Es el hijo menor de Jaime Santa Cruz, uno de los socios del grupo Yaconi-Santa Cruz, pero lo suyo, más que ceñirse a las inversiones del padre, es el camino propio. Y en eso ya acumula experiencia en empresas manufactureras, tecnológicas, puntocom y, ahora último, en las exportaciones frutícolas y el comercio minorista. Todo, imitando el sentimiento emprendedor del padre. Por Cristián Rivas N.

  • 14 mayo, 2008

Es el hijo menor de Jaime Santa Cruz, uno de los socios del grupo Yaconi-Santa Cruz, pero lo suyo, más que ceñirse a las inversiones del padre, es el camino propio. Y en eso ya acumula experiencia en empresas manufactureras, tecnológicas, puntocom y, ahora último, en las exportaciones frutícolas y el comercio minorista. Todo, imitando el sentimiento emprendedor del padre. Por Cristián Rivas N.

 

 

Andrés Santa Cruz Negri no se queda quieto un minuto. Es un emprendedor empedernido, según sus propias palabras, definición que ayuda a comprender la cantidad de proyectos en los que ha participado a sus 45 años y que incluye actividades tan distintas como la fabricación de partes y piezas de muebles, la creación de software, incursiones en el mundo del cine y los eventos musicales, las puntocom con Bazuca, y ahora último el retail y las exportaciones frutícolas… Y a ese paso, es muy probable que la lista siga creciendo en los años que vienen.

Así es el hijo menor de Jaime Santa Cruz López, uno de los fundadores del grupo Yaconi Santa Cruz López junto a su hermano Manuel y a Hugo Yaconi, y que son los controladores de empresas más que reconocidas como DIN-ABC, Lipigas, el Mall Paseo Estación y Pesquera El Golfo.

Aunque Andrés también tiene su cuota de participación indirecta en esos negocios –a través del holding familiar que maneja dichas inversiones– lo cierto es que el camino propio ha sido dominante en su vida; en especial, luego de completar sus estudios de ingeniería industrial en la Universidad de Santiago.

El dice que gran parte de su espíritu aventurero se lo debe a la visión empresarial que ha cultivado su padre, cuya característica principal es estar constantemente buscando oportunidades. Pero en una de esas el gen mutó, porque lo suyo es más bien superlativamente busquilla.

Fue en esa permanente exploración que hace poco más de un año surgió la última de sus iniciativas emprendedoras, que ya ha dado que hablar en el retail. Sí, porque imitando el modelo de la Multialianza Supermercadista (MAS), MTS o Chilemat –que agrupa a supermercados y ferreterías pequeñas–, creó junto a Mauricio Bello la cadena Redmarket, empresa que busca reunir a la mayor parte de los 100 mil almacenes de barrio que existen en el país.

Santa Cruz dice tener conciencia de que es difícil lograr esa meta y que por eso, por ahora, sólo están concentrados en Santiago, donde está un tercio de estos almaceneros. Y aunque hasta ahora han reclutado cerca de 300 negocios y la idea es alcanzar los 500 dentro de este año, él no se queda corto en las proyecciones y aspira a conquistar el 10% de Santiago en el mediano plazo.

El negocio principal de Redmarket es unificar el formato de estos almacenes, mejorar su imagen, agregarles un poco de tecnología y ofrecer servicios contables. Una vez que concentren un número más elevado de socios se buscará negociar mejores precios con las empresas proveedoras, tal como hoy lo hacen los grandes retailers. De hecho, ya han iniciado acercamientos con varias de ellas.

Para hacerse una idea de lo releallí a Nicolás Boetsch y a Santiago Muzzo. Con el primero, en lo sucesivo, continuó, embarcado en otros proyectos.

La cartera de negocios también incluye el área tecnológica, en la que hasta hoy participa en una proveedora de soluciones informáticas para las empresas. A través de Logam lleva un par de años desarrollando programas para grandes compañías. Entre sus clientes figura Falabella, al proporcionarle una red de quioscos de remuneraciones. Hace poco firmaron un contrato con Jumbo para proveerle sistemas de beepers para enviar mensajes entre sus trabajadores y así evitar llamarlos por altoparlantes.

 

 

También en la entretención

 

Pero lo que sin duda se escapa a la idea más tradicional de hacer negocios fue su paso por el campo de la entretención. Hace tres años decidió sumergirse en el mundo de la música y fue productor asociado de la venida a Chile del grupo británico Placebo.

Dice que este negocio es como una ruleta rusa: hay organizadores a los que les va muy bien y otros que definitivamente lo pierden todo. Y no depende del cantante o grupo, porque hubo muy buenos intérpretes que no llenaron el lugar elegido, afirma.

Recuerda que antes de tomar la decisión de ingresar a esta actividad lo consultó con su hija mayor, porque él en realidad no tenía idea de quién era ese grupo. Fue ella quien aplacó sus aprensiones y lo instó a meterse. Pero no todo podía ser tan fácil. El día del espectáculo falleció el Papa Juan Pablo II y se encontraron de golpe con todas las entradas vendidas en la Estación Mapocho, pero sin saber si cancelar o no el concierto. Finalmente, optaron por lo segundo y no se equivocaron: hubo lleno total, pero no fue motivo suficiente para que decidiera seguir en el negocio.

También en esta línea, el cine capturó su atención. Fue en una sola película, Fuga, donde decidió poner algunas fichas. Allí también fue productor asociado y participó en el financiamiento junto a otros empresarios como Alvaro Saieh, mientras Nicolás Boetsch tuvo la misión de allegar otros capitales. Aquí las cosas resultaron más o menos. De partida, no se logró la audiencia esperada y además hubo muchos comentarios que en realidad no tenían mucho que ver con la trama de la cinta. Cree que esas críticas eran del tipo político y apuntaban básicamente contra el director Pablo Larraín, hijo del senador UDI Hernán Larraín.

Entre las cosas anecdóticas de esta inversión, dice que lo más entretenido fue participar junto a su esposa e hijos como extras en distintas escenas de la película.