“La crisis de confianza no se manifiesta respecto de tu mundo privado, en el cual desarrollas tu actividad, ni en tu familia, ni en tu empresa, ni con el banco cuando interactúas con éste, ni en la escuela pública o particular o subvencionada donde tienes a tus hijos. Ese mundo parece que no te provocara […]

  • 12 noviembre, 2015

alvaro-fischer

“La crisis de confianza no se manifiesta respecto de tu mundo privado, en el cual desarrollas tu actividad, ni en tu familia, ni en tu empresa, ni con el banco cuando interactúas con éste, ni en la escuela pública o particular o subvencionada donde tienes a tus hijos. Ese mundo parece que no te provocara tanta desconfianza. Provoca desconfianza lo público.

Pero no todo lo público. ¿Y qué es lo que no cae, o que incluso sube en las encuestas? Los Carabineros y las Fuerzas Armadas. Entonces uno dice: por qué. Voy a adelantar una hipótesis: porque no tienen que ver hoy con el poder y eso es un gran éxito de la democracia.

Y esto lo conecto con el tema de la Constitución, a propósito de lo que ha dicho Jorge Correa Sutil, respecto de que para hacer un cambio constitucional se requiere un elemento que lo motive, algo fundacional, que provoque y alrededor del cual se geste esta nueva constitución. Y que acá no se ha presentado. Pareciera que ésta es una Constitución simbólica y hay que cambiarla porque viene de atrás, de los militares, de la dictadura y de allí una gran parte de los problemas que hemos comentado.

Y si la sociedad chilena decide matricularse en este camino, a lo mejor es la manera de hacerlo.

Pero el problema está en que las constituciones no son instrumentos que sean la acumulación de los deseos de las personas. Lamentablemente, son instrumentos técnicos muy sofisticados que han sido pensados por gente que se dedica a esto y sus perfeccionamientos se hacen a través de procesos de ensayo y error, o de sutiles modificaciones, muy meditadas. Entonces, la delegación de la lista de deseos, es exactamente lo contrario a la Constitución.

Así que estamos metidos en un callejón que tiene mal pronóstico. Porque lo que uno pretende, si realmente quiere que sea la casa de todos –como dijo el ministro Jorge Burgos–, es que la constitución sean principios tan generales que los gobiernos puedan proponer leyes distintas. A mí me parece que como está planteado el debate, va por un mal camino, por esa dualidad entre generar un instrumento sofisticado, bien pensado, que gira en torno a un tema que lo aglutina, o tener una lista indefinible e interminable de deseos y buenas intenciones”. •••