Alfredo Jocelyn-Holt pone en duda la coherencia política de Sebastián Piñera, de quien dice que de ganar “hará un gobierno de la Concertación”. Y mantiene sus cuestionamientos frente a Michelle Bachelet: “se ha destacado por su ineptitud”.

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  • 4 marzo, 2009

 

 

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Alfredo Jocelyn-Holt pone en duda la coherencia política de Sebastián Piñera, de quien dice que de ganar “hará un gobierno de la Concertación”. Y mantiene sus cuestionamientos frente a Michelle Bachelet: “se ha destacado por su ineptitud”. Por Federico Willoughby O. y Marcelo Soto; fotos, Enrique Stindt.

La casa de Alfredo Jocelyn Holt, en un pasaje de Pedro de Valdivia, es una especie de isla en medio de los condominios y el caos vial. En su acogedora y bien dotada biblioteca, que da a un parrón junto a una pileta, reinan el silencio y la tranquilidad, aunque a pocas cuadras el bullicio y las construcciones modernas, altisonantes, marcan agresivamente la identidad de un barrio que está dejando de ser lo que era.

Autor de una aplaudida Historia de Chile –que va en su tercer tomo, el notable Amos, Señores y Patricios, sobre los siglos XVII y XVIII–, Jocelyn-Holt también, en cierta forma, pertenece a una estirpe en retirada: alguien que se define de derecha, pero critica fuertemente a su sector; crítico del pinochetismo, y a la vez duro opositor a los gobiernos de la Concertación; un polemista fiero y contundente, que pareciera tener más amigos en la izquierda que en su propia parcela.

Por sus opiniones muchas veces ha estado en el ojo del huracán. Hace 4 años puso en incómoda situación a la entonces candidata Michelle Bachelet, al cuestionar su consistencia política, y hoy mantiene sus críticas: “ella ha estado siempre en permanentes contradicciones, da la impresión de que es una persona que todavía no deja de sorprenderse de estar en ese cargo”, dice sobre la presidenta, aunque tampoco sale bien parado en su análisis Sebastián Piñera: “creo que es una persona muy representativa de los años 80, en términos económicos y políticos, y por eso me parece que corresponde a un modelo especulador, agresivo, exitista, que es lo que acaba de derrumbarse en los últimos 6 meses”.

Cuando Chile se apronta a celebrar su bicentenario, quisimos conversar con el historiador para conocer su visión sobe el estado del país. Como siempre, su punto de vista puede ser controvertido, incluso despiadado, pero nunca banal ni carente de interés.

-¿Qué similitudes se pueden encontrar entre el centenario y el bicentenario? En ese tiempo estábamos en plena riqueza del salitre, pero hubo crisis. Ahora venimos saliendo de un positivo ciclo del cobre y de nuevo estamos en un período de estancamiento.

-Es atractiva la comparación, porque a primera vista se ven similitudes muy pronunciadas. La sensación de malestar pareciera ser coincidente, también el escenario positivo en términos de crecimiento y que después se estanca. En 1907 hubo una crisis económica mundial y en este caso nuevamente hay una crisis de proporciones. Son antecedentes que reafirman la idea de un ciclo y por lo tanto uno tiende a hacer la comparación… y ahí aparece la sensación de que estamos empantanados y no nos podemos mover. Que hay algo medio fatal que nunca podremos superar y que tarde o temprano vamos a caer en el mismo pantano. Pero
yo rechazo tal idea. Creo que en la historia nada es fatal. Nosotros somos dueños de nuestra historia.

-¿Hay una paradoja entre estos períodos de bonanza y el desarrollo frustrado del país?

-Esa es la famosa tesis de Aníbal Pinto, que sostiene que nosotros tenemos un desarrollo político muy fuerte y tenemos condiciones económicas bastante débiles. Y esa es la paradoja: somos un país pobre que en algunos momentos ha obtenido recursos. Después de la Guerra del Pacífico, con el salitre; después con el cobre, fenómenos pasajeros. Este es un país pobre y justamente porque es pobre tiene que ser muy inteligente en su manejo político de recursos escasos. Por lo tanto tenemos un desarrollo político muy sofisticado para lograr equilibrar fuerzas políticas que pugnan o amenazan con desestabilizar. Eso habla bien del sistema político chileno. En general.

-Pero esa sofisticación no siempre se advierte en los dirigentes. De hecho usted fue muy crítico el 2005 con Michelle Bachelet, en ese entonces candidata. Planteó su desconfianza respecto a si ella era un producto mediático, populista, “una carta tapada, no reconocida aún de las fuerza militar”.

-Yo he sido crítico con todos los gobiernos de la Concertación. Pero mi crítica a la Bachelet fue exclusivamente en esa coyuntura, aludiendo a su pasado que es muy interesante desde el punto de vista político, porque ella viene de la izquierda dura pero al mismo tiempo ella es más que eso. Ella tiene vínculos con los militares por la relación con su padre, pero también porque ella ha sido ministra de Defensa en el gobierno de Lagos y porque ella tiene formación en temas de Defensa. Y esto no lo entendieron. El punto era que ella había estudiado en Estados Unidos en centros de estudios estratégicos, lo cual es bastante raro porque a su vez ella vivió en la República Democrática Alemana, no precisamente exiliada; ella se fue exiliada a Australia y desde allí elige libremente irse a la RDA, siguiendo a su madre, que siempre ha sido cercana al Partido Comunista. Por tanto yo me hacía la pregunta si ella no era la carta tapada de los militares. Eso fue lo que gatilló el efecto medio escandaloso de una pregunta que era abierta.

-Fue una pregunta particularmente dura, ¿no se arrepiente?

-La pregunta era absolutamente legítima desde el punto de vista histórico. Dado que ella pertenece al Partido Socialista, que es el único partido (junto con el MIR, pero el MIR desapareció) que tiene política militar, porque en su origen se da el caso de que el fundador del partido es también el fundador de la Fuerza Aérea de Chile, que es Marmaduque Grove. Intentaba dilucidar cómo esta persona, que prácticamente había salido de la nada, había llegado a ser candidata. La señora Bachelet no tenía una trayectoria muy notable, ¿qué hacía en esa situación? Yo quería que me explicara, porque era una incógnita histórica.

-¿Y en estos años ha encontrado una respuesta?

-Lo que ha quedado demostrado es la ineptitud de la señora Bachelet como gobernante. Aun cuando ella me parece una muy buena persona y yo no pongo en duda sus buenas intenciones. Además, me parece una mujer honesta, precedida por gobiernos bastante corruptos. La presidencia de la República ha sido un gestor de corrupción fuerte y me parece que esa crítica se le puede hacer al gobierno de Lagos fuertemente, pero no creo que se le pueda hacer a la señora Bachelet. La señora Bachelet sí se ha destacado por ser inepta. Entonces, cuando yo analizo el problema, pienso que la pregunta que yo le hice no la pudo responder porque no tenía idea o la pilló por sorpresa. Sin embargo, ella es una persona que ha tenido adiestramiento en materias de inteligencia –a menos que los centros de entrenamiento americanos sean muy malos– y entonces pienso que ella vio el peligro de la pregunta.

-El viaje a Cuba, en ese sentido, no destacó precisamente por su oportunidad y buen tino.

-Ella tiene cierta espontaneidad fuerte, muy propia de la generación de los 60. Eso la hace muy auténtica, pero la lleva a cometer torpezas políticas como el viaje a Cuba, una torpeza con el agravante de que se le advirtió y se le advirtió desde todos los sectores políticos. Me parece que ella se da ciertos gustos, y este es un gusto izquierdista. Quería sacarse la fotografía con Fidel Castro. Para una persona como la señora Bachelet, Fidel es un referente muy fuerte, es el personaje latinoamericano más importante del siglo XX, sin lugar a dudas. Si alguien pone a América latina en el mapa de la historia contemporánea, para bien o para mal, es Fidel Castro. Por lo tanto ella, para estar en la historia, tiene que sacarse la fotografía al lado de Fidel. Con Raúl Castro no sirve. Esta fascinación con Castro tiene que ver con la fascinación con el Castro de la primera época, algo que no tiene nada que ver con el tipo que ya lleva 50 años en el poder.

-¿Qué gana Bachelet fotografiándose con Fidel Castro? Usted dice que fue un gusto que se dio. ¿Tan simple como eso?

-Algo tan elemental como eso. Me parece que ese es el dilema, se pega un gusto: sacarse una foto con Fidel Castro. Ella es muy primaria, muy poco presidencial en su lenguaje corporal. Si el lenguaje corporal manifiesta cierto grado de complejidad sicológica, me parece que ella no es muy presidencial en su fuero interno. Ella ha estado siempre en permanentes contradicciones, da la impresión de que es una persona que todavía no deja de sorprenderse de estar en ese cargo y eso es complicado. Quizás por eso insiste muchas veces que va escribir un libro, porque supongo que eso significa que ella tiene que explicarse a sí misma cómo llegó donde llegó. Un amigo me contó que corre un comentario que dice que la señora Bachelet es como una tortuga arriba de un palo: nadie sabe cómo se subió, cómo llegó arriba ni cómo la van a bajar. Yo creo que ella misma se tiene que hacer esa pregunta, y es muy complicado, muy fascinante también. Ha ocurrido muchas veces que los presidentes de la República se encuentran frente a la situación de que tienen un enorme poder y una enorme máquina, pero no saben cómo manejarla.

-¿La presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle fue un poco eso?

-El primer Frei (porque ahora estamos hablando de un segundo Frei) me parece que fue así. El Frei de la primera administración sale porque es hijo de Eduardo Frei, no hay duda de eso, pero eso no se aplica en esta segunda posibilidad. Pero incluso en el caso de Lagos, existe ese problema. ¿Qué tan en control está una persona como Ricardo Lagos? Uno tiene la sensación de que Ricardo Lagos siempre está en posesión de su cargo, pero si una persona tan de izquierda como Lagos termina haciendo (como dice Carlos Altamirano) el mejor gobierno de derecha, eso demuestra que perdió el control en algún determinado momento. A Patricio Aylwin lo estamos viendo. Si ha habido alguien que se ha manejado en las cuerdas y en un equilibrismo dudoso ha sido Aylwin. Ahora, después de muchos años, salta el caso Mirage que los compromete a él y a su ministro de Defensa, circunstancias en que era sumamente delicado el panorama de una comandancia en jefe con Pinochet. ¿Qué tanto control tienen los presidentes?

-¿Piensa que estos problemas se derivan del presidencialismo chileno?

-Lo que pasa es que el ejecutivo en un régimen fuertemente presidencialista como el chileno genera máquinas autónomas de poder que incluso debilitan a la persona que está ejerciendo el cargo. Fue el caso de Allende, un individuo absolutamente sobrepasado, el caso de Eduardo Frei Montalva en los últimos 3 años de su gobierno. Ha ocurrido muchísimas veces en la historia de Chile. El ejecutivo tiene enorme poder y se niega a transar con el poder alternativo del Congreso. Por eso es necesario hacer una nueva propuesta de orden constitucional y movernos a un régimen de orden parlamentario.

 

 

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-¿Se puede ser parlamentarista con gente como Navarro, que hace un proyecto de ley en base a Wikipedia, o díscolos como Marco Enríquez-Ominami?

-Bueno, a Navarro lo critiqué en su momento por ese tipo de tonterías. Pero yo he estado con Navarro una sola vez, antes de que se volviera más delirante y chavista, y me sorprendió su inteligencia. Tiene la particularidad de la inteligencia de los hombres bajos de estatura. Marco Enríquez me parece que es mucho más político y, por su juventud, se puede dar ciertos lujos. Yo lo conozco y le he dicho: “si Arturo Alessandri fue director de la biblioteca del Congreso en su momento y escribía libros de historia más o menos, tú también puedes ser director de cine y eventualmente tener una carrera política muy provechosa. Y si Arturo Alessandri cometía estupideces, tú puedes ser díscolo”.

-¿Está trabajando en su campaña?

-No, aparezco en su página web, pero no estoy trabajando con él. De hecho, yo no voy a votar. Lo que me ha llamado la atención en Marco Enríquez es que –aparte de ser una persona que estudia mucho, me consta– tiene un pedigrí único en la historia de Chile actual, un pedigrí político por todos los lados, por su papá, por su papá adoptivo, por los Enríquez, los Gumucio, los Rivas. Esos son factores importantes en un país como Chile. Y tiene carisma: caminar en la calle con él es impresionante, no sólo lo saludan, le hablan, sino que también lo tocan. Es raro.

-¿Qué le parece la posibilidad que Piñera salga elegido presidente?

-Sería nefasto para la derecha. Tengo serias dudas de que sea de derecha, creo que es un demócrata cristiano oportunista que está ahí en la derecha porque le habría sido más difícil ser político en la centro izquierda. Es una persona muy representativa de los años 80, en términos económicos y políticos, y por eso me parece que corresponde a un modelo especulador, agresivo, exitista, que es lo que acaba de derrumbarse en los últimos 6 meses. Piñera se ha rodeado de gente que me parece muy conocida, como Espina, Allamand, Fernando Barros. La gente joven que lo rodea son todos empleados de él… Aunque los otros quizás también lo son. Piñera ha financiado Renovación Nacional como si fuera otro Tantauco. En ese contexto me parece que no tiene nada nuevo que ofrecer y se le pasó el cuarto de hora. Y creo que sería nefasto para la derecha. Tengo la impresión de que es algo que otra gente de derecha también opina, empezando por Pablo Longueira. También creo que el empresariado nunca ha creído en Piñera, porque ha hecho negocios con Piñera. Yo he hablado con mucha gente que ha hecho negocios con Sebastián Piñera, y ninguna persona que ha hecho negocios con él se expresa bien de Piñera. Nadie.

-¿Por qué sería nefasto para la derecha? Mal que mal, significaría llegar al poder, después de cuatro gobiernos de la Concertación

. -Yo creo que Piñera, si llega al poder ,va a terminar siendo el quinto gobierno de la Concertación. No va a hacer ningún cambio, ¡si hasta va a gobernar con los equipos de la Concertación! Eso es nefasto para la derecha. Se puede dar el caso de que Piñera sea como el gobierno de Jorge Alessandri, que gobierne con gerentes al principio y eso va fracasar, y va a tener que volverse político con la diferencia de que Sebastián Piñera no tiene la calidad humana y republicana que Alessandri tenía. Yo no tengo mayor simpatía por Jorge Alessandri, pero creo que en esa comparación no queda muy bien Piñera. Y sabemos que el gobierno de Alessandri para la derecha fue nefasto y, desde ese entonces, la derecha nunca ha llegado a La Moneda por la puerta ancha. Por lo tanto me parece que si es así, Piñera es nefasto para la derecha. Además, la derecha no se lo merece todavía.

-¿Por qué?

-Por lo que hemos visto. En el caso de la señora Rubilar, en una comisión tan delicada como Derechos Humanos, la chamboneó. Francamente, todavía no están listos. Y era muy importante que una figura de derecha presidiera una comisión de Derechos Humanos. La festinaron. Me parece que se puede festinar fácilmente la presidencia de la República después de una elección que ganarían únicamente por el desgaste lamentable de los gobiernos de la Concertación. Se necesitan una regeneración de cambio y una nueva Constitución. No sólo un gobierno de derecha que signifique una alternancia.

-¿Pero existen personas para ese cambio político?

-Yo creo que siempre la necesidad produce a los personajes. Me tocó estar en la comisión de legislación y Jorge Burgos me hizo la pregunta: “con la calidad de políticos que tenemos, ¿cómo podemos tener parlamentarismo?” Es una muy correcta pregunta. Pero el parlamentarismo es la regla general en el mundo europeo occidental, al cual todavía, ojalá, pertenezcamos. El presidencialismo es una aberración norteamericana. Además, en general, donde hay regímenes parlamentarios hay muy buenos parlamentarios. Tenemos que hacer un cambio, cambio que es inevitable. Y de hecho el propio Frei lo ha señalado, muy bien asesorado, por lo demás. No soy freista, no pienso votar por él, de igual manera que no pienso votar por Arrate o Marco Enríquez, pero voy hacer todo lo humanamente posible para que no salga Piñera.

-¿Usted se sigue definiendo de derecha? De acuerdo a su análisis, no es fácil serlo en estos momentos.

-Yo soy de derecha. Pasa lo mismo en el deporte. Está lleno este país de gente que es defensor de la Unión Española, Wanderers o la Universidad de Chile, y lo siguen siendo aun cuando sus equipos estén en pésimas condiciones.

 

 

Las interrogantes del bicentenario

-Cuando Chile se acerca a celebrar el Bicentenario es un buen momento para evaluar lo que han sido estos dos siglos.

-Es un momento fascinante en cuanto te permite hacerte preguntas extremadamente duras que no pasan por el ángulo de las crisis y el malestar. Por ejemplo, ¿deberíamos tener un régimen republicano? Yo hice mi tesis sobre la independencia y entre otras cosas concluí en que la independencia había sido accidental y que habíamos terminado eligiendo un régimen republicano porque las monarquías estaban muy desprestigiadas.

-Pero si no fuéramos republicanos, ¿qué podríamos ser?

-Recuerda que Argentina en el periodo de la independencia se planteó la posibilidad de constituirse en un protectorado inglés. Nosotros pudimos optar por una monarquía constitucional. De hecho, en materia económica, hoy la penetración de capitales españoles es tan fuerte en América latina que a veces uno se hace la pregunta, pero de manera seria, de la posibilidad de volver a formar parte de un conglomerado económico político europeo o español. Si el agua, el teléfono, el banco ya son españoles… entonces, ¿por qué no ingresar al sistema europeo? Hay que recordar que hubo 300 años de dominio español en los territorios americanos y de un día para otro cambiamos de régimen y nunca más volvimos a tener monarquía. Entonces, los 200 años de nacionalismo republicano liberal también podrían quedar en nada.

-¿Usted sugiere que nos convendría depender políticamente de Europa?

-La globalización significa que formamos parte de bloques. La pregunta es: ¿no hay opciones en estos bloques? Yo creo que sí hay opciones y no tiene por qué ser la norteamericana. Hay varias razones de orden político y cultural para sostener que sea el europeo y no el norteamericano. Sobre todo, en el contexto de debilitamiento norteamericano. Por ejemplo: ¿quién nos va salvar de los Chávez en los próximos 30 ó 40 años? ¿Estados Unidos? No creo que sea un escenario positivo. No hay que olvidar que fue el rey de España el que hizo callar a Chávez. Además, históricamente Chile ha preferido enfrentar solo los escenarios más delicados.

-De hecho, Chile hoy enfrenta problemas con la mayoría de sus vecinos. ¿Existe la llamada deuda histórica con Perú y Bolivia?

-Por lo que sabemos de la guerra contra Perú y Bolivia del 79, Chile estaba en una situación de crisis económica muy fuerte, lamentable y crítica (quizás más que en 1930). En sas circunstancias, tenía dos alternativas: parar su desarrollo económico y político y transformarse en una nación como Paraguay o se volvía imperialista y usurpaba riquezas que no le correspondían históricamente. Se optó por esto último. Fue un robo y un imperialismo a la chilena. Llegamos por enésima vez a Lima. Piensa que estuvimos en Lima en la guerra de 1830, en la Independencia y nunca nos hicimos cargo. Nunca reconstruimos el virreinato peruano: simplemente dejábamos la tendalada y volvíamos a Santiago. Si vamos a ser imperialistas, tomemos Lima, gobernemos con nuestra capacidad política, que es enorme, desde Lima. Pero eso no lo hicimos. Finalmente nos retiramos y nos quedamos con el salitre peruano y con el cobre boliviano. Si tú me preguntas, si hay una deuda histórica posterior, yo creo que sí, tanto hacia Bolivia como hacia Perú.