Tras haber cumplido un año a la cabeza del Servicio de Impuestos Internos, su desempeño motiva amplios reconocimientos en el sector privado. Pero también motiva una cierta intranquilidad entre los funcionarios. Más de algo está cambiando dentro del servicio. Por Paula Costa Ross Cambió las cómodas, elegantes y prestigiosas oficinas de uno de los estudios […]

  • 23 marzo, 2007

Tras haber cumplido un año a la cabeza del Servicio de Impuestos Internos, su desempeño motiva amplios reconocimientos en el sector privado. Pero también motiva una cierta intranquilidad entre los funcionarios. Más de algo está cambiando dentro del servicio.
Por Paula Costa Ross

Cambió las cómodas, elegantes y prestigiosas oficinas de uno de los estudios de abogados más importantes del país por el sector público. Dejó la adrenalina de las grandes operaciones entre privados por la responsabilidad de velar por la recaudación de impuestos en Chile. Estuvo dispuesto a cambiar sus envidiables ingresos como socio en Carey y Cía por un austero sueldo de empleado fiscal. Pasó de alegar contra las injusticias tributarias a defender la normativa oficial. Y en lo que dicen ha sido uno de los peores cambios para él, cambió el cuello de la camisa abierto por la corbata.

Ricardo Escobar Calderón, casado, dos hijos, 44 años, ya cumple su primer año a cargo del Servicio de Impuestos Internos (SII). Y todo lo anterior, dicen, lo hizo por una enorme vocación de servicio público. “Cuando se trata del bien del país uno no puede pensar en pesos más o pesos menos”, le habría señalado Escobar a un ex colaborador suyo al momento de explicar su decisión de tomar el desafío. De hecho, hay quienes esperan que terminado el gobierno de Bachelet, Escobar pueda retomar su lugar en Carey y Cía. De todos modos, supimos que él estuvo a punto de tomar este cargo unos años atrás: “Zafó cuando fue nombrado Juan Toro, pero esta vez no pudo zafar”, cuenta un cercano.

Pero, ¿quién es Ricardo Escobar? Lo primero –hay que decirlo, porque todos los entrevistados lo destacaron– es que se trata de un hombre brillante, de inteligencia superior y gran capacidad técnica. Lúcido en las percepción de los problemas, hábil en la forma de manejarlos.

Un abogado próximo a él tiene su propia teoría: sobrino del ex presidente Ricardo Lagos, ambos son descendientes de Humberto Escobar, hombre habiloso cuyos genes sobreviven en estos Ricardos, entre otros miembros de la familia.

-Yo nunca vi a Ricardo que no dejara a la gente con la boca abierta -dice una abogada que trabajó con él por muchos años.

Como tributarista, dicen, tiene una singularidad no muy frecuente en el mundo de las leyes: piensa como un hombre de negocios. Siempre se caracterizó por entender qué lógica tenían, cómo interactuaban los intereses de las partes involucradas y qué es lo que los clientes buscaban. Nada de ir detrás del cliente tapando hoyos, no. Escobar iba a su lado, ideando con él nuevas formas de hacer las cosas. De gran capacidad analítica, quienes han trabajado con él destacan su “virtud para despejar la paja del trigo y ver cuál es el problema, hacer un diagnóstico correcto de las dificultades que tiene con la sofisticación del caso y llegar a las conclusiones correctas”.

No es extraño que con ese talento haya demorado solo dos años en convertirse en socio de Carey y Cía., estudio al que se incorporó a fines de 1996.

Quienes trabajaron a su alrededor lo consideran un planificador de matriz conservadora. Nunca subestimó el poder de la fiscalización del servicio que ahora dirige y su máxima era que todo debía poder explicarse por sí mismo. Como quien dice, “sin ponerse rojo”. De hecho, colaboradores suyos aseguran haberlo visto varias veces contrariar estrategias de sus clientes que le parecían agresivas o temerarias. Nunca se prestó para objetivos en los que no estuviera plena y resueltamente convencido. Si no, prefería declinar los casos y recomendar la búsqueda de los servicios de otro abogado. Curiosamente, por eso mismo, dicen, Escobar nunca perdió un cliente por esa razón.

Buen articulador de equipos, de carácter más bien alegre, buen bailarín, entusiasta y relajado, sus amigos y colegas lo definen como un gozador de la vida. Defiende la suya y su esfera de intimidad con celo. Es de los que cree que no hay razones válidas para extender sistemáticamente los horarios de trabajo más allá de las siete y media y jamás los fines de semana. Bueno para los asados, para el golf y el tenis, algunos hablan de su faceta de “muy picado” cuando pierde: cuando las cosas no salen como quiere se puede ver desde una raqueta azotando el suelo hasta un palo de golf volando por los aires.
Le gustan los viajes y este ha sido uno de los placeres de su vida. Sin embargo, según sus más próximos, ya es tanto lo que viaja que ahora ni él mismo sabe distinguir cuánto hay de compromiso en lo que hace y cuánto de goce químicamente puro. Por supuesto: una cosa es recorrer el mundo por placer y otra es cruzar medio planeta por un par de noches en Oriente. Pero cuando aún le gustaba despegar, por ahí por 1992, creó al amparo del área de impuestos de Langton Clarke (que en esa época era Coopers & Lybrand) la de negocios internacionales. Aprovechando la red internacional de la empresa, salió en búsqueda de socios para sus clientes. Si bien le fue mal y a los dos años le pidieron que mejor volviera a trabajar en impuestos, terminó con lo que para él era un saldo a favor: recorrió prácticamente todo el mundo.

Otro desafío que tomó en sus manos fue en 1994, pero esta vez con gran éxito. Contratado por el Ministerio de Obras Públicas, fue Escobar quien junto a Juan Miguel Barahona construyó desde cero todo el sistema legal y tributario que permitieron las primeras licitaciones de obras públicas en Chile.

{mospagebreak}AL OTRO BANDO

Claramente Ricardo Escobar cruzó a la otra orilla. Por lo mismo, hubo quienes en el sector privado recibieron su nombramiento en la cúpula del SII con cierta alarma. Como diciendo cuidado, él sabe todo lo que hacemos y cómo lo hacemos; si quiere empezar a ponernos tapones, las cosas se nos pondrán muy dificiles.

En el otro extremo, también hubo quienes celebraron: “Al fin uno de los nuestros, de sensibilidad pro empresas, que sabe exactamente cuáles son las fallas del sistema”.

En todo caso, en su capacidad técnica –dicen– radica la garantía que pueden tener los empresarios y el gobierno de que el nuevo director del servicio es un hombre equilibrado y sin sesgos.
-En esto –señala una tributarista– es clave su visión del mundo de los negocios, su mirada sobre un sistema que tiene que funcionar. Si quisiera hacerle la vida difícil a los empresarios, podría hacerlo, pero entrabaría la gestión del negocio. Al final sabe que mientras más produce el empresario, más impuestos paga al fisco, de suerte que lo importante es no entrabar la gestión. La política del bloqueo sistemático perjudica desde luego a las empresas. Pero en la misma medida perjudica al servicio que dirige y al país.

Así las cosas, la sensación es que el aporte que Escobar puede hacer, precisamente al venir del sector privado, es importante. De hecho, desde septiembre del año pasado se encuentra diseñando un proyecto de certificación de buenos contribuyentes. Algo así como un certificado de buena conducta para las grandes empresas que cumplan con altos estándares de exigencia. Sus ejecutivos podrán presentarlos ante sus accionistas y ante otros mercados financieros con un plus más dentro del concepto de responsabilidad social corporativa.

Lo que para Escobar fue en un comienzo solo una buena idea, terminó teniendo excelente acogida cuando la expuso en un congreso en Singapur. De inmediato lo invitaron a formar parte de un temible comité de diez directores de impuestos internos a nivel mundial. Uno ya es bastante; imagínense diez.

Mientras en el mundo de los abogados son muchos los que destacan que uno de los suyos haya tomado las riendas de Impuestos Internos (“ya era hora de acercar las normas a su verdadero espíritu, ya era hora de mirarlas desde un prisma más amplio que el que simplemente permita una mayor recaudación”), entre los funcionarios del SII nadie quiere hablar –la dirigente Oriana Urrutia fue varias veces contactada sin éxito por esta revista– aunque se advierte un cierto clima de intranquilidad. Sobre todo entre los fiscalizadores, muchos de los cuales sienten que su función ha perdido prioridad en la dirección, más legalista, más confiada en la interpretación de la norma, que Escobar le está imprimiendo al servicio. Escobar es el primer director abogado del servicio desde que Jorge Varela, a comienzos de los años 80, cumpliera una breve gestión. Después vinieron puros ingenieros.

El nuevo director, además de traer nuevos profesionales a su gabinete, removió a Bernardo Lara, el temible subdirector jurídico del servicio, de sello resueltamente fiscalista, y designó en su reemplazo al abogado Pablo González, que venía de Ernst & Young. Lara se fue al Diario Oficial y está asesorando también la firma que tiene el ex ministro Javier Etcheberry.

El SII afronta desafíos arduos en estos momentos. Tras la nulidad que afecta a miles de causas que delegados de los directores regionales estaban llevando al margen de la ley desde los tiempos de Etcheberry (los tribunales han declarado que esa facultad es indelegable), un enorme cúmulo de causas está detenido. Y el tiempo está corriendo.

VUELTA A LOS ORIGENES

Un abogado de la especialidad reconoce que en las administraciones anteriores a la de Escobar hubo un muy destacable desarrollo en el ámbito de los procesos y los tecnologías. Pero no puede negarse que ahí hubo un cierto costo. “Yo diría, un cierto sacrificio del derecho. El voluntarismo en cuanto a tenemos que recaudar y recaudar al precio que sea, en no pocas ocasiones terminó divorciando la interpretación administrativa del genuino sentido de las normas. Creo que ahora hay mayor conciencia a este respecto y este factor ha mejorado los niveles de confianza en el desempeño del servicio”.

Así las cosas, hay quienes incluso sostienen que para Chile es “un lujo tener a una persona así en el SII”. Y, aunque suene raro, hasta parlamentarios de la oposición aprueban este nombramiento, no obstante, eso sí, que no le perdonan haber descartado de antemano y muy apresuradamente un delito tributario en la actuación de Guido Girardi en el caso de las facturas falsas, siendo que la investigación en ese momento estaba en curso.

En estos doce meses, el sello de su gestión es tangible. Si bien ha salido más en la prensa primero por el alza en las contribuciones y después por los escándalos de Publicam y Socogech –relacionarse con la prensa es uno de los puntos que más le ha costado desde que ingresara al sector público–, lo cierto es que llegó el primer día al SII con una orden fuerte y clara: había que dejar de mirar la relación entre la autoridad y el contribuyente como un enfrentamiento de adversarios. Por lo demás, el 98% de los impuestos en Chile se obtienen en forma voluntaria, y solo un 2% es producto de las fiscalizaciones o la acción directa del regulador. Y tal como su nombre también lo indica, Impuestos Internos es un servicio a disposición de la ciudadanía, por lo que era preciso avanzar paulatinamente hacia una relación de colaboración mutua, con mayor y mejor comunicación entre ambas partes.

La evolución que tengan en los próximos meses las cifras de recaudación y las estimaciones que se puedan hacer de la evasión van a ser cruciales a la hora de evaluar la gestión de Escobar. Es cierto que de momento las cuentas fiscales están holgadas y que esta variable hoy día no es crítica. Pero así y todo sería impresentable una regresión.

La dirección en que Escobar está llevando al SII se reconoce claramente en medidas como la segmentación por tipo de contribuyente, anunciada recientemente. Sin embargo, medidas más o medidas menos, el proyecto que acaparará las miradas y que será la verdadera prueba de fuego para Escobar es el de los tribunales tributarios, que busca de una vez por todas enterrar la aberración del sistema actual, donde la autoridad administrativa es al mismo tiempo, en la primera instancia, juez y parte en el proceso.

{mospagebreak}EL HOMBRE Y SU TRAYECTORIA
Estudios: Abogado de la Universidad de Chile, titulado en 1986. Master en Derecho en la Universidad de California, Berkeley, en 1989. Profesor de derecho tributario y política económica de la Universidad de Chile, desde 1991. Profesor de derecho tributario internacional, escuela de estudios de postgraduados, Universidad de Chile, desde 1996.

Desempeños laborales: Asesor externo del Ministerio de Hacienda en legislación tributaria y doble tributación desde 1990. Abogado del Comité de Inversiones Extranjeras en 1990. Delegado del Ministerio de Hacienda ante la OCDE en París en 1990 y Oaxaca en 1995.

Asesor del gobierno de Paraguay por encargo del BID, 1993. En el sector privado, comenzó en Langton Clarke que después sería Arthur Andersen y posteriormente Ernst & Young. En diciembre de 1996 ingresa a Carey y Cía, donde permanece hasta marzo de 2006, fecha en que es nombrado como director del SII.

ALGUNOS AVANCES

En los doce meses que Escobar lleva al mando del SII, algunas de las normativas dictadas son:
• Autorización a descontar como gasto de la empresa la construcción de caminos, por mucho que puedan usarlo otras personas. Es un dato que ninguna empresa tiene vocación de Ministerio de Obras Públicas, pero cuando el gasto en neumáticos, amortiguadores y mantención de vehículos en cierto período de tiempo es mayor que simplemente pavimentar la ruta de acceso (para qué hablar de cuando el mal tiempo hace imposible el acceso a la fábrica, por ejemplo), se trata de un gasto necesario que mejorará su rentabilidad. Antes, no era posible descontarlo como gasto a menos que fuera “indispensable”. Con la nueva circular, los principales beneficiados son empresas que si bien tienen más de un acceso, por razones de costos y beneficios les es altamente conveniente construir o reparar estos caminos públicos.

• Ajuste del impuesto de timbres y estampillas grava documentos emitidos y que no sean operaciones de crédito de dinero. Adicionalmente, hay un artículo en esta ley que grava la importación de bienes con cobertura diferida. Este impuesto especial se pagaba por el tiempo que mediaba entre la importación del bien y el pago de éste. Así, por ejemplo, al importar una máquina desde China con un compromiso de pago a 90 días, al final se pagaba un 0,4% del precio de venta remesado por concepto de este impuesto. Pero Escobar, quien hizo su memoria en este tema, cambió el criterio de interpretación al señalar que el espíritu de la ley es gravar los documentos que den cuenta de una operación de crédito de dinero, y no solo la existencia de un plazo en el pago de un saldo del precio, con lo cual, si no existe un préstamo de dinero debidamente documentado, la operación de importación con cobertura diferida no será gravada con este impuesto.

• Nuevo criterio sobre los casos de optimización de personal al interior de un mismo grupo económico. Ahora estas experiencias no serán vistas como un agenciamiento de negocios, por lo cual no estará gravado por el IVA. Esta es una pelea que se remonta diez años atrás y que incluso llegó a manos de la Corte Suprema. En resumidas cuentas, la ley establece que los pagos originados en contratos de suministro pagan IVA (hojas, ampolletas, etc) y el Servicio sostuvo por muchos años que este hecho gravado incluía el suministro de personal (esto es, por ejemplo, la contratación temporal de secretarias o el outsourcing del aseo). Esto encarecía mucho los costos de la empresa, pues implica al interior de un grupo que los sueldos se incrementaban con el 19% de IVA, y el tema llegó a la Corte Suprema, la que estableció que el contrato de suministros se refería a bienes y no a servicios, por lo que la contratación de personas no paga IVA. Frente a ese criterio de la Corte, el SII sacó una interpretación administrativa en que establecía que cuando se brindaba más de un servicio, se estaba frente a lo que llaman agenciamiento de negocios, y eso sí debía pagar IVA, ¿Principales perjudicados? Los conglomerados económicos en que, por ejemplo, existe un mismo contador para más de una empresa. Escobar, a fines del año pasado, a través de un pronunciamiento administrativo distingue entre agenciamiento de negocios –en el cual se prestan servicios al mercado, que sí se mantiene con IVA– y cuando lo que se hace es optimizar los servicios al interior de un grupo, donde no procede aplicar IVA. ¿El argumento? Si se hubiera contratado los empleados directamente, o las asesorías individualmente, no estaría gravado con IVA, por lo que si ahora se unen en una sociedad, no procede pagar IVA.