de 12% al mes, el salto que han dado las importaciones ha sido mucho mayor, cuadruplicando la cifra anterior. Ello ha desatado la preocupación de los industriales por la pérdida de competitividad que podría estar sufriendo el sector fabril; especialmente, la de alto valor agregado, debido al bajo tipo de cambio.

Esta inquietud ya se ha manifestado en el índice de confianza empresarial elaborado por la CNI, el que cayó de 62% a 58% el último mes. No obstante, los indicadores duros y que tienen relación con la facturación, horas trabajadas, empleo y producción industrial, continúan creciendo a tasas de 3,8%, 1,5%, 0,5% y 6,2%, respectivamente. Eso sin contar con que negativos. Además, de la búsqueda de operaciones que complementen sus actividades y generen economías de escala.

Paulo Francini Armando Monteiro Raúl Calfat Luiz Carlos Aguiar
En alerta: “hoy estamos presionados por las medidas de gobierno, la moneda se ha valorizado…
lo que nos ha hecho perder nuestro poder exportador”, dicen los empresarios.

¿Y la inversión extranjera?

Que Volkswagen anuncie una inversión de 10 mil millones de dólares para aumentar su producción a más de un millón de vehículos anuales, de aquí a 2010 –superando la fabricación de su casa matriz–, no es casualidad. Es que la inversión extranjera en Brasil, que asciende a 35 mil millones de dólares anuales –cifra record en 2007-, también se ha contagiado por la fiebre del consumo que vive el mercado interno y por la avidez que existe en el mundo por los commodities y los recursos energéticos.

A juicio del representante de la FIESP, Paulo Francini, dentro de un mundo “conturbado” por la crisis alimentaria y energética, claramente ven en este país un gran potencial y para esas actividades (agricultura y energía), particularmente. “En ese sentido, no hay quien se nos compare en términos de productividad… Pero hay que tener cuidado, porque estas actividades basadas en una riqueza natural no tienen nada de valor agregado y no necesariamente van a mantener la actividad industrial del país, la que tanto nos costó crear”, previene.

Arauco, CMPC y Masisa tienen experiencia de sobra en este tema. Por algo se han instalado en Brasil no sólo con oficinas comerciales, sino plantando bosques, los que por las condiciones climáticas tardan sólo 6 años en crecer, mientras que en Chile pueden demorar el triple.

Pero no sólo las grandes forestales mundiales tienen un pie en Brasil. También han hecho lo suyo las mayores firmas automotrices y de tecnología. Estas últimas, impulsadas básicamente por las oportunidades de la gran demanda interna, la experiencia que han alcanzado en la especialización del recurso humano, el marketing, las comunicaciones y su expansión financiera.

Al menos son estas las razones que destacó recientemente el presidente de Google para Asia Pacífico y América Latina, Sukhinder Hohagen, al anunciar el traslado de sus oficinas regionales a Sao Paulo, las que hasta hace unos días se concentraban en California. “En muchos aspectos, la decisión de descentralizar a Google y transferir más autoridad a nuestras oficinas regionales refleja los logros de América latina y la madurez de su gerencia”, explicó el ejecutivo.

Pero el boom de las inversiones extranjeras no precisamente se espera de la mano del sector tecnológico. Ahora la mirada de las multinacionales está en la producción de etanol en base a la caña de azúcar; por lejos, la fórmula más económica y eficiente de producir dicho combustible en el mundo.

Actualmente existen 336 plantas en Brasil, pero podrían llegar a superar las 400 fábricas al 2013, debido al interés que ha despertado en los inversionistas de todo el mundo. Incluso el Banco Interamericano de Desarrollo estudia proyectos por 2.000 millones de dólares en el corto plazo. Pero la inversión estimada por la Unión de Agroindustria de Caña (Unica) para los próximos cinco años es superior a los 14.500 millones de dólares, de los cuales un 10% vendría de inversionistas extranjeros.

Otro sector que debiera mover más capitales externos es la infraestructura, donde hoy Brasil está enfrascado en un gran cuello de botella. En ese sentido, el ministro Miguel Jorge anima a los inversionistas extranjeros a probar suerte en las licitaciones y concesiones de puertos, aeropuertos y obras civiles, en que actualmente
Brasil tiene su mayor déficit.

Las claves: inversión + innovación

Si se trata de ser global, otro factor a considerar es la innovación. Bien lo sabe Luiz Carlos Aguiar, el vicepresidente de la mayor empresa aeronáutica de Brasil y tercera del mundo: Embraer. Su experiencia en esta materia es por lejos la mayor, al punto que e enorgullece de ser la primera empresa aeronáutica en construir, certificar y producir un avión que vuela con alcohol. Si eso no es innovación, ¡qué otra cosa puede ser! “Es precisamente este tema nuestra gran fortaleza”, señala.

Y es esta ventaja la que ha llevado al gobierno a enfocar sus esfuerzos en un Plan de Innovación –porque así como en Chile se crean comisiones, en Brasil la fórmula preferida es lanzar planes-, que entre otros aspectos contempla una alta inversión en los próximos tres años para financiar proyectos que involucran el desarrollo de nuevas aplicaciones y tecnologías.

Otro de los objetivos, según el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior es impulsar la investigación y desarrollo en el sector privado y pasar de 11,9 billones de reales a 18,2 billones de reales en 2010, lo que representaría apenas un 0,65% del PIB, tres veces menos de lo que invierten los países desarrollados en I+D y otras economías emergentes como China.

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Ejemplos globales

 

Son empresas que tienen historia, un lugar dentro de la industria local y que han adquirido tamaño y caja suficientes para vitrinear, salir de compras e instalarse en la escena mundial. Cruzaron las fronteras de un país tan grande como Brasil, para convertirse en firmas globales, esas que en Chile apenas se conocen y que muchos aspiran a ser algún día. En su paso por Brasil, Capital conversó con algunos de sus representantes y conoció de primera fuente por qué escalaron tan alto.

Votorantim: a plena capacidad

 


Este gigante brasileño vinculado a la familia de Moraes es uno de los casos más recientes de internacionalización. Partieron hace solo siete años en estas lides y ya son considerados una empresa global. Sus credenciales lo avalan: actualmente Votorantim opera directamente en 13 países (Canadá, Estados Unidos, Colombia, Perú, Bolivia, Chile Bélgica, Inglaterra, Alemania, Suiza; China, Singapur y Australia), y en casi todos posee el control total de las compañías, posición que le ha valido la calificación de investment grade por parte de las tres agencias más importantes de rating.

Según el CEO de la división industrial de la compañía, Raúl Calfat, la decisión estratégica de expandirse la tomaron toda vez que alcanzaron posiciones relevantes en el mercado doméstico en las diferentes áreas en que operan: cementos, metalurgia, celulosa y bancos, donde difícilmente había más espacio para continuar su expansión. Es así como partieron adquiriendo activos cementeros en Norteamérica y desde ese momento no pararon. Incluso, el año pasado se instalaron en Chile, a través de la compra de un porcentaje de Cementos Bio Bio, del que ya forman parte del grupo controlador.

A siete años de esa decisión, cerca del 40% de los ingresos del área industrial de Votorantim proviene de exportaciones o son generados en el exterior, realizando envíos a más de 200 países, y alcanzando una facturación anual superior a los 2.000 millones de dólares; dos veces la industria del vino en Chile.


Embraer: el despegue de la innovación


Este es uno de los varios casos de privatización en Brasil que alcanzaron una escala global, al punto de posicionarse hoy como el tercer fabricante de aviones comerciales del mundo, después de Airbus y Boeing. Sólo para dimensionar su tamaño, al primer semestre de este año poseía órdenes de compra por más de 20.700 millones de dólares. ¿Qué tal?

Su historia global parte en la era estatal, a mediados de los 80, cuando comenzó a fabricar aviones civiles –antes sólo fabricaba naves militares– para toda la región, pero el sueño duró apenas una década y en 1994, tras una profunda crisis, la firma fue privatizada.

Con el cambio de mando, también cambiaron la cultura empresarial y, por supuesto, las prioridades. Tal como cuenta el actual vicepresidente ejecutivo de la firma, Luiz Carlos Aguiar, desde su oficina en Río de Janeiro, a partir de ese momento la compañía tomó la firme determinación que su expansión internacional estaría determinada por la generación de productos de alta tecnología.

Es que en la firma estaba el convencimiento de que sin innovación difícilmente podrían entrar a competir en las grandes ligas con gigantes como Boeing o Airbus. Esto los ha llevado a invertir entre un 7% y un 8% en investigación y desarrollo. Es decir, unos 220 millones de dólares anuales.

Un monto que definitivamente les ubica entre las firmas más vanguardistas de la industria aérea mundial. Ejemplo de ello es la construcción del primer avión que vuela con alcohol. Se trata del Ipanema, un monoplaza utilizado básicamente para las labores del agro. Ahora su desafío, según Aguiar, junto con la innovación es continuar la búsqueda de nuevos mercados para sus principales productos comerciales (los jets de hasta 120 plazas) y de gobierno y defensa (Super Tucano y la línea ISR). Actualmente, sus pedidos provienen de India, China, Estados Unidos, Austria, Finlandia, Polonia, Francia, México, Egipto y Arabia Saudita.

Vale y Petrobras: las más grandes


Son las más emblemáticas de las firmas brasileñas. Reconocidas mundialmente, ocupan lugares de honor en cuanto ranking empresarial exista. Sus planes de inversión contemplan una avalancha de ceros, o sea, se trata de cifras billonarias y en dólares.

A diferencia de los casos anteriores, cuando basaban su expansión por las limitantes del mercado interno o en la generación de innovación, en esta ocasión la clave está en lo que extraen: los –para ellos– “benditos” commodities.

En el caso de Vale, su historia global se inicia durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando decide en 1997 privatizar el control de la compañía (enajenando el 51% de la propiedad). Con una valorización que partió en 8 mil millones de dólares (actualmente supera los 160 mil millones), un cambio en el management y visión de la empresa, partió su expansión con la firme decisión de acrecentar su participación en el mercado de hierro, niquel, carbón y cobre.

Bajo la administración de Roger Agnelli –su presidente actual– fue aumentando su capacidad productiva en forma exponencial y adquiriendo activos de la talla de la canadiense Inco, por la cual desembolsó cerca de 20 mil millones de dólares, cifra que equivale a una tercera parte de lo que actualmente contempla su plan de inversiones para los próximos cinco años. Hoy Vale es la primera empresa minera de hierro del mundo, con ingresos brutos que alcanzaron el record de 33.100 millones de dólares.

Petrobras tiene una historia más antigua. Su internacionalización partió en la década del 60, cuando el petróleo subió a niveles críticos para la época. Como no tenía opción de extraer en el país, se dedicó a adquirir reservas en algunos países del Medio Oriente.

Pero no sería hasta la década pasada cuando la estatal brasileña se vería obligada a diversificar sus negocios. Junto con optar por la diversificación de la matriz energética, invirtiendo en reservas de gas natural en Bolivia, profundizó su expansión regional en el negocio de la distribución.

Su adquisición más reciente fue, precisamente, la compra de los activos de distribución de Esso en Chile, como parte de un ambicioso plan de expansión que asciende nada menos que a la cifra de 112 mil millones de dólares para el próximo quinquenio.

Europa y Estados Unidos, hasta que incorporamos a Libra de Navegación y llegamos al Mediterráneo y al Golfo de México”, recuerda Enrique Arteaga, gerente general de Libra.

La decisión de ampliar sus operaciones desde el Puerto de Santos fue natural. “A esas alturas nadie dudaba de la potencialidad de este mercado; estamos hablando de que ya se perfilaba como la mayor economía de América latina y, más que eso, hoy es una de las más grandes del mundo. Entonces, no había duda de que había que estar aquí”, asegura Arteaga.

Actualmente, CSAV está en pleno proceso de integración con Libra y desarrollo de sus actividades. Sus planes: continuar creciendo en este mercado, abriendo nuevas rutas.

Chilenos con visión

Brasil también está en la mira de inversionistas chilenos. Pero sólo una docena de empresas locales se han instalado en ese mercado. Las más conocidas son las firmas forestales, pero también participan Embotelladora Andina, Madeco, Sociedad Punta de Lobos, B. Bosch, SONDA, la Sudamericana de Vapores y, recientemente, Cencosud. Algunas de ellas han conseguido posiciones de avanzada, pero también está la experiencia de quienes sucumbieron en el intento, como Farmacias Ahumada. Brasil también está en la mira de inversionistas chilenos. Pero sólo una docena de empresas locales se han instalado en ese mercado. Las más conocidas son las firmas forestales, pero también participan Embotelladora Andina, Madeco, Sociedad Punta de Lobos, B. Bosch, SONDA, la Sudamericana de Vapores y, recientemente, Cencosud. Algunas de ellas han conseguido posiciones de avanzada, pero también está la experiencia de quienes sucumbieron en el intento, como Farmacias Ahumada.

CSAV: al abordaje

 


La Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV) es una de las firmas chilenas que han logrado una posición de liderazgo en el mercado brasileño. Sobre todo tras adquirir en 1999 el control de la Compañía Libra de Navegación, con la cual hoy ostenta el tercer lugar del mercado en la industria de transporte marítimo de carga.

Pero la historia de CSAV en ese país se remonta al año 86, cuando partieron con el servicio de carga Chile-Brasil. La gran expansión de las operaciones de la empresa parte en 1992, cuando empieza a ofrecer servicios regulares a todos los mercados mundiales: primero a Asia, luego a Europa y Estados Unidos, hasta que incorporamos a Libra de Navegación y llegamos al Mediterráneo y al Golfo de México”, recuerda Enrique Arteaga, gerente general de Libra.

La decisión de ampliar sus operaciones desde el Puerto de Santos fue natural. “A esas alturas nadie dudaba de la potencialidad de este mercado; estamos hablando de que ya se perfilaba como la mayor economía de América latina y, más que eso, hoy es una de las más grandes del mundo. Entonces, no había duda de que había que estar aquí”, asegura Arteaga.

Actualmente, CSAV está en pleno proceso de integración con Libra y desarrollo de sus actividades. Sus planes: continuar creciendo en este mercado, abriendo nuevas rutas.

Cencosud: justo a tiempo


Horst Paulmann no pudo llegar en mejor momento a Brasil: precisamente, en plena fiebre del consumo. Según el gerente general de Cencosud, Laurence Golborne, la decisión fue más que acertada: “el balance es muy positivo y creemos que tenemos grandes oportunidades para crecer en este mercado”.

Capital conoció la operación de GBarbosa en el nordeste brasileño y confirmó en terreno el buen momento por el que atraviesa el sector. A cualquier hora del día y en cualquier parte del país, supermercados y centros comerciales evidencian gran movimiento… y no se trata de un fenómeno exclusivo