Casi un millón de unidades en el mundo vendió Audi en 2007, completando doce años consecutivos de alza en sus ventas. El plan es ir por más y alcanzar el millón y medio en 2015. Ser los mejores y proyectar esa imagen triunfadora es una de las máximas de los germanos, que no descansarán hasta alcanzar su objetivo.

  • 16 abril, 2008

 

Casi un millón de unidades en el mundo vendió Audi en 2007, completando doce años consecutivos de alza en sus ventas. El plan es ir por más y alcanzar el millón y medio en 2015. Ser los mejores y proyectar esa imagen triunfadora es una de las máximas de los germanos, que no descansarán hasta alcanzar su objetivo. Por José Miguel del Solar.

“En la vida hay dos conceptos claves, la supervivencia y la reproducción. Si sólo hay una salchicha, debo ser más fuerte y rápido para conseguirla y sobrevivir. Lo mismo sucede con la reproducción: si tengo un auto grande, fortalezco mi reputación y soy más atractivo. Esa es la emoción y la imagen de fuerza que pretendemos transmitir. Debemos ser fuertes, jóvenes, dinámicos, saludables y bellos”. Joseph Schon, jefe del departamento de Estrategia de Audi, habla con una vehemencia implacable sobre la táctica que está empleando la casa de los cuatro aros para “conquistar Europa y el mundo”.

El hombre no se arruga ni da pie atrás. Que quede claro: Audi es sinónimo de éxito, mismo éxito que la compañía dice estar alcanzando en el competitivo mercado de los autos Premium. Datos, lanza por doquier. Dice que ya son doce los años consecutivos en que Audi incrementa sus ventas alrededor del mundo, que en 2007 comercializaron 964.151 vehículos, lo que representó un incremento de 6,5% respecto al año anterior y un crecimiento de 25,2% desde 2003, y que “la facturación ha subido más que las ventas”, lo que habla de lo bien cotizados que están en el mercado.

¿Cómo han logrado esto? Fácil, según ellos. Promoviendo la imagen de liderazgo y emoción y mejorando el nivel de satisfacción de sus clientes. Con eso en el bolsillo, ahora el objetivo es claro: vender 1,5 millones de unidades en 2015, para lo cual están enfocados en dar saltos en tecnología, calidad y deportividad.

Para materializar su proyecto, no escatimarán recursos: de aquí a 2012 invertirán más de 15.000 millones de dólares en investigación, desarrollo y equipos, de los cuales, 11.650 millones se destinarán exclusivamente a la creación de nuevos modelos. La idea es aumentar a 40 los actuales 25 y así ampliar la base de potenciales clientes. Entre estos nuevos modelos destacan el desarrollo del A1, un city car Premium, y el Q5, un SUV que llegará a los mercados latinoamericanos a fines de año y que Capital probó en el Audi Forum de Ingolstadt. Es un modelo muy similar al Q7, un poco más pequeño y que mantiene los detalles que definen la personalidad de Audi, como la rejilla frontal y la línea lateral que los diseñadores llaman “tornado”.

La prueba de resistencia más famosa el mundo, las 24 horas de Le Mans, es otra de las prioridades de Audi para demostrar superioridad y deportividad. Sus siete triunfos en los últimos ocho años dan cuenta de ello. Incluso, han sorprendido los últimos dos años, utilizando un modelo R10 TDI; es decir, con turbo inyección directa (denominación del motor diésel en las marcas del grupo Volkswagen).

En Audi están seguros de que el deporte les permitirá fortalecer los atributos que quieren asociar a su marca: fortaleza, juventud, dinamismo, éxito. Y en esto, Le Mans cumple un papel fundamental, porque “resistencia implica calidad”, según Schon. De hecho, no existe interés alguno por entrar al mundo de la Fórmula 1. El propio Rupert Stadler, CEO de la firma germana, lo repitió hasta el cansancio en marzo pasado: “Audi no entrará a la F1” porque, a diferencia de Le Mans, la Fórmula 1 gira en torno a los pilotos yno a las escuderías.

 

 

 

Diseño para seducir

 

Tan importante es para Audi proyectar esa imagen triunfadora, que el diseño es absolutamente prioritario. En su particular estilo, Schon lo explica así: “como es lo que la gente ve, en los últimos años todo ha girado en torno al diseño”.

Y el proceso no es improvisado: actualmente, su equipo de 160 diseñadores y maquetistas diseña los modelos 2012 y 2013, en un plan que comienza evaluando y proyectando el estado de los mercados para ir definiendo los futuros diseños. Cincuenta y cuatro meses antes de la fabricación se define el concepto que se quiere trabajar. Stefan Sielaff, jefe de diseño en Audi, plantea que existe una retroalimentación con el mundo de la moda y del diseño inmobiliario: “los proyectos de autos son a largo plazo y las modas, a corto plazo. Por ejemplo, cuando salió al mercado el TT, sólo un 0,5% de las unidades vendidas fueron blancas,y en 2007 esa cifra alcanzó un 5%”.

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Para definir el diseño consideran la opinión de potenciales clientes y comparan sus modelos con los de la competencia. Cuando se llega a un consenso, se hace un trabajo artesanal de construcción del modelo en arcilla envuelto en metal, idéntico a un auto verdadero. Lo mismo se realiza con el interior, recreando todos los detalles. Incluso uno puede sentarse dentro para tener la sensación de espacio. Y como nada se deja al azar, hasta el motor se modela en arcilla.

Ese trabajo tiene algo de secreto de Estado; en particular, en lo que respecta a los modelos futuros. De hecho, al entrar a las amuralladas pistas de prueba se debe firmar un compromiso de no revelar ningún secreto y son requisados los teléfonos celulares, cámaras fotográficas y de video.

El diseño en Audi pretende ser novedoso, pero guardando siempre una serie de elementos que le dan continuidad a sus líneas, “con el fin de que el cliente disfrute el ciclo”, plantea Sielaff. El diseñador jefe agrega que quizás por eso todos los modelos tienen que tener un carácter deportivo, incluso el Q7, que es un robusto todo terreno, que mantiene el perfil y la elegancia. Otro detalle que se preserva en cada modelo es la relación 1/3 a 2/3 entre el habitáculo y la carrocería, lo que entrega protección, seguridad, robustez y deportividad, insiste Sielaff.

Cuando el modelo de arcilla es aprobado por la plana mayor, comienza la fabricación, algo que normalmente ocurre cinco años después del esbozo original.

 

 

 

 

Tanto Juergen Deforth como Rupert Stadler, CEOs para la región e
internacional, respectivamente, dicen que la apuesta latinoamericana
de la compañía se justifica. Lo que avalan los óptimos resultados que ha
obtenido en 18 de los 19 mercados en que está presente.

 

 

Armando Audis

 

Audi cuenta con cuatro plantas, entre las cuales la mayor y más importante es la de Ingolstadt, una ciudad que apenas supera los 100 mil habitantes y que gira en torno a automotora. De hecho, son más de 32 mil las personas que trabajan en la planta madre, lo que explica que en la ciudad abunden los que en Chile serían liceos técnicos. Al egresar se garantiza el trabajo en Audi en el área que se elija, algo bastante conveniente considerando que la firma entregó en 2007 más de US$10 mil a cada empleado por concepto de reparto de utilidades y el sueldo promedio es de US$8 mil, aproximadamente. En Ingolstadt se fabrican los modelos más populares: el A4, A3, A5 y las carrocerías de los TT Coupé y Roadster.

Las otras plantas están ubicadas en Neckarsulm, a unos 250 kilómetros de la casa matriz, donde se producen los modelos más grandes, como el A8. Aquí se realizan también adaptaciones especiales a pedido del consumidor como, por ejemplo, las versiones blindadas. En Györ, Hungría, está la tercera en importancia, donde se fabrican 1,9 millones de motores anuales (para todo el grupo Volkswagen) y 190 automóviles diarios. Finalmente, en Bélgica, hay una pequeña planta donde producen partes del A3.

El proceso de fabricación de un Audi es fascinante y consta de cuatro etapas: talleres de prensado, carrocería, pintura y ensamblado. Las dos primeras partes están automatizadas en un 94%, para lo cual se utilizan 3.600 robots.

La fase de la pintura comienza con una cobertura electroquímica para prevenir la corrosión, luego de lo cual los vehículos son remojados en piscinas con máquinas rotativas, lo que da paso a cuatro manos de pintura del ancho de un pelo y productos especiales para medir los colores y sombras del auto. La calidad de la pintura se mide también con un software preparado especialmente. El proceso de pintado dura más de diez horas y es realizado casi en su totalidad por mujeres, ya que ellas serían más prolijas y sensibles al color.

La etapa final del armado comienza con lo que en la fábrica llaman “matrimonio”, que es la unión del chasis con la carrocería. En este momento, el trabajo pasa a ser completamente manual. Cada pieza es ajustada por equipos de trabajo de entre seis y ocho personas, a medida que el auto avanza en una línea de ensamblado que está en constante movimiento. Cada auto está separado del otro por unos dos metros, completando 16 unidades por línea.

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Los modelos A3, A4 y A5, que se construyen en Ingolstadt, demoran entre 36 y 38 horas desde el comienzo hasta el fin del proceso, incluidas las diez horas de pintura. Toda la producción es monitoreada por pantallas situadas a lo largo de la línea de producción para detectar los errores y controlar la calidad. La luz verde indica que todo está bien, mientras la café significa que hay algún problema.

 

 

Chile, líder latinoamericano

 

América latina y el Caribe (agrupados en Audio of Latin America AoLA que excluye a Brasil, México y Argentina), es un mercado incipiente para la firma de los cuatro aros, pero que está en clara expansión. De hecho, el crecimiento en el último lustro alcanza un 196,2%, con alzas en 18 de los 19 mercados en que tiene presencia.

Chile es el actor principal de la región, liderando las ventas con 801 unidades durante 2007, seguido por Venezuela, con 475. De hecho, nuestro país es de los pocos en condiciones de comercializar el deportivo R8, la última joya de Audi, un monoplaza de 420 hp, con una aceleración (0-100 km/h) de 4,6 segundos y que alcanza con facilidad los 300 km/h. Al ser un auto hecho casi artesanalmente, se necesita una serie de reglas especiales para importarlo, como mecánicos especializados, una sala de presentación adecuada, asegurar la venta de 2 a 3 vehículos por año y alcanzar por lo menos 20 unidades en ocho años.

Juergen Deforth, CEO de Audi para la región, y Rupert Stadler detallaron su estrategia: “para ser el número uno, no puedes centrarte en sólo un mercado, sino que tienes que satisfacer la necesidad de cada cliente. Hay que estar presentes incluso en países pequeños”. De ahí que también estén, por ejemplo, en Islas Caimán, donde vendieron sólo 20 unidades en 2007 y en Uruguay, que no superó los 90 autos.

El proyecto es ambicioso. De aquí a cuatro años la firma alemana pretende ser líder en el segmento Premium, con ventas que oscilen entre las 5 y 7 mil unidades y abarcar 24 países en 2011. Para ello, no sólo hay que vender autos, plantea Deforth, sino que “hay que sensibilizar clientes y fomentar una conciencia de marca, porque fuimos los últimos en llegar”.

Audi está en el tercer lugar dentro del segmento Premium nacional, explican en la empresa, pero añaden que las distancias con sus competidores se han estrechado y que van por más.