Francisco Vidal, el polémico y cuñero vocero del gobierno, se toma un respiro para reflexionar sobre “la crisis de nuestro sistema de representación”. Con el triunfo de Obama en la retina, confiesa su sueño: “me gustaría ver el próximo año columnas en la Alameda y a algún Jesse Jackson llorando el día que ganemos”.

  • 12 noviembre, 2008

Francisco Vidal, el polémico y cuñero vocero del gobierno, se toma un respiro para reflexionar sobre “la crisis de nuestro sistema de representación”. Con el triunfo de Obama en la retina, confiesa su sueño: “me gustaría ver el próximo año columnas en la Alameda y a algún Jesse Jackson llorando el día que ganemos”. Por Guillermo Turner; fotos, Verónica Ortíz.

 

Escucha algunas declaraciones del ministro Vidal aquí.

 

Francisco Vidal, el vocero de Palacio, nada como un pez en la coyuntura diaria. Diestro cuñero –utilizando una expresión periodística– marca la posición del gobierno ante cada hecho que ocurre en el país con alguna frase corta, punzante y, por lo general, polémica. Eso lo tiene como plato fijo en el menú informativo, generando una imagen en la opinión pública que no resiste calificaciones intermedias: a Vidal se le quiere o no. “Trato de decir lo que pienso”, afirma.

Pero en Capital le pedimos que se olvidara por un rato de ese rol y reflexionara más a fondo sobre las lecciones que dejaron las elecciones municipales; obviamente, sin lenguajes futbolísticos de por medio. Así las cosas, el primer énfasis de Vidal está puesto en la participación: “lo objetivo es que votó menos gente y que todas las coaliciones tuvieron menos votos que en 2004”.


-¿Y la principal lección para la Concertación?

-También a partir de hechos objetivos –estadísticos, cuantitativos– es la falta de unidad. Hay 40 alcaldes electos fuera de pacto, de los cuales 34 tienen historia de Concertación o fueron militantes. Sumando sus votaciones, la Concertación habría sacado más votos que la Alianza en alcaldes. Pero lo importante es la lección para el país: estamos en crisis del sistema de representación. De más de 11 millones de potenciales electores, al final votaron un 6 y medio, a lo que se suma el problema de un padrón envejecido, que es prácticamente el mismo que el del año 88, nada más que renovado parcialmente.

-¿Dónde está el origen de la falta de unidad en la Concertación?

-Hay una cierta crisis de dirección de los partidos que se observó muy bien en el Parlamento. Yo se que los presidentes de los partidos han hecho esfuerzos enormes de conducción, pero las bancadas parlamentarias muchas veces opinan y votan distinto. Creo, además, que primaron en muchas partes lógicas de partidos e, incluso, de grupos partidarios, en desmedro del objetivo principal, cuyos resultados los estamos viendo. Claramente, Sankán era mejor candidato que Zapata; claramente, el pacto por omisión en Estación Central y Recoleta hubiera permitido que se replicara lo de Pedro Aguirre Cerda… El asunto de las dos listas, desde el punto de vista de su rendimiento, teniendo más candidatos y obteniendo menos votos, resultó muy bajo. A eso hay que agregar una situación económica compleja, una inflación que se ha notado, el problema del Transantiago en la capital…


-Problemas que, de paso, no fueron centrales en las campañas de los candidatos, como tampoco las eventuales propuestas de fondo en educación o salud.

-Entonces, volviendo a la pregunta original, la Concertación disminuyó su votación y perdió municipios porque en muchos partidos, o sectores de partidos, primaron intereses menores al interés principal.

-¿No percibe lo mismo en la discusión de los eventuales presidenciables de la Concertación?

-Lo que yo siento en los presidenciables es que están en una fase inédita, que nunca había ocurrido en la Concertación. Porque en el 93 el candidato era claramente Frei; en el 99, era claramente Lagos; en 2005, era claramente Bachelet. Por primera vez, la Concertación tiene potenciales candidatos presidenciables con un cierto equilibrio, y eso ayuda a esta especie de congelamiento y a estos movimientos tácticos que pueden ser importantes e interesantes para los protagonistas, pero que desde un punto de vista superior, la coalición se ve afectada.

-¿Eso del equilibrio entre los candidatos hay que leerlo como que están todos encumbrados o que ninguno brilla?

-Yo creo que son las dos cosas.

-¿Cómo? ¿Todos arriba y abajo? Eso no se puede.

-Todos potencialmente medianos, donde, además, mientras no se defina por uno, no se podrá medir de verdad su apoyo compitiendo. Porque cuando se encuesta por parejas –donde Piñera gana por 10 ó 15 puntos– el traspaso de los freistas a Lagos, de los laguistas a Frei, de ambos a Insulza y de Insulza a los dos, no es automático.

-Porque están preocupados de elegir candidatos en base a cómo aparecen en las encuestas.

-Exacto.

-Pero el liderazgo no se elige por encuestas.

-Claro, pero la experiencia de la Concertación es que han coincidido los liderazgos históricos con una evaluación muy buena en las encuestas. Liderazgos distintos: Aylwin con la transición, Frei con la modernización, Lagos con la consolidación republicana, Bachelet con la novedad de la inclusión. Pero es cierto que por primera vez la Concertación, a nivel presidencial, está viviendo un hecho que no sabe administrar y que lo está aprendiendo a administrar.

-¿Los candidatos han estado a la altura de este nuevo desafío?

-Pienso que ahora, después de las municipales, están tomando conciencia de la situación.

-¿Cómo califica esa situación?

-Para la coalición de gobierno es una situación muy difícil, porque si gana la derecha no será por merito propio, sino por los errores de la Concertación. Porque la base electoral existe, porque la base sociológica-cultural existe. Se expresó en un casi 38% de votación en alcaldes y 45% en concejales. A eso se agrega que el Juntos Podemos jamás votará por la derecha. Entonces, el desafío de la dirigencia concertacionista es aprender de esta elección, dar cuenta de una mayoría política, social y cultural que persiste, y conducirla.

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-¿El gobierno tiene responsabilidad también en esos errores?

-Sí, porque hemos tenido muchos problemas, como también de repente descoordinación y desorden. Pero mirado como proceso –y yo voy a cumplir un año acá– es claramente un problema en conjunto. Se ha ido aprendiendo, se han ido tomando decisiones más acertadas. Incluso, lo analizo al revés: creo que una de las condiciones para que la Concertación se ordene y para que la coalición tenga éxito es que el gobierno retome la iniciativa, no suelte el timón, mantenga la línea y el norte claro. Además, con un cuadro que ordena por sí mismo, como es la crisis internacional y sus efectos en Chile, asunto que la presidenta ha colocado como prioridad.

Cuestión de entusiasmo

-Decía que nuestro sistema de votación está en crisis.

-Sí. El sistema de representación en Chile está en crisis.

-¿Esa crisis se soluciona con reformas políticas, como cambiar el sistema binominal o la inscripción automática?

-Esos son mecanismos. El sistema político en Chile se recupera si, junto a reformas que habiliten, ayuden y colaboren, hay una nueva política. Hay tres ejemplos en la materia: uno chileno y dos extranjeros. Plebiscito del 88: si la gente en Chile no se hubiera entusiasmado y en vez de inscribirse 8 millones se hubieran inscrito 4 millones, Pinochet habría ganado. Segundo ejemplo, el 11M de Madrid: fueron 2 ó 3 millones de jóvenes los que votaron a Zapatero después del show que vimos allá. Y el último, Obama: el entusiasmo que despertó su candidatura en millones de americanos, que se inscribieron y se movilizaron. Entonces, la política requiere un sentido de retorno a la épica, a una cosa más grande.

-El fenómeno Obama es producto de la renovación y del cambio. ¿Usted ve ese potencial en los candidatos de la Concertación?

-Lo veo potencialmente, porque no tiene que ver con si la persona es más o menos vieja. El desafío del liderazgo concertacionista, el que sea, es que no puede ofrecer al país más de lo mismo. Y lo mismo se puede decir para Piñera, Evelyn Matthei o el que sea…

-¿Leyó el libro de Lagos?

-Lo compré, pero todavía no lo he leído.

-Yo le iba a preguntar si calificaba como oferta nueva de país.

-Lo voy a leer este fin de semana. Pero lo que me entusiasma a mí es que Lagos coloca temas globales. Frei coloca temas globales, pero con impacto en el país. A mí quien me sorprende positivamente es mi amigo José Miguel Insulza, en el sentido de que plantea un país nuevo, pero que debe sanear completamente el cáncer que tiene. Y uno de los tumores que tiene es la desigualdad y el más claro en hablar sobre ese tema ha sido José Miguel.

-Bien, pero eso no es un discurso nuevo en la Concertación. Digamos que fue el de Lagos…

-No. Siempre ha habido crecimiento con equidad, crecimiento con igualdad, pero ahora hay que dar cuenta de una nueva realidad sociológica-cultural. Tenemos 3 millones de compadres entre 18 y 19 años que no son, comillas, clientes de este mercado. ¿Cómo los motivamos? Obama expresa en su movilización discursos, comillas, viejos, pero que son eternos y permanentes.

-Incluso, lo interesante de la oferta de Obama es que plantea sueños y no detalles.

-Pero resulta que con el Yes, we can, una de las democracias más consolidadas del mundo acaba de vivir una experiencia única, con la votación porcentualmente más alta desde 1920. Nunca había existido un despliegue tan masivo en la calle, nunca gente llorando. Eso significa que la política bien conducida puede hacerte llorar, lo que pasa es que entre nosotros predominan los que dejaron de llorar por la política.


¿Y los díscolos?

-Un tema es reencantar al electorado, pero otro distinto es alinear a sus congresistas y eso es algo que ustedes han experimentado de sobra.

-Pero como está disperso y desordenado, el Parlamento ocupa el penúltimo lugar en la valoración de las instituciones por la ciudadanía. Ahora, un liderazgo en un régimen presidencial como el chileno necesariamente obliga a entenderse con el Parlamento y, particularmente, con sus bancadas. Ahí está la tesis de Lagos, como dijo en una entrevista: quién va a mandar en Chile, una bancada o un presidente de la República.

-En base a vuestra experiencia, ¿cuál es la recomendación para el próximo gobierno en su relación con el Congreso?

-Es imprescindible compartir un programa y poner el honor en su cumplimiento. La única restricción es no plantear temas que dividan a la coalición, lo que no significa que no exista la libertad para plantear temas nuevos, pero que no le exija al resto de la coalición posiciones en áreas que el conjunto no incluyó.

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-¿Ustedes se ponen en el escenario de ser el último gobierno de la Concertación?

-En un régimen democrático, un gobierno cumple su programa –es el gobierno como Estado, el gobierno de todos los chilenos– y su función no es lograr la reelección. Al menos siempre yo me he colocado en lo que es natural, que es la alternancia definida por los ciudadanos. Pero uno se juega porque está convencido de que lo mejor para el país es la Concertación.

-¿Pero perder sería una derrota?

-Es una derrota.

-Me refiero si lo sentirían como una derrota del gobierno.

-Es una derrota del gobierno y de su coalición, porque el indicador de éxito para un gobierno de coalición es que el país le renueve su confianza a esa misma coalición. Dicho eso, el gobierno no está obligado a lo imposible; o sea no está obligado a que se seleccione bien a los candidatos, a que haya un mecanismo razonable, propuestas. No es tarea del gobierno hacer el programa del próximo. Tampoco hay drama en la alternancia, pero sí veo un problema desde el punto de vista de la estabilidad democrática. Lo complicado –y lo digo convencido– es que un gobierno de derecha tendrá minoría en el Parlamento, a lo que se suma que la Concertación ha sido un colchón político importante para graduar las legitimas aspiraciones de diversos sectores sociales. A la derecha no le iría bien en el gobierno porque ya tiene mucho poder y lo único que le falta es el poder ejecutivo. Ninguno de mis argumentos pone en duda su legitimidad democrática.

-Pero la Alianza no es una oposición que haya negado la sal y el agua a los gobiernos de la Concertación.

-Mirado en perspectiva histórica, no. Yo respondo por mis palabras. A comienzos de 2006 reconocí en El Mercurio que tuvimos una oposición de lujo, cosa que no gustó a algunos. Una oposición de lujo significa que el país avanza y si fuera oposición, me gustaría ser una de lujo.

-Eso iba a preguntar. ¿Qué pasaría con la Concertación si pierde el gobierno: entra en un proceso de autoevaluación o de dispersión?

-Es que hay fuerzas centrípetas y centrifugas. Es una Concertación que, si pierde las presidenciales, tendrá mayoría en el Parlamento y en el poder local. Además, seríamos la oposición junto al Juntos Podemos. Colocándome en esa hipótesis, la Concertación está obligada a mantenerse cohesionada porque tiene una base social enorme. Podría haber una disputa de hegemonías en el camino, pero estamos hablando de ciencia-ficción.

-No, estamos hablando de gobernabilidad.

-Pero yo creo que una oposición de Concertación tendría que ser responsable. Ahora, con todo lo que he dicho, la oposición ha cambiado en el último gobierno. La teoría de Andrés (Allamand) rompió esta relación.

Más emoción


-El ministro Viera-Gallo planteó la apertura de la Concertación hacia la izquierda extraparlamentaria. ¿Razones electorales o simpatías de fondo?

-¿Qué es lo que une a la Concertación, al Juntos Podemos y al Partido Comunista? Hay una coincidencia estratégica de fondo y es que no pueden estar fuera del Parlamento, eso no le hace bien al país. Pero, independiente de la posición comunista, a la Concertación le falta que el énfasis que ha mostrado en ser rigurosa, responsable macroeconómicamente, se equilibre con un énfasis mayor en lo social porque Chile sigue siendo un país brutalmente desigual. ¿Se puede convocar a llorar sólo por eso? No, pero la posibilidad de que los 16 millones que seremos el 2020 tengamos niveles de calidad de vida como el sur de Europa… Yo me emociono cuando hay pasión, cuando hay historia, cuando hay compromiso, cuando se ve el efecto concreto. Yo me emociono cuando se me acerca una mujer beneficiada por el AUGE o cuando se me acerca un grupo de mujeres en Maitencillo y me agradecen que se levante allí uno de las nuevas salas cuna. A mi me gustaría el próximo año ver columnas en la Alameda a lo Obama, y me gustaría ver a algún Jesse Jackson llorando el día que ganemos.

-En cambio, hoy día no hay ningún partido político o candidato que se atreva a hacer si quiera un cierre de campaña…

-Eso te demuestra el problema, pero se puede. El otro día escuché a una profesora chilena que vive en Estados Unidos que decía no le creo a los políticos, pero si le creo a Obama. O sea el tema de la credibilidad es básico.

-¿Por qué han perdido credibilidad los políticos?

-Porque hay una brecha entre lo que se dice y lo que se hace, y eso la gallada lo capta inmediatamente.

-Usted es consciente de que, por su alta presencia mediática, representa buena parte de lo que la población percibe de un político.

-Tiene que ver con una conducta, que no la he querido y no la han podido cambiar, y que tienes costos si soy la cara del gobierno.

-¿Y cuál es la conducta?

-Trato de decir lo que pienso.

-Pero de repente es fregado.

-Tan fregado que no me invitaron a la comida de la ANP. Prefiero decir lo que pienso.

 

 

 

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