A nivel planetario, ya sea en el Medio Oriente, Asia o América Latina, decenas de conflictos han tenido, tienen y tendrán su origen en el agua. El uso de ríos para riego o energía, la explotación pesquera de cientos de miles de kilómetros cuadrados de mar, el acceso a napas subterráneas y glaciares son cada vez más potentes detonantes geopolíticos. Pero no es por capricho que el agua hierve sobre la faz de la tierra. No, porque en el fondo de todo esto laten fuerzas económicas en torno a un bien que virtualmente promete transformarse en una unidad monetaria. 

  • 16 abril, 2008

 

A nivel planetario, ya sea en el Medio Oriente, Asia o América Latina, decenas de conflictos han tenido, tienen y tendrán su origen en el agua. El uso de ríos para riego o energía, la explotación pesquera de cientos de miles de kilómetros cuadrados de mar, el acceso a napas subterráneas y glaciares son cada vez más potentes detonantes geopolíticos. Pero no es por capricho que el agua hierve sobre la faz de la tierra. No, porque en el fondo de todo esto laten fuerzas económicas en torno a un bien que virtualmente promete transformarse en una unidad monetaria. Informe elaborado por Cristián Rivas y Roberto Sapag.

 

 

“He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos, ni se puede
seguir la huella de sus años. El atrae las gotas de las aguas, al
transformarse el vapor en lluvia, la cual destilan las nubes, goteando
en abundancia sobre los hombres”.

 

Job 36:26–28

 

 

 

UN MUNDO DESHIDRATADO   CHILE ACUATICO

 

1.100 millones de personas viven sin agua potable. 2.600 millones de personas carecen de servicios sanitarios adecuados. Más de 260 cuencas de ríos on compartidas por dos o más países, en general sin acuerdos legales ni institucionales adecuados. El comercio mundial hoy es visto como un intercambio de agua (bajo la forma de alimentos, ropa y otros productos) por dinero contante y sonante.

 

  Por las venas de casi todas las actividades económicas del país fluye agua en abundancia. La generación eléctrica tiene uno de sus pilares en ella, la producción industrial y minera no podrían existir sin su uso en el tratamiento de residuos, como tampoco podrían hacerlo el país salmonero, vitivinícola y agroalimentario.

 

 

 

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La Crisis del Agua

El VASO MEDIO…


 

 

Puede sonar exagerado, pero el agua es ya uno de los grandes temas económicos y geopolíticos. En Chile estamos hoy por hoy más sensibilizados con el asunto, aunque bastará que llueva un poco para que se nos pase. Pero a no engañarse: en el mundo ya se impuso la moda de medir no en dólares, sino que en los litros de agua necesarios para producir cada bien, y no pocos issues de la política internacional se ven más claros si esta variable se mete a la ecuación. Por ejemplo, piense usted qué se colige cuando se sabe que el Tíbet almacena un tercio del agua del continente asiático…

 

El agua (sí, esa misma que usted deja correr despreocupadamente) llegó para instalarse en la agenda política mundial. Si a lo largo de la historia la disponibilidad de este recurso siempre ha estado detrás de la riqueza de las distintas civilizaciones y en el origen de grandes guerras por acceder a ella, a futuro el agua promete seguir escalando posiciones en el ranking y, quién sabe, hasta ubicarse en el top de las preocupaciones mundiales.

El estado de ebullición en torno al tema es evidente. Con el calentamiento lobal, hoy como nunca la humanidad está preocupada por el destino de sus reservas de agua dulce. Con la crisis energética y la escasez de combustibles fósiles, la tensión se ha adueñado de los campos, en donde claramente están en pugna los cultivos para biocombustibles (intensivos en el uso de agua escasa) y los destinados a alimentar a las personas.

Sin ir más lejos, hace pocos días la FAO encendió las luces de alerta y advirtió que el encarecimiento de los alimentos está provocando crecientes estallidos sociales a nivel mundial. En su informe, el organismo identificó 37 naciones en donde sus habitantes se debaten entre morir de hambre o salir a las calles a protestar y hasta saquear para conseguir alimentos… El encarecimiento de los productos alimenticios y su creciente escasez tiene una explicación con múltiplesentradas, pero es evidente que uno de los datos relevantes es la falta de agua.

AGUA COMO UNIDAD MONETARIA
Cantidad necesaria para producir 1 kilo de…

• trigo: 1.000 litros
• arroz: 1.400 litros
• carne: 13.000 litros
• jeans: 10.850 litros

 

Pero más allá de esta situación circunstancial, el agua es el común denominador de muchos temas relevantes a nivel mundial. Está apuntada a pie de página en los programas de exploración espacial; está en mayúsculas en los informes sobre Africa; está implícita en varios capítulos de tensión en la política internacional y no está, precisamente, fuera de la agenda de Chile. Piense usted, por un minuto, qué es lo que realmente está en juego en la demanda de Perú ante la Haya y la demanda boliviana; qué está detrás del conflicto por Hidroaysén; por qué Inglaterra reclama ahora un buen trozo de la Antártica y cuáles son las verdaderas fuerzas que explican la inflación de precios domésticos, a la que, por cierto, han hecho una contribución no menor los productos alimenticios.

Y en el caso de industrias específicas, un buen ejemplo lo representa la situación por la que atraviesan las empresas mineras en el norte de Chile, que necesitan agua para los procesos de tratamiento de las extracciones. Por razones ambientales, los ríos ya son prácticamente intocables; la alternativa es extraer agua del mar, lo cual eleva considerablemente el costo de un proyecto (basta considerar que muchas faenas se ubica sobre los 2 mil metros de altura).

Como se ve, el tema del agua hierve y no estaría nada de mal que le prestáramos un poco más de atención. Con ese fin, Capital preparó el presente informe, que aborda varias de las entradas que tiene este asunto. Advertimos que no estaba en nuestras intenciones agotarlo, sino simplemente resaltarlo, para que a nadie lo pillen mañana con el agua hasta el cuello.

 

 

 

En seco

Ya lo dijimos: la sequía en diferentes partes del mundo ha aumentado la atención que se da al agua. Mientras en el sureste de Estados Unidos, Australia y España (por nombrar unos pocos casos), las autoridades están alarmadas, en Africa –era que no– la crónica escasez de este recurso se ha visto acentuada por la falta de lluvia, agravando hambrunas y guerras. Pero eso no es todo. Ya sea para la industria y sus riles, para la producción de etanol, la generación hidroeléctrica o para enfriar plantas nucleares o térmicas, el agua es cada vez más esencial. Y es tan esencial porque, como buen recurso escaso, tiene usos alternativos.

De esta forma, en un mundo donde más de mil millones de personas viven sin agua potable y más de dos mil millones carecen de servicios sanitarios, con frecuencia las empresas son vistas como parte del problema y no de la solución.

En efecto, desde el desastre químico que contaminó la fuente de agua de la ciudad china de Harbin en 2005, hasta las plantaciones de flores en Kenia, a las que se culpa de agotar el lago Naivasha, y la pugna por las represas en la Patagonia chilena, son evidencias claras de esta tensión. Eso, sin incluir en la sopa el tema del calentamiento global, que probablemente traerá más falta de agua, lo que no sólo obliga a los estados, sino que pone a las empresas en una encrucijada que les exigirá no sólo repeler estas connotaciones negativas, sino que también jugar un papel constructivo en la búsqueda de soluciones para las crisis futuras.

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Otro antecedente relevante que gobernantes y empresas deberán incorporar en sus análisis es que los expertos ya no creen que la falta de agua se traducirá únicamente en enfrentamientos transfronterizos. Ahora también creen probable que haya confl ictos a pequeña escala, entre grupos con intereses rivales: una fábrica con los agricultores locales y los consumidores que se surten de agua de un río. Casos, hay miles. En el vecindario está la disputa entre Argentina y Uruguay por la celulosa Botnia; y en Chile, las tensiones entre empresarios turísticos, salmoneros, de la energía y pesqueros, o los balazos que están comenzando a tronar nuevamente en la zona de Mehuín.

AGUA QUE NO HAS DE BEBER… NO LA BOTES

• Una ducha de 5 minutos demanda 200 litros de agua

• Un lavado de dientes de 2 minutos, consume 4 litros

• Regar 10 metros cuadrados de jardín demanda 250 litros

• Un baño de tina, con el nivel mínimo, usa 41,5 litros

• Una gotera en una llave pierde 94 litros por día

 

Según expertos de la ONG británica WaterAid, los gobiernos deberán enfatizar sus esfuerzos para que el agua potable y los servicios sanitarios tengan prioridad, y una manera de hacerlo será reconocer el derecho humano al agua, algo que, según el segundo World Water Development Report de la ONU (que se publica cada tres años, el último de los cuales se emitió en marzo de 2007), sólo un puñado depaíses ha hecho. El informe plantea otras preguntas que quedan en el aire: ¿cómo se implementa el derecho al agua si no hay recursos hídricos? ¿Quién paga y cuánto? Debe ser la responsabilidad sólo del gobierno o compartida por individuos, comunidades y el sector privado?

La ONU tampoco ha estado ajena al tema y plantea que la insuficiencia de agua es causada más por una mala distribución –resultado de mala gestión, corrupción, falta de instituciones, inercia burocrática o baja inversión– que por una escasez real.

El modo más obvio en que las empresas pueden contribuir es usando y reciclando agua de manera más eficiente en sus procesos productivos y animando a sus clientes a hacer lo mismo. Por ejemplo, Unilever ha intentado afrontar la escasez de agua en India con una versión reformulada de su detergente surf Excel, que hace menos espuma y requiere menos agua para el enjuague. La división de soluciones globales de Shell, por su parte, creó una tecnología de purificación de agua con un sistema de filtros de membrana que ofrece agua potable a pequeñas comunidades remotas. Procter & Gamble descubrió con PUR, su purificador de agua en polvo, que a veces la ruta sin fines de lucro es más rápida que la comercial: distribuyó tres millones de sobres en tres años con enfoque comercial y 60 millones en otros tres años, suficientes para tratar 600 millones de litros de agua para beber, como una aproximación sin fines de lucro.

¿Por qué tanta alarma (alarmismo dirán algunos) con este tema si el 70% de la superficie de la Tierra está cubierta por agua? Simple: porque el 97% de esta agua está contenida en los océanos; es decir, es salada y no es adecuada para su consumo
o para riego. Añada a eso que dichas extensiones están muy amagadas ambientalmente y que recientemente, por ejemplo, se descubrió que el Pacífico está manchado con una gigantesca “sopa plástica” fundida con las moléculas de agua porque surge de la degradación de más de ¡cien millones de toneladas! de cepillos de dientes, envases de shampoo y neumáticos degradados por décadas por el sol y la sal. La mancha hoy supera en más de dos veces el tamaño de Estados Unidos. Del 3% restante, sólo 0,3% está en ríos y lagos y lo demás se encuentra congelado.

En esto, los promedios no sirven. Un cálculo inicial del World Water Council, por ejemplo, muestra que el agua disponible para consumo humano representa 15.000 litros por persona y por día. Pero esta cifra no refleja la realidad, porque el agua no está distribuida de modo parejo. El agua es un recurso que el sol evapora y los vientos redistribuyen. Así, algunas regiones reciben cantidades enormes de agua, mientras otras, casi nada.

Se estima que el agua renovable disponible en potencia para el consumo humano es de unos diez mil a doce mil kilómetros cúbicos cada año. De esta cifra, en 2000 sólo se utilizó el 30%, y se cree que un 15%, unos dos mil kilómetros cúbicos, se evaporaron.

Aunque la población mundial se triplicó en el siglo XX, el uso de recursos de agua renovables se ha multiplicado por seis. En los próximos 50 años, la población mundial se incrementará otro 40% a 50%. Este crecimiento, aparejado con la industrialización y la urbanización, se traducirá en una demanda creciente de agua y tendrá consecuencias serias sobre el medio ambiente.

Aunque la seguridad alimenticia ha aumentado en los últimos 30 años, la extracción de agua para riego (agua que se saca del sistema pero que puede retornar una vez utilizada) representa el 66% del total y hasta 90% en las regiones más áridas. El otro 34% es usado por hogares, industria o se evapora de las reservas. Es lo que los técnicos clasifican como el agua de uso consuntivo y no consuntivo.

A medida que aumenta el uso per cápita debido a cambios en los estilos de vida y al crecimiento de la población, la proporción del liquido destinada al uso humano está aumentando. Esto, aparejado con variaciones espaciales y temporales en la disponibilidad de agua, significa que el agua para producir alimentos para consumo humano, procesos industriales y todos los demás usos, se está volviendo escasa… y muy escasa. Sí, según los expertos, el agua podría ser la fuente de la próxima crisis de recursos naturales.

 

 

 

Chapoteando en el problema

La búsqueda de soluciones para la demanda creciente por agua fresca y el problema del suministro inadecuado recibió gran importancia durante siete sesiones del Foro Económico Mundial en Davos en enero. El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, dijo a los CEO de multinacionales y líderes de la sociedad civil que “el desafío de garantizar agua abundante y segura para todos es uno de los mayores que el mundo enfrenta hoy”. Los panelistas de la sesión Se acaba el tiempo para el agua concordaron en que aproximaciones como aquellas que surgieron ante el calentamiento global, voluntad política, innovaciones tecnológicas, mecanismos de mercado y cooperación, pueden ser la solución para el agua.

Del total de recursos
hídricos de la Tierra,
un 97,5% es agua
salada y el 2,5%
restante es dulce. De
ésta, un 70% está
congelado en los
casquetes polares.

También hace falta dinero. Según el llamado informe Camdessus (Financiar agua para todos) presentado en el Foro de Kioto en marzo de 2003, se calcula que las necesidades financieras en infraestructura en el sector del agua de los países en desarrollo alcanzan los 180 mil millones de dólares al año… En la actualidad sólo se invierten 80 mil millones y ni siquiera se ha resuelto un punto inicial: no hay consenso de si el agua debe ser provista por el Estado o por empresas privadas.

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La pelea sustancial entre los “estatistas” y la industria se origina en un principio básico: para los defensores del acceso al agua potable, se trata de un derecho humano y no de una necesidad; por lo tanto, no tiene precio ni es reemplazable por otro bien. Las empresas, en cambio, operan con el agua como un commodity, un ien comerciable y con valor de mercado, como el crudo o el gas. No hay hasta ahora acercamiento entre ambas posiciones.

¿Tiene precio el agua?

 

 

 

Soluciones en terreno

En marzo del año pasado, Jim Service, presidente de Actew Corporation y concejales de Canberra (Australia) bebieron botellas de aguas servidas tratadas y purificadas, al anunciar planes para reciclar parte de las aguas servidas de la ciudad y convertirlas en agua potable. Pocos días después, el director de enfermedades infecciosas y microbiología del hospital de Canberra, Peter Collignon, escribió una carta abierta manifestando sus aprensiones acerca del impacto en la salud de esta medida. ¿Cómo podría asegurarse que el tratamiento removería todas las bacterias y virus causantes de enfermedades, así como hormonas, detergentes, químicos y compuestos farmacéuticos presentes en el agua? Antoine Frerot, director ejecutivo de la francesa Veolia Water, recordó que “Louis Pasteur dijo hace 150 años que bebemos el 90% de nuestras enfermedades. Por eso se creó el tratamiento de aguas”.

Para uso humano
directo se puede tener
fácil acceso a menos
del 1% del agua
mundial; es decir, un
0,007% de todos los
recursos hídricos.

Las sanitarias y sus proveedores en todo el mundo afirman que tenemos la tecnología para convertir el agua servida en potable, pero no todos garantizan que puedan remover hormonas u otros compuestos indeseables. La microfiltración a través de membranas de polímeros, seguida por osmosis inversa a través de membranas, puede remover hasta virus si se usa un poro suficientemente pequeño. Además, se puede irradiar con luz ultravioleta, que mata parásitos microscópicos como criptosporidium y giardia. ¿Qué tranquilidad?… Depende, porque a esos niveles mejor ni pensar en el costo de cada litro.

Hay sólo dos lugares en el mundo donde el agua servida tratada se mezcla con agua potable: Windhoek, en Namibia, y Singapur. En Windhoek se hace porque el río está más contaminado que el agua servida. En Singapur, es una decisión políticapara reducir la dependencia del suministro de Malasia, y representa menos del 1% del agua consumida.

Pero hay muchas ciudades que consumen agua potable a partir de ríos que reciben aguas tratadas de comunidades más arriba: Rouen en Francia, bebe el agua descartada por los parisinos en el Sena y lo mismo pasa con el Támesis en Inglaterra, el Colorado en Estados Unidos y el Rin en Alemania y sus vecinos.

Para convertir el agua tratada en potable, lo mejor sería reinyectarla en napas subterráneas –se hace en Berlín y Adelaide–, ya que la tremenda sabiduría de la naturaleza hace que el suelo actúe como filtro natural y el rezago temporal permite que haya agua para extracción en períodos de mayor demanda.

 
 
Imagen de una planta desalinizadora en China. En Chile también hay
experiencias de este tipo, en particular en la zona norte del país.

 

 

Si no, la solución más obvia y económicamente viable es usar el agua tratada para industria e irrigación. En California, el Orange County adoptó un sistema de microfiltración y osmosis inversa hace una década, lo que le permite inyectar agua a las napas y vender suministro adicional a industrias y agricultores, y así cubre el costo del tratamiento adicional. En Australia, algunas ciudades tienen un sistema secundario de distribución de agua tratada para el riego de jardines y lavado de autos. El agua tratada también se usa mucho para proveer a industrias, granjas y campos de golf. Veolia tiene 100 instalaciones de ese tipo en Francia y otras en lugares tan diversos como Honolulu y Durban, Sudáfrica.

Una comunidad pequeña podría comprar una unidad modular Siemens –del tamaño de un auto chico– por algunos miles o decenas de miles de dólares para convertir el agua servida en agua de riesgo mediante el filtrado con membranas.

Como sea, en el mundo se trata sólo 45% del agua servida. La prioridad debería ser tratar el 55% restante y usarlo en industria y riego, disminuyendo la demanda por agua potable y por ende, agua natural.

 

 

 

El caso de China

China merece una mención aparte. Sus autoridades recorren el mundo en busca de petróleo, gas natural y minerales para mantener su maquinaria económica en marcha, pero los acuerdos económicos no pueden resolver el problema hídrico. China posee casi 7% de los recursos mundiales de agua, pero el 20% de la población mundial… Y 80% del suministro de aguas se concentran en el sur del país. En el norte y noroeste, el clima es muy seco, y la población de unos 500 millones de habitantes, se abastece de los ríos Amarillo, Haui, Liao y Hay, que actualmente apenas aportan agua al mar.

3.900 niños
mueren cada día
de enfermedades
transportadas por el
agua (OMS, 2004)

La pieza angular del sistema hídrico del sur de China es el río Yangtzé. En estos momentos, se está construyendo la gigantesca presa de las Tres Gargantas sobre las aguas de este río. Se trata de la obra más grande del mundo en su tipo, la mayor central eléctrica y la que más tierra, piedra, hormigón, acero ha empleado en toda la historia. La represa se proyecta como un ancla en una serie de megapresas hidroeléctricas en la cuenca alta y media del río Yangtzé.

Por otro lado, Beijing anunció en marzo la creación de un Ministerio de Medio Ambiente, que sustituirá a la vigente Agencia de Protección Medioambiental. La creación de un ministerio pone de manifiesto la voluntad del régimen de hacer frente a la tremenda contaminación que ha invadido al gigante asiático, que cobra cada año unas 400.000 vidas y genera unos gastos que ascienden al 10% del Producto Interno Bruto (PIB). Y es que el 70% de los ríos y grandes lagos del país están seriamente deteriorados y la lluvia ácida afecta a un tercio de la superficie nacional, incluyendo vastas extensiones de cultivos y a la mitad de sus 696 grandes ciudades.

Un río artificial de más de 1.400 kilómetros se construye en la actualidad
en China. En paralelo, las autoridades del gigante asiático han anunciado un
acueducto que demandará una inversión de 62.000 millones de dólares.

Es evidente para las autoridades que su modelo de desarrollo exige proactividad. De hecho, la potencia asiática está dando pasos agigantados para encarar el tema de la escasez y contaminación de sus aguas. Según una reciente publicación de Foreign Policy, las autoridades han dispuesto un presupuesto de 62 mil millones de dólares para la construcción de un faraónico acueducto que trasladará agua desde el sureño río Yangtzé a las regiones del norte, que carecen de este recurso y que hoy no aportan a sus necesidades alimenticias. De concretarse este proyecto, que estaría finiquitado en 2050, unos 12 billones de galones de agua recorrerían de sur a norte el país por tres tubos de 1.000 kilómetros cada uno. Se estima que la obra demandará 400.000 trabajadores.

Capítulo aparte es el tema del Tíbet que tiene tan horquillado al gobierno con miras a las olimpiadas. Esa región es estratégica, ya que en sus mesetas están depositadas las mayores reservas de agua de Asia y de sus montañas nacen los más relevantes caudales que irrigan parte importante de la región.

 

 

 

¿Tiene precio el agua?
(Extracto de artículo publicado por Financial Times el viernes 4 de abril)

En los campamentos alrededor de Dar es Salaam, las personas pagan unos 8 dólares por mil litros de agua, comprada a lo largo del tiempo y por bidón. En la misma ciudad de Tanzania, los hogares conectados a la red de agua municipal reciben la misma cantidad por unos 33 centavos de dólar. En el Reino Unido, ese volumen de agua de la llave cuesta 1,6 dólares y en Estados Unidos puede costar un mínimo de 70 centavos de dólar.

Estas cifras y las de otros países confirman que suelen ser los pobres quienes pagan más por acceso a un recurso natural tan básico.

Pero ponerle un precio justo al agua no es sencillo. En muchos países donde los
pobres carecen de acceso a agua potable, otros grupos la desperdician porque es barata –por subsidios u otras razones– o porque no hay incentivos para ahorrarla.

El problema no se limita al mundo en desarrollo. Se estima que los agricultores españoles pagan apenas 2% del costo real del agua. Los productores de arroz y trigo en el valle central de California usan un 20% del agua del Estado, pero los bajos precios que pagan representaron un subsidio de US$ 416 millones en 2006.

Hace algunos días, Peter Brabeck-Lethmate, director ejecutivo de Nestlé, dijo a Financial Times que “el agua absolutamente no tiene un precio justo o realista. Las personas usan el agua como si fuera un recurso gratuito para siempre. Es por eso que nos estamos quedando sin agua”. El ejecutivo cree que puede haber una crisis en la que las empresas tendrán problemas para encontrar el agua que necesitan y se verán obligadas a pagar mucho más por ella, si no se hace algo para conservar el recurso y distribuirlo de manera racional.

Las fallas en la valoración del agua se notan también en el comercio de “agua virtual”. Esto es, el agua que se usa en la producción de alimentos o bienes manufacturados: algunos países con carencias de agua la envían al exterior en la forma de exportaciones agrícolas o industriales. Es el caso de Australia y sus embarques de trigo. Sus productores han sufrido siete años de sequía y ahora se encuentran entre los usuarios de agua más eficientes del mundo. Muy bien, aunque no está para nada claro que tenga sentido para un país tan árido dedicarse a cultivos intensivos en riego para la exportación.

Y el precio de muchos bienes importados demuestra que el agua que se usó en su producción es muy barata: un par de jeans que se venden por unos pocos dólares requiere hasta 11.000 litros de agua, según datos de Waterwise, una organización británica sin fines de lucro. La producción de una modesta hamburguesa demanda más de 2.400 litros de agua.

¿Cómo se le pone precio al agua? Muchas ONG buscan que el agua sea reconocida como un derecho humano y desconfían de mecanismos que pongan precio o suban el precio del agua. La mayoría de los gobiernos regula el precio del agua potable, pero con frecuencia los subsidios hacen que las tarifas no sean sensatas.

Personas como Brabeck Letmathe han comenzado a hablar de un mecanismo de compensaciones similar al de las emisiones de bonos de carbono: las empresas tendrían una cuota máxima de agua y si necesitan más, tendrán que comprar derechos en el mercado. En algunas áreas de Suiza, por ejemplo, los agricultores tienen derecho a sacar cierta cantidad de agua de un canal de regadío y si el cultivo que producen demanda menos, pueden decidir dejar agua en el canal a cambio del pago de algún vecino que requiera más agua.

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Sequías

Con la boca seca


 

 

Agua somos y en polvo nos convertiremos… La sequía no está sólo en la agenda de Chile. En los últimos 12 meses, en casi cada paralelo y meridiano del orbe se ha sabido de sus secuelas. A continuación, algunos detalles del fenómeno que asola a España e imágenes procedentes de distintas latitudes.

 

En Chile se han decretado 34 zonas de escasez hídrica que involucran a 59 comunas y cuatro ríos intervenidos, todo lo cual supone en emergencia agrícola. De hecho, la falta de precipitaciones y la crítica situación de los embalses tienen a los agricultores y las autoridades en alerta.

Sin embargo la falta de agua no es privativa de Chile. En los últimos meses innumerables zonas del planeta han experimentado en carne propia este drama, siendo uno de los casos más dramáticos el de España. La península ibérica ha tenido un invierno excepcionalmente tibio y seco, con sólo una tercera parte de las lluvias habituales para esa estación. La sequía, la más grave en 50 años, ha sido particularmente severa en el noreste del país, donde los problemas empezaron hace ya 18 meses. Los reservorios que proveen agua para los 5 millones de habitantes de Barcelona están llenos sólo en un 20%.

El tema es grave. De hecho la segunda ciudad del país tuvo que tomar la radical decisión de importar agua por barco desde Marsella, en el sur de Francia, y de plantas desalinadoras ubicadas en el sur de España. Se han cerrado las duchas en las playas y los ingenieros están tratando de arreglar las pérdidas que existen en el sistema de agua potable de la ciudad. Además, se ha prohibido regar jardines y llenar piscinas.

 


España


México

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Chile Hidraulico

 

El agua en el mapa productivo chileno

Chorros de plata


 

 

Casi todo el aparato productivo chileno depende críticamente del agua. Basta echar una mirada a nuestra matriz energética y productiva para constatar aquello. Las principales exportaciones, como el cobre, la celulosa, la salmonicultura y toda la agroindustria, no podrían existir sin este recurso. De hecho, el sueño de consolidar a Chile potencia agroalimentaria supone aceptar que somos un país exportador de agua, la que se envía al mundo bajo la forma de frutas, vino, carnes blancas y salmones. A continuación, un repaso de los sectores productivos para los cuales sin agua no hay vida.

 

 

 

I. Chile, potencia agroalimentaria

 

La agricultura utiliza el 85% de todo el consumo de agua en Chile. Detrás, existe un modelo agroexportador que se ha ganado la confianza de muchos países en el mundo, por factores como la limpieza de las aguas con que se riegan estos productos.

 

 

Hacer de Chile una potencia agroalimentaria mundial es el desafío planteado por el gobierno y las empresas privadas en los últimos años. En 2007 se formó el consejo público privado que comenzó a trabajar para alcanzar esa meta. Para ello se definieron varios ejes, entre los que está promover el uso sustentable de los recursos naturales renovables; entre ellos, el agua.

Es sin duda un factor central para lo que viene. Como se trata de un elemento que tiene límites y depende de fenómenos como la lluvia, cobra vital importancia su correcto uso. Sobre todo teniendo a la vista las cifras del sector. De acuerdo con datos del Ministerio de Agricultura, la superficie cultivable nacional, es de unos 5,5 millones de hectáreas y a ellas se destina prácticamente el 85% del agua que se usa en Chile, a través del riego.

Tan clara está la importancia del recurso en este sector que ya se ha acuñado el concepto de “agua virtual”, según el cual lo que se envía al exterior es en el fondo agua. Según explica el ex titular de la Dirección General de Aguas (DGA) Humberto Peña, los expertos han asumido explícitamente que el comercio mundial está asociado a un comercio de agua, de modo que al contabilizar la venta de, por ejemplo, fruta se incorpora al análisis la cantidad de litros de agua invertidos en producirla.

Y ese es un aspecto que sin duda los países comenzarán de a poco a tener en cuenta en su crecimiento. Otros advierten que, a medida que disminuyan las reservas mundiales de agua y que éstas comiencen a “invertirse” en productos agrícolas destinados a elaborar biocombustibles, ese mismo factor propenderá a un aumento generalizado de precios.

Uno de los principales desafíos en que está sumergido por estos días el gobierno es en difundir mecanismos que permitan optimizar el uso del agua, a propósito de la sequía que afecta a varias zonas.

En el sector agro exportador (con envíos por US$ 10.500 millones en 2007) reconocen que un factor relevante en el trabajo de hacer de Chile una potencia agroalimentaria se comenzó a dar hace justo una década, cuando se decidió poner en marcha la privatización de las sanitarias y la modernización de ese sector, lo que permitió mejorar considerablemente la calidad de las aguas de riego, y con ello protegerse de eventuales riesgos de acusaciones de dumping ecológico. Pero no sólo de agricultura está compuesto el modelo de exportador de alimentos chileno. En el mapa, otras industrias relevantes son las dedicadas a la producción de carnes, alimentos procesados y los salmones. Esta última tiene mucha relación con el uso no consuntivo del agua; es decir, que no la gasta al utilizarla. Algunos datos para tener en cuenta: según Sernapesca, el área utilizada por las jaulas de esta industria abarca un total de 11.760 hectáreas. Las cifras a 2006 hablan de un total de 1.124 concesiones otorgadas, de las cuales 637 estaban operativas. Y en tierra, la cantidad de pisciculturas –a base de agua dulce para la primera etapa de vida de los peces– alcanzaba a 315 al cierre del mismo año, con 187 que efectivamente estaban operativas.
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II. Hidroelectricidad, agua embalsada

 


El agua está detrás de casi la mitad de la energía que se utiliza en el Sistema Interconectado Central (SIC), que va desde Taltal hasta Chiloé. En esta área existe una capacidad instalada de 9.000 MW, que corresponde al 75% de la capacidad total del país.

 

 

La primera central hidroeléctrica chilena se construyó para las minas de carbón de Lota en 1897, en Chivilingo, al sur de esa ciudad. Con esa energía e iluminaron las minas y se hicieron funcionar los elevadores y las bombas de agua. Fue el comienzo de la hidrogeneración en Chile. Hoy, y de acuerdo a datos de la Comisión Nacional de Energía (CNE), Chile tiene 42 centrales instaladas entre Taltal y Chiloé, las que aportan cerca del 53% de la energía del Sistema Interconectado Central (SIC), que suma 9.000 MW, ya sea a través de represas o centrales de pasada.

Los dos principales actores de este sector son Endesa y Colbún. La primera, controlada por capitales españoles, tiene una capacidad instalada de 4.477 MW, de los cuales el 75% corresponde a generación hidroeléctrica. Colbún, en tanto, es controlada por la familia Matte, y tiene una capacidad generadora de 2.500 MW, divididos en partes casi iguales entre hidroelectricidad y termoelectricidad. Entre ambas controlan un tercio de los derechos de agua entregados por el fisco y que implican un total de 7.500 metros cúbicos por segundo. Se trata de un caudal que no es usado a cabalidad, pues una parte es mantenida estratégicamente para proyectos futuros. (ver tabla)

Ejecutivos de estas empresas dicen que Chile todavía tiene un potencial muy grande por desarrollar , considerando que en países como Noruega o Nueva Zelanda, cuyas geografías son similar a la de Chile, representa el 100% y el 90% de la generación, respectivamente.

Claro que también hay muchos opositores. Hay quienes dicen que un sistema energético no puede depender tanto del mismo recurso, porque se hace muy susceptible a las fallas. Y en eso hay varios argumentos, como qué hacer en años de sequía como los que se viven actualmente; también está el negativo impacto de las grandes represas sobre otras actividades productivas, como el turismo y la ganadería.

Entre quienes defienden la instalación de centrales hídricas se argumenta que tienen un costo de producción más bajo que cualquier otro y que el alcance social para miles de familias a partir de eso no puede echarse al bolsillo. Estas ideas están detrás de los defensores de las centrales que Hidroaysén, de Endesa y Colbún, quiere instalar en la XI Región.

 

 

Los dueños del agua
Los 10 principales usuarios de recursos hídricos a nivel nacional
Usuario Naturaleza de las aguas Caudal total
(m3/seg)*
ENDESA Superficial y Subterránea 6840,9
AES GENER Superficial y Subterránea 2367,94
FISCO DIRECCION DE OBRAS HIDRAULICAS Superficial y Subterránea 700,03
COLBUN Superficial y Subterránea 645,32
COMPAÑIA CHILENA DE GENERACION ELECTRICA S.A. Superficial 570,72
EMPRESA ELECTRICA PILMAIQUEN S.A. Superficial 522,75
HERNAN LACALLE SOZA Superficial 520,00
SOCIEDAD HIDROELECTRICA MELOCOTON LIMITADA Superficial 486,28
COMPAÑIA GENERAL DE ELECTRICIDAD INDUSTRIAL Superficial 438,20
JORGE JULIO WACHHOLTZ BUCHHOLTZ Superficial 341,17
*La suma de todos los derechos de agua otorgados por la autoridad suma un total de 20.970,292 m3/seg.
Fuente: Dirección General de Aguas (DGA)

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III. Agua industrializada

 

La minería del cobre y la celulosa son dos productos estrella de las exportaciones. Son asimismo los que consumen más agua en sus faenas. La minería, por ejemploutiliza el 4,5% de toda la disponibilidad del país, en una zona en que justamente hay menos agua. Los desafíos de ambos sectores son elevar al máximo la reutilización del recurso.

 

 

Hablar del agua en la industria literalmente da para todo. La relación entre este recurso y casi todas las unidades productivas del país es estrecha, porque todos, de una u otra forma, la utilizan en sus procesos y la desechan a través de riles, que hoy por normativa deben ser tratados por las propias empresas.

Pero en el amplio sector industrial hay áreas que sobresalen por su tamaño. El mundo del cobre y la celulosa son claros ejemplos. Se trata de los dos principales productos de exportación del país y de los dos rubros más demandantes de agua tras los sectores agropecuario y forestal.

La minería, por ejemplo –mayoritariamente cuprífera–, es responsable por sí sola del 4,5% del consumo total de agua del país (la industria suma otro 6,5%). Aunque pueda parecer poco, se trata de un volumen cuantitativamente considerable y cualitativamente complejo, porque la mayor parte de las unidades productivas de esta área están emplazadas en la zona con mayor escasez de agua: el Norte Grande.

Para hacerse una idea de lo considerable que puede llegar a ser su demanda, el presidente de las comisiones unidas de recursos hídricos de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) y el Consejo Minero, Rodolfo Camacho, explica que en zonas como el valle de Copiapó la minería representa el 40% del consumo de toda la III Región.

En términos productivos, se calcula que por una tonelada de cobre fino producido se puede utilizar entre 5,4 y 5,8 metros cúbicos de agua, mientras que en el proceso posterior, en las plantas concentradoras, el consumo varía de 0,36 a 1 metro cúbico por tonelada. A eso se suman otros consumos, como el transporte del concentrado, que se hace a través de mineroductos que pueden usar hasta 40 litros por tonelada de mineral.

Por eso, uno de los principales desafíos de la industria, que tiene parte importante de los derechos de agua del norte del país, es maximizar la productividad en el uso de los recursos, como explican diversos trabajos realizados hace algunos años al amparo del Centro de Estudios Públicos (CEP). Entre los desafíos de la industria está el utilizar mayor cantidad de recursos perdidos a través de la reutilización del agua de los tranques de relaves.

En otra área industrial, la celulosa también es intensiva en el uso de recursos. Las plantas usan el recurso hídrico para la cocción de la madera, el transporte de la pulpa y el enfriamiento de las maquinarias. Para tener una idea del impacto del agua en la producción de celulosa, basta el ejemplo de uno de los dos actores más grandes: CMPC. La compañía del grupo Matte utilizó entre 2004 y 2005 unos 126 millones de metros cúbicos de agua por año, según dio cuenta en su Informe de Sustentabilidad 2006. Más recientemente, ejecutivos de la compañía dijeron que en un complejo forestal como Santa Fe se utilizan unos 5.000 litros cúbicos de agua por día para procesar unas 3.160 toneladas de celulosa.

Claro que los procesos tecnológicos implementados en este tipo de compañías han sido clave para maximizar el uso del recurso, ya que poseen plantas de recirculación que les permiten usar varias veces la misma agua luego de distintos procesos químicos. Celulosa Arauco, del grupo Angelini, sostuvo el año pasado que todos los procesos de descontaminación del agua en esta compañía permitieron una reducción estimada de aproximadamente 9,52 millones de toneladas de gases de efecto invernadero durante 2006, valor equivalente a las emisiones de un número superior a 3 millones de autos durante un año.

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Tecnología

Sanitarias top ten


 

 

En sólo una década, el sector sanitario logró coberturas de 99,8% en agua potable, 95,2% en alcantarillado y 82,3% en tratamiento de aguas, posicionándose por sobre países como Canadá y España. La meta es alcanzar 100% de sanitización a 2010.

 

Si de innovaciones en torno al uso del agua se trata, el sector sanitario chileno es uno de los que llevan la delantera. Lo primero que dicen casi todos en esta industria a la hora de comentar su desarrollo es que está entre los 10 países con mayor tratamiento de aguas servidas a nivel urbano en el mundo. Eso significa estar por sobre naciones como Canadá o España, siendo que, curiosamente, empresas de esa nacionalidad son dueños de varias compañías sanitarias en Chile.

Las cifras que maneja la Superintendencia de Servicios Sanitarios a diciembre de 2007 hablan de 57 empresas que manejan actividades en suministro de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas servidas a lo largo del país. Las más reconocidas, por abarcar a un número de población mayor, son Aguas Andinas –que atiende la Región Metropolitana–, Essbio –presente en la VI y VIII regiones– y Esval –cuya concesión está en la V Región–. En total, las 57 firmas abarcan un total de 14.022.127 habitantes, es decir, casi el 85% de los chilenos.

Las cifras que enorgullecen al gobierno y a los ejecutivos de las principales compañías sanitarias están dadas por los altos índices de cobertura. Si hablamos de agua potable, ésta llega al 99,8% de la población urbana del país. Si se habla de alcantarillado, la cobertura llega al 95,2% y si de descontaminación de aguas se trata, la cifra llega al 82,3%. Todos, datos al cierre de 2007. En la industria destacan que esta amplia cobertura se dio a partir del proceso de privatización iniciado en 1996 por el gobierno de Eduardo Frei. Por eso, dicen que lo más valioso es que en sólo una década el país fue capaz de dejar a muchos años de distancia a las otras naciones de América latina, donde por ejemplo el tratamiento de aguas servidas en promedio alcanza a apenas 15% en las zonas urbanas.

El proceso de privatización significó una ola de inversiones que llevaron a que se instalaran por lo menos unas 200 plantas de tratamiento de aguas servidas a lo largo del país. Esto explica que los montos de inversión en la década sumen unos 2.000 millones de dólares entre todas las compañías.

Santiago está en plena etapa de crecimiento en esta cobertura. Aguas Andinas ya construyó dos de las tres plantas comprometidas para sanear la totalidad de las aguas servidas de la región, y la tercera está en el proceso de estudio de impacto ambiental. Actualmente, la ciudad descontamina el 68% de sus aguas servidas, porcentaje que aumentará a 81% con la construcción del colector Mapocho, que eliminará 21 descargas a ese caudal. El 100% se logrará con la tercera planta, que estará terminada en el segundo semestre de 2010, y que permitirá que Santiago sea la única capital de América latina en tener el porcentaje máximo de descontaminación.

Pero el trabajo de las sanitarias no terminará ahí. El gerente general de Essbio, Pedro Pablo Errázuriz, explica que el éxito del modelo sanitario chileno ha hecho que varias de las compañías estén mirando oportunidades por América latina, en particular en países como México y Perú, que han iniciado procesos de concesión de servicios específicos en algunas áreas.

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Tecnología

Le pongo la sal, le saco la sal


 

 

Mineras y sanitarias han echado mano al agua de mar para sus faenas productivas. En tanto, el empresario Fernando Fischman encontró la fórmula para mantenerla siempre cristalina.

 

Diversas industrias han encontrado la fórmula para doblarle la mano a la naturaleza y utilizar la salina agua del mar en sus faenas. Apoyadas por sofisticados procesos, firmas mineras, sanitarias y recreacionales pusieron en marcha en los últimos años sistemas para usar este abundante recurso en sus operaciones.

En el norte, por ejemplo, la sanitaria Aguas de Antofagasta, ligada al grupo Luksic, puso en marcha una planta desalinizadora, con la que luego de una ampliación en 2006 abastece el consumo del 30% de la ciudad.

En la minería la situación es similar. Escondida, controlada por la angloaustraliana BHP Billiton, es una de las primeras compañías que innovó en el abastecimiento de agua. Como parte de su proyecto de biolixiviación de sulfuros puesto en marcha en 2006, construyó una planta desalinizadora en el sector de puerto Coloso, en la II Región. A través de un proceso técnico conocido como osmosis inversa, esta planta convierte agua salobre en apta para uso industrial. Esta agua se mezcla con aquella recuperada de la planta de filtros que Escondida opera en Coloso, para ser conducida por 167 kilómetros a través de una tubería a 3.100 metros sobre el nivel del mar. Escondida realiza actualmente los estudios para construir una segunda planta con mayor capacidad y otras empresas del sector están siguiendo sus pasos, como Antofagasta Minerals, del grupo uksic, que pretende instalar una unidad para abastecer a su futuro yacimiento Esperanza.

Y si de uso recreacional se trata, el empresario Fernando Fischman lleva la delantera. Aunque el proceso tecnológico que patentó hace algunos años consiste en utilizar agua de mar para llenar grandes piscinas y lagunas, como la de San Alfonso del Mar en Algarrobo sin necesidad de sacarles la sal, su gracia es que está cristalina todo el tiempo.

Eso es justamente lo que le ha atraído socios en todo el mundo, incluso en Medio Oriente, donde está desarrollando un proyecto en Dubai. Son 12 en total las iniciativas en las que participa fuera de Chile y otras 10 las que están en su carpeta a nivel nacional, incluyendo las que ya tiene en marcha, como el caso de Algarrobo.

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Opinión

La era del deshielo


 

 

 

 

El derretimiento de las grandes reservas de agua dulce del planeta tiene a los expertos de cabeza, ya que no saben cuál será el “límite superior” que tendrá el alza en el nivel del mar. Por Rodrigo Jordan.

 

 

“El calentamiento global amenaza con dejar bajo el agua a Londres y Nueva York”. Así reza un titular que impacta, causa preocupación y hasta conmoción. Un titular provocativo y que es un éxito mediático… Pero, ¿cuánto hay de verdad en él?


Recientemente tuve la oportunidad de viajar a la Antártica a documentar durante seis semanas el efecto del cambio climático sobre el continente. Durante la expedición pudimos notar a simple vista los efectos del aumento de la temperatura ambiental en la península antártica, evidencia que me estimulaba a verificar mis percepciones con datos “duros” que pretendía obtener de una acabada revisión bibliográfica.


Antes de la expedición había tenido oportunidad de conocer el cuarto informe del Panel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) publicado a principios de 2007 que afirmaba que el nivel de los océanos subiría durante el presente siglo entre 18 y 59 centímetros. Se trataba de cifras nada despreciables y con consecuencias significativas, pero en ningún caso catastróficas. De hecho, esas magnitudes eran menores que las entregadas por el propio Panel en su informe de 2001, de modo que ahora se podía titular que Londres y Nueva York no quedarían bajo el agua.


Sin embargo, también sabíamos que el nuevo informe excluía incertidumbres claves, ya que había usado sólo resultados con 90% de certeza, dejando fuera escenarios menos probables, pero más graves.


Dado lo anterior, durante la expedición intencionalmente buscamos una posición privilegiada para observar las consecuencias del cambio climático antártico y sus efectos sobre el resto del planeta. Quisimos entrar en la Antártica profunda y recorrerla lo más cercana e íntimamente posible, oportunidad que nuestros kayaksnos ofrecían ampliamente. Era como “caminar” en el agua en estrecho contacto con el medio natural. Sólo tres centímetros de fibra y plástico nos separaban de las aguas cuya temperatura promedio era de dos grados centígrados. Fue en esas condiciones que constatamos los evidentes cambios en el ecosistema antártico. Por mencionar sólo dos, digamos que se apreciaba un aumento significativo en la temperatura del mar respecto de hace algunos años y se observaban dentro del territorio migraciones y reemplazos de distintas especies de pingüinos.


Son cambios que hasta hace poco parecían circunscritos sólo al continente antártico y sin mayores consecuencias. Sin embargo, este criterio ya no resulta aplicable, en especial para los cos de diferentes bases que año tras año visitan Antártica, y que han podido medir el derretimiento de los glaciares terrestres. Para todos, el diagnóstico es el mismo: el hielo de los glaciares sobre el continente se derrite rápidamente. Fue precisamente intentando dimensionar este derretimiento y sus consecuencias sobre el alza en el nivel del mar que, recién llegado de la Antártica, me encontré con una breve pero alarmante columna publicada por New Scientist en noviembre de 2007. Allí se advertía sobre “la alarma por el ‘abrupto e irreversible’ cambio climático, palabras que hemos escuchado muchas veces, pero nunca antes venidas del IPCC”.


Me llamó la atención, seguí leyendo y di con una arista dramática. El IPCC publicó en noviembre de 2007 un Informe Síntesis con el hallazgo de tres estudios detallados dados a conocer en febrero del mismo año. En este informe se elimina definitivamente el límite superior de las predicciones posibles para el alza del nivel del mar durante este siglo. Muchos glaciólogos plantean que, dada la evidencia creciente de la inestabilidad de las masas glaciares en Groenlandia y Antártica, sumada a una reciente alza al doble en la tasa de aumento del nivel del mar, el límite superior de 59 centímetros es una estimación probablemente muy baja. “Este informe no evalúa la probabilidad, ni provee de una buena estimación o un límite superior para el alza del nivel del mar”, se señala en dicho documento.


Es más, en un almuerzo en Valencia, España, el presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, explicó lo que había cambiado desde febrero de 2007 a noviembre de ese año: “se hizo evidente que, en relación al derretimiento de las masas glaciares de Groenlandia y Antártica, nosotros realmente no sabemos lo suficiente. Dada esta incertidumbre, es prudente y científicamente correcto retirar el límite superior”.


¿Qué pensarán sobre esta advertencia en Londres y Nueva York?

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Opinión

 

Haciendo agua


 

 

 

Chile tiene un bajo consumo de agua embotellada. Apenas unos 16 litros per cápita al año, muy lejos de los más de 100 que se consumen en Europa. Por eso, la posibilidad de crecimiento es amplia y varias compañías están concentradas en elevar el consumo.

 

 

Los chilenos no somos buenos para consumir agua embotellada. A la hora de ingerir líquidos, las preferencias se inclinan claramente a favor de las bebidas carbonatadas, donde estamos en los primeros lugares de consumo en el mundo. En cambio, si de aguas embotelladas se trata, el país apenas consume unos 16 litros per cápita al año –lo que implica un consumo total que, según la Asociación Nacional de Bebidas Refrescantes (Anber), llegó a 191 millones de litros en 2007– a muchos litros de distancia de nuestros vecinos Brasil y Argentina, que consumen 65 y 109, respectivamente, y de países europeos como Alemania, Francia y España, cuyos consumos se encuentra por sobre los 125 litros per cápita.

Pero en esa diferencia es donde está la oportunidad para las empresas que participan en este segmento, donde las marcas Cachantún y Vital llevan la delantera. “Nuestro objetivo es capturar gran parte del crecimiento que se dará en el mercado de aguas”, explica el gerente general de Aguas CCU-Nestlé Chile, Fernando Mora.

De los 16 litros que se consumen en Chile, 11 corresponden a aguas minerales y los 5 restantes a aguas purificadas, las que a su vez están divididas entre las embotelladas y las expendidas en botellones para hogar y oficina.

De acuerdo al Reglamento de Aguas Minerales (de 1997), se entiende por tales a las aguas naturales que surgen del suelo, que no provienen de napas o cursos superficiales de composición conocida y que, por su constitución o sus propiedades físico-químicas, son susceptibles de aplicaciones beneficiosas para la salud. En esta categoría están marcas como Vital y Cachantún, que en conjunto manejan hoy el 93,5% de este segmento.

Otras, como Benedictino y Dasani –ambas, de Coca-Cola– en estricto rigor no son agua mineral, sino purificada. Eso quiere decir que no necesita ser embotellada de una fuente de agua en particular. En lugar de eso, el líquido es sometido a un tratamiento diseñado para retirar algunos minerales y agregar otros en la proporción que el organismo necesita. Entre ambas marcas se llevan el 69,5% del segmento, siendo Next el tercer actor, con una participación de 16,7%. En ambas categorías han surgido derivaciones a partir de los sabores que se les han incluido.

Hasta hoy las aguas minerales y aquellas con gas han sido el referente del consumo de agua en botella, con un 75% del mercado, y eso es una herencia del alto consumo de bebidas gaseosas. Pero, dependiendo de la ocasión de consumo, también hay interés en la gente por agua sin gas, donde la purificada entra muy bien. “Van a coexistir en el mercado las dos categorías, las minerales y las purificadas, para satisfacer ampliamente el gusto de los consumidores”, anticipa Mora.

El negocio no sólo ha resultado atractivo para potenciar en Chile. Hay alg