Como buen sostenedor de dos escuelas subvencionadas, el presidente de la Corporación Nacional de Colegios Particulares viene a defender al gremio, su aporte al sistema y, por que no, el lucro. Exige un debate desideologizado, con cifras en mano y expectativas acordes a los 38.000 pesos que el Estado otorga de subsidio por alumno… o lo que se eleve ese aporte.

  • 1 abril, 2009

Como buen sostenedor de dos escuelas subvencionadas, el presidente de la Corporación Nacional de Colegios Particulares viene a defender al gremio, su aporte al sistema y, por que no, el lucro. Exige un debate desideologizado, con cifras en mano y expectativas acordes a los 38.000 pesos que el Estado otorga de subsidio por alumno… o lo que se eleve ese aporte. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Elisa Bertelsen.

Es joven, entusiasta y absolutamente comprometido con la cuestión educacional. Rodrigo Bosch dirige Conacep, la Corporación Nacional de Colegios Particulares, que reúne a casi mil establecimientos, principalmente particulares subvencionados. Asumió el cargo en 2006 y con una energía envidiable, ha logrado posicionar a su sector, dándole identidad pública y participando activamente en todas las discusiones vinculadas con el área.

Junto con el directorio de la Corporación –compuesto también por profesionales jóvenes– está abocado a la acción, dejando atrás las discusiones de carácter ideológico y teórico para centrar la atención en mejorar la gestión de los colegios, transparentarla y borrar el estigma de que los sostenedores lucran con las subvenciones. Educado en el Manuel de Salas, creció conociendo desde dentro el sistema porque sus padres eran dueños de varios colegios que él ahora administra. Tiene formación para ello: estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Central y posteriormente realizó un MBA en la Adolfo Ibáñez. Habla a mil por minuto y es evidente que en este, su tema, se maneja como pez en el agua.

A partir de esa experiencia y desde la tribuna que le otorga la Corporación, participa en las instancias que la autoridad ha diseñado para discutir reformas educaciones y reclama coordinación y consenso para dar el salto hacia una mejor enseñanza. “Una de las dificultades que enfrentamos es la incertidumbre. Ha sido difícil y duro, porque no hemos podido planificar y estructurar bien nuestro trabajo debido a la falta de claridad en las reglas del juego. Eso atenta contra nuestras posibilidades de plantear los desafíos para el futuro. La educación se planifica a largo plazo y los resultados se ven después de 10 ó 20 años. Aquí no nos hemos podido poner de acuerdo porque se ha ideologizado el debate. Ideologizar el debate es sostener, por ejemplo, que la educación pública es la educación estatal, discriminando los recursos de todos los chilenos, cuando los planes y programas son todos del ministerio de Educación. Es el ministerio quien dice cuales materias debemos pasar y cuáles no. Ellos nos entregan los textos. El 40% de nuestros colegios son completamente gratuitos y diversos. ¿Por qué, entonces, no formamos parte del concepto de educación pública? Netamente por razones ideológicas, porque para algunos solamente aquellos que tienen el edificio estatal, aunque se esté cayendo a pedazos, entregan educación pública. Es una mirada mediocre, torpe y debemos luchar contra ella”.

-¿Qué te llevó a involucrarte en el ámbito educacional?

-Me gusta trabajar con la gente y desde siempre tuve inclinación por los temas de administración y de gestión. Como estaba en el ambiente, ya que mis padres eran sostenedores, pronto me di cuenta de que para dirigir eficientemente un colegio había que tener ciertas competencias básicas como, por ejemplo, se necesitaba saber administrar, organizar, dirigir, liderar y, en ese sentido, lo que aprendí en Ingeniería Comercial me ha sido tremendamente útil. Si analizas la situación de los colegios –y no sólo en Chile– te das cuenta de que son instituciones muy mal organizadas y hoy, más que nunca, existe una gran necesidad de mejorar gestión y efectividad. Muchas soluciones a los problemas pasan por ahí y pienso que hay que esmerarse para avanzar por este camino.

-Existen algunos que aún sostienen que sólo los profesores deben dirigir colegios…

-Los tiempos han cambiado mucho. Hoy administrar colegios es una cuestión mucho más compleja. Las demandas son distintas y hay que adecuarlos a una nueva realidad. Eso no se ha hecho. Hace 100 años, ingresabas a una sala de clases y veías al profesor delante dictando cátedra con alumnos en posición frontal y hoy, en muchas partes, se mantiene ese sistema. Se sigue haciendo lo mismo que hace un siglo, pese a los avances tecnológicos, la globalización y el surgimiento de nuevas técnicas de aprendizaje. En otros campos de trabajo, las organizaciones se modernizan, se hacen más multidisciplinarias, más abiertas, pero en nuestro ámbito cuesta mucho realizar verdaderas transformaciones.

-Pero, ¿hemos avanzado en algo?

-Hay varios elementos, en realidad. Si uno pudiera ver la tendencia general de cómo ha evolucionado el sistema educacional en Chile, yo creo que el balance final será positivo. Lo que pasa es que ha habido ciclos que debemos conocer para lograr captar el fenómeno que se esconde detrás de ellos. Ocurrieron reformas importantes a principios del siglo XX, como la que generó la enseñanza primaria obligatoria, que fue en ese minuto un tremendo avance. En el caso de la educación privada, se tiende a pensar que los colegios particulares subvencionados partieron durante el gobierno militar… y eso no es cierto. Tenemos colegios particulares subvencionados con fines de lucro desde hace más de cien años, que han ido viviendo distintas etapas de esta reforma y que Chile ha ido incorporando de a poco. Después, hubo nuevas reformas, tremendamente importantes, como la del año 52, cuando era ministro de Educación don Bernardo Leighton. Él fue parte importante para que el sector privado pudiera desarrollarse. Se recibían recursos públicos y se pagaba por asistencia media, tal cual como hoy.

-¿Y por qué parecemos empantanados?

-Espera, porque después con Frei también vino una reforma importante, que tenía que ver con la universalización y la cobertura. En el Chile de los 70 no existía la cobertura que alcanzamos hoy y de la cual –la verdad– nos sentimos súper orgullosos. Piensa que en esa época y antes, en los años 50 y 60, la mitad de nuestros niños en edad para entrar a la enseñanza media, no tenía colegio donde ir. El Estado hizo un llamado y parte importante del problema lo resolvió invitando a los privados a invertir para construir colegios, de manera que no le faltara educación a nadie. Después, en los años 80, surge otro fenómeno, que forma parte de las reformas educacionales del gobierno militar y que tiene que ver con la descentralización del sistema. Principalmente, lo que allí ocurre es que los colegios administrados por el Estado pasan a las municipalidades, pero en el sector particular subvencionado se desarrolla una pequeña evolución en el pago mensual, entregando una subvención equivalente a la que recibe el sector público, de manera que los padres elijan la educación que ellos quieren para sus hijos. La libertad de enseñanza es un concepto importante que ya está internalizado en la opinión pública, situación que no ocurre en otros países. En Chile no hemos sabido valorizar el hecho de que los papás elijan qué tipo de educación quieren para sus hijos. Es algo tremendamente positivo, porque los padres son actores educacionales fundamentales.

-¿Cuál es el aporte de los gobiernos concertacionistas?

-La reforma actual responde a otros elementos, porque se llegó a un estadio con un nivel de desarrollo en que Chile se puede permitir ciertas exigencias mayores. Logró plena cobertura. Tiene una cobertura envidiable en relación a otros países de la región. Ahora el tema es mejorar la calidad y cerrar las brechas existentes. Esos son los temas de fondo: calidad y equidad.

 

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-¿Qué están haciendo ustedes en ese campo?

-Estamos haciendo grandes esfuerzos para mejorar. Cuando hace tras años asumí en Conacep, uno de los desafíos que nos planteamos es que como gremio debíamos adoptar un compromiso vital para mejorar la calidad de la educación en nuestros colegios, objetivo que está en directa relación con un trabajo intenso con las familias, los alumnos y los profesores. Otros gremios, en ocasiones, tienden a defender sus propios intereses. Nosotros estamos concentrados en mejorar la calidad de los aprendizajes de nuestros alumnos.

-¿Eso implica que los colegios afiliados a Conacep son distintos?

-Nosotros hacemos un trabajo en terreno, en el aula, en el colegio, “en el lugar de los hechos”, que nos parece fundamental. Ni la LGE ni la futura superintendencia entregan soluciones concretas a los problemas diarios. Sólo dan un marco regulatorio. La clave de lo que hemos hecho nosotros es centrarnos en las personas, en los alumnos, en los profesores, que son las que marcarán la diferencia en los talentos, en las capacidades, entre una buena o mala gestión, en los buenos o malos resultados. El mayor compromiso de nosotros está con ellos, con su formación, con los programas de incentivo, el poner la administración y la gestión al servicio de profesores y alumnos.

-Eres sostenedor de dos colegios, ¿dónde quedan?

-En Peñalolén y Puente Alto y hoy son los mejores de sus comunas. Son colegios grandes, con infraestructuras envidiables en relación a cualquier colegio pagado, con estabilidad para el personal, con incentivos claros y objetivos centrados en la calidad. Ahí está el foco. Movilizar a toda la institución bajo un paradigma: lograr un aprendizaje de calidad. A partir de allí, se desencadena un montón de planteamientos en términos de gestión, certifi – cación, desarrollo, uso de la tecnología al servicio de los aprendizajes, etc. Uno de los desafíos que enfrentamos, por ejemplo, fue provocar un diálogo pedagógico y técnico entre los propios profesores. Eso que es como de perogrullo, pero era muy poco habitual en el sistema.

-¿No es para eso que están las unidades técnicas pedagógicas?

-Sí, pero eso no significa que en los colegios se conviertan en instancias de diálogo. Cuando reúnes a un grupo de médicos, conversan de lo que saben y de las experiencias que ellos viven con sus pacientes. Lo mismo pasa con los ingenieros, los economistas, etc. Pero cuando juntas a un grupo de profesores no hablan de los temas que les son comunes. El tema de nosotros, en Conacep, es incentivar y generar un dialogo pedagógico técnico más sofisticado y colaborador. Nosotros tenemos una enseñanza competitiva, los colegios compiten por captar alumnos ya que eso les permite financiamiento, pero más allá de la competencia –siempre buena– hemos tratado de desarrollar una línea de cooperación que es la que le da la dimensión ética a la competencia. Eso se está entendiendo y de hecho, por ejemplo, estamos desarrollando un programa conjunto que traspasa experiencias en el ámbito del aprendizaje, administración, gestión, contabilidad, etc. Hemos juntado unidades técnicas de manera de generar intercambios y conocimientos. Aquí, y siempre lo he sostenido, no se trata de inventar la rueda, lo que hay que hacer es salir a mirar afuera qué cosas han resultado y qué cosas no.

-¿Y han definido algún modelo?

-Hemos tenido la posibilidad de viajar bastante junto a otros sostenedores. Así ampliamos las expectativas sobre el sistema escolar. Ahora estamos preparando una gira a Suecia, estuvimos hace poco en Inglaterra y Holanda, intercambiando experiencias con colegios. ¿De qué manera? Conociendo cuáles son las herramientas pedagógicas y las administrativas que ellos utilizan, cómo funciona el sistema de inspección, cómo se estructura, cómo colabora el sector público con el privado. En Chile todavía estamos en pañales en el desarrollo de esas cosas y no sabes lo nutriente que fue para esos sostenedores y sus colegios darse cuenta de que efectivamente había muchísimas cosas que hacer. Es mirar para al lado y ver de qué manera se desarrolla y se colabora.

-A partir de casos puntuales, la opinión pública ha tendido a estigmatizar a los sostenedores. Se les acusa de lucrar, de hacer negocio sin que en verdad les importe la calidad de educación…

-Claro que han habido sostenedores inescrupulosos y son noticia, justamente, porque son casos puntuales. Si esto fuera la generalidad, no sería noticia y siempre es lamentable que los medios de comunicación resalten los malos elementos sin destacar la labor silenciosa y efectiva que realiza la mayoría de los sostenedores en Chile. Alguien tiene que mostrar el otro lado de la moneda. Pocos saben, por ejemplo, que más del 60% de la matrícula en la Región Metropolitana corresponde a colegios particulares subvencionados y que a nivel país alcanzamos el 47%, lo que responde directamente a la preferencia de los padres y apoderados. Tampoco se menciona que, en general, el 40% de nuestros colegios son totalmente gratuitos y atienden a un 30% de los alumnos vulnerables del país. A nivel gremial, la Conacep ha incorporado a su directorio a mucha gente joven, varios hijos de sostenedores antiguos, llenos de mística, de deseos de hacer las cosas bien, con otro tipo de formación, con un compromiso claro con la calidad de la enseñanza que se imparte. Queremos resultados… y resultados visibles y concretos. En una segunda derivada, está el tema de la ganancia y no al revés. Esa ganancia es el resultado de una buena gestión, pero insisto que primero está el compromiso con los resultados de la educación.

 

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-Ha causado polémica el artículo de la Ley General de Educación que permitiría a los profesionales de distintas ramas aportar con sus conocimientos a la docencia en colegios. ¿Cuál es tu posición?

-Creo que es errado y equivocado impedirlo. Responde a una presión política y es uno más de los temas que se han ideologizado. Acuérdate, toda la pelea y discusión que hubo con el lucro. Estoy convencido de que existen muchos profesionales que pueden hacer clases y en Chile tenemos experiencias tremendamente exitosas cuando se han implementado. Es equivocado pensar que otros profesionales le van a quitar el trabajo a los profesores. En general, dichos profesionales ganan más, por lo que es ridículo pensar que lo hagan para ganar menos. El tema es otro. Dar la posibilidad de que en aquellas zonas en la que no existan profesores se pueda contratar a personas que sepan, sobre todo en las carreras técnicas. Hoy los colegios técnico-profesionales no disponen de los profesores necesarios. Faltan en el ámbito de la electrónica, de la administración, mecánica, etc. Lo más lógico es que pudieran hacer dichas clases licenciados en esas áreas, incorporándose para seguir trabajando en ello. Lo importante es que ningún alumno deje de aprender porque no hay profesor. La alternativa es el aula vacía.

-Si hablamos de calidad, ¿cómo entendemos que no se derogue el Estatuto Docente, que impide despedir a los malos profesores?

-Hay que ser bien justos con esto. No es cierto que todos los profesores sean malos, ni mucho menos. Como en todas las profesiones, también entre los sostenedores, hay buenos y malos. El problema de fondo es que acá no hemos hecho la distinción. Los buenos profesores no tienen incentivos y no ganan más, mientras que los malos no salen del sistema. Todos hacen lo mismo, todos ganan lo mismo, generando frustración en los buenos y, obviamente, los que están mal están súper cómodos y eso es un poco lo que genera y resulta de la política de recursos humanos que es el Estatuto Docente, que es algo absolutamente inadecuado para los tiempos actuales. Con todo, el demonio no es sólo el Estatuto Docente. El demonio es la mediocridad del sistema, que no permite que los buenos profesores sigan haciendo sus mejores esfuerzos.

-Pero el Estatuto Docente impide que tú, como director de un colegio, puedas echar a un profesor sabiendo que es malo…

-No necesariamente. Porque lo que ocurre es que detrás de eso también hay una mala gestión y políticas erradas. Las cosas no son fáciles. Hoy, despedir a un profesor es tremendamente caro y complejo. Los colegios no tienen los recursosy por eso muchas veces no lo hacen. ¿Hay que modifi car el Estatuto Docente? Sí, sin duda, pero no es lo único, hay otros elementos que inciden en cómo mejoramos las competencias de nuestros docentes.

-Como la formación…

-Las facultades de Educación no están haciendo bien su tarea. No se forman profesores como se debiera. ¡Mira la gravedad del problema! Porque nosotros tenemos que hacernos cargo de todos los profesores que ya están en el sistema y preocuparnos de qué manera los capacitamos y formamos.

-¿Pero qué impide que demos el salto de una vez por todas?

-Hemos gastado mucha energía en un debate ideológico que no nos permite centrarnos en lo importante y lo relevante. Los debates sobre el lucro, la selección, la educación pública nos desgastan enormemente, mientras los países desarrollados los tienen medianamente resueltos y siguen avanzando y sacando distancia. Por eso la necesidad de generar acuerdos importantes, por eso la importancia del Consejo Asesor Presidencial.

-¿Dio algún resultado?

-Yo creo que sí en el sentido de lo que nos pidió la presidenta. La presidenta pidió tener un documento en que se refl ejaran todas las posturas y todas las ideas y propuestas. Se incluyeron todas. Fue un debate súper complejo y ella lo necesitaba para decidir.

-¿Y qué pasa con el financiamiento y la mejora de las subvenciones?

-Estoy de acuerdo en ciertas cosas que ha planteado, por ejemplo, Gonzalo Vial. ¿De qué estamos hablando si tenemos un financiamiento mediocre? Chile tiene expectativas enormes en educación, pero el sistema es tan frágil porque está empobrecido, en los ámbitos privado y municipal. Hoy en Chile se educa con 38.000 pesos y Finlandia lo hace con 500.000, pero queremos parecernos a Finlandia. Es obvio que las escuelas se angustien ¡Con qué ropa pueden avanzar! Nosotros gastamos más de diez veces menos que ellos, en Finlandia los mejores profesionales son los profesores. ¿Así queremos tener los mismos resultados que los finlandeses? Tenemos un nivel de expectativas sobredimensionado, con un financiamiento mediocre. Según los estudios que hemos realizado y entregado al ministerio, se necesita un mínimo de 70.000 pesos por alumno. ¿Para obtener qué? La infraestructura estándar que se pide hoy: profesores con un sueldo de calidad que permita asegurarnos que conocen la materia. Más caro aún es enseñar a niños en condición de vulnerabilidad. Las cifras no bajan de 110.000 pesos. Tenemos un desafío enorme por delante. Y hay otro problema

-¿Cuál?

-Que el ministerio de Educación nos diga claramente a los sostenedores públicos municipales qué quiere recibir a cambio de los 38.000 pesos por alumno que entrega. Porque genera expectativas ilimitadas.

-¿La nueva ley entrega más atribuciones al Estado?

-El Estado tendrá mayores atribuciones en ciertos aspectos que tienen que ver, por ejemplo, con establecer consecuencias. Si usted, colegio o sostenedor, no logra los resultados para los que se comprometió, el Estado tendrá la facultad para ponerle un plazo de mejora o, de lo contrario, desaparece. En cuanto a la fiscalización, no es lo suficientemente eficiente ni moderna. Se vio con los textos escolares o con la subvención preferencial, problemas de estructura y coordinación. Hay un montón de instituciones del Estado que fiscalizan, pero que no tienen los mismos parámetros para hacerlo: el ministerio del Trabajo dice A, el de Educación dice B, la municipalidad dice C y, sobre ese desorden administrativo, tienes que estructurar tu trabajo. Yo creo que el Estado sí tiene un rol que cumplir, pero debe modernizarse y hacer una gestión eficiente. Ello ayuda a la transparencia. Avancemos en la línea de la transparencia, en establecer consecuencias para que la gente que no esté haciendo bien su trabajo, salga del sistema.