El salto que viene es grande. Crear un sistema nacional de becas a prueba de críticas es una tarea que tiene de cabeza a Mideplan, Conicyt y Hacienda. Cómo asegurar un manejo transparente de los fondos anunciados y conseguir que los mejores lleguen a las universidades top del mundo son parte de las vallas por traspasar. El esquema actual muestra logros, pero también serias falencias de focalización y excelencia. Por Elena Martínez. Fotos, Verónica Ortíz y Elisa Bertelsen.

  • 12 junio, 2008

 

El salto que viene es grande. Crear un sistema nacional de becas a prueba de críticas es una tarea que tiene de cabeza a Mideplan, Conicyt y Hacienda. Cómo asegurar un manejo transparente de los fondos anunciados y conseguir que los mejores lleguen a las universidades top del mundo son parte de las vallas por traspasar. El esquema actual muestra logros, pero también serias falencias de focalización y excelencia. Por Elena Martínez. Fotos, Verónica Ortíz y Elisa Bertelsen.

Fue el plato fuerte del discurso presidencial. La presidenta Bachelet se la jugó el 21 de mayo con un incremento en los recursos y un plan destinado a fortalecer el sistema de becas de estudio. La idea es simple: si el capital humano es clave para el desarrollo y el país no cuenta con los mejores centros de estudio, entonces “Simón manda” enviar al extranjero a nuestros alumnos estrella y traerlos de vuelta con capacitación triple A.

La meta llena de optimismo: 30 mil profesionales capacitados en el exterior durante los próximos 10 años, gracias a un Fondo Bicentenario de Capital Humano, el que se financiará con los intereses de 6 mil millones de dólares. El asunto es que para llevar a cabo el objetivo se necesita un sistema que entregue garantías de transparencia y calidad; en especial, ante las críticas que en el pasado reciente ha levantado el modelo vigente de becas presidenciales.

Y los plazos son estrechos. Las mil becas que las distintas entidades del Estado están entregando durante este año –y que ya implican un incremento respecto de las cifras de 2007– deberán más que duplicarse en 2009: 2.500 asignaciones. Un salto gigantesco, si se considera que en los últimos dos años la Oficina de Becas de Mideplan, por ejemplo, pasó de 150 cupos a 300; y Conicyt, uno de los organismos más dinámicos en el tema y con una diversidad de programas de formación, pasó de 46 aportes para estudios en el exterior durante 2005 a cerca de 300 este año.

Un dato al margen: hay quienes dicen que en el incremento de Conicyt influyó el nombramiento de la ingeniero comercial Vivian Heyl a cargo de la institución; una decisión que cuando fue anunciada causó una agria polémica, ya que los científicos alegaban que no los representaba. Hoy, algunos admiten que su gestión ha sido clave para disponer de más recursos. Tal vez una señal de que el esquema de administración global puede ser un factor para revisar y analizar en los meses venideros.

En este mismo sentido, la puesta en marcha del esquema para hacer realidad las palabras presidenciales es el principal elemento que está en estos días sobre la mesa. Si debe existir un solo organismo a cargo del tema es parte del debate. Hay quienes sostienen que basta con una coordinación, y de hecho es ésta la senda que, por lo menos en esta primera etapa, parece convencer más a la autoridad. Ya la ministra de Educación, Mónica Jímenez, convocó a una reunión a todas las entidades con ingerencia en la materia. Estas últimas están trabajando, encabezadas por Conicyt, y en las próximas semanas deben entregarle una propuesta concreta.

Pero que sea la División de Educación Superior la que, en la práctica, lidere el proceso en ciernes no deja contentos a todos. Rodrigo Castro, investigador especializado en educación del Instituto Libertad y Desarrollo, grafica su opinión con una frase: “todo cambia para seguir igual”. Para él, tiene que haber una discusión técnica de fondo respecto de la institucionalidad idónea. Sobre todo ahora, que se está mirando al futuro. Porque una de sus principales cuestionamientos es que el esquema vigente “hace todo sobre la marcha”.

Menciona como ejemplo el episodio protagonizado por el actual vicepresidente del PPD y ex ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, cuando se difundió que había obtenido la beca Presidente de la República para cursar un postgrado en Cambridge, el cual no finalizó. Fue justamente tras esa intensa polémica que la entonces titular de Mideplan, Clarisa Hardy, introdujo cambios al proceso, los que hasta hoy se implementan. Uno de éstos fue la conformación de un comité técnico de 14 miembros encargado de escoger a los candidatos a la beca. Pero LyD cuestiona que sólo proponga los elegidos y el que decida sea el otro comité especial, que lidera la ministra, pese a que, en teoría, son los pares los mejor calificados para resolver.

Otra demostración de la improvisación al resolver, añade, es la cantidad de miembros de dicho comité, cuando la experiencia reciente –incluido el conflicto de la nueva Ley General de Educación– demuestra la ineficiencia de los grupos muy grandes.

 

La presidenta de Conicyt, Vivian Heyl, y la Ministra de Mideplan, Paula Quintana, protagonizan arduas jornadas de trabajo para afinar el mecanismo mediante el cual se echará a andar la mayor cobertura de becas de postgrado en el exterior. La idea es partir ya, pero hay varias definiciones en análisis.

 

¿Clusters y filosofía?

 
El mundo universitario, donde se concentra la investigación en nuestro país, contempla con esperanza las repercusiones del anuncio presidencial. Pero sí cree fundamental un rayado de cancha. Y aquí entramos en otra zona debatida por estos días: qué áreas de la actividad nacional son las que, en definitiva, deben priorizarse para becar.

Para muchos académicos, definir encadenamientos productivos o clusters, labor a cargo del Consejo Nacional de Innovación que encabeza el ex ministro Eduardo Bitrán, es un punto de partida. El profesor Nibaldo Inestrosa, primer doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad Católica y actual director del Centro de Regulación Celular y Patología, CRCP –justamente, creado en 1999 como proyecto de investigación financiado por Fondecyt– sostiene que “todo tiene que ser innovación en la primera etapa porque se trata que el país cambie, duplique o triplique sus ingresos y pase a ser un país rico en cierta cantidad de años, y eso no se hace con científicos efectuando los experimentos que cada uno quiere hacer en sus laboratorios, sino que con cosas aplicadas”.

Advierte, no obstante, que “no se puede coartar la posibilidad de que aparezca alguien que quiera ser físico en algo que no está representado en lo que está ocurriendo en el país”. Y ese argumento se repite, porque varios de los entrevistados, si bien apoyan el esfuerzo inicial de contar con clusters, defienden la libertad creativa. Otros recuerdan que sectores calificados como encadenamientos productivos –producción frutícola, vitivinícola, salmonicultura y minería, por mencionar algunos– se potenciaron sólo por el riesgo de los privados, sin un rol importante del Estado. Y esta posibilidad es la que creen que debe estar siempre abierta a futuro, sin el peligro de quedar capturados a priori por las políticas públicas.

Entre las áreas donde hay carencias mencionan a las ingenierías –por ejemplo, en materia nuclear– o la astronomía, considerando que quienes más aprovechan la extraordinaria calidad de los cielos chilenos para estudios son profesionales extranjeros. El vicerrector adjunto de Investigación y Doctorado de la UC, Carlos Vio, añade más demandas a este listado. Por ejemplo, biotecnología vegetal y en alimentos, pero sin excluir a los doctorados en economía y a las ciencias sociales, y disciplinas como la filosofía y las letras. Sólo éstas últimas, indica, permiten entender mejor la sociedad y “cómo se adueña de los conocimientos”.

Un borrador preliminar elaborado por el Consejo de Rectores de las universidades chilenas indica que tienen que ser considerados temas como energías alternativas y renovables, recursos hídricos, calidad de la educación, masificación de la banda ancha, producción animal y todas las derivaciones de la salud, seguridad y medioambiente. En la propuesta para el Consejo de Innovación –aún en revisión– figuran también ciencias del océano, industria forestal y exclusión social y pobreza.

En suma, un horizonte ambicioso y que parece lejano, viendo las especialidades hasta ahora priorizadas básicamente por la demanda de los postulantes. Las áreas donde se focalizan los aportes estatales mediante la beca Presidente de la República en los últimos 3 años son ciencias médicas (135 becarios), sicología (67), educación (62), arte (52), administración (51) e ingeniería (51). Más abajo en la demanda figuran economía (49), humanidades (44), derecho (42) y arquitectura (36).

A nivel gubernamental, el tema sigue en análisis. La presidenta de Conicyt, Vivian Heyl, afirma que es una tarea en la que hay que avanzar y que el desafío pasa por aclarar “cómo incorporarla en nuestros instrumentos de selección; y eso es algo que todavía no hemos implementado pero vamos a comenzar…”

 

 

Currículo “ciego”

Y mientras se avanza en las definiciones globales, los procesos de selección de este año han incorporado ciertos perfeccionamientos para evitar suspicacias y defender la meritocracia.

 
Rodrigo Castro, investigador de
Libertad y Desarrollo

 

El jefe subrogante de la Oficina de Becas del ministerio de Planificación, Víctor Osorno, explica que el programa de aportes para estudios en el exterior –gracias al cual académicos y funcionarios públicos pueden seguir magísteres, doctorados, postdoctorados y, en algunos casos, especialidades– se rige por la ley de la Beca Presidente de la República, la cual es muy estricta y en cuyo marco se han ido haciendo adecuaciones para mejorar su funcionamiento.

Así, a contar de 2006 se empezó a emplear el llamado “currículo ciego”; es decir, el nombre del postulante no es conocido por los evaluadores y sus antecedentes se analizan según un código arrojado automáticamente por el sistema informático. También se diseñó una pauta de evaluación que busca ser un mecanismo objetivo de selección porque otorga un puntuaje a cada currículo por parte del comité de expertos. Este parámetro debutó este año y contempla premiar al postulante de regiones.

La ministra de Mideplan, Paula Quintana, destaca que un efecto inmediato del “currículo ciego” fue el aumento de un 7% de las mujeres escogidas respecto del año pasado, en tanto que los becarios seleccionados provenientes de regiones crecieron en un 12%.

En Conicyt no se aplica el currículo anónimo, pero confían en sus 20 comités por áreas . La incógnita es si ambas instituciones podrán absorber la carga adicional de trabajo que supone el Fondo Bicentenario. En Conicyt, el personal está compuesto por 12 personas. Su presidenta argumenta que tienen apoyos en las distintas divisiones de la entidad, tales como fiscalía e informática. Un dato objetivo: su presupuesto para becas y postgrados pasó de 3 mil millones de pesos en 2005 a 14 mil millones este año. Cuánto subirá para 2009 y 2010 está por verse.

 

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Los ranking universitarios

 

En la actualidad, la gran mayoría de las becas entregadas por el Estado tienen a España como destino. Esto se explica por la facilidad que implica no tener la barrera del idioma. Pero dicho antecedente, confirmado por las estadísticas oficiales, genera argumentos encontrados.

Así, hay quienes dicen que las universidades españolas –salvo excepciones como la Autónoma de Madrid, Barcelona, Salamanca y Navarra– no figuran en los primeros lugares entre las mejores universidades del mundo y que es un punto a remediar, porque muchos chilenos utilizan la beca para estudiar en centros no acreditados o de nivel mediocre. La ministra Quintana indica que, justamente, las becas para nivelación del inglés apuntan a incentivar las postulaciones para otros países.

Nibaldo Inestrosa, primer doctorado en cinecias biológicas y director del CRCP

El investigador Nibaldo Inestrosa es tajante en este punto: sostiene que las universidades de primer nivel están en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, y “no hay muchos más sitios”.

Hay visiones más conciliadoras, como la del profesor Juan Carlos Casar, quien se perfecciona en la Universidad de Harvard. Indica que cuando aumentan las becas, la calidad siempre baja un poco. Para él, eso no es negativo: “vivir afuera es un aporte. Chile es un país distinto al de hace 30 años. Puede que para la nación no sea plata perdida, aunque el programa no sea de lo mejor. Obviamente, no es lo que hay que favorecer, pero yo no haría un escándalo por eso. Y es esperable cuando aumenta la cobertura”.

Un análisis del Instituto Libertad y Desarrollo arroja resultados lapidarios sobre la excelencia de los planteles donde están estudiando los becarios chilenos en el exterior. Según el ranking Institute of Higher Education de 2007, que reúne a las 50 mejores universidades del mundo, nuestro país muestra una tendencia decreciente en calidad, aun considerando que hay excepciones, ya que se pueden encontrar muy buenos programas en universidades excluidas de aquella lista.

El mencionado estudio señala que durante el gobierno militar, es decir cuando se creó la beca Presidente de la República, 1 de cada 2 becados fue a una universidad de primer nivel. En las gestiones de los ex mandatarios Aylwin y Frei se pasó a un tercio. Con Ricardo Lagos, 1 de cada 4; y en la actual administración, un quinto.

Otros datos del análisis: el porcentaje de becas a España, país con una sola universidad entre las mejores 200, aumentó 200% con Pinochet y Aylwin; más del 42% con Frei y Lagos; y 31% con Bachelet. Y el porcentaje de becas a planteles que no están entre las 500 rankeadas históricamente excede el 25%.

Este año, por primera vez, la beca Presidente de la República asignó puntaje por ranking de universidades. Y para ello escogió el Ranking de Shangai. Así, quien postuló a una de las instituciones allí incluidas fue mejor evaluado.

Pero en la repartición estatal mencionan otro punto complejo: el becario puede ir a Harvard, pero quizás el programa de Derecho de Yale es mucho mejor, y rankear eso es una tarea compleja. “Esa es la tarea que tenemos a futuro, y ahí hay que generar un estudio, derechamente”, señala el jefe de la oficina respectiva.

 

 

 

Recursos y rentabilidad



 

Carlos Vio, vicerrector de
Investigación y Doctorados UC

Tras las millonarias cifras anunciadas, Hacienda y la Dirección de Presupuestos trabaja en la instalación de las esperadas Becas Bicentenario, como ya algunos llaman a la futura modalidad. Habrá más recursos, por lo que otra de las acciones a regular es la transparencia en su manejo.

Las instituciones coordinadas por el Mineduc creen que el camino va por conformar un sistema de información integrado, de modo de controlar las asignaciones y sus usos por los becarios.

La mayoría de los entrevistados coincide en que no hay temor de corrupción, incluso en quienes ven el tema desde la vereda de la oposición. Donde sí hay incertidumbre es respecto de la real rentabilidad por obtener, y que pasa por recuperar en excelencia lo invertido. Es decir, asegurar el nivel de los postulantes, los proyectos que ejecutan en el exterior y, como decíamos, el prestigio de las universidades donde realizan sus estudios.

Los datos históricos revelan que la deserción de la beca Presidente de la República es mínima. De casi 2 mil aportes estatales entregados entre 1981 y 2008, un 2% no ha terminado sus proyectos. Algunos, por razones de fuerza mayor. Otros, sencillamente porque les fue mal o decidieron no devolver con trabajo en una entidad pública o académica la ayuda recibida del Estado.

 

De 20 casos históricos, sólo 7 han sido traspasados por Mideplan al Consejo de Defensa del Estado para el inicio de los respectivos juicios, de modo de lograr recuperar los dineros invertidos. El de Lagos Weber, quizás el más mediático en su momento, es “caso cerrado” desde el año pasado, según confirmó la ministra de Mideplan, al menos en lo que respecta a “su retribución al Estado y su desempeño en el proceso académico”.

Más allá de este caso puntual, que tuvo sin embargo como un eje positivo el servir para empezar a mejorar mecanismos que evidenciaban falencias, hay coincidencias en que la puesta en marcha del Fondo Bicentenario y la selección y seguimiento de los becarios, no deben merecer ninguna duda o polémica. Y para eso hay definiciones pendientes y mucho trabajo por hacer, gran parte del cual, incluso, entra en la improvisación. Un ejemplo: Segpres entregó un listado de sectores prioritarios para la beca Presidente de la República 2008, el que se había empezado a considerar pero que finalmente se dejó sin efecto a la luz de los cambios en el escenario, generados por la cuenta presidencial.

 

 

EXCELENCIA “PUERTAS AFUERA”

Nadie mejor que los propios becarios para evaluar las ayudas estatales que han recibido. Para ellos, por meses e incluso años, la beca puede ser la gran diferencia entre sencillamente mantenerse en el mundo laboral o bien, audazmente, traspasar el umbral del “conocimiento frontera”, como en el mundo académico se califica a la posibilidad de avanzar más allá de los límites formales del pensamiento y las especialidades profesionales.

El doctor Juan Carlos Casar es un destacado neurólogo chileno que desde hace año y medio trabaja en uno de los hospitales asociados de la Universidad de Harvard. Planea quedarse allá hasta 2010, mientras avanza en una investigación sobre posibles trasplantes de células en enfermedades musculares.

Como académico postuló a una beca Presidente de la República para un postdoctorado y la obtuvo; para su gran alegría, según
relata, pero el cofinanciamiento que le ofreció el laboratorio en Boston era incompatible con otros fondos. Tras consultarlo con los representantes de Mideplan, al final, en el primer año, sólo usó el apoyo para pasajes y libros de estudio. La beca obtenida es por tres años, por lo que resta ver si empleará los aportes nacionales.

Capital conversó con él aprovechando un viaje relámpago que hizo a Santiago. Su objetivo profesional es combinar la atención
de pacientes vinculados a su área de trabajo y seguir en investigación básica.

Ve como altamente positivo los anuncios de un Fondo Bicentenario de Capital Humano, pero los años de especialización fuera –incluido un doctorado en la Universidad de Brown, en Rhode Island, Estados Unidos- le hacen visualizar algunas urgencias para su idónea puesta en marcha. Cuenta que si bien siempre es necesario planificar cuando se está invirtiendo más dinero en desarrollo humano, como científico defiende el valor de la libertad en el quehacer investigativo. Y por ello, valorando por ejemplo la definición de áreas prioritarias o clusters, cree fundamental “dejar un espacio para la ineficiencia”.

“De ahí salen las nuevas áreas del futuro –plantea–. La antigua discusión de la ciencia básica y la ciencia aplicada no puede zanjarse sólo por la ciencia aplicada, porque para ésta también se necesita una base de gente haciendo otras cosas”.

Entre sus pares, hay muchos que han ganado becas estatales. Unos cuantos han tenido que asumir un fracaso, pese a ostentar
niveles de excelencia. “Como estamos en Chile, obviamente deben influir algo los contactos personales”, comenta, pero añade que eso se previene contando con muchas opciones de ayudas.

La investigadora Rebeca Aldunate Magalhaes ha subido peldaños en su perfeccionamiento profesional postulando a los programas Fondecyt, que dependen de Conicyt, para ejecutar proyectos de investigación. Su extenso currículo incluye pasantías en la Universidad de Bordeaux, en Francia, donde trabajó en su especialidad: la energía celular; y una estada en la Universidad de San Diego, en California.

Uno de los proyectos con que ganó el aporte estatal apuntaba a estudiar la unión neuromuscular y los factores de su desarrollo y el rol de las enzimas relacionadas. Tiene una buena opinión del sistema de becas chileno, tanto en el la selección como en el seguimiento de sus logros académicos.

Giancarlo de Ferrari, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Concepción, es biólogo marino y
mientras obtenía su título estuvo seis meses en el Hawai Institute of Marine Biology, fi nanciado por la Nacional Science Foundation. El también se ha especializado en lejanas universidades gracias al respaldo de las becas estatales. Conicyt le permitió solventar, por ejemplo, dos pasantías, mediante proyectos Fondecyt. La primera, por 4 meses en los departamentos de Biología Estructural y Neurobiología en el Weizmann Institute of Science, en Rehovot, Israel. Y la segunda, en la Clínica Mayo de Jacksonville-Florida, Estados Unidos, en el departamento de Farmacología.

Tras sus experiencias en el exterior, plantea que éstas “abrieron mi mente al quehacer científico universal, incluyendo nuevas temáticas, colaboraciones y las técnicas necesarias para abordarlas”.

Comenta que en Chile “recién comienza a asomarse el criterio país cuando vemos que se proponen clusters”. Pero a renglón seguido, y en curiosa coincidencia con el doctor Casar, argumenta que “independiente que dicha visión estratégica de país pueda rendir frutos en el mediano y largo plazo, esperamos que esta priorización no menoscabe la libertad de todo estudiante de poder escoger el camino y el área de la ciencia a los que quiera personalmente aportar”.