Los fabricantes de automóviles están decididos a romper su dependencia del petróleo. Al mismo tiempo se zambulleron en una cruzada cuyo objetivo es dejar de contaminar; ¿podrá ser la energía eléctrica la clave para eso? Por Leonardo Pacheco Salazar.

  • 12 junio, 2008

 

Los fabricantes de automóviles están decididos a romper su dependencia del petróleo. Al mismo tiempo se zambulleron en una cruzada cuyo objetivo es dejar de contaminar; ¿podrá ser la energía eléctrica la clave para eso? Por Leonardo Pacheco Salazar.

 

De conocimiento público son las intenciones de los principales fabricantes de automóviles, quienes a los cuatro vientos pregonan que ya están trabajando en la solución para las dos principales problemáticas de la industria: masificar el uso de una fuente energética no derivada del petróleo y evitar que el automóvil siga siendo un importante emisor de material contaminante.

Se están experimentando no una sino que varias soluciones; algunas de ellas, demasiado costosas como para pensar en su aplicación masiva (hidrógeno) y otras que, junto con solucionar un problema, podrían ocasionar otros de mayor envergadura. Es el caso del uso de medios energéticos derivados de vegetales (maíz o soja), lo que ha llevado a los grandes productores a descuidar los asuntos alimentarios porque daría mejores dividendos entregar el grano para la producción de combustible.

Lo que sí está claro es que, por ahora, no es el maíz ni tampoco el hidrógeno los que llevan la ventaja. Por el contrario, es una energía mucho más conocida y masificada; la que podría convertirse, en corto plazo, en la gran respuesta a la interrogante de la automoción mundial: nos referimos a la electricidad.

En efecto, las bondades de la energía eléctrica hace mucho que son explotadas por el hombre, hasta el punto de que nuestras vidas dependen de ella y la gran mayoría de los avances tecnológicos que mejoran nuestra existencia funcionan con ella. Mejor aún si nos aseguran que además es una energía limpia y acumulable.

 

 

     

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Conociendo las bondades que ofrece la electricidad, algunas marcas automotrices han concentrado sus esfuerzos en sacarle el máximo provecho; y buena parte de esos estudios se han orientado a la tarea de dar con un buen receptor que permita almacenar una considerable cantidad de energía. Para este propósito es el mineral denominado litio el que mejor resultados ha entregado.

El litio se usa normalmente en las baterías de teléfonos celulares y computadores portátiles, y es nuestro país una de las mayores fuentes naturales para su extracción. Usando el litio como fuente receptora, la idea de introducir la tecnología eléctrica en los automóviles de pasajeros ya no parece tan descabellada; de hecho, ya hay modelos que usan esta energía, con resultados bastante buenos.

 

 

     
 

 

 

 

La gran revolución

 

Hace muy poco, General Motors presentó uno de sus prototipos más atrevidos, no tanto por sus formas o soluciones audaces, sino por el hecho de ser el primer ejemplar perteneciente a un ambicioso programa que busca masificar el uso de la energía eléctrica en el área de la automoción; su nombre es Volt.

El Chevrolet Volt obtiene su energía de una batería de ion-litio, la que es capaz de ofrecer una autonomía de 64 kilómetros; según los estudios realizados, esa es la distancia que normalmente recorre una persona que se desenvuelve en la vida urbana.

Pero hay dos problemas: el Volt no se mueve sólo con energía eléctrica, ya que en ciertas situaciones se hace ayudar por un motor térmico que funciona con etanol; lo segundo es que esa milagrosa batería de ion-litio todavía no está desarrollada para el uso masivo, habiéndose puesto fecha límite para el 2012. Como podemos ver, siempre hay un “pero” cuando hablamos de tecnología limpia.

Lo bueno es que hay otras marcas que también están realizando esfuerzos, y eso quedó en evidencia cuando en el pasado Salón de Detroit el grupo Chrysler se dio el lujo de presentar tres modelos experimentales eléctricos: ecoVoyager, Dodge Zeo y Jeep Renegade. Refiriéndonos puntualmente a la propuesta de Dodge, es válido destacar que, gracias a la energía eléctrica acumulada en baterías de ion-litio, es capaz de ofrecer una potencia máxima de 272 caballos.

En su momento fue Toyota, con el exitoso modelo Prius, la firma que tomó la delantera en materia de automoción eléctrica, pero en la actualidad son dos marcas estadounidenses las que pasaron a puntear
esta veloz carrera.

Cadillac revolucionó el escenario al presentar el prototipo Provoq, el que se mueve exclusivamente con electromotores; prescinde del apoyo de un segundo motor a combustión. El otro aventajado es Chrysler, con el ya citado ejemplar ecoVoyager, también impulsado exclusivamente con energía eléctrica.

Pero esta supuesta gran revolución está apenas comenzando, y mucho tiempo pasará antes de que la primera batería de litio realmente funcional esté disponible en el mercado. Luego de eso vendrán la costosa y no menos demorosa transición y por último, la guerra de precios por el nuevo medio energético; recordemos que la idea es que los automóviles se abastezcan en las redes domiciliarias, lo que sin duda ocasionará una considerable alza en el valor de cada kilovatio consumido.