Fuimos a la Patagonia chilena para ver en terreno la batalla en torno al proyecto de construcción de represas en los Ríos Baker y Pascua. Nos encontramos con un pueblo dividido entre el conservacionismo y abrir sus puertas a la construcción de un mega proyecto que ofrece trabajo, conectividad y energía más barata. Este es el relato de lo que encontramos en esa tierra desmembrada.

  • 14 diciembre, 2007

Fuimos a la Patagonia chilena para ver en terreno la batalla en torno al proyecto de construcción de represas en los Ríos Baker y Pascua. Nos encontramos con un pueblo dividido entre el conservacionismo y abrir sus puertas a la construcción de un mega proyecto que ofrece trabajo, conectividad y energía más barata. Este es el relato de lo que encontramos en esa tierra desmembrada. Por Sandra Burgos; fotos, José Viviani.

 

Llegamos a Balmaceda con la intención de conocer en terreno cómo se vive el día a día en una región que se ha convertido en el epicentro de una de las batallas ambientales más grandes y estridentes del país. Sí, porque a estas alturas nadie ha quedado inmune al gran despliegue comunicacional contra las centrales hidroeléctricas que quieren construir Hidroaysén (5) y Xstrata (2) y a la línea de transmisión que se debe levantar para traer la energía al centro del país.

Fuimos a tierras patagónicas a conversar con su gente y sacar nuestras propias conclusiones y no pudimos hacerlo en mejor momento, porque justo en esos días se estaba clausurando una cabalgata de más de cien jinetes convocados por el Consejo de Defensa de la Patagonia en contra de las centrales.

El periplo ambientalista culminó con un “electrizante” acto frente a la Intendencia que además de avivar la cueca, separó a los habitantes como si fueran protones de electrones, para usar una imagen ad hoc. Ideal, si lo que se quiere es conocer qué piensan los habitantes de la zona sobre este polémico tema.

 

 

Ambiente caldeado

Con la Plaza de Armas tomada por el movimiento ambientalista, nos detuvimos a observar a las personas ubicadas frente al escenario por el cual desfilaban cantautores que entonaban canciones patagónicas que nunca antes habíamos escuchado. Mucho canto nuevo ochentero, que se mezclaba con discursos ambientalistas y de defensa de la tierra.

Las caras de los asistentes claramente provenían de la Patagonia profunda, del Baker, de Cochrane, de Chile Chico y el Valle Simpson. Chilenos vestidos con atuendo de gaucho y que cuando hablan dicen “che”, que visten con pierneras de piel de oveja y cuyos rostros se han curtido con el viento de la pampa.

Tanto en las caras patagónicas como en el rostro de Allison Silverman, una norteamericana miembro del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC), que viajó a Chile sólo a participar en la cabalgata, se aprecia satisfacción. “Somos un grupo de ambientalistas que quiere proteger la Patagonia, tenemos un programa que se llama Biogemas, donde escogemos lugares preciosos en el mundo que están en peligro, Patagonia es uno de esos lugares”, señala Silverman.

Buscamos en la plaza rostros conocidos de parlamentarios y ambientalistas que habían comprometido su participación, pero no encontramos. Uno de los jinetes nos comenta que un día cabalgó con ellos Douglas Tompkins, otro agrega que el empresario salmonero y ganadero, Víctor Hugo Puchi, se les unió los últimos tres días… También lo hizo el cura Porfi rio Díaz, oriundo de la zona del Baker, que con la venia del obispo de Aysén, Luis Infanti, cabalgó los nueve días como señal de apoyo. De hecho, en la “Casa Belén”, que acogió a los jinetes en Coyhaique tras su último día de cabalgata, fue el propio Díaz quien lanzó un encendido discurso llamando a los pobladores a no seguir dando el voto a los parlamentarios que no los apoyaron. “Patagonia libre de voto”, fue su consigna.

Dicen que Juan Pablo Orrego hizo el intento de participar, pero que una poderosa gripe lo dejó postrado en su hotel de Coyhaique. A cambio, contaron con el apoyo de Patricio Rodrigo, coordinador del Consejo de Defensa de la Patagonia, quien se encargó de recordar cada cierto tiempo, la razón que los movilizó.

Pero no todo es oposición a las centrales. En las inmediaciones del acto se aprecia un grupo de gente que observa de lejos. Son personas que se detienen y escuchan algunas canciones, tras lo cual siguen camino a sus casas. Se supone que ellos son los protagonistas, pero en realidad este día están representando un rol secundario.

Es la gente de Coyhaique que no sigue el discurso ambientalista, que a lo más se muestra indiferente, pero que siente que algo importante está pasando en la tierra de Aysén y que a partir de este momento sus vidas ya no serán las mismas.

Sí, porque algo nos quedó claro en esta visita y es que Aysén está dividida. La región se encuentra ante un momento clave de su historia y no tiene una posición común para enfrentarlo. En las calles se palpa esta división entre aquellas personas que por un lado defienden a ultranza el escenario de conservar la naturaleza y aquellos que ven con buenos ojos el desarrollo de estos proyectos, básicamente porque son inversiones privadas que no se han visto nunca en la historia de la región (más de 2.500 millones de dólares), que podrían significar también un desarrollo en lo económico bastante importante para una zona caracterizada por su crónico aislamiento.

 

 

Entre dos polos

 

Con el correr de los días la comunidad se ha ido formando su propia idea respecto del desarrollo de estos proyectos y cómo se ven a sí mismos en este nuevo escenario. También muchos admiten ver en los movimientos opositores la mano del activismo de los grupos ambientalistas. “Aquí hay muchos intereses en juego, no sólo de las empresas sino también de grupos que quieren preservar la Patagonia, pero para sacar provecho ellos. Compran tierras, se aíslan de nosotros, quieren vivir una vida bucólica ahora que vienen de vuelta y que han sacado provecho del sistema, eso no es justo para quienes no han tenido la oportunidad de elegir”, señala un ciudadano de Coyhaique que prefiere mantener su nombre en el anonimato por temor a represalias por parte de los Defensores de la Patagonia.

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Y es que hay muchos ciudadanos que han tenido que cargar con el estigma de haberse acercado a HidroAysén por trabajo o por interés en conocer el proyecto, y que luego han enfrentado que se les tilde de “vendidos”. {mospagebreak}

Pero también hay personas en la otra vereda. “Nuestra región es una zona aislada, a la que sólo toman en cuenta cuando se puede sacar algo de ella. La gente que habita en esta zona está muy sentida con el país, por la poca preocupación que han tenido por la región, sólo ahora cuando necesitan obtener energía, se acuerdan de ella”, señala la egresada de Agronomía, Yerly Fehring, quien tras estudiar en Valdivia regresó a su tierra natal donde se sumó al movimiento de Defensa de la Patagonia. Su opinión coincide con la de quienes aún tienen fresco en la memoria la erupción del Hudson o el terremoto de este año, episodios en que los argentinos llegaron primero con ayuda.

En medio de este antagonismo, hay un grupo de ciudadanos que no adhieren a ninguna de las corrientes, pero que está convencido que el proyecto se hará, porque saben que Chile está inmerso en una crisis energética, donde Aysén aparece en el horizonte como la única o más inmediata alternativa.

“Estamos aislados, necesitamos que llegue el progreso bien entendido. Estoy convencida de que la construcción de las centrales traerá trabajo a esta tierra tan falta de oportunidades. Nuestros hijos se van a estudiar fuera y no vuelven, porque aquí no hay trabajo para ellos, por lo tanto si la empresa se compromete a dar oportunidad a la gente de acá, yo no me opongo”, señala Eliana Contreras, dirigente de la tercera edad de Coyhaique, que nos recibió en su casa para entregarnos sus impresiones del tema. Ella forma parte de este grupo liderado principalmente por ciudadanos de Coyhaique y una parte de Cochrane, que no tienen mayor dependencia de la tierra, creen que ante la inminente construcción de estos mega proyectos, es clave moverse y conseguir que se materialicen bajo ciertas condiciones: “una de ellas es que se cumpla con los estándares más exigentes que preserven el medioambiente y, segundo, que siendo las aguas que se van a utilizar nuestro principal patrimonio, también signifique un fuerte descenso en los costos de la energía para la región”, explica Carlos Martínez, presidente de la Cámara de Comercio de Coyhaique.

Representante empresarial, Martínez debió enfrentar hace un tiempo en carne propia la división de la agrupación, luego que un grupo de empresarios ligados a la actividad turística tomara la opción de oponerse a la construcción de las represas, argumentando que atentaban contra la vocación de la región. El grupo, encabezado por Angel Lara, dueño de El Reloj, uno de los principales hoteles de la capital regional, creó la Cámara de Turismo de Coyhaique y han sido claros en su oposición a las centrales. Esa posición más dura, que raya en el activismo, es liderada por Miriam Chible, dueña del Café Ricer, el centro de encuentro del Consejo de Defensa de la Patagonia, cuyo vocero es Peter Hartmann, quien centraliza todas las inquietudes de los diversos movimientos que forman parte de la agrupación.

 

 

Un frente impensado

 

No la tendrá fácil Hidroaysén en su cruzada por conseguir apoyo. La oposición no sólo se concentra en el ciudadano de los pequeños pueblos a lo largo de la región o en los habitantes del sector del Baker (en Pascua la zona pertenece a Bienes Nacionales). También está la iglesia de la región, liderada por el obispo.

Monseñor Infanti nos explica que 100 años atrás la Patagonia no le interesaba a nadie, que era una tierra perdida, abandonada, al punto de que acá se enviaba a los relegados políticos en tiempos de Ibáñez. Agrega que en los últimos años, se empieza a valorizar más la Patagonia como lugar estratégico por sus recursos naturales y el patrimonio ambiental, lo que provoca la llegada de una gran cantidad de empresas interesadas en invertir y personas que ven en la Patagonia un lugar más grato para vivir. “Pero esencialmente está el interés económico de personas que ven que aquí hay recursos naturales saludables, prístinos, en bruto (…) Eso hace que vengan pequeños propietarios a comprar campos, y también grandes empresas y multinacionales. Es por eso que yo siempre digo que Aysén, me imagino que Chile también, es una tierra vendida”.

Infanti hace una fuerte crítica al sistema económico. “El gran cuestionamiento es si esta política económica neoliberal es la que favorece. Al final es una política de ricos para ricos y, peor aún, dentro de una estructura de poder de ricos para ricos”, asevera. Es por ello, que el obispo está preparando una carta pastoral que espera hacer pública en febrero, que apunta a analizar el tema del agua y en menor medida sus alcances energéticos.

Y si de personajes se trata, también tuvimos ocasión de hablar con pobladores del Baker como Cecilio Olivares (89 años) y su hijo Aquilino, quienes hicieron un fuerte llamado a oponerse al ingreso de personal de las compañías a sus terrenos para hacer estudios y mediciones. “Por los años que tengo, coraje y ánimo me sobra, sé que esta será la última batalla que voy a dar, por toda mi sangre que tengo en el Baker y por todos mis amigos. Que no se diga que Cecilio Olivares no hizo nada por esta tierra”, sentencia el anciano.

 

 

El trabajo en terreno

 

Como se ve, la tarea es complicada para las empresas, que saben que aquí no basta una buena campaña, sino que lo que corresponde es demostrar con hechos la importancia y el alcance estratégico nacional de este proyecto, algo que supone ganarse la confianza de la gente. Es por eso que HidroAysén ha optado por hacer un trabajo en terreno, con casas abiertas itinerantes que recorrieron durante 40 días los pueblos de la región, explicando las modificaciones realizadas al proyecto, que considera la inundación de 5.900 hectáreas, un 36% menos que el plan de 2005 y sólo 4.000 hectáreas adicionales a las que hoy ya están bajo el agua.

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En la actualidad se mantienen dos casas abiertas permanentes en las ofi cinas de la compañía en Cochrane y Coyhaique, a las cuales han asistido personas que comparten el proyecto o que están en contra.

Claudio Sanhueza, jefe de coordinación Aysén de HidroAysén en Coyhaique, explica que en su recorrido se han percatado de una necesidad transversal de conectividad, energía más barata, trabajo y de preservar algunos lugares importantes.

Es por ello, que además de presentar su proyecto, la compañía se ha comprometido a buscar una alternativa de energía más barata (ver entrevista a Hernán Salazar), así como a salvaguardar algunos lugares como el salto del Nef. “Cada comunidad tiene su realidad, hay temas que tienen que ver con subsistencia y otros que tienen que ver con desarrollo, todo depende del entorno donde te muevas”, señala. Pero en terreno también están trabajando los activistas, quienes a través de un grupo denominado de “voluntarios” han salido a los campos. Sin duda será una lucha ardua, maratónica, que se jugará metro a metro, y que hará historia.

 


 

Hernán Salazar. El hombre tras el mayor proyecto energético de la historia

El ejecutivo señala que los opositores a las centrales han terminado por confundir a la comunidad, muchas veces instalando mitos que no tienen sustento.

Hernán Salazar es el hombre que lleva las riendas del proyecto HidroAysén, cuya propiedad comparten Endesa y Colbún. Sin duda, una responsabilidad enorme, “maratónica” como él dice, porque se han convertido en el centro de la batalla ambientalista, no sólo en Chile sino también a nivel internacional.

Ello hace aún más difícil la labor de la compañía, porque además de preocuparse de mantener a raya los niveles de inversión, debe poner un cuidado único en el trato con la comunidad. Saben que sin ella, será imposible construir las 5 centrales que contempla el proyecto.

¿Cómo enfrenta Hernán Salazar esta labor diaria? El ejecutivo explica que aplicando principios y valores en los cuales cree: “En lo personal, creo mucho en la tolerancia, integridad, cortesía y la sensatez, si uno pudiera abreviarlo le sale la palabra TICS. La integridad y la cortesía es algo que se aprende en la casa y tengo un equipo que en el fondo también lo entiende así. La tolerancia y la sensatez es algo que viene producto de la experiencia de vida y, básicamente, de haber tenido la fortuna de haber trabajado en Enap y Endesa, que tienen en su historia un registro de haber hecho un aporte continuo y sostenido al progreso y desarrollo”, declara.

 

 

-¿Por qué es tan importante construir las represas y no buscar otras alternativas?
-El proyecto Aysén es en buena parte la solución de las necesidades energéticas que tiene Chile. El país necesita atender un crecimiento sostenido que, por la etapa de desarrollo en que nos encontramos, está en el orden de 500 a 600 MW al año, eso significa que de aquí al año 2020 Chile necesita duplicar la capacidad de energía instalada.

¿Cómo lo hará? Nuestra propuesta es que se puede hacer en base a los recursos hidrológicos. Chile tiene sólo 4.800 MW de capacidad instalada hidroeléctrica y tenemos un potencial de 20 mil, a lo que se añade que la energía hidroeléctrica es limpia, renovable y, lo que es más importante, es soberana. Es decir, podemos estar más libres de las volatilidades de precios de los insumos fósiles, producto de la dependencia que tenemos del carbón y el diesel. Con este proyecto se da una operación estable al SIC, la variabilidad que en este momento está en un 21% podría verse disminuida a sólo un 9%, producto de que los ríos Baker y Pascua son contra cíclicos. Además puede producir el orden de 314 GW hora al año por km2 de embalse, en circunstancias que otros proyectos más recientes en Chile alcanzan un ratio de sólo 150 GW. Este es un proyecto que tiene niveles de eficiencia sobresalientes.


-¿Es rentable Aysén ante la posibilidad de que se opte en el futuro por la energía nuclear?

-Si se opta por ella, puede tomarnos 15 años tener el primer reactor generando energía. Las necesidades del país en ese período pasarán de 7.000 MW, por tanto es necesario tener una solución que aborde las necesidades de corto plazo. La rentabilidad que se encuentra en un proyecto como Hidroaysén, por lo demás, como es un sistema regulado, es del orden de 10% en promedio.

 

 

-¿Puede existir una alternativa a la línea de transmisión de Transelec?
-Necesitamos un sistema de transmisión y la solución técnica que nos parece más adecuada es la de corriente continua para traer esa energía en forma adecuada y segura al entorno de la Región Metropolitana. Nosotros le hemos encargado a Transelec que nos estudie una proposición técnica adecuada, suficiente, que el proyecto pueda resistir en sus estudios económicos financieros y una vez que tengamos acuerdo con ellos respecto a esa propuesta técnica, pasaremos a la etapa siguiente que es la de conseguir algún acuerdo comercial.

 

 

-¿Entonces puede un tercero presentarles una propuesta más atractiva?
-Bueno ese es el desafío que tiene Transelec en el encargo que le hemos hecho, que nos traigan la mejor alternativa tecnológica disponible en el mundo para esto y estamos esperando que nos llegue esa alternativa para poder terminar de definir aquellos aspectos que son necesarios. En marzo esperamos presentar nuestro proyecto de estudio de impacto ambiental.

 

 

 

Su impresión de Aysén

 

-¿Cuál fue la impresión que se llevó cuando llegó a la zona de Aysén?
-Encontré a una comunidad muy abierta a escuchar, muy respetuosa, lo cual nos comprometió doblemente a seguir trabajando con ellos. Nosotros queremos ser una empresa presente, con ejecutivos que están cerca de la comunidad.

 

-¿Cuáles son sus principales demandas?
-Una de sus preocupaciones permanentes es el precio de la energía que pagan, lo cual nos motivó voluntariamente a estudiar una fórmula para que ellos paguen energía a un costo menor al que pagan hoy y a buscar posibilidades para una región que podría mejorar notablemente su conectividad con el resto del país. En este momento tenemos desarrollado en un 60% el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y es una preocupación permanente el poder medir y hacer realidad estas preocupaciones.

 

-¿Cuánta gente se verá afectada directamente con el proyecto?
-En este momento estamos trabajando en eso, es parte del EIA. Como concepto general, lo que buscamos es diseñar una fórmula de tal manera que aquellas familias que se vean afectadas por el embalse tengan una compensación que los deje en una situación mejor a la que estaban antes.

 

-¿Cómo ve a sus opositores’
-Nuestros opositores han contribuido mucho en confundir a los vecinos, se han instalado mitos, pero son opositores que tienen una posición muy radical, doctrinaria, lo que es muy lamentable porque ellos han iniciado esta campaña sin conocer nuestro proyecto.

 

-¿Qué significa para ustedes la presencia de la Iglesia en la oposición a las represas?
-Yo he visitado a monseñor Infanti, me he puesto a disposición de él para explicarle el proyecto en un par de ocasiones, lo hemos invitado también a la casa abierta. Pero como digo el proyecto está recién comenzando, así que una vez que lo entreguemos al SEIA se van a producir nuevos espacios para seguir conversando.

 

-¿Qué factor podría hacer que HidroAysén no se llegara a construir?
-Más bien me gustaría señalar qué se necesita para hacer este proyecto. Se requiere que tengamos una resolución ambiental favorable y un sistema de transmisión con una resolución ambiental favorable para ser ejecutado, que tras eso tengamos los equilibrios económicos financieros necesarios para sostener un proyecto de esta magnitud en el tiempo y finalmente que nuestro directorio apruebe y dé la orden de proceder de la inversión.

 

-¿Ha variado mucho la inversión estimada inicial?
-En este momento el proyecto de inversión de las centrales tiene un monto estimado de 2.500 millones de dólares, estamos trabajando, evaluando internamente esto y el proyecto probablemente va a subir, porque cuando hicimos el ajuste para hacerlo más eficiente en términos del aprovechamiento del área de embalse subimos un poco la potencia a 2.750 MW. Respecto a lo que va a costar la línea de transmisión, es un tema que depende de la solución técnica que finalmente Transelec vaya a traer y mientras no la tengamos clara, no puedo decir cuánto va a costar. También los mecanismos de cómo vamos a retribuir la inversión que haga la empresa que construya la línea de transmisión, sea Transelec u otra, es algo que va a ser definido en su momento.