El fin de la asimetría en la información, los millennials, la economía colaborativa, las startups globales y las nuevas tecnologías están alterando el statu quo que por siglos dominó a los servicios legales. Recopilamos las grandes tendencias de la imparable transformación que ya partió, aunque tímida aún, en los bufetes locales.

  • 19 julio, 2018

¿Van a seguir existiendo los grandes estudios de abogados? ¿Los full service? ¿Cuántas funciones van a ser reemplazadas por Inteligencia Artifical? ¿Está llegando a su fin la clásica facturación por hora? ¿La demanda va a ser solo por especialización? ¿Viene un cambio cultural en esta tradicional industria?
Ninguna de estas preguntas que dan vueltas hoy entre los profesionales logran respuestas de consenso. Ni aquí ni en Inglaterra, Estados Unidos, Australia ni Canadá, donde las transformaciones llevan la delantera. Pero lo que está claro es que los cambios vienen y son irreversibles.

La tendencia se llama new law, explica el abogado y CEO de Alster Legal, Andrés Jara, y agarró fuerza en el mundo post crisis subprime, en medio de la necesidad de las empresas por racionalizar gastos.
“Va a ser mucho más disruptivo que cuando pasamos de la máquina de escribir al procesador de texto y de ahí a los correos electrónicos. Estamos entrando a un área desconocida, un Far West, pero se puede explorar y hay oportunidades”, plantea Rodrigo Lavados, socio de Cariola, Diez, Pérez Cotapos & Cía. Ltda.

Nicolás Lewin, socio de DLA Piper Baz/NLD, admite que los cambios parten por la propia demanda de los clientes. “En libre competencia, por ejemplo, los escenarios que enfrentas son absolutamente distintos. Aparecieron las economías colaborativas, cambiaron los paradigmas de las asesorías que hacías”, advierte.

¿Hasta dónde puede llegar el cambio y cuánto de esto ya está en Chile?

La nueva tarificación

La otra gran discusión que se está dando al interior de los estudios de abogados es la tarificación del trabajo legal. Por años, lo tradicional ha sido cobrar por horas/hombre, cuestión que aunque no ha cambiado radicalmente, ya hay atisbos de que podría empezar a ser diferente. Al menos, ya existe un abanico más amplio de posibilidades de cobro.

“Hay mucha competencia, este es un mercado que no tiene barreras de entradas y eso al final permea en los valores. Las empresas y sus gerentes de finanzas quieren tener certezas sobre los costos. Han aparecido aplicaciones, como Serenguetti, en que se controla el trabajo desde los propios clientes”, explica Benjamín Grebe, de Prieto.

En este contexto, Juan Pablo Schwencke cree que la industria legal va a tender a seguir segregándose y quedará una más sofisticada y otra más “comoditizada”, tipo seguro de salud. Ya existen negocios legales construidos bajo el formato de volumen, menor valor agregado, que asisten como back up a compañías de seguros, bancos o grandes empresas en sus asuntos más ordinarios.

Andrés Jara explica que aunque no hay información pública de las tarifas de los estudios de abogados, el mejor y mayor acceso a información ha llevado incluso a que aparezcan procesos de licitación, lo que, coincide, ha bajado los precios. “El mercado hoy puede ajustar con mayor precisión el valor de determinados servicios legales”, dice. Y una segunda derivada es que ha crecido la demanda por especialistas. “Ya no basta el gran estudio de abogados, la nueva economía requiere de abogados expertos en rubros específicos”, agrega.

Por eso se está abriendo un mayor abanico de posibilidades de cobro. La clave empieza a estar en la flexibilidad de las tarifas. No es lo mismo revisar grandes cantidades de papeles que puede demorar días, que un consejo de 20 minutos que puede cambiar el rubro del negocio. Esa es la clave hoy.

“Desde mi perspectiva, cobrar por hora es poco prolijo y poco justo, si le cobro 10 UF la hora a un cliente y le desactivo una bomba atómica, no es lo mismo que dos mil horas por constituir una sociedad”, sentencia otro abogado que admite que en varios estudios hay una fuerte discusión respecto a este punto.

Lo que dice Andrés Jara es que al final son los clientes los que están cambiando la forma de cobrar, “lo que buscan es un prestador de servicios, que se les remunere por un resultado y no por el costo alternativo de su tiempo”.

De a poco ha ido apareciendo la figura denominada Alternative Fee Arrangements (AFA) que, al final del día, consiste en acuerdos que buscan pagar lo justo y razonable. “Deja de lado el cuánto trabajo por ti y se basa en compromisos asociados al éxito, calidad y oportunidad del servicio”, explica el fundador de Alster.

En todo caso, Juan Pablo Schwencke reconoce que el sistema de cobro es siempre sensible. Pero que incluso en la nueva economía se valora mucho la dedicación y el trabajo creativo. “Nadie te da plata ni financia de manera gratuita. Los negocios de la nueva y vieja economía requieren buenos diseños, buenos resguardos y buenas ejecuciones legales. La creatividad y el buen trabajo en una economía creciente se seguirán pagando”, dice.

Benjamín Grebe dice que, a pesar de que se anticipan cambios, hoy en los grandes y buenos estudios de abogados el 80% de los casos sigue siendo cobro por hora, en la mayoría de las materias.

Máquinas por abogados

La innovación se ha vuelto una necesidad en los grandes bufetes, tanto así que a nivel internacional apareció una figura que hasta hace pocos años era impensada en un estudio de abogados: el gerente de innovación. En Chile no existe como tal, pero en esa línea, la mayoría de los grandes estudios de abogados han formado “comités de innovación”.

No solo se trata de incorporar softwares que ya están súper arraigados entre los abogados, como la centralización de documentos o contabilizar las horas de trabajo, sino derechamente de inteligencia artificial capaz de reemplazar el actual trabajo de los juristas.

“En 10 años más, muchos servicios legales van a ser ofrecidos masivamente por productos tecnológicos y si esa bola de cristal se cumple, tenemos que estar ahí, para mantenernos dentro del liderazgo”, explica Rodrigo Lavados.

Por eso, Cariola, Diez, Perez-Cotapos y Cía. Ltda. acaba de lanzar Lex Nova, un proyecto que en joint venture con la empresa de consultoría de inteligencia artificial Cognitiva, busca proveer de soluciones de inteligencia artificial en español para el ámbito legal, dirigido a Latinoamérica. “Se trata de desarrollar productos empaquetados que podamos vender y que hagan más eficiente el servicio legal”, explica Lavados.

En esa lógica se han pasado los últimos meses mapeando procesos legales para analizar cuáles son automatizables, en cuáles la inteligencia artificial logra superar el error humano. Pueden leer documentos, analizar poderes, categorizar, encontrar información relevante entre cientos de correos, identificar patrones que se salgan de la regla y están ad portas de sacar al mercado la aplicación que permitirá analizar los poderes que tienen que ser revisados, por ejemplo, para la obtención de un crédito hipotecario, que hoy puede tardar varias semanas.

La segunda etapa es trabajar con la máquina para que entienda la legislación chilena y logre dar respuestas certeras para tomar decisiones, como en los temas laborales.

Andrés Jara explica lo que se está viviendo de esta forma: han aparecido startups que apuntan a derechamente reemplazar el trabajo del abogado. En Chile, un mercado no muy maduro con empresas como miscontratos.cl o letsgo.cl, pero que en otros países sí están dando mucho que hablar, como Legal Zoom en Estados Unidos, Low Path en Australia o Zegal en Hong Kong. Pero donde, desde su perspectiva, se está viviendo una verdadera revolución es en las herramientas que están permitiendo procesar gran cantidad de datos de una manera mucho más eficiente. “Máquinas que bien alimentadas van a permitir tomar mejores decisiones”.

El debate ahora es cuántos abogados menos se van a necesitar, pues nadie duda que todo lo que se pueda automatizar se va a hacer. Benjamín Grebe, de Prieto, admite que se van a reemplazar algunos trabajos, pero no la discrecionalidad que aporta el abogado. “En los due dilligence, por ejemplo, las máquinas están reemplazando a los abogados en la revisión de documentos, es un hecho, pero toda esa información tiene que ser necesariamente analizada por un abogado senior para tomar la decisión final”, dice.

De hecho, hay algunas herramientas que hacen predicciones de resoluciones judiciales, como Premonition, donde los abogados pueden encontrar los mejores argumentos para ganar un caso, basado en casos similares.

“No tengo una visión catastrófica, las máquinas no nos van a sustituir, las relaciones humanas son insustituibles, aunque todo se tecnifique”, plantea Juan Pablo Schwencke, socio de Aninat Schwencke & Cia.

En todo caso, hay una cosa en que coinciden los abogados entrevistados por Capital, no es llegar e incorporar experiencias internacionales en los procesos, porque estas son alimentadas con información de casos reales de cada país, donde leen el lenguaje jurídico de cada uno. Por eso, es vital que su desarrollo sea local, como lo está haciendo Cariola, Diez, Pérez-Cotapos y Cia., o como está ad portas de sacar también otra herramienta el estudio de abogados Carey.

Estar en todos lados

La internacionalización de las empresas chilenas, que ya lleva varias décadas, ha llevado a los estudios de abogados a tener que salir con ellas y la nueva economía agiliza aún más esto, puesto que hoy las las startups nacen con vocación global. Le ocurrió a Aninat, Schwencke y Cía en la asesoría de la internacionalización de Portalinmobiliario.com. “En estos tiempos debes tener una cintura muy distinta que la de los años noventa”, admite Juan Pablo Schwencke.

Por eso, los estudios no solo han optado por ingresar a redes mundiales que integran oficinas de todo el mundo, sino que también alianzas más formales o corresponsalías. De los grandes estudios de abogados en Chile, eso sí, no son muchos los que han optado por esa figura, entre ellos, Philippi, Yrarrázaval, Pulido & Brunner que comparte propiedad con bufetes extranjeros, con la colombiana Prietocarrizosa, con las firmas peruanas Ferrero y Delmar Ugarte y el estudio de España y Portugal Uría Menéndez.

El resto de los estudios de primera línea en Chile han optado por firmar alianzas estratégicas con los principales estudios de la región y el mundo, ninguno de ellos instalados en Chile. “Ha resultado mucho más rentable ser best friend que asociarte con un estudio específico. Los grandes estudios de afuera nos mandan muchos trabajos y, al asociarse con uno específico, dejaríamos de recibir de las grandes oficinas”, explica un socio de uno de los grandes estudios chilenos.

Donde sí se han aterrizado varias multinacionales es en estudios más pequeños. DLA Piper entró hace un par años a la propiedad de Bahamondez, Álvarez & Zegers (BAZ); CMS con Carey & Allende. El gigante español Garrigues compró hace un par de años el estudio Avendaño Merino para arribar a Chile. Años lleva también el rumor que Dentons, uno de los bufetes más grandes del mundo, está intentando armar alguna alianza en Chile.

En este contexto es que Benjamín Grebe, de Prieto, admite que una de las grandes interrogantes para adelante es el tema del aterrizaje de las firmas internacionales, claro que no tiene dudas de que “los buenos estudios chilenos van a primar, puesto que ya reúnen un estándar muy bueno en comparación con los internacionales”.

Los bufetes del futuro

La nueva economía y las nuevas formas de relacionarse tienen su origen en una generación de hombres y mujeres que entienden el mundo de manera global y que basan su desarrollo más en logros de la vida personal que de las empresas. Y todo eso también está permeando, aunque tímidamente, al interior de los estudios de abogados chilenos.

“Antes, tu vida era trabajar en un estudio para llegar a ser socio, pero las nuevas generaciones ya no aspiran a eso, o si lo quieren, no sacrifican todo su tiempo para lograrlo”, explica Benjamín Grebe. Y eso, aunque no es muy medible todavía, ha permeado en las firmas. “Ya nadie mira feo si alguien se va a las ocho, los tiempos para almorzar son más cortos. Nos hemos puesto más flexibles, lo que importa es el resultado”.

En Alster Legal tienen más de 60 abogados que trabajan con modelos participativos por proyectos de interés.

Rodrido Lavados, de Cariola, no tiene ninguna duda que con la llegada de los millennials a los sillones de socios, todo va a cambiar mucho más radicalmente. “Ellos quieren compatibilizar trabajo y vida personal con resultados competitivos y rentables”, agrega. Además, quieren ver casos complejos. Ni la posesión efectiva de la abuelita ni la regularización de una propiedad les parecen atractivas.
En el otro lado de la cuerda están los nuevos clientes, los de la nueva economía, que exigen respuestas rápidas, precisas, no tanto papel. Ahí es donde el whatsapp, como explica un abogado, ya es una herramienta más dentro de los canales de comunicación, incluso presente en los contratos.

“El futuro está en la flexibilidad, es poder moverse rápido”, dice Nicolás Lewin. Juan Pablo Schwencke admite que “tenemos que hacernos cargo de esta cultura menos ochentera, que no quiere matarse trabajando, esto puede empezar a mover y cambiar el modelo de socios y asociados”.

Habrá que ver si las tecnologías que apuntan a simplificar los procesos y hacerlos más rápidos irán de la mano de esos cambios culturales.