La crisis del agro –gatillada por la caída en el precio del dólar, el encarecimiento en la mano de obra y la sobreoferta– ha llevado a que no pocos productores tomaran una decisión drástica: arrancar sus parras de raíz y replantar los suelos con cultivos más rentables y menos costosos.

 

  • 29 mayo, 2008

 

La crisis del agro –gatillada por la caída en el precio del dólar, el encarecimiento en la mano de obra y la sobreoferta– ha llevado a que no pocos productores tomaran una decisión drástica: arrancar sus parras de raíz y replantar los suelos con cultivos más rentables y menos costosos.

La escena se repite en varios campos de las regiones V y VI, en la zona central. Un grupo de retroexcavadoras recorre implacable los campos cubiertos con plantaciones de uva de mesa y las arrancan desde la misma raíz. Años de inversión y trabajo son desgarrados, dejando una telaraña de retorcido troncos secos sobre la tierra.

Se trata del “arranque de vides”, como se denomina en el mundo del agro al retiro de parras para destinar dichos suelos al cultivo de otras especies. Y aunque en distintos períodos de la historia de producción de la uva –uno de los productos estrella de exportación– ha habido otras “arrancadas”, los actores del rubro creen que este año será uno de los más intensos en este doloroso proceso.

El agricultor Silvio Zenteno tiene varios campos en la zona de Condoroma –a la salida de Los Andes– junto a otros socios. En uno de ellos, el fundo Santa Griselda, de 50 hectáreas, comenzó hace un par de semanas el proceso de arranque de parras. “En los últimos dos años hemos ido a pérdida, así es que este año decidimos no seguir con la producción de uva de mesa y vamos a reconvertir una parte de los suelos para otro cultivo”, indicó. Si bien todavía no tiene decidido qué va a plantar, es muy probable que sea alfalfa, planta destinada al forraje, cuyo valor es mucho menor al de la uva, pero su producción, más económica. “Para mantener un campo de alfalfa se necesita una persona, mientras que para las vides requeríamos ocho y eso, sin contar la temporada alta (octubre a marzo), cuando fácilmente podían llegar a 100 personas”, explica Zenteno.

También en las cercanías de Los Andes tienen sus campos los hermanos Hernán y Eliana Rodríguez. Don Hernán tiene 84 años y hace 60 que está en el negocio vitícola, así que conoce de sobra los vaivenes de esta industria. Sin embargo, desde hace dos años sus costos se dispararon como nunca antes, de modo que hace un par de meses decidió no renovar las parras viejas y arrancar una parte de las vides de su campo. “No sé si será una impresión, pero siento que el boom de las uvas que se vivió en esta zona hace 20 años está comenzando a morir”, afirma.

Según este agricultor, en su caso “el arranque” lo motivaron varios factores. “Aquí no se trata sólo de la baja del dólar”, advierte, y añade que también han afectado el que la mano de obra se ha encarecido exponencialmente en los últimos años y que la poca variedad de mercados, ya que básicamente ha sido Estados Unidos el destino de la uva de mesa chilena, ha jugado en contra. “Nos confiamos mucho en que este negocio iba a durar para siempre y plantamos más de la cuenta”, reconoce. ¿Su nuevo cultivo? Al igual que su vecino Silvio Zenteno, optará por la alfalfa.

Para el gerente general de Fedefruta, Juan Carlos Sepúlveda, un agricultor promedio de este frutal pierde entre
3 mil y 7 mil dólares en promedio por hectárea, dados el alto costo de la energía, el bajo precio del dólar y un precio que se ha mantenido más bien inalterable en el último tiempo, con una leve tendencia al alza este año.

En Chile existen 62 mil hectáreas plantadas con uva de mesa entre la IV y la VIII regiones. Si bien se desconoce el monto total de vides que serán arrancadas, se estiman que la cifra podría empinarse al 15% del total de la superficie que hoy existe.