Desde hace algunos meses, aviones de la empresa RG Aircraft están sobrevolando los cielos chilenos en busca de nubes para bombardear. ¿La razón? Hacer llover sobre las regiones del centro y norte del país que sufren los embates de la sequía. Pero las “bombas” no sólo llegan por el cielo, sino también por tierra a través de cañones. Toda una innovación que, según estimaciones internacionales, podría traducirse en un aumento de precipitaciones de entre un 12% y un 18%.

  • 3 julio, 2012

Desde hace algunos meses, aviones de la empresa RG Aircraft están sobrevolando los cielos chilenos en busca de nubes para bombardear. ¿La razón? Hacer llover sobre las regiones del centro y norte del país que sufren los embates de la sequía. Pero las “bombas” no sólo llegan por el cielo, sino también por tierra a través de cañones. Toda una innovación que, según estimaciones internacionales, podría traducirse en un aumento de precipitaciones de entre un 12% y un 18%.

Ni danza de la lluvia, ni trucos hollywoodenses. En Chile para hacer llover se están usando nada menos que bombas. No es ciencia ficción. El gobierno está literalmente bombardeando nubes para que caigan algunos goterones sobre las secas tierras del centro y norte del país, las más afectadas por los embates del cambio climático y el fenómeno de la Niña.

En enero de este año, el déficit hídrico afectaba a un tercio de las comunas de Chile, revelando un escenario crítico. Y en medio de la urgencia, Sebastián Piñera convocó a los ministros de Agricultura, Luis Mayol, y de Obras Públicas, Laurence Golborne, para que idearan una estrategia a mediano y largo plazo.

“En el largo plazo está la idea de construir embalses, que demora entre 8 y 10 años y son más caros, porque todo depende del tamaño y de los estudios que se tenga que hacer. A mediano plazo existe la posibilidad de crear napas subterráneas, las que se implementaron a principio de este gobierno en el sector privado y que son bastante más baratas. Sin embargo, como ministerio quedamos preocupados y sabíamos que teníamos que hacer un plan, no podíamos quedarnos con los brazos cruzados y el cargo de conciencia de que no habíamos hecho nada”, comenta el ministro de Agricultura, Luis Mayol.

Ahí fué cuando el mismo Mayol recordó un experimento que se había llevado a cabo en Chile a finales de los 80: el bombardeo de nubes. El sistema manipula el clima para acelerar las precipitaciones o hacer que sean más abundantes. La idea no parecía tan

“Muchos tenían escepticismo, de hecho el Presidente Piñera me decía ministro, ¿en qué me está metiendo? Y yo le respondí, confianza presidente, confianza”, comenta Mayol.

loca. En países como China el sistema es parte de una política de estado que se utiliza hace más de veinte años, en casi la totalidad de su territorio.

Con toda esa información en la cabeza se pusieron manos a la obra. Inmediatamente se formó una comisión de trabajo que incluía a los intendentes de las regiones más afectadas, III, IV, V y VI; y al sector privado, del cual formó parte el presidente de la SNA, Patricio Crespo; el presidente de la Sonami, Alberto Salas, y el del Consejo Minero, Joaquín Villarino. Un equipo que todos los lunes se reunía para estudiar y organizar la factibilidad del proyecto.

“Muchos tenían escepticismo, de hecho, el presidente Piñera me decía ministro, ¿en qué me está metiendo? y yo le respondí, confianza presidente, confianza”, comenta Mayol. Después de varias y largas reuniones se decidió que en la III y la IV regiones el bombardeo tenía que ser de forma aérea, a través de la empresa RG Aircraft, que ganó la licitación y que aporta con cuatro aviones. Y en la V y VI, en forma terrestre, a través de la empresa Hidromet, que entrega los cañones.

La primera opción y la más barata era bombardear desde abajo, desde la tierra. El costo era de unos 400 millones de pesos por región al año, en comparación con los 500 millones de peso que cuesta hacerlo por aire. Sin embargo, en las regiones de más al norte, debido a la conformación de la cordillera se hace imposible poner los cañones en los lugares precisos para lanzar las bengalas.

Bombas de yoduro
Tirar bombas a diestra y siniestra sobre las nubes, puede parecer un poco extremo. Pero la verdad es que el sistema para hacer llover es un poco más sofisticado que eso.
“El avión, mientras pasa entre las nubes tira un humo compuesto por yoduro de plata a través de unas bengalas puestas debajo de las alas. Este yoduro hace que las gotas se junten y que por gravedad caigan”, explica Felipe Martin, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Riego.

Es decir, lo que se dispara no son proyectiles, sino sólo humo: algo muy parecido a la estela que dejan los aviones de propulsión a chorro cuando pasan por el aire.
Por tierra el sistema es un poco diferente: el bombardeo se realiza a través de una red de cañones que se ubican en lugares estratégicos, con una distancia de 10 a 15 kilómetros entre ellos. Éstos son dirigidos desde un Centro de Monitoreo Atmosférico, el cual detecta las condiciones propicias para acelerar el proceso de la lluvia. Y al igual que en el caso de los aviones, estos generadores lanzan el yoduro de plata, el cual se introduce de la misma manera entre las nubes. Los lugares ideales para ubicar estos lanzadores de bengalas son las localidades que tienen cerros, ya que la altura permite mayor precisión para llegar a la nube.

Eso sí, primero tiene que haber ciertas condiciones básicas que permitan que la fórmula funcione. “La temperatura tiene que ser de -5°, porque eso permite que la condensación sea más grande; y la nube tiene que tener por lo menos 60% de humedad relativa. Es decir, que tenga la cantidad necesaria de micro gotas para que se puedan juntar. Esas son las dos condiciones básicas para que esto funcione tanto desde aire como desde tierra”, precisa Martin.

Por eso no es llegar y bombardear. En el norte de Chile es difícil que se conjuguen todas esas condiciones. Ese es justamente uno de los mayores problemas que surge en el proceso, porque hay que esperar el momento preciso para tirar las bombas. Los aviones pasan mucho tiempo estacionados en la losa, esperando, por lo que se decidió que en ciudades como Copiapó, por ejemplo, el bombardeo sólo se va a realizar dos o tres veces como máximo este año.

De hecho, en los dos últimos frentes que han ocurrido no se ha podido bombardear en las regiones dispuestas para ello, salvo en el sur de la IV, donde bien arriba en la cordillera nevó 15 cm. Por otro lado, hay que ser prudentes comenta el ministro de Agricultura, “ya que por ejemplo en la VI región no hubo bombardeo la última vez que llovió porque, de manera independiente, fue suficiente. No podemos pasarnos para el otro lado y generar inundaciones”.

Si bien el proyecto ha traído mejoras para los agricultores, aún es difícil hacer una estimación del superávit de agua caída producto de este método. Se trata de un plan a largo plazo que verá sus frutos recién al tercer año. “Evaluar después de cada lluvia es hasta irresponsable, ya que sería anular todas las variables que intervienen en un fenómeno de éste tipo”, asegura el ministro. Lo que sí existen son estudios en otros países. En China, por ejemplo, el bombardeo de nubes permite un incremento en las precipitaciones de entre un 12% y un 18%, lo que mejora las condiciones hídricas de una región en crisis. “A la fecha y en virtud del comportamiento de las lluvias en las zonas donde se ha implementado este programa, la observación permite establecer que se está acumulando nieve que, al derretirse, aumenta el agua disponible”, agrega Martin.

La cordillera, el gran embalse
Desde su planificación a principios de año, el bombardeo de nubes ha sido un proyecto para mitigar el estado crítico que genera la sequía en el norte de Chile y no pensado como una solución definitiva. Hoy, en ciudades como Copiapó los problemas por falta de agua ya no son sólo a nivel de agricultura, sino que también existe déficit en el consumo de las casas.

“Durante los últimos 20 o 30 años no ha habido ninguna política de estado, y por eso es que las trabas que estamos viendo en ciudades como Copiapó se deben a que las cuencas están agotadas: en ellas nunca se hizo una medición o catastro; y se otorgaron cinco veces más derechos de agua que la capacidad de recarga que tenía el acuífero y ahora vemos las consecuencias”, afirma el ministro Luis Mayol.

Hoy el gobierno, a través de la Dirección General de Aguas, elabora un inventario para solucionar ese problema. Y la CNR está planteando modificar la Ley de Riego, para que las comunidades se junten y formen una entidad jurídica en la que ellos mismos sean las que fiscalizan y cuidan sus aguas.

“Chile es el país de América latina, y yo te diría del mundo, que tiene más agua per cápita; y lo que pasa es que el 85% de ella se va al mar. Entonces, en la medida en que podamos hacer embalses, napas subterráneas y generar lluvia en los sectores críticos, se podrá solucionar el problema con una buena gestión”.

La realidad actual es que en Chile se riega un millón ochocientos mil hectáreas, pero si se aprovechara el 50% del agua dulce que se pierde en el mar, se regarían cinco millones y medio de hectáreas más. Es por eso que, aclaran las autoridades, el bombardeo

Para lanzar las bengalas las condiciones debe ser únicas. La temperatura tiene que ser de -5°, porque eso permite que la condensación sea más grande y la nube tiene que tener por lo menos 60% de humedad relativa.

de nubes es en vano si no viene acompañado de una mentalidad que ve al agua como el gran recurso del futuro.

“Hace cincuenta años que no se hacen embalses en Chile. Los últimos se construyeron el en 1962 y fueron La Paloma y El Cogotí. En este gobierno hay quince proyectos de embalses, de los cuales tres ya están aprobados, Chacrilla en la V región, Valle Hermoso en la IV y Chironta en la zona de Arica y Parinacota”, cuenta Mayol. Hacer un embalse es carísimo, porque tiene un costo promedio de 450 millones de dólares. Esto debido a que guardar un centímetro cúbico de agua cuesta mil pesos, en comparación a los treinta o cincuenta pesos que cuesta en una napa subterránea.

¿Qué es lo óptimo? Para Felipe Martin, lo ideal es poder hacer todo: generar lluvias como medida de corto plazo, crear y mejorar napas subterráneas como estrategia de mediano plazo y construir embalses como proyectos de largo plazo.

“Nuestra realidad es una bola de nieve que viene con cincuenta años de atraso, donde el panorama ideal es un embalse por río, y además puedes poner centrales de paso que te permiten generar electricidad; es decir, hacer las dos cosas a la vez”, afirma Martin.
Uno de los modelos que se miran para replicar es el que se aplica en China. En ese país, más de cuatro mil personas y 300 aviones trabajan en el bombardeo de nubes, lo que se ha traducido en beneficios no sólo en la agricultura, sino que también en eventos mundiales como la Olimpiadas de 2008, cuando hicieron llover una semana antes de la inauguración, para evitar problemas.

Por eso, admiten, instaurar el bombardeo de nubes como un sistema que permanezca como política de Estado y no que sólo aparezca en momentos de crisis hídrica, es fundamental.