En sintonía con la severidad que está mostrando la Alianza, el senador de la UDI habla de la MKII, reprueba el primer año del gobierno de Michelle Bachelet y se muestra escéptico de las posibilidades de mayor dinamismo económico. El problema, dice, es estructural porque la Concertación confía mucho en el Estado y poco en […]

  • 23 febrero, 2007

En sintonía con la severidad que está mostrando la Alianza, el senador de la UDI habla de la MKII, reprueba el primer año del gobierno de Michelle Bachelet y se muestra escéptico de las posibilidades de mayor dinamismo económico. El problema, dice, es estructural porque la Concertación confía mucho en el Estado y poco en el modelo.

Por M. Angélica Zegers V.

Jovino Novoa

 

Las últimas semanas no habían sido fáciles para Jovino Novoa y el cansancio se le notaba. La discusión de la ley de mercado de capitales II (MKII) en la Comisión de Hacienda del Senado, de la que él forma parte, fue intensa y las negociaciones con el gobierno –dice– agotadoras. Tampoco ha sido un año fácil para la Alianza, que si bien se encuentra en un relativo mejor pie en términos de convivencia interna, no logra capitalizar políticamente el desprestigio concertacionista. Si a eso se agrega que en el último tiempo son pocos los líderes de oposición que se han restado a la idea de terminar con la “buena onda” que según ellos han mantenido siempre con el oficialismo, para entrar a una etapa mucho más dura y confrontacional, se genera un cuadro que explica en parte la actitud en que se encuentra el senador gremialista, ex presidente de la UDI y víctima de un montaje hace no tanto tiempo.

Novoa está profundamente escéptico. Puede que el episodio Spiniak le haya matado la fe en sus adversarios políticos. Con una fuerza interior que en su caso es notable, en todo caso, después de ese trance Novoa se recompuso, siguió adelante y se ha comprometido con fuerza en los temas económicos, donde ahora parece estar su trinchera.

Como lo suyo es el derecho, según dice, se ha aplicado por entero a mejorar los “pésimos proyectos que manda el ejecutivo”. Ahora que cerró el tema MKII “con reparos”, se alista a entrar al MKIII, donde están puestas las esperanzas de quienes consideran que el actual proyecto no significará una modernización sustantiva del mercado de capitales.

Desconfianza en el modelo

-¿Cuando dice que los proyectos que vienen del ejecutivo son deficientes, los califica en términos técnicos o ideológicos?

-Bueno, este proyecto venía del gobierno anterior y el actual equipo de Hacienda lo reformuló entero, pero aun así había infinidad de aspectos que se tuvieron que corregir porque venían mal. Ahora, hay otras cosas en que las diferencias son de políticas. La decisión del gobierno de dejar el tema del límite de la inversión de las AFP en el exterior para la reforma previsional es un grave error, porque ese proyecto se puede demorar dos años en salir y la necesidad de las AFP de invertir más afuera para descomprimir el mercado interno es urgente.

-¿Duda de la capacidad técnica del ministro Velasco y de su equipo?

-Nosotros tenemos economistas iguales o mejores que los de Hacienda.

-Lo que no significa que los de Hacienda sean malos…

-No, pero tienen enfoques malos. Ya vimos en el tema tributario que el ministro viene desde hace rato queriendo eliminar la franquicia del 14 bis. Este es un problema conceptual, porque mientras el ministro no cree que sea correcto que las empresas no paguen impuestos de categoría por las Concertaplatas que no retiran, yo creo que es muy importante para el desarrollo de la inversión. Le repito que también vimos una decisión política, no económica, en el tema de las AFP.

-¿No cree que Hacienda mantiene una política económica comprometida con el modelo, como ha ocurrido con todos los gobiernos de la Concertación?

-El problema no es el ministro Velasco, sino el gobierno de la Concertación. El ministro de Hacienda se está defendiendo de una mentalidad que es estatista, intervencionista y absolutamente desconfiada del sector privado.

-¿Qué, ve al ministro actuando con camisa de fuerza?

-Repasemos algunos hechos. El ex presidente Aylwin dijo que había que aumentar los impuestos y Velasco tuvo que decir que no era el momento de hacerlo. Después el ministro de Hacienda fue rectificado por el ministro del Trabajo cuando habló de flexibilidad laboral. Y en la discusión de la ley de responsabilidad fiscal tuvo que argumentar en contra de los senadores del gobierno respecto a que los fondos del Estado no podían ser invertidos en acciones de sociedades anónimas, que era la propuesta de la Concertación, y resulta que mientras el ministro discutía esto con Ominami, éramos los senadores de oposición los que apoyábamos al ministro.

-¿No le indica esto último que el ministro Velasco goza de bastante autonomía y que finalmente se hace lo que él dice?

-El ministro Velasco hace lo que puede, no lo que quiere. En Chile está pasando algo absurdo. El año 2004 crecimos al 6,2%, el 2005 al 6,3% y el 2006, con condiciones espectaculares y con un manejo monetario y fiscal macro excelente, bajamos el crecimiento dos puntos. Los economistas no dan con una explicación, porque la única posible es que no crecemos por culpa de la Concertación.

Hay una mentalidad que es reticente a liberar, a soltar amarras y Velasco se defiende lo más que puede, pero él no es la Concertación ni el gobierno, y en el año que lleva en el cargo ya ha tenido bastantes encontrones con ministros y parlamentarios de la Concertación.

-Se habla mucho de las dos almas de la Concertación. ¿Cuál interpreta mejor a la presidenta?

-Está bastante claro que prima en la Concertación y en el gobierno un alma estatista.

-¿Por qué, entonces, la presidenta instala en un puesto clave, como es Hacienda, a un ministro que supuestamente no comparte sus postulados?

-Porque entrar frontalmente a un discurso de más Estado es tan anacrónico que ni ellos mismos se atreven. Sería ponerse a la altura de Chávez.

-¿No cree que entre los postulados del gobierno de un modelo corregido y el discurso de Chávez hay un largo trecho?

-Es cosa de ver la realidad para darse cuenta de que cada día se avanza más hacia el Estado todopoderoso, en vez de achicarlo en beneficio de las personas.

-Le insisto: ¿por qué entonces, con mayoría en ambas cámaras, con una opinión pública favorable y con una presidenta que mantiene altos índices de popularidad, el gobierno no apura el tranco en la dirección que usted indica y de frentón le da un giro de 180º a políticas económicas resueltamente estatistas?

-De partida, hay compromisos internacionales suscritos en los tratados de libre comercio y poner a un operador afín a lo que realmente quiere el gobierno en el Ministerio de Hacienda significaría echar abajo toda la estantería que Chile ha construido en imagen internacional, basada en personas como Velasco. Sin embargo, frente a cada problema, la solución es una nueva ley y más estatismo. Lo vimos en la rebelión de los pingüinos, cuando la reacción del gobierno fue proponer cambiar la Loce, terminar con la municipalización y establecer una superintendencia de educación. En el tema de la locomoción colectiva es lo mismo, porque en vez de fiscalizar que las micros no anden tan rápido, que paren donde deben y que no contaminen, lo que hacen es crear un nuevo sistema planificado centralmente.

{mospagebreak}Menos leyes y más libertad

-En la comisión de Hacienda del Senado el único economista es Carlos Ominami. Usted es abogado, Hosain Sabag y José García son contadores y Camilo Escalona cientista político. ¿Ha pensado en que el Congreso podría dictar leyes generales en materia económica y dejar a otros organismos las regulaciones técnicas, lo que permitiría, a su vez, despachar estas leyes con mayor rapidez?

-La calidad del Congreso no es ni mejor ni peor que la calidad del país, pero este no es solo un problema de legislación económica, porque el tema central es que frente a cada problema lo que nace es dictar una ley. Yo dedicaría gran parte de nuestro tiempo a derogar leyes, pero esa es nuestra lógica jurídica, no la de la Concertación. Yo estoy abierto a estudiar nuevas fórmulas y creo que si en el MKIII queremos hacer algo que valga la pena, deberíamos formular ciertos principios generales y que las regulaciones queden en manos de un organismo técnico. La ley de bancos, por ejemplo, es muy corta y los bancos funcionan bien con las normas que establece la superintendencia del ramo.

-¿Ha sentido presión de los empresarios en contra de aumentar el límite de inversión de las AFP en el exterior, toda vez que hoy día tienen prácticamente un mercado cautivo en Chile con las inversiones de las AFP en sus empresas?

-El hecho es que en el MKII estaba la norma que permitía el aumento y no hubo presión de las empresas. Lo único que puedo garantizar es que en esta materia vamos a oír en el Senado a los economistas y no a los empresarios. Además, estas normas van a tener que ser de aplicación paulatina, porque no creo que a las autoridades les interese generar una crisis bursátil o que las tasas de interés se disparen.

-¿La bolsa local opera en una burbuja?

-Efectivamente hay una presión sobre la bolsa y, sin ser un experto, creo que en algún momento habrá que liberarla. Lo que nosotros estamos pidiendo es que se eleve el rango máximo, pero las AFP, que hoy tienen cerca del 70% de sus fondos invertidos en Chile, tampoco van a ser suicidas llevándose todo para afuera. Nuestro mercado de capitales es chico porque el país es chico, pero fuera de ciertas regulaciones que responden a este afán de las autoridades de querer controlar todo, este es un mercado moderno, abierto y transparente.

-¿Se podría discutir pronto la ley de gobiernos corporativos, que en principio formaba parte del MKII, y que se rijan por ella las empresas del Estado?

-Mi impresión es que a Codelco le darán trato separado. Además, en esa discusión se preocupan mucho más de las sociedades anónimas que del manejo de las empresas estatales, lo que refleja que siempre la desconfianza está en los privados. Cada intento nuestro para que las empresas del Estado se manejen de manera más eficiente y transparente cuesta una brutalidad.

-¿No es una buena señal que se hayan formado distintos grupos de trabajo a nivel de gobierno y privados para discutir la reforma del MKIII?

-Todas las opiniones, sobre todo en asuntos técnicos como éste, son bienvenidas. Yo espero que el MKIII sí logre que el mercado de capitales sea mucho más moderno y competitivo, pero al final eso pasa por el convencimiento del gobierno y la Concertación, no de los privados.

-¿Cuál es su pronóstico de crecimiento para este año?

-Siempre los pronósticos se han estado corrigiendo a la baja y no veo cuál es el fundamento económico del optimismo del gobierno para pronosticar que este año vamos a crecer un punto más que el pasado. Lo que está pasando es escandaloso y la Concertación tendrá que rendir cuentas en la corte celestial, porque aquí nadie pide cuentas de nada, ya que con las mejores condiciones de la historia, crecimos por debajo del promedio mundial. Así, no veo cómo podremos llegar al desarrollo y derrotar la pobreza.

Un nuevo proyecto

-¿De ser ustedes gobierno, qué habrían hecho y cuánto estaríamos creciendo?

-De partida, al menos ahora estamos haciendo algo que habíamos dejado de lado como oposición, y que es criticar, porque nosotros no tenemos el poder para gobernar. Dicho eso, en materia económica creo que lo primero que tiene que hacer un gobierno es dar confianza a quienes mueven la economía y generan empleo, que son las empresas.

-¿No le parece que los grandes empresarios están bastante cómodos con el manejo de la Concertación?

-A los empresarios no les conviene hablar de política. Las grandes empresas no pueden aplicar una política de choque, porque tampoco el país está en un caos, pero me parece que ninguna de las cosas que estoy diciendo los sorprende. Las empresas tienen que funcionar igual en un país con más o menos regulaciones, con crecimiento 4% ó 7%, con más o menos impuestos. Uno no concibe una gran empresa que cierra la cortina con cada cambio de ministro de Hacienda. No sé si hay una amistad mayor de los empresarios con el gobierno, simplemente tienen que seguir funcionando.

-¿Cree que el problema principal de las empresas es falta de confianza en el gobierno?

-Las grandes empresas tienen más opciones que las pequeñas y medianas para moverse en cualquier sistema. Por ejemplo, frente a las inflexibilidades laborales, lo que hacen es tecnificarse y disminuir mano de obra o salen a invertir afuera. Cuando hablo de falta de confianza estoy pensando en lo que mueve el 80% del empleo del país y que son las pymes y cuando se ve que ha bajado la tasa de desempleo, también hay que fijarse en que no ha mejorado la calidad del empleo. Chile crece incluso por debajo de la tasa mundial y mucho menos que países de América latina que son con los que le gusta compararse al gobierno. Cualquier persona que tiene que tomar una decisión económica tendrá que pensar en lo que pasa si el cobre baja a 80 centavos o si las tasas de interés en el mundo suben, porque si con buenísimas condiciones como las actuales estamos como estamos, no me quiero imaginar un escenario adverso.

-¿Qué tiene que hacer entonces el gobierno?

-Es que yo estoy seguro que el gobierno no va a arreglar nada, la Concertación no va a arreglar el problema. Nosotros creemos que el país crece más con un Estado más chico y ahora que tenemos un fondo de 15 mil millones de dólares, en vez de plantear subir los impuestos o mantenerlos como están, lo que habría que hacer es bajar algunos impuestos y traspasar recursos a las personas. Aquí no se trata de descubrir la pólvora, sino cambiar las condiciones para que se mueva la economía. Para instalar una empresa en Chile hay que contar con un ejército de abogados y lobbystas que permitan superar los cincuenta trámites que se exigen.

-Ejército del que usted forma parte, al menos como socio de una reconocida oficina de abogados…

-Hace más de diez años que no tengo participación activa en el estudio y, por lo demás, eso no me inhabilita para opinar de estos temas ni reconozco ningún conflicto de interés.

-¿No valora iniciativas como las de Chile Compite, que plantea eliminar trabas, o todo lo que se avanzó en MKII en temas de capital de riesgo?

-El diagnóstico está hecho desde hace más de 15 años, pero no solo no se avanza, sino además cada vez veo más obstáculos a la iniciativa privada. Por eso estamos como estamos. No creo que en Chile no funcionen las leyes económicas que sí dan resultado en todos los países que han alcanzado el desarrollo. A raíz del tema del crecimiento opinaron Ominami, Eyzaguirre, Lorenzini y todos le echaron la culpa al Banco Central por el aumento de tasas del año pasado del 5% al 5,25%, como si eso por sí solo explicara el pobre crecimiento de la economía. Otros pedían que hubiera más inflación, porque todavía algunos creen que eso ayuda, y otros decían que el Estado debía gastar más: esas son las recetas de la Concertación.

-Si la Alianza tiene tan clara la receta, ¿por qué no se ve un proyecto potente que los identifique y que logre encantar al electorado?

-La Alianza tuvo un mensaje potente en la primera campaña presidencial de Lavín, el mensaje del cambio caló hondo y la gente entendió que lo que correspondía era que el Estado mirara los problemas de las personas en vez de mirarse el ombligo. Reconozco que después de eso, por distintos problemas, ese mensaje se desdibujó.

-¿Esa reformulación implica tener la valentía política de asumir un mensaje de menos Estado y menos impuestos? Se lo pregunto porque en la última campaña presidencial ni Lavín ni Piñera se negaron a eventuales alzas de impuestos y también cayeron en eufemismos en materia laboral…

-Nosotros tenemos que perfilar un proyecto distinto al de la Concertación. Uno puede estar de acuerdo en subir impuestos en determinadas circunstancias, porque aquí no hay dogmas, pero el planteamiento de fondo de la Concertación es radicalmente distinto al nuestro, porque ellos siempre van a querer un Estado más grande, mientras que nosotros queremos más libertad para las personas. Creo que la Alianza debe plantear con claridad estas cosas, sabiendo que es un discurso poco vendedor en Chile, porque creo que a largo plazo sí vamos a obtener frutos. La Concertación se puede desmoronar, pero si la Alianza no tiene un mensaje claro, nos vamos a terminar cayendo los dos juntos.

-¿Está de acuerdo, entonces, en que han fracasado tratando de construir una opción basados en las críticas al gobierno?

-Nosotros criticamos con justo derecho cuando nos parece que las cosas andan mal. Lo que pasa es que el gobierno se había acostumbrado a no tener oposición. Nuestro proyecto se basa en liberar amarras para que las personas puedan crear y reformular las políticas sociales, porque en Chile el asistencialismo es tremendo, se reparten miles de millones sin criterios técnicos y no hay ningún seguimiento. La Alianza tiene que liderar una nueva generación de políticas sociales.