Con ventas por sobre los 3 millones y medio de dólares en 2006, y más de diez años de presencia en Chile, la tonelería francesa Nadalié ya suena fuerte entre los productores nacionales de vino. Un negocio que la familia Villard maneja con criterios tanto de eficiencia como de artesanía. Por Franco Vera La familia […]

  • 23 marzo, 2007

Con ventas por sobre los 3 millones y medio de dólares en 2006, y más de diez años de presencia en Chile, la tonelería francesa Nadalié ya suena fuerte entre los productores nacionales de vino. Un negocio que la familia Villard maneja con criterios tanto de eficiencia como de artesanía.
Por Franco Vera

La familia Villard es vinícola por donde se la mire. Partiendo por el patriarca, Thierry Villard, quien produce con elegancia y cuidado los vinos Villard Fine Wines en el valle de Casablanca y siguiendo con su hijo Sebastièn, gerente general de la tonelería francesa Nadalié en Chile.

Con glamour de sobra, Sebastièn ha sabido hacer de su gusto por el buen vino, un buen negocio. Todo comenzó hace algunos años, cuando partió a Europa para aprender el arte y la técnica de la tonelería. Esta experiencia sería clave tiempo después, cuando los Villard acordaran, junto a la familia francesa Nadalié –con más de cien años en el rubro tonelero mundial– abrir la primera fábrica de barricas franco-chilena y la primera sucursal de Tonelería Nadalié en Sudamérica.

Hoy, esta unión familiar ha dado sus primeros resultados, pasando a ser una de las marcas destacadas en toneles entre los productores nacionales de vino. En la actualidad trabajan con el 90% de las viñas chilenas, encontrándose entre sus clientes las viñas Miguel Torres, Montes, Santa Rita, Concha y Toro, Errázuriz-Caliterra y Veramonte. Pero ése es solo el comienzo.

Las ventas únicamente en nuestro país alcanzaron los 3,6 millones de dólares en el 2006 y esperan aumentar en un 30% esas cifras para el presente año. En todo caso, a nivel mundial, la producción total de barricas del grupo Nadalié alcanzó unas 55 mil unidades durante 2006, de las cuales se fabricaron 35 mil en Francia (con capacidades de entre los 50 y 600 litros), 18 mil en Estados Unidos y 1.700 unidades en Chile. De estas barricas, la planta chilena del grupo solo elabora el modelo Bordeaux Transport, de 225 litros de capacidad.

Las barricas de este tamaño tienen gran tradicion en la industria vitivinícola francesa y fueron introducidas en Chile por Miguel Torres solo a mediados de los años 80. Hasta entonces, el vino chileno se envejecía en antiguos foudres de 10 mil y hasta 20 mil litros. Las barricas pequeñas hacen posible una mayor exposición del vino a maderas nobles. En el caso de los vinos premiun, una barrica se usa una o dos veces como máximo; en el de los varietales, unas cuatro o cinco veces, para efectos de optimizar costos.

La venta de barricas de 225 litros no es el negocio exclusivo de Nadalié. La empresa también “restaura” barricas en mal estado, las que se ocupan tanto para guardar el vino como para madurar whiskies y otros licores similares. Además fabrica cubas y foudres de diversas dimensiones.

MAS QUE UN GALPON

La planta de producción de esta tonelería es un espacio de encuentro de materiales nobles con refinadas artesanías. El cuidado y la atención que Sebastièn Villard le ha dado a esta fábrica se nota en cada rincón de este nuevo edificio –inaugurado recién en 2003, con una inversión de 750 mil dólares–. “Es que yo también soy maestro tonelero”, explica con orgullo, recordando que él también estudió el oficio en Europa. Quizás por lo mismo se ha preocupado en forma personal de que el lugar de trabajo sea muy agradable y seguro para los maestros a cargo, la mayoría de ellos de ascendencia mapuche. “No sé por qué, pero sin que nos lo hayamos propuesto, casi todos los maestros que trabajan acá son mapuches”. Pareciera que la madera está en el ADN de esta etnia y que su gente la trabaja con especial destreza.

Agradables aromas a madera ahumada inundan el entorno de este edificio. Para la elaboración de un tonel, éste debe ser ahumado y la cantidad de humo o la técnica que se le aplique a cada uno, depende en gran medida del tipo de vino para el que esté siendo fabricada la barrica. La experiencia que han ganado los Villard al manejar tanto una viña como una tonelería, les ha dado el know how y una experiencia única, casi envidiable, pues tienen la ventaja de ir experimentando en forma complementaria, tanto el vino, como los toneles. De esta manera pueden orientar mejor a sus clientes según las necesidades particulares de cada producto.

Espacios amplios, importantes flujos de aire para la ventilación, mucha luz y madera por donde se mire. El edificio de Nadalié es sorprendente y se nota que hay un importante trabajo arquitectónico, pues incluso las paredes externas fueron elaboradas inspirándose en el roble y otras maderas, principal materia prima de la tonelería.

Pero no solo de los detalles estéticos se han preocupado los Villard. La maquinaria usada para la fabricación de las barricas ha sido supervisada, e incluso diseñada por Sebastièn. “Muchas de las máquinas que tenemos acá no están a la venta en Chile. La única forma de tenerlas era mandándolas a fabricar”, explica.

Las barricas que ofrece Nadalié son fabricadas con robles traídos de bosques franceses, americanos y de Europa del Este. Para que la madera esté “en su punto” en los procesos de elaboración, debe secarse por unos tres años al aire libre –en los mismos bosques y posteriormente en Chile– y después ha de ser tostada con leña de roble, según el estilo francés. Exactamente este mismo proceso es el que se aplica a los productos alternativos en roble, los Oak Add Ins, entre los cuales se cuentan el polvo, los chips, los cubos, dominós y blocks de roble, que la industria del vino y los licores utiliza en distintas fases del proceso productivo para ennoblecer sus productos. Sebastièn Villard insiste en que hoy estas alternativas también son atendibles para vinos de calidad.

Imposible fue no aceptar la invitación de Sebastièn a probar el producto final de esta cadena. Un vino de producción exclusiva, del cual solo se hicieron una pocas botellas para dar a conocer el producto a futuros clientes. Como no somos expertos, solo podemos aventurar que vale la pena probarlo.