Más de 8 mil empleados distribuidos en 24 edificios. Un total de 47 mil metros cuadrados para constituir un espacio de trabajo, creación y -muy importante- recreación. Porque en la sede de Google en Mountain View, California, se materializan todas las aspiraciones y filosofía de vida de Larry Page y Sergey Brin, los míticos fundadores de este imperio de Internet, cuyo valor supera los 140 mil millones de dólares. Viajamos hasta Silicon Valley, averiguamos sobre los nuevos planes de la empresa, nos entrevistamos con algunos de sus principales ejecutivos y hasta conocimos a un par de chilenas que triunfan por esos lados.

  • 19 marzo, 2008

 

Más de 8 mil empleados distribuidos en 24 edificios. Un total de 47 mil metros cuadrados para constituir un espacio de trabajo, creación y -muy importante- recreación. Porque en la sede de Google en Mountain View, California, se materializan todas las aspiraciones y filosofía de vida de Larry Page y Sergey Brin, los míticos fundadores de este imperio de Internet, cuyo valor supera los 140 mil millones de dólares. Viajamos hasta Silicon Valley, averiguamos sobre los nuevos planes de la empresa, nos entrevistamos con algunos de sus principales ejecutivos y hasta conocimos a un par de chilenas que triunfan por esos lados. Por Lorena Rubio, desde Mountain View.

 

Cada viernes, Larry Page y Sergey Brin –los míticos fundadores de Google– estacionan sus automóviles híbridos en el enorme terreno que la firma tecnológica posee en sus cuarteles centrales, ubicados en la ciudad de Mountain View, en pleno Silicon Valley.

 

El lugar, que alberga a 8 mil de los 16 mil empleados que tiene la compañía a nivel mundial, no queda demasiado lejos de las casas de Page y Brin, en San José, por lo que realizan este ritual sin alteraciones, a menos que se encuentren en otro lugar del planeta. Pero como casi nunca viajan juntos, al menos uno de ellos –rigurosamente– cruza el inmenso estacionamiento y se dirige al edificio que oficia como unidad principal. Ahí, en una de las cafeterías con que cuenta el lugar, escucha las propuestas, ideas y reclamos de sus empleados. También suele estar presente el poderoso director ejecutivo de la empresa, Eric Schmidt, brazo derecho de Brin y Page y uno de los responsables de que esta firma haya realizado ventas por más de 16.000 millones de dólares en 2007, un 56% más que en 2006.

 

Los encuentros se llaman Thanks God it’s Friday (TGIF) y son parte del particular estilo que se respira en este recinto poblado con 24 edificios y extensos jardines, ubicado a 40 minutos de San Francisco, en el norte de California.

 

Los TGIF sirven para múltiples propósitos, como controlar el funcionamiento de un determinado departamento o, incluso, conocer a los candidatos presidenciales (todos los aspirantes demócratas han pasado por el campus, cuestión que motivó críticas por quienes promovían la participación de postulantes republicanos). Pero su expresión tradicional es el brainstorming. Así surgió, por ejemplo, la idea de que los empleados pudieran llevar a sus perros a la oficina, siempre –por supuesto– que se trate de mascotas tranquilas y acostumbradas a dejar trabajar en paz a su dueña o dueño.

 

También se planteó la necesidad de diversificar la oferta de comida y snacks, luego de que muchos se aburrieran de ver limitadas sus opciones a la granola y los productos orgánicos.

 

Una lógica alimenticia que, aquí en Googlelandia, tiene una fuente de inspiración: “lo que pasa es que Sergey y Larry quieren que nos alimentemos sanamente”, dice un importante ejecutivo con total convencimiento, aunque eso no evitó que la “propuesta” fuese aceptada y hoy abunden dispensadores con golosinas menos saludables.

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Filosofía Googly

 

 

“Larry y Sergey quieren que los empleados sean felices. Es parte de la filosofía Google”, afirma otro convencido profesional de la firma tecnológica. Esa filosofía les proporciona –entre otras cosas- un 20% de la jornada laboral de “libre disposición”, con el objetivo de que los trabajadores tengan tiempo para pensar y generar “ideas propias” (una de las cuales fue el popular Gmail), pero también para realizar actividades recreativas, como jugar pool, ir al gimnasio o someterse a un masaje.

 

Las mujeres que trabajan en la firma acceden a un postnatal de hasta cuatro meses y cuentan con una guardería cuyas profesoras son empleadas de la firma.

El ambiente lúdico y colorido predomina en los pasillos y oficinas de este gigantesco centro de operaciones. Los profesionales de la firma pueden decorar sus oficinas a gusto, lo que permite ver reproducciones de Darth Vader, algún héroe de comic y afiches en los puestos de trabajo. Los ejecutivos caminan habitualmente por el campus en ropa informal y son muchos los que se trasladan a la empresa en bicicleta. The work has to be fun, es la premisa con la que Page y Brin formaron esta megaempresa.

 

Pero ello no significa desorden. Los módulos de cada uno de los empleados están perfectamente amoblados y en cada edificio –al igual que en las oficinas de San Francisco- predominan los chaise longues de cuero en colores fuertes y las lámparas de plasmas, un verdadero fetiche para Sergey y Larry.

Sergey Brin y Larry Page

 

Como era de suponerse, también es parte del predicamento de la compañía el cuidado del medio ambiente: el 30% de la energía en Mountain View es generada mediante paneles solares y los googleanos se vanaglorian de tener la instalación de este tipo de paneles más grande de Estados Unidos a nivel corporativo.

 

La filosofía Googly –como describen a los seguidores de este modelo en la industria– se aplica a todos los ejecutivos, quienes pocas veces se salen de libreto. Una vez la revista Wired le preguntó a Eric Schmidt qué significaba evil (malvado, maligno), aludiendo a la clásica frase con que los fundadores lanzaron las acciones, en 2004: Don’t be evil, lo que muchos entendieron como una velada crítica a Microsoft. “Evil es lo que lo Sergey dice que es evil”, respondió un aplicado Schmidt.

 

 

 

El archirrival

 

 

El campus de Mountain View –una pequeña ciudad de 70 mil habitantes– es un lugar apacible y un aire juvenil se respira en sus jardines y cafeterías. Y lo de juvenil es un dato duro, teniendo en cuenta que la edad promedio de los profesionales de la firma no debe superar los 27 años.

Es el corazón tecnológico, comercial y legal de esta empresa fundada en 1998 por los dos estudiantes del doctorado de Stanford, y que funcionó en una primera fase en un garage.

 

En el edificio 43 trabajan los ingenieros, que en Googlelandia son verdaderos héroes y tienen más comodidades que el resto de los vecinos de este particular mundo. En la entrada cuelga, irónicamente, una reproducción de la Space Ship One, la primera nave espacial de capitales privados que voló al espacio en 2004 y que fue diseñada por Paul Allen, cofundador de Microsoft junto a Bill Gates.

 

Curioso, porque la empresa de Gates se ha transformado en uno de los principales rivales de Google en la red, sobre todo desde que el fabricante de softwares lanzó una oferta hostil por el buscador Yahoo!, la que todavía no prospera, pero que –nadie lo esconde– tiene nervioso al directorio de Google. A tal punto que la empresa de Mountain View –según versiones de la prensa especializada– habría ofrecido financiamiento a Yahoo! para resistir la OPA.

 

La batalla entre Microsoft y Google se agudizó el martes 4 de marzo, cuando se anunció que la vicepresidenta mundial de Operaciones y Ventas en Línea de Google se cambiaba a la competencia. Desde Mountain View se emitió un comunicado para informar que Sheryl Sandberg dejó su puesto para asumir un cargo en Facebook un sitio de social networking (construcción de redes sociales), fundado por Marck Zuckerberg (23 años) y que ha crecido a pasos agigantados, por lo que muchos en el rubro ya lo están llamando la nueva estrella en Internet.

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El asunto es que detrás de Facebook está precisamente Microsoft, que en 2007 firmó un acuerdo para invertir 240 millones de dólares en el portal a cambio de menos del 2% de participación en Facebook. ¿Su objetivo? Competirle a Google, dejando fuera de su alcance una probable nueva adquisición, aunque por ello tuviera que pagar caro, como se interpretó en ese momento. La misma razón, probablemente, que ahora la tiene a la caza de Yahoo!.

 

En Google le restan dramatismo a la partida de Sandberg, quizá porque ellos mismos han aplicado la política de levantar cerebros de su competidor, lo que incluso les ha valido una demanda por “contratación de empleados de la competencia”. Como explica a Capital el director global de Comunicaciones y Asuntos Públicos de la empresa, Alberto Arébalos, “el mundo de Silicon Vallley es así” y recuerda que en febrero ingresó a Google el ex jefe de la división de tecnologías avanzadas de Yahoo!.

 

En el mercado resienten estos movimientos. Tras la renuncia de Sandberg, las acciones del buscador en Wall Street cayeron entre 3% y 4%, cerrando muy cerca de los 450 dólares, lejos de los más de 700 dólares que marcó entre noviembre y diciembre del año pasado. Hace pocos días, el analista de American Technology Research Rob Sanderson afi rmó que la caída de los títulos es repercusión de la merma en el consumo por Internet en un Estados Unidos en pleno proceso recesivo. Según Sanderson, un estudio había mostrado que el número de pagos por clicks había caído entre diciembre y enero, lo que Arébalos desmiente. “Ese fue un análisis de Comscore –una firma de estudios– que fue mal interpretado y, de hecho, aclarado por la propia empresa”, afirma.

 

En todo caso, la batalla de gigantes ignora cualquiera de estas previsiones. El CEO de Microsoft Steve Ballmer afirmó en marzo que uno de los objetivos del gigante del software es alcanzar a Google en el negocio de los anuncios por Internet, aunque esa meta sea “su último aliento en la compañía”.

 

 

 

Planes para rato

 

 

Aunque un supuesto desgaste del modelo Google es comentario entre los expertos –cosa que las cifras desmienten– en el corazón de la compañía no se quedan de brazos cruzados.

 

Los ingenieros están constantemente mejorando los sistemas de búsqueda, labor en la que trabaja una “mente brillante” chilena (ver recuadro), y la firma ha ido ampliando sus mercados de modo exponencial. Además han desarrollado negocios alternativos a la búsqueda, como la oferta de aparatos que sirven para ordenar la información interna de una empresa o institución. En Chile, algunas firmas de retail y bancos ya han adquirido estas google search appliance, como se denomina el sistema en cuestión.

 

La idea –aseguran en Silicon Valley– es mantener, y en lo posible ampliar, el más de 60% de personas que hacen sus búsquedas en la red a través de Google. Para ello, no tienen empacho en reconocer que su objetivo es organizar “toda la información existente en el mundo y subirla a la red”. ¿Le suena mesiánico? En Google afirman que al menos su intención es poder hacer accesible al público todo el material susceptible de ser divulgado en el mundo virtual, y para ello, avanzan en distintos frentes, como los videos, música, imágenes de la tierra (el popular GoogleEarth), del espacio (GoogleSky) y se preparan para incorporar el fondo submarino (GoogleSea). Entretanto, mantienen una serie de litigios con aquellos medios o agrupaciones que no están dispuestos a que sus contenidos se difundan sin que la firma californiana pague los derechos que corresponden. Tan importante es el tema legal que uno de los 24 edificios del campus de Google está ocupado íntegramente por abogados.

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Hace poco cerraron un millonario trato con el gigante multimedia de Brasil, O’Globo –cuya cifra se niegan a revelar–, y mantienen una disputa legal con varias asociaciones de intelectuales norteamericanos, quienes se rehúsan a que sus libros sean divulgados lo que, incluso, ya llegó a los tribunales de Nueva York. La herramienta en entredicho es Google Book Search, un buscador que permitiría acceder a determinadas partes de un libro sin pagar derechos. “Lo que determine la corte de Nueva York es muy relevante, porque definirá qué tan libres, accesibles y democráticos son los contenidos que circulan en Internet”, sostienen en la empresa.

 

 

 

Con el ojo en Latinoamérica

 

 

Las opiniones están divididas. Hay autores como el francés Bernard Girard, autor de El Modelo Google, que afirman que el gran desafío de este tipo de compañías es diversificarse, ya que la publicidad en Internet está decayendo. En Mountain View piensan lo contrario y, además de apuntar a pymes en los países en los que ya están, se muestran decididos a abrir nuevos mercados, prueba de los cual es la oficina que el año pasado comenzó a funcionar en China.

 

Lo mejor de esta arremetida es que del total de ingresos percibidos en 2007, cerca de un 50% provino desde fuera de Estados Unidos. Uno de los grandes consumidores es, precisamente, América latina, la zona que muestra el crecimiento más fuerte en términos de usuarios y productos.

 

“Apostamos a aumentar nuestra presencia en Latinoamérica, India y China”, explica el vicepresidente de Operaciones en América Latina, Daniel Alegre, quien asegura que los estudios indican que es la región donde más se utiliza Internet en el mundo.

 

Consecuente con ello, añade que se están evaluando productos especialmente diseñados para América latina, que serían presentados en los próximos meses, además de seguir aumentando las cifras de comercio electrónico. Así se hizo con el portal de social networking Orkut que, según el ejecutivo, es uno de los sitios e contacto y discusión más usados en Brasil. También lo han hecho en Perú, donde los idiomas utilizados son español y quechua, como una forma de “proteger lo local”, sostiene. Chile tampoco está lejano a los planes de Google. Aunque en la firma reconocen que se trata de un mercado pequeño, destacan su sofisticación e importante número de emprendedores.

 

Pero buena parte de los ingresos de la compañía se explica por la publicidad on line, el mismo factor que tantos dolores de cabeza genera en aquellas empresas que pretenden hacer de sus sitios web una fuente de ingresos. ¿Funciona el avisaje en Google? El gerente de marketing de productos para Latinoamérica, Sergio Civetta, tiene pruebas que lo confi rman. La compañía muestra asos de estudio en Youtube, que Page y Brin compraron en 1.650 millones de dólares el año pasado. Este tipo de publicidad se llama adwords (ads) y consiste en poner un pequeño link de la compañía al costado de los resultados que arroja una búsqueda. Google cobra sólo por el número de veces que los usuarios hagan click en dicho logo, entrega un cupón de prueba y, cuando se trata de micropymes, la firma ayuda a desarrollar los sitios web, explica Civetta. De esta forma, usted puede tener en 15 minutos (todo se hace por Internet) su empresa “corriendo” en la red.

 

Una de las empresas que tiene un video explicativo en Youtube es la chilena Riggs Tecnología, que comenzó vendiendo distintas plataformas (consolas, palm y notebooks) y hoy ofrece soluciones tecnológicas. Según su socio fundador, Ricardo Gutiérrez, “del total de clicks en nuestro portal, el 45% viene de Google”.

 

Son las ventajas de formar parte –así, directa o indirectamente– del mundo Google.

 

 

Chilenas googlies
Una abogada y una ingeniera matemática chilenas forman parte del equipo ejecutivo en la compañía norteamericana con sede en California.
La ingeniera Tania Bedrax-Weiss (izq.) y la abogada
Carola Vásquez

Las aspiraciones laborales de Tania Bedrax-Weiss en sus años de adolescente eran sofisticadas. Quería ser astrofísica. En esa época –en plenos años 80– estudiaba en el colegio Nido de Aguilas y en su casa ni siquiera había un Atari, por lo que el mundo de la computación era algo ajeno para ella. “Siempre me interesó el espacio y era buena alumna de matemáticas”, recuerda esta ingeniera chilena, calificada en la actualidad como una de las profesionales top de Google.


Su primera aproximación a la computación surgió en la Universidad Católica, donde estudió Licenciatura en Matemáticas. Se volvió fanática, a tal punto que fue elegida la mejor alumna en el ramo en 1993. A partir de allí, fue especializándose a la vez que se formaba como ingeniera. Realizó un doctorado en la Universidad de Oregon, graduándose en Inteligencia Artifi cial. Cuando se tituló, uno de los trabajos a los que postuló fue Google, pero no fue aceptada. Se fue a trabajar al NASA Ames Research, un instituto dependiente del centro aeroespacial que se dedica a desarrollar elementos que ayuden en las misiones y también productos relacionados con el conocimiento humano. Su labor específica fue participar en la creación del software Europa, utilizado en la misión a Marte en 2002. “Lo que hicimos fue desarrollar un sistema de planeamiento que ordenara las tareas diarias del robot que se envió a Marte”, explica Bedrax-Weiss.


Tras varios años en el centro Ames, Tania fue reclutada por Google. Hoy es una de las privilegiadas ingenieras de la compañía –“los ingenieros son los reyes en Mountain View”, se suele escuchar en el campus– y su oficina está en el mítico edificio 43, que reúne a los cerebros de la firma. De hecho, la chilena está en el área de research (búsqueda), que es el corazón del negocio de la compañía. Sus proyectos demoran meses y, cada cierto tiempo, debe reportar al comité estratégico de la empresa, en el que participan Page y Brin, y contar sus avances.


A unos 300 metros del edificio de Tania está el enorme departamento legal de la firma. Allí trabaja la abogada chilena Carola Vásquez, quien se fue a Estados Unidos con su marido en 1999, ya titulada de la UC y con especialidad en Derecho Comercial. Luego de trabajar en el centro de mediación de la Universidad de Stanford, postuló a Google en 2006. “Me hicieron entre seis y siete entrevistas, las primeras por teléfono y luego me llamaron”, recuerda. Hoy vive en Palo Alto junto a su marido y sus cuatro hijos, dos de los cuales asisten al Day Care, la guardería googleana en la que todas las mamás de la empresa quieren colocar a sus hijos en edad preescolar, por lo cual la lista de espera por un cupo es casi interminable.


Para Vásquez –quien está a cargo de las negociaciones, contratos y adquisiciones en Latinoamérica– la experiencia Google ha sido “estimulante en lo intelectual y con harto aprendizaje en lo cultural”. Destaca el hecho de que se trata de una firma multirracial, donde lo que importa son los resultados, y que fomenta la curiosidad entre sus empleados. Carola asegura que fue “gracias a Google” que se interesó en el deporte y hoy trota unos 5 kilómetros diarios.