¿En qué minuto el hombre de la democracia de los acuerdos se convirtió en el “duro” de la derecha chilena? Allamand dice que no es en él donde se debe buscar la contradicción: “Yo sigo siendo el mismo, aquí la gran metamorfosis es de la Concertación”, asegura. Dispuesto a poner en jaque su capital político, […]

  • 18 mayo, 2007

¿En qué minuto el hombre de la democracia de los acuerdos se convirtió en el “duro” de la derecha chilena? Allamand dice que no es en él donde se debe buscar la contradicción: “Yo sigo siendo el mismo, aquí la gran metamorfosis es de la Concertación”, asegura. Dispuesto a poner en jaque su capital político, establece el momento en que “se jodió” la coalición del arco iris, enumera los desafíos de la Alianza y traza la delgada línea roja entre la derecha política y la económica.
Por Cony Stipicic H. Fotos, Verónica Ortíz.

En Chile no estamos habituados a los libros políticos. En Argentina, cae un presidente o se perfi la un candidato y aparece uno; en Francia, con la llegada de Nicolas Sarkozy, o en Inglaterra por la salida de Tony Blair, ya están empezando a aparecer textos que teorizan sobre las causas de una cosa u otra o que, simplemente, son recuentos de
lo hecho o de lo que debe hacerse.

Los libros políticos son, en esencia, coyunturales y provocadores. Y cuando Andrés Allamand se enfrentó al dilema de ponerle un título al suyo, así lo pensó. Aunque ya parece majadero insistir en el punto, asegura que no obvió el sentido de fuerza asociado a la palabra desalojo, pero que la connotación que le quiso dar no pasa del reemplazo o, políticamente más correcto aún, la alternancia. La misma que se ha transformado para él en un imperativo absoluto.

Absoluto, pero no gratuito ni por derecho propio, como se encarga de señalar con realismo y sentido crítico. Hace rato, Allamand –que tiene a su haber probablemente más derrotas que triunfos políticos– está convencido de que la combinación del éxito no puede fundarse solo en los liderazgos. Sin relato ni institucionalidad –dos cosas en las que el ofi cialismo les ha ganado por knockout–, no hay desalojo posible.

Con eso en la cabeza, en Valdivia, región por la que fue “ungido” senador, escuchó a un decepcionado elector enumerarle todas las razones por las cuales no volvería a votar por la Concertación. Entonces se decidió a escribir. No levantó la cabeza y guardó, junto a sus colaboradores, el secreto.

Resultado: el que debiera transformarse de aquí en adelante en el texto “inspirador” de la Alianza, porque además del impacto, Allamand busca “energizar a la gente de la entroderecha diciéndole que esto no será fácil”.

Sabe que sus batallas políticas no siempre son ganadoras. Y que ahora, de nuevo, puede que muchos lo vean nadar contra la corriente. “Soy una persona que funciona sobre la base de que hay que emplearse al máximo por cumplir un destino.

Si me reviso a mí mismo, con altos, bajos, aciertos, errores, virtudes y defectos, así he funcionado siempre”, dice con ánimo reflexivo. Y agrega convencido: “Esta es la cuarta gran causa de mi vida en la política. La primera fue ser dirigente estudiantil en la UP; la segunda, una centroderecha comprometida con la transición; la tercera fue la democracia de los acuerdos, y ahora es la alternancia en el poder, el reemplazo a la Concertación. Cada una de estas cosas, en sus distintas etapas, han enfrentado altas dosis de adversidad, incomprensión y descalifi cación”.

-¿No será que Andrés Allamand está condenado a ir contra el tránsito y, muchas veces, a equivocarse?
-O a acertar, porque hay quienes sostienen que yo me equivoco y otros que dicen que me anticipo. La idea de una centroderecha que jugara un rol activo y protagónico en la transición fue primero resistida pero valorada con posteridad. Con la democracia de los acuerdos también pasó eso. Y estoy convencido de que con la idea del desalojo va a ocurrir lo mismo. En la primera etapa va a haber resistencia muy fuerte, tanto desde el gobierno como de algunos personajes de la Alianza, que pueden considerar que es una estrategia equivocada. Pero yo tengo, como pocas veces en mi vida, el convencimiento de que la gente va a entender que, poniendo al país por delante, simplemente no puede haber un quinto gobierno de la Concertación.

-¿Y qué le hace pensar que para el éxito de esa estrategia es más efectivo un discurso duro, que se contrapone con su pasado de buscador de acuerdos?
-El discurso es desde la convicción. Esto de duro o blando es una caricatura. La oposición siempre debe tener un ánimo positivo y una disposición constructiva, pero yo no veo que hoy día existan las condiciones para generar democracia de los acuerdos, por dos razones muy simples: la premisa número uno de los consensos es que no se puede agredir políticamente al adversario en aquellos aspectos que para éste son fundamentales. Entonces, cuando la Concertación envía un proyecto de ley orgánica de educación que termina con la educación particular subvencionada y, en opinión de la Alianza, con la libertad de enseñanza, lo que está haciendo es agredir a la contraparte en un aspecto fundamental de sus principios. Y en segundo lugar, porque no veo a la Concertación con ánimo de llegar a ningún tipo de acuerdos, y el mejor ejemplo es el fiasco del Transantiago, al que finalmente se ha terminado por sumar a René Cortázar. Aquí el gobierno impulsa un programa sin consultárselo a nadie, ni a partidarios ni adversarios, y cuando tiene el agua al cuello, se muestra para la galería dispuesto a escuchar opiniones e inventa una martingala que se aparta incluso de la legalidad. La verdad es que yo no veo cómo podría, aunque quisiera, cooperar con un gobierno ensimismado, arrogante y sin carta de navegación…

-¿No le genera ninguna aprensión echar por la borda su capital político?
-Soy de los que cree que el capital político es para usarlo, no tengo la lógica de los rentistas que creen que es para acumularlo en una cuenta corriente que se engrose. Hay que usarlo para lograr los efectos que uno cree beneficiosos para el país. Yo estoy dispuesto a usar mi capital político. Cuando a uno lo caricaturizan o descalifi can, no hay que
ponerse nervioso, pues signifi ca que no hay argumentos. Nadie se va a creer que me transformé de la noche a la mañana en un derechista.

-Piñera, en el lanzamiento de su libro, se mostró partidario de los acuerdos. Las encuestas dicen que la gente prefiere la cooperación.

-Es que si le preguntan a la gente “¿usted quiere que el gobierno y la oposición trabajen juntos por el bien común?”, obviamente el cien por ciento va a responder que sí. Pero el problema es otro: la pregunta pertinente hoy día sería “¿cree usted que con la Concertación se pueden resolver los problemas del país?”. Y mi convencimiento es que la Concertación está agotada y que no hay solución. Pero además creo que se ha ido transformando en una cofradía que se va a aferrar al poder con dientes y muelas, y frente a eso hay que tener carácter. La centroderecha francesa acaba de darle una lección a la centroderecha chilena. ¿Por qué ganó Sarkozy? Porque defendió con fuerza su ideal, porque no tuvo temor de mostrarse distinto de su adversario y porque tenía voluntad de ganar. Si Sarkozy hubiera hecho un discurso blandengue, hoy la presidenta de Francia sería Ségolène Royal.

-Pero Sarkozy era el incumbente, a diferencia de la Alianza…
-Mayor mérito para él. En Francia había dos propuestas de cambio, lo que hacía más complejo el caso de Sarkozy por venir del gobierno. Cuando se producen los disturbios hace dos años, él como ministro del Interior toma distancia, no contemporiza con la violencia y tampoco con la amenaza callejera a las políticas públicas. Lo que hace ganar a Sarkozy son tres cosas: convicción, capacidad de adaptación y, sobre todo, no temer a la diferenciación.

-Defina los errores de la centroderecha chilena.
-Primero, una visión sesgada del gobierno militar que le impide separar lo que estuvo muy mal de lo que estuvo bien. Segundo, el atraso en materia de identidad e institucionalización. Pero para mi gusto, el mayor déficit intelectual tiene que ver con decirle al país no solo que uno haría las cosas mejor, sino qué cosas haríamos distinto. Y las últimas dos campañas presidenciales muestran ese déficit. La campaña de Lavín no estuvo enfocada a mostrar las diferencias en la forma de hacer las cosas, sino a decir que las podíamos gestionar mejor. Y la última campaña terminó en lo mismo: el énfasis no estaba en las propuestas sino en los atributos de los candidatos. Entonces, el desafío intelectual de la centroderecha después de 20 años es decir “no más de lo mismo, nosotros somos distintos, tenemos una propuesta diferente”. Si no tiene convicción para hacer esto, y a pesar de que todos los astros parecen conjugarse a su favor, el resultado será malo.

 

{mospagebreak}“AUTOFLAGELANTE LARVADA”

-Hay partes del libro que pueden despertar el concertacionista que mucha gente lleva dentro. Gran parte de su visión de lo hecho por la Concertación está anclada en el ala izquierda, incluso en el discurso de los llamados díscolos. De los matices que la han caracterizado apenas se hace cargo. ¿No es eso sesgo?
-No, porque otro de los rasgos de la Concertación es su deriva. Yo identifico dos Concertaciones. La primera era una combinación política amplia y diversa anclada en el centro, con una enorme vocación de servicio, que hizo de la transparencia electoral una razón de ser, era implacable en temas de corrupción, con sentido de efi ciencia y transparencia frente a la ciudadanía. La última Concertación es un grupo atornillado en el poder, que ha hecho de la intervención una práctica permanente, es permeable a la corrupción, hace las cosas mal y además las presenta como sabe que no son. Y si bien mantiene rasgos de diversidad, su anclaje está en el bloque PS-PPD. La DC está en un proceso complejo de pérdida de gravitación electoral, de gravitación ministerial –es cosa de ver dónde están hoy las fuerzas en el gabinete–, de gravitación parlamentaria y, sobre todo, de gravitación intelectual. A quién se le podía pasar por la cabeza que una Concertación anclada en el centro iba a mandar un proyecto de reforma a la educación como el actual. Gutenberg Martínez dijo hace un año que habría un antes y un después en la Concertación si la presidenta votaba por Hugo Chávez en la ONU. No lo hace, pero termina visitándolo y reconociendo que quiso apoyarlo pero no pudo.

-Usted cree que, independiente de sus actos, la convicción de la presidenta está en la izquierda.
-No tengo ninguna duda de eso.

-¿Y qué señales ve en sus nombramientos? Andrés Velasco, José Pablo Arellano, el ahora renunciado Blas Tomic, el mismo René Cortázar o Marcelo Tokman… Todos ellos aparecen como guiños al centro.
-No tengo ninguna duda de que ella es una autoflagelante larvada, ese es el mandato de su corazón. Sin embargo, obvio, no puede darle rienda suelta a su instinto porque así la Concertación dejaría de ser tal. Hay figuras como Velasco que entran en un concepto más moderno de modelo de desarrollo. Pero la orientación global del gobierno es otra. El liderazgo de Velasco es muy frágil cada vez que tiene que toparse con el corazón de la actual Concertación y a la hora de las defi niciones, pierde las peleas.

-Pero puede que la del crecimiento no la está perdiendo, según las cifras.

-Mi mirada aquí es más académica. A mí me hace mucha más fuerza que la misma semana en que hay un repunte en el crecimiento, Chile aparezca nuevamente perdiendo competitividad internacional y con resultados educacionales que demuestran que estamos igual que en 1996. Esas son las cifras que hay que mirar.

-Usted deja la sensación de que no se está haciendo nada.

-Todos los gobiernos hacen algo, pero cuando se habla de fuentes energéticas renovables, éstas no son nunca más del 4% de la matriz energética de los países. Lo que pasa es que como hay problemas políticos que impiden abordar los temas de gran magnitud, nos quedamos con los periféricos. Las verdaderas claves de lo que hay que hacer son: mejorar capital humano, innovación tecnológica y flexibilidad laboral.

-Insisto en que para el 2009 este gobierno podrá mostrar mejores cifras, y usted parece apostar solo a la “fatiga de material” de la Concertación.
-No estoy diciendo que Chile esté enfrentando la bancarrota económica, lo que me pregunto es si los pilares más sólidos y permanentes para el desarrollo están en buena forma o están las termitas erosionándolo. Creo, además, que en la próxima elección presidencial habrá otras dimensiones en las decisiones, no solo la económica. Estarán el buen gobierno, la probidad y, por supuesto, la eficiencia. Uno de los mayores costos que ha tenido que pagar la Concertación ha sido este verdadero festival de demagogia por anuncios de políticas públicas que supuestamente son una realidad pero que se desploman, o porque se postergan o porque funcionan pésimo. La gente está saturada de anuncios que finalmente se evaporan.

-¿Y qué hace la Alianza para no ganar simplemente por la fatiga del otro?
-La Alianza tiene, a lo menos, un par de déficit severos. A la incapacidad de construir una identidad y una institucionalidad suma la falta de una visión respecto de su adversario, que es a lo que este libro apunta, y también tiene que seguir difundiendo su propio trazado alternativo y divulgando su programa de gobierno. Ahí hay mucho que hacer y hay que hacerlo sin temor a la diferencia.

-En contraste con la Concertación, la Alianza siempre ha tenido dificultades al administrar sus diferencias.
-Como la Alianza no ha tenido identidad política y no ha construido los circuitos de institucionalidad que le permitan funcionar, entonces la diversidad opera como una especie de fuerza centrífuga, que, hasta ahora, se ha manejado mal, no ha habido espacio para que esa diversidad se desarrolle de mejor manera.

-Podría decirse que es consustancial al ser de derecha el permitir individualismos sin enmarques…

-La centroizquierda en Chile y en el mundo, tiende a ser mucho más formateada, disciplinada y uniforme que la centroderecha. Uno de los grandes méritos de la Concertación es que logró romper esa tradición y generar espacios mayores de diversidad y administrarlos. La centroderecha, por definición, es más individualista, por defi nición es más diversa, tiene opiniones mucho más independientes y mucho menos encasillables.

-Y parece a ratos menos tolerante…
-Es que ahí está la contradicción. La derecha es más liberal que la izquierda, el liberalismo se asocia a los valores de la tolerancia pero esto no se transporta al campo de la política y eso pasa porque los partidos de la centroderecha han sido históricamente débiles y la propia organización política es frágil, entonces esa diversidad natural no se puede expresar. Ahí hay una contradicción que se debe resolver, desde pronto asumiendo una cuestión política de mayor envergadura. La Alianza tiene que ser capaz de acoger a partidarios y adversarios de Pinochet, ni siquiera ha hecho bien ese proceso. Tiene que ser capaz de construir una instancia suprapartidista, porque la UDI y RN son caminos todavía muy estrechos. El mundo independiente no tiene acogida en la institucionalidad de la centroderecha. Eso se logra construyendo un escalón institucional más arriba de los partidos.

 

{mospagebreak}¿CUANDO SE JODIO LA CONCERTACION?

-¿Cómo encaja Sebastián Piñera en su desalojo de la Concertación?
-Encaja a la perfección. Sebastián Piñera tiene que materializar el reemplazo, hoy día él es lejos la figura mejor posicionada de la centroderecha y está en una situación similar a la que tenía Joaquín Lavín tres años antes de la pasada elección. En RN cuenta con el total respaldo y creo además que si bien la UDI va a tener un candidato distinto, la atmósfera en que se va a dar la controversia presidencial va a ser muy distinta de la anterior. Primero, porque se han terminado los traumas. Hoy día es perfectamente razonable que un partido
como RN postule a primarias y un partido como la UDI postule que dos candidatos vayan a la primera vuelta. La vez anterior fue exactamente al revés. Yo no veo ningún trauma en la defi nición presidencial. La relación RN-UDI es muy distinta de lo que era antes.

-¿No cree que la Concertación se anclará al centro buscando que el candidato presidencial sea un DC?
-Por supuesto. Si la política fuera únicamente el campo de la fría racionalidad, la única manera que tiene la Concertación hoy de intentar mantenerse en el poder es cerrando filas con un candidato muy al centro. Esos candidatos tienen nombre y apellido, son Eduardo Frei y Soledad Alvear. Pero la política no es el reino de la ingeniería de pizarrón y hoy no veo condiciones para que el bloque PS-PPD esté dispuesto de antemano a una abdicación de esa naturaleza. Es posible pensar en una maniobra desesperada para aferrarse al poder, pero francamente no creo que vaya a existir esa racionalidad política en la izquierda. Además, Alvear y Frei serían rehenes de esa combinación, porque no tendrían ni respaldo ni cohesión para sacar adelante un gobierno. Si Michelle Bachelet tiene los mayores problemas para gobernar entre sus propios partidarios, es cosa de imaginar los problemas que tendrían ellos.

-¿En qué momento se jodió la Concertación?
-Se jodió cuando prefirió el carisma de Bachelet a la consistencia de Alvear.

Empresarios y Alianza: la delgada línea roja

-Los poderes fácticos que usted denunció hace más de una década, entre los cuales estaban los empresarios, ¿son los mismos con los que se confrontó Hernán Larraín a propósito del proyecto de depreciación acelerada?
-Los empresarios siempre van a ser un poder fáctico, así como los sindicatos también tienen su carácter. Pero más allá de las formas, lo que Hernán Larraín hizo es exactamente lo que había que hacer. El marcó la cancha y fi jó, para mi gusto con gran claridad, el espacio de la autonomía política que siempre los partidos de la centroderecha tienen que tener respecto del empresariado. Y, más aún, la manera en que el empresariado abordó este proyecto de ley de depreciación acelerada fue particularmente incongruente. Ellos no pueden quebrar lanzas por un proyecto que los benefi cia y simultáneamente mantener silencio cuando el gobierno busca decapitar el emprendimiento en el área educacional.

-Parece que ustedes leyeron a Alex Galetovic y Eduardo Engel, que sostienen que la derecha no ha ganado elecciones porque nunca ha estado dispuesta a pelearse con ciertos sectores de su electorado natural.
-El argumento de ellos es, en gran medida, correcto. Ahora, lo que tiene que hacer la centroderecha es no alejarse ni acercarse del empresariado, sino fijar sus puntos de vista. Y debe ser el empresariado el que se acerca o se distancia, no al revés. Nosotros debiéramos haber tenido visiones más claras en un conjunto de aspectos que dicen relación con la legislación laboral, con temas ambientales…

-¿Reconoce que la Alianza defendió en el pasado más de lo políticamente recomendable al empresariado?
-La centroderecha tiene una suerte de dilema, porque por definición es partidaria de la economía social de mercado, al igual que los empresarios. Hay naturalmente una mayor convergencia con la dirigencia empresarial de la que puede tener el Partido Socialista. Lo que la Alianza no ha hecho bien es que no ha marcado correctamente los ámbitos de autonomía y, por otra parte, debió haber sido mucho más categórica y clara en algunos asuntos específi cos, como el debate de subcontratación. Diversas empresas usaron y abusaron de mecanismos de subcontratación en claro perjuicio de sus trabajadores; la centroderecha debió tomar distancia de esas malas prácticas y no lo hizo así, como tampoco lo hizo la propia dirigencia empresarial.

-Clarifique la delgada línea roja entre la derecha política de la derecha económica.

-La centroderecha política tiene que tener como eje central el interés general y la derecha económica y los gremios empresariales deben defender sus intereses sectoriales. Y estos no siempre coinciden con los intereses nacionales. Es falso aquello de que lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos, no es así. La Alianza tiene que ser capaz de distinguir cuándo el interés general entra en colisión con el sectorial.