En este momento, el mayor problema que afecta a Quebec es el declive de su demografía, señala un artículo del diario canadiense The Globe and Mail. No nace el número de bebés necesario para sostener la población, el promedio de edad es mayor que en cualquier provincia a su oeste y hay una escasez […]

  • 21 agosto, 2012

 

En este momento, el mayor problema que afecta a Quebec es el declive de su demografía, señala un artículo del diario canadiense The Globe and Mail.

No nace el número de bebés necesario para sostener la población, el promedio de edad es mayor que en cualquier provincia a su oeste y hay una escasez de inmigrantes jóvenes y educados para llenar los puestos de trabajo. Sin éstos últimos, no se pueden pagar los impuestos que sustentan los programas sociales y que contribuyen a los fondos de pensiones de los adultos mayores. Por lo tanto, si los trabajos permanecen vacantes, a futuro esos programas y pensiones podrían desaparecer.

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El diario sostiene que la provincia está cometiendo un suicidio demográfico en cámara lenta, ya que no logra atraer a personas de otras regiones o países. Por ejemplo, en el área de negocios, Quebec apunta a captar a 10 mil inmigrantes al año, de los que llegan apenas 2.500.

El hecho de que uno de los requerimientos para asentarse en la ciudad sea hablar francés complica aún más el asunto, ya que los inmigrantes que sí llegan son oriundos de las regiones más pobres del planeta como África y El Caribe, y no poseen la educación que se necesita.

Por ejemplo, en 2010, la mitad de las personas que llegaron a Ontario correspondían a asiáticos, principalmente de China e India, dos gigantes de la economía mundial. Pero muchos de ellos no hablan francés, ni tampoco quieren aprenderlo.

Ese mismo año, solo el 15% de los inmigrantes que llegaron a Quebec eran de Asia. En cambio, el 41% pertenecía a personas de África, Medio Oriente, América Latina y El Caribe.

Como si eso fuera poco, muchos de los que sí llegan a Quebec, se terminan marchando en poco tiempo. Solo el 10% de los inversionistas que llegaron entre 1999 y 2008 seguían viviendo allí, según cifras del municipio.

Lea el artículo completo en The Globe and Mail.