Hace un año decidieron que querían entrar a la ola de inversiones en el mercado futbolístico. Fueron metódicos, pero por sobre todo, astutos. Muy astutos. Tanto, que dejaron fuera del camino a una corredora experta como Euroamérica y lograron hacerse con el 60% de la propiedad del club de fútbol Municipal Iquique, que pronto volverá a su histórica denominación: Deportes Iquique.

  • 14 diciembre, 2007

 

Hace un año decidieron que querían entrar a la ola de inversiones en el mercado futbolístico. Fueron metódicos, pero por sobre todo, astutos. Muy astutos. Tanto, que dejaron fuera del camino a una corredora experta como Euroamérica y lograron hacerse con el 60% de la propiedad del club de fútbol Municipal Iquique, que pronto volverá a su histórica denominación: Deportes Iquique.

 

Aníbal Irarrázabal (ingeniero comercial, 30 años, soltero) dejó todo hace dos meses y se fue a vivir completamente solo a las cálidas y lejanas tierras de Iquique. Su desafío: convertirse en el representante más joven de un grupo que controla un equipo de fútbol en Chile.

 

Irarrázabal, Rodrigo Tagle (31, ingeniero comercial, casado) y Mauricio Silva (32, estudios de ingeniería comercial, comprometido) son desde agosto pasado los nuevos controladores del popular Municipal Iquique, que pronto volverá a llamarse como antes: Club de Deportes Iquique y que la gente llamará, seguramente, Deportes Iquique.

Su desafío es alto. Se trata de un club con fuerte raigambre regional, de hinchada fanática (es el segundo equipo de su categoría en llevar más espectadores al estadio, detrás de Temuco, que dirige el mediático Eduardo Bonvallet) y que está en Segunda División.

Para Aníbal no ha sido fácil adaptarse a un paisaje y estilo tan distinto como es Iquique. Con su cara de niño es el “rostro” de los nuevos dueños y ha debido lidiar con la natural suspicacia de los iquiqueños ante unos propietarios venidos de la capital. Pero ha sorteado los obstáculos y hoy es respetado en el plantel, cuyo técnico planean cambiar, y mantiene una fluida relación con el grupo “de los 22”, que son los socios históricos y fundadores del club.

Sus otros dos socios viajan una vez al mes a esta ciudad de la I Región y están en permanente contacto para tomar decisiones y reunirse con los miembros del equipo, revisar instalaciones y cumplir el riguroso programa que se han trazado y que tendría que terminar con el equipo volviendo a Primera en 2009.

 

 

 

Apasionados por el fútbol

 

¿Cómo estos tres jóvenes más bien vinculados al mundo de las finanzas y absolutamente santiaguinos llegaron a comprarse un equipo en la zona norte de Chile?

La historia es como otras, pero tiene matices que la hacen sorprendente. Irarrázaval y Tagle se conocen desde los 5 años. Fueron al mismo colegio (Cordillera) y estudiaron la misma carrera, pero en distintas universidades: Aníbal en la UC y Tagle en la de Los Andes. En todo ese tiempo, siempre hubo algo que los unió y continúa vigente: su pasión por el fútbol. “Rodrigo siempre ha sido hincha de la Católica, pero a mí me gustaban los equipos del norte”, explica Aníbal.

Cuando niño vivió en Arica y luego, por el trabajo de su padre en Codelco, durante la década de los 80 siempre estuvo ligado a esa zona. “Recuerdo que mi padre trabajaba en Calama y siempre me traía banderines de Cobreloa: fue el primer equipo del que fui fanático”, explica.

La inquietud por el fútbol se mantuvo con los años. Acostumbraban jugar en ligas durante el fin de semana y Aníbal acompañaba a Rodrigo a San Carlos de Apoquindo, pese a no ser seguidor de los cruzados.

Cuando egresaron de sus carreras, pensaron en hacer algo juntos, aunque no tenían muy claro qué. Tagle incursionó en la publicidad –sin demasiado éxito– mientras que su amigo se juntó con otros cinco socios para crear un espacio de arte y cultura que hoy funciona en el Cerro San Cristóbal, llamado Sala Tudor, sociedad que mantiene actualmente. Por su parte, y luego de su fallida incursión en el mundo publicitario, Tagle comenzó a trabajar en el área Vegetales de la exportadora Dole, cargo que aún desempeña.

Ambos recuerdan que hace cosa de un año volvieron a la carga con su idea de hacer un negocio juntos. “Era la época de la apertura a bolsa de equipos como Colo Colo y en el mundo de las finanzas todos estaban mirando clubes”, afirma el ejecutivo de Dole.

Entonces comenzaron a “mirar” clubes chicos que tuvieran las características que ellos buscaban: con seguidores y potencial de crecimiento y que generaran ingresos por venta de entradas.

 

 

Jugada maestra

 

Es aquí cuando entra en escena el ex ejecutivo de la mesa de dinero del Santander y actual corredor de bolsa en Euroamérica, Mauricio Silva. Irarrázabal conoció a Silva hace unos tres años cuando realizaba pequeñas inversiones a través del profesional de la corredora. Con el tiempo comenzaron a generar una relación de confianza y el socio de la Sala Tudor se lo presentó a Tagle.

Silva estaba precisamente estudiando clubes para Euroamérica. Tras un fallido intento con Universidad de Chile –que le fue “arrebatada” por la competencia– y una tentativa sin éxito con Deportes Puerto Montt, la corredora estudiaba con seriedad los números del club iquiqueño. Una importante crisis de liquidez y el hecho de haber estado en Primera División hace sólo un tiempo, convertían al equipo en una oportunidad en medio de un mercado que buscaba oportunidades, recuerda uno de los socios. El equipo de fútbol había estado en Primera hace cerca de ocho años, pero luego inició un período de decadencia que lo llevó incluso a Tercera División, cuestión que superó en 2006 cuando se coronó campeón del fútbol amateur, pasando a Segunda.

Pero estos tres chicos fueron más listos que la corredora. Los tres amigos supieron que a los jugadores no se les pagaba el sueldo desde hace un buen tiempo y sin pensarlo, tomaron un avión y con plata de su propio bolsillo cancelaron la deuda. “Eso nos abrió de inmediato las puertas del club y nos permitió negociar en mejores condiciones”, explica Silva.

Su contraparte en la negociación fue Jorge Fistonic –histórico socio y dirigente deportivo, miembro de “los 22”– que comenzó a escuchar con interés la propuesta de estos tres ejecutivos provenientes de Santiago, quienes, a su vez, comenzaron a viajar cada dos o tres semanas a Iquique. “Nos escapábamos los fines de semana o pedíamos un día de permiso”, rememora el corredor de Euroamérica. Y si bien su “jugada por fuera” dio que hablar en la corredora, hoy el tema está completamente superado, dice Silva.

Tras una serie de tratativas los tres socios hicieron una oferta por el 100% del club. Los “históricos” quedaron de pensarlo y días después entregaron su respuesta: por esa suma (que se mantiene en estricto secreto) estaban dispuestos a desprenderse del 60% del club. Los socios viajaron, el trato se cerró en la ciudad nortina y los jóvenes ejecutivos se convirtieron en controladores de Tierra de Campeones, la sociedad a la que pertenece el club. Un 10% quedó en manos de Euroamérica y el porcentaje restante en poder de los fundadores.

Ahora los tres amigos están abocados a sacar el equipo adelante. Lo primero fue sanear una importante deuda que tenía el club. Luego, comenzaron a evaluar a los 20 jugadores del plantel y se dieron cuenta que, en promedio, ganaban más que otros equipos en la misma ubicación y ahora están con planes de “reconfigurar” el equipo, sacando a algunos jugadores y trayendo a otros, que comenzarán a probar en enero.

Pero su objetivo más importante es conseguir un nuevo entrenador. Al cierre de esta edición estaban a punto de recibir la respuesta de otro entrenador mediático del fútbol chileno: José Sulantay, ex técnico de Cobreloa, quien, dicen los socios, analizaba en serio la oferta de los dueños de Deportes Iquique. También están construyendo una sede para el club –que no existía– e invirtiendo en dos canchas de pasto sintético, que fueron parte del compromiso de compra y que debieran estar listas en seis meses. Además, están contactando a las empresas mineras que operan en la zona para obtener financiamiento para las escuelas de cadetes del club. No es todo. Planean vender asientos y construir palcos para socios que quieran comprar abonos por temporada. Como se ve, están arriba de la pelota.