Cada vez es más frecuente que en el gasto de los hogares se destine una mayor cantidad de dinero a las mascotas. No es que ahora lo merezcan más. Se trata de un cambio en el estatus de estos animales. Al alero de esta realidad, proliferó con éxito una serie de negocios. Están los más tradicionales, como los alimentos o las clínicas veterinarias, pero también hay otros como hoteles, paseadores de perros, crematorios, cementerios y hasta seguros. Los expertos dicen que esto no para.

  • 15 septiembre, 2008

 

Cada vez es más frecuente que en el gasto de los hogares se destine una mayor cantidad de dinero a las mascotas. No es que ahora lo merezcan más. Se trata de un cambio en el estatus de estos animales. Al alero de esta realidad, proliferó con éxito una serie de negocios. Están los más tradicionales, como los alimentos o las clínicas veterinarias, pero también hay otros como hoteles, paseadores de perros, crematorios, cementerios y hasta seguros. Los expertos dicen que esto no para. Por Cristián Rivas Neira; fotos, Verónica Ortíz

Encontrar hoy un aviso en algún diario ofreciendo servicios de psicología puede ser… pero que la terapia sea para gatos o perros, ya es otra cosa. Raro, pero no por ello excepcional a estas alturas, ya que este es uno de los tantos focos de negocios que han surgido con fuerza en la última década, o incluso en menos tiempo, para el mercado de las mascotas regalonas.

Vaya acostumbrándose. Los expertos hablan de una nueva tendencia. Algo así como que a las mascotas literalmente “les ha subido el pelo”, o han mejorado su estatus. Ya no se trata sólo de un animal, sino que pasaron a tener relevancia como un miembro más de la familia, con atribuciones y derechos que antaño eran impensables y condiciones de vida que muchos consideran un lujo.

Japón y Estados Unidos llevan la delantera en esto. El ajetreo de la vida moderna ha hecho que muchas parejas reemplacen la llegada de los hijos por mascotas y concentren toda su atención en ellas. Así, han proliferado desde alimentos premium con determinada cantidad de vitaminas o ingredientes especiales, hasta tratamientos de pedicure o baños de relajación, sesiones de sanación, ropa a la medida, muchos accesorios y juguetes nuevos, hospedaje en hoteles –incluso con calefacción y con transporte a la puerta de la casa–, y hasta seguros de vida. Eso, sin considerar que también hay otros negocios más específicos, como tecnología de punta en las clínicas veterinarias –con escáner y exámenes químicos similares a los humanos–, paseadores de perros, crematorios y hasta cementerios. De todo esto ya podemos encontrar en Chile.

Si ponemos sobre la mesa algunos números, no resulta tan difícil darse cuenta del porqué de esta proliferación de negocios. Las cifras hablan nada menos que de una población de 3,3 millones de perros y 1,2 millones de gatos en Chile, sólo considerando aquellos que viven dentro de algún hogar. En conjunto se trata de un número relevante, si consideramos que el último censo (2002) habla de 4,1 millones de hogares en Chile, lo que deja en evidencia que en promedio hay al menos una mascota en cada uno de ellos.

No hablamos necesariamente de perros y gatos. La moda ahora es incluir una variedad enorme de alternativas exóticas, como aves, serpientes, iguanas, tortugas, hurones, erizos y peces, muchos de los cuales ya se comercializan con éxito bajo la atenta supervisión de autoridades como el Sesma y el SAG.

La cifra global de perros y gatos es por lejos la mayor. Por eso, casi todos los negocios están centrados en ellos. Más todavía si tomamos en cuenta que una gran parte todavía no goza de los privilegios que tiene un ejemplar del mundo desarrollado. En muchos casos, por ejemplo, la dieta de los perros chilenos siguen siendo las sobras, o los gatos continúan siendo activos cazadores de su propio alimento.

 

 

 

 

Alimentación, lo básico

 

 

Si tomamos el estómago de un perro o de un gato en Chile, algo que el gerente regional Chile-Perú de Nestlé, Benoit Rabourdin define como share stomach, se concluye en que apenas el 50% de la dieta está compuesta de alimentos comerciales. En Estados Unidos o en Europa, esta cifra es significativamente mayor, a tasas del 80% o 90%. Por eso se explica el fuerte crecimiento de la categoría en Chile, a tasas del 15% en los últimos años, y la oportunidad del segmento para
desarrollarse aún más en el futuro.

Nestlé es, desde hace algunos años, dueño de Purina (que tiene las marcas Proplan, Dog Chow, Cat Chow y Doko, entre otras), uno de los cuatro actores que se reparten casi en partes iguales el mercado de alimentos para mascotas en el país. Los otros relevantes son Master Food (Pedigree y Wiskas), Nutri Pro (Master Dog) y Tucapel (Champion). Ellos, más lo que producen otros de menor tamaño, suman un mercado que el año pasado alcanzó los 250 millones de dólares y que presumiblemente se ubicará por sobre los 350 millones en el próximo quinquenio. Todavía muy lejos de Estados Unidos, Japón o Inglaterra, cuyos mercados movieron el año pasado 41.000, 10.000 y 3.000 millones de dólares, respectivamente.

Con su marcado acento francés, Rabourdin describe los tres factores que justifican la expansión que se espera para los próximos años en Chile: la fuerte penetración de mascotas, porque más y más gente quiere tener una; la baja participación de los alimentos comerciales en la dieta de estos animales y la tendencia a escoger comidas de mejor calidad. Es precisamente en este último aspecto donde están concentrados y, específicamente, en la elaboración de productos premium, porque los consumidores están volcándose hacia una sofisticación mayor, como ya ocurre en el primer mundo.

Las últimas cifras que maneja LatinPanel sostienen que el 49% de los hogares en Chile compró alguna vez durante el año una variedad de comida para perros, mientras que un 23% lo hizo para sus gatos. Ambas categorías están dominadas por segmentos socioeconómicos de mayores ingresos y el gasto promedio anual supera los 60 mil pesos en el caso de los perros; y los 31 mil pesos, en el de los gatos.

 

 

 

 

El dueño de la moda

 

 

Pero no sólo de comida viven estos animales. También están un sinfín de accesorios y, por supuesto, ropa. En esto último, Amilkar Castelletto es dueño de las tendencias. El es algo así como el rey de la moda, pues a través de su empresa Pet’s Chile, es uno de los principales importadores y distribuidores de productos orientados a las mascotas. Dice que sus marcas predominan en supermercados, homecenters o tiendas especializadas. Hacia ellos distribuye unos 3.500 productos distintos, desde collares, correas, ropa, artículos de aseo, casas, colchas, camas… por mencionar sólo algunos ítems.

Con la experiencia de varios años, nos dice que el segmento ha crecido fácilmente entre 50% y 60% por año en la última década, pero que se ha frenado un poco en el último tiempo, con porcentajes en torno al 35%. “Hoy por hoy, no se entiende a un perro como era hace 15 años. Los hijos no permiten que los animales lo pasen mal. Hay una mayor interacción. Y uno, como adulto, piensa: ‘si no puedo luchar con que un perro esté sobre la cama o duerma con mi hijo, entonces por lo menos necesito que esté limpio y sano’. Por eso es que vemos que se ha desarrollado tanto el segmento”, explica.

Prueba de ello es también lo que han crecido los espacios dedicados a mascotas en segmentos como el de los homecenters. En Sodimac, la gerenta de negocios, Silvina Brazaitis, no tiene dudas en apoyar estas palabras. La compañía comenzó a desarrollar un formato de jardín más grande y decidió en 2002 fortalecer el área de mascotas. Para eso, recorrieron varios países de Europa en busca de las últimas tendencias y decidieron finalmente entregar espacios de entre 300 y 400 metros cuadrados sólo al concepto de mascotas. Comenzaron en la tienda de La Florida y ya tienen venta de animales vivos en nueve locales; seis de ellos en Santiago, con veterinarios y expertos in situ.

 

{mospagebreak}

Aunque todavía están muy lejos del concepto de tiendas que hay en Estados Unidos, donde es fácil encontrar locales de 5.000 metros cuadrados en que se mezclan perfectamente ventas de animales, alimentos, accesorios, peluquería, pedicure y varios otros servicios. Todavía no es momento de mirar ese formato en Chile, porque se trata de un mercado aún en desarrollo, comenta la ejecutiva.

No se trata de llegar y poner un negocio dedicado a este segmento. Son varias las historias de triunfos, pero también de derrotas. Hace unos años quebró una de las cadenas más conocidas en el mercado, Petland, y varias otras se han modificado en el camino. Castelletto dice que el error principal que se comete en varias de ellas es querer marginar en porcentajes muy altos, incluso sobre el 200%, siendo que el consumidor chileno es más bien reacio a pagar precios tan elevados; menos, en un segmento que recién se está desarrollando.

Para hacerlo bien gráfico, basta decir, por ejemplo, que los chilenos que hoy en día compran ropa para sus mascotas hacen simplemente eso: comprar ropa. No la que está de moda afuera en esta temporada. Por eso, no están dispuestos todavía a pagar precios altos, como en otros países. En la medida en que pasen los años y se afin que como un gasto necesario, sí podría terminará haciéndolo.

 

 

 

Los más novedosos

 

 

La larga lista de servicios que hoy se ofrecen –sobre todo, por internet– considera también otros aspectos importantes entre las personas, como con quién dejar la mascota cuando queremos salir de vacaciones. Desde hace algunos años, esto ya no es un problema. Los hoteles de mascotas han proliferado por doquier en la periferia de la ciudad y constituyen una de las áreas de negocio más recientes.

En esencia, de lo que se trata es de médicos veterinarios o amantes de los animales que han transformado casas de campo en cómodas hospederías para animales de paso. Hay varios ubicados en la zona norte de la Región Metropolitana y algunos en el Cajón del Maipo, a muy precios muy accesibles.

Paula de Ferrari es dueña del Inverness, uno que está en Lampa y adonde no es tan fácil llegar, en medio de caminos secundarios y de tierra. Se trata de un hotel muy al estilo norteamericano, que alberga 20 caniles y zonas de paseo, pero que crece significativamente con instalaciones desmontables durante el verano. Los precios dependen del tamaño de los animales, variando entre 5 mil y 7 mil pesos diarios, valor que se repite en otros recintos de este tipo. Cuenta que el negocio ha ido viento en popa y que esto se debe a que las familias han elevado considerablemente su preocupación por los animales.

Como sus principales clientes son ejecutivos extranjeros, que llegan al país a vivir con todo, también vio un nicho en el transporte de animales fuera del país, y hace poco comenzó a gestionar traslados internacionales, con la documentación que ello implica. Dice que es una de las pioneras en ofrecer este servicio, que aún no está nada de desarrollado y que demanda mucho tiempo ante las autoridades y las líneas aéreas.

La tendencia de los últimos años ha sido que muchos de los criaderos de animales estén derivando en el negocio de hospedería, porque son muy complementarios. Es el caso, por ejemplo, de Antonio Figueroa, que partió con un criadero de perros de distintas razas –el que entrega más de 100 cachorros mensuales al mercado–, y que hoy además cuenta con un hotel con capacidad para 35 animales. Y el de la tienda Pet & Co del Parque Arauco, especializada en mascotas y sus accesorios.

“La mentalidad de los chilenos ha ido cambiando. La gente se preocupa mucho más de los animales. Eso da pie a que podamos innovar con productos distintos: zapatos para perros, cunas para erizos, casas para reptiles. Antes nadie compraba calzado para perro en 40 mil pesos, hoy sí existe ese cliente”, afirma. Por eso, su plan es hacer crecer todas las áreas en que está sumergido junto a su esposa y, en especial, la instalación de tiendas.

También hay otros negocios menos formales, como el de los paseadores. Hoy en día es mucho más fácil toparse en la calle con personas que dedican su tiempo libre a esta actividad, por la que pueden llegar a recibir fácilmente unos 300 mil pesos mensuales dedicando apenas un par de horas al día. La actividad ya tiene varios años en Buenos Aires, mercado más cercano, y para qué decir en los países desarrollados.

 

 

 

 

¿Está asegurado?

 

 

Una de las áreas que más atrajo nuestra atención fue la de los seguros. Sí, porque también los hay para proteger a las mascotas y con bastante atractivo para el público, según nos dice el gerente de marketing de Falabella Pro, Fernando Mortheiru.

La compañía fue pionera en darse cuenta de esta tendencia. Le ha ido bastante bien, con un crecimiento en ventas que de un mes a otro sube 25%. Asegura que el interés de las personas ha sido enorme aunque, por tratarse de un servicio muy nuevo e innovador, la venta no ha logrado traducir aún ese fuerte interés en beneficios. Es lógico, no todos estamos acostumbrados a un producto de este tipo, pero de a poco se ha ido descubriendo su conveniencia.

Por medio de una prima que parte en las 0,17 unidades de fomento, en esta empresa reembolsan un conjunto de gastos veterinarios por accidente o enfermedad, asistencia en la búsqueda de mascotas perdidas o pagos por los daños que pudieran provocar a terceros.

“Sabemos que un 80% de las familias que tienen mascotas consideran que éstas son parte de su núcleo. Lo que hemos armado es una verdadera Isapre de mascotas junto con una comunidad que logra beneficios y descuentos únicos para sus socios”, concluye.

A propósito de comunidad, no son pocos los sitios a los que se puede acceder por la web y que están relacionados a clubes en torno a mascotas. En ellos se ofrecen distintos servicios, se comparten estrategias y modos de crianza y se responden consultas sobre el día a día. Algo que conocen muy bien en las clínicas, cuya interacción con los clientes es cada vez más cibernética.

Una de las clínicas más completas en Santiago es la Veterinaria Las Condes. Allí funciona perfecto el aspecto transversal de los servicios. Hay atención las 24 horas, laboratorio especializado, visitas a domicilio, salas de tratamiento, hospitalización, operaciones de distinto grado, peluquería y una tienda especializada en accesorios. Su dueña, Jacqueline Ballesty, cuenta que están entre los principales establecimientos de este tipo, e incluso muchos otros envían a sus clientes a este lugar para realizar exámenes que requieren mayor tecnología o una segunda opinión.

 

 

 

 

El último guau (o miau)

 

 

Un área que no a muchos agrada, pero que no se puede dejar de mencionar es la de los crematorios y cementerios. Sin duda, la muerte de una mascota es un momento doloroso para la familia; sobre todo, para aquel segmento que crió a estos animales como a un integrante más. Por eso es que han proliferado alternativas que tienden a humanizar el proceso, con distintos tipos de ofertas.

Uno de los pioneros fue el cementerio del Buinzoo, que ya tiene más de 9.000 animales enterrados desde 1989. En sus orígenes, esta alternativa surgió como un modo de financiar la compra de alimentos para los animales que se cuidaban en el zoológico. Hoy, sin embargo, no constituye un ingreso importante, pese a que la cuota que se cancela para dejar allí los animales va entre los 10 mil y los 40 mil pesos anuales, con derecho a renovación de contrato, y llegan anualmente unos 500 cuerpos.

El cementerio del Pilar es otra de las alternativas. Está ubicado en Til Til, rodeado de naturaleza y con dedicación exclusiva. Su negocio es ofrecer el servicio completo, desde recoger a las mascotas en las clínicas, con la opción de cremarlas en hornos ad hoc y devolverlos a sus amos en ánforas especiales, o enterrarlos en el exclusivo predio que está en la falda de un cerro a la orilla de la Ruta 5 Norte. Su negocio es ofrecer los servicios directamente a las clínicas, ya que son éstas las que mejor pueden promoverlo entre los clientes finales.